Archivo de Septiembre de 2007

La-Ola-Welle

14 de Septiembre de 2007

En alemán la ola (sí, la que se hace en los campos de fútbol) se llama La-Ola-Welle, con un compuesto mitad castellano mitad alemán. Welle significa precisamente ‘ola’, o sea, se está diciendo dos veces lo mismo. Esto es normal: el hablante alemán corriente y moliente no entiende el significado de ola y por eso añade un refuerzo en su propia lengua.

Mucha gente se queja de que en castellano cada vez se utilizan más palabras extranjeras (sobre todo inglesas). Es verdad que en los tiempos que corren, con la famosa globalización, el inglés ejerce una influencia cada vez mayor sobre todas las lenguas del mundo. Sin embargo, esto es solo una parte de la verdad. Hoy día cada vez son mayores las posibilidades de viajar y comunicarse. No hace tanto tiempo los españoles apenas viajaban al extranjero. Hoy es imposible pasear por el centro de cualquier ciudad importante del mundo sin oír a turistas o estudiantes de Granada, Lugo o Zaragoza. Internet hace posible comunicarse por escrito o de palabra con cualquier lugar del mundo con un coste mínimo.

Esto está estrechando los lazos entre las diferentes lenguas y culturas del mundo. El inglés es el principal foco de irradiación de palabras a otras lenguas, pero a menor escala las restantes lenguas del mundo se van permeando las unas a las otras. La lengua española quizá no destaque por exportar términos científicos o económicos, pero el mundo hispano también aporta vocabulario a aquellos campos en los que destaca, por ejemplo, el fútbol. Y La-Ola-Welle es un granito de arena que aporta el español moderno a la lengua alemana.

Por cierto, la ola se llama en inglés británico y australiano mexican wave (’ola mexicana’), probablemente porque se popularizó en los mundiales de fútbol de México de 1986; aunque, como de costumbre, parece ser un invento estadounidense.

La x de México

12 de Septiembre de 2007

La x de México es un arcaísmo gráfico. Esta grafía representaba en castellano antiguo el mismo sonido que tenemos hoy en palabras de otras lenguas como, por ejemplo:

Inglés: she

Francés: chez

Gallego: xunta

En castellano antiguo se escribía con x no solo México sino también otras palabras como Xerez, dexar o texer. Este sonido no existe en castellano actual porque a partir del siglo XV se va imponiendo la pronunciación que tenemos hoy en Jerez.

En la Ortografía de 1815 la Academia establece para estas palabras la grafía j:

dexar > dejar

Como suele ocurrir, quedaron rastros de la grafía antigua en los nombres de lugares (México, Oaxaca, Texas) y de personas (Ximénez).

En el caso de los nombres de lugares, es correcta la grafía con x o con j (Texas/ Tejas), pero se prefiere la forma con x. En el caso de México, es incluso una deferencia hacia los mexicanos el utilizar la x, pues ellos lo prefieren así.

Para los nombres de personas, la grafía correcta es la que se haya mantenido tradicionalmente en cada familia.

Sin embargo, una cosa es la escritura y otra la pronunciación. No debemos dejarnos confundir por la x de estas palabras, que se tiene que pronunciar como una j. Se dice:

Méjico
Tejas
Uajaca
Jiménez

Un rastro de la antigua pronunciación se encuentra en la palabra inglesa sherry. En la época en que los ingleses empezaron a comprar vino en Jerez, el nombre de la ciudad todavía se pronunciaba Xerez. Ellos llamaban a ese vino en su lengua sherris. Después la -s final se confundió con una forma de plural y se formó el falso singular sherry, que es la forma que todavía hoy se utiliza.

NOTA: la pronunciación de los archivos de sonido corresponde a un hablante de Castilla.

‘Solo’ con tilde o sin tilde

11 de Septiembre de 2007

En el 95% de los casos lo correcto es escribir solo sin tilde. Desde que la RAE y las restantes Academias publicaron la nueva versión de la Ortografía de la lengua española en 1999, esta palabra se acentúa siguiendo las normas generales. Es decir, no lleva tilde por ser una palabra llana acabada en vocal. Hay una excepción, pero para explicarla antes tenemos que aclarar que hay dos solo diferentes.

El primero es un adjetivo y nunca se acentúa:

Mariano se quedó solo (’sin compañía’)

El segundo es un adverbio que equivale a solamente:

Solo tengo 50 euros para llegar a fin de mes

Antes era obligatorio acentuar este segundo solo. Con la última reforma ortográfica, ya tampoco se acentúa.

¿Y cuál es la excepción? Esta: es obligatorio acentuar solo en su uso adverbial cuando el no hacerlo da lugar a ambigüedad, por ejemplo:

  1. Ramiro sólo fue capaz de hacer una pizza
  2. Ramiro solo fue capaz de hacer una pizza

Estas dos oraciones se interpretan así:

  1. Ramiro solamente fue capaz de hacer una pizza
  2. Ramiro fue capaz de hacer una pizza él solito

Pero es que en estos casos lo mejor es no depender de una simple tilde. Lo que hay que hacer es redactar de forma más clara, que es lo que hemos hecho con las dos paráfrasis de arriba.

Así que, como norma general, escribir la palabra ’solo’ con tilde solo puede servir para meter la pata.

‘Prever’ y ‘preveer’

7 de Septiembre de 2007

Muchos hablantes dudan entre las formas verbales prever y preveer. La forma que hoy por hoy se considera correcta es prever. Es un verbo irregular que se conjuga exactamente igual que ver, por ejemplo:

No se prevén grandes cambios en la economía en los próximos meses
El alcalde, previendo un mal resultado en las elecciones, renunció a presentarse

Nótese que formas como prevén, preví y previó se acentúan (las formas correspondientes de ver, en cambio, no llevan tilde porque son monosílabos).

La forma normativamente incorrecta preveer tiene como modelo otro verbo irregular: proveer (este sí, correcto).

Las expresiones idiomáticas son secuencias de palabras cuyo significado no es compositivo, es decir, el significado de la expresión no se deriva del de sus componentes. Por ejemplo, cuando decimos

-Manolo, que estás metiendo la pata…

aunque conozcamos el significado de meter y de pata, seguimos sin entender lo que quiere decir meter la pata (’cometer un error’).

Las expresiones idiomáticas significan en bloque. Esto se ve enseguida cuando en broma (o en serio, que de todo hay) las traducimos literalmente a otra lengua. Un clásico es:

From lost to the river < De perdidos al río

Estas expresiones admiten normalmente una interpretación literal y otra figurada, aunque la interpretación preferente suele ser la figurada. Cuando alguien dice que el abuelito estiró la pata, por lo general no interpretamos que está haciendo los ejercios que le ha mandado el médico para la artrosis, sino que ha muerto (vale, el ejemplo es un poco crudo, pero creo que se entiende la idea).

Las expresiones idiomáticas son vocabulario. Expresiones como tomar el pelo (’burlarse de alguien’), traer por la calle de la amargura (’hacer sufrir’) o dar gato por liebre (’engañar’) son unidades que hay que aprender igual que lo hacemos con subrogar, arremeter o persuadir.

Esta parte del vocabulario es de lo último que se aprende en una lengua extranjera, pero resulta fundamental para expresarse no ya con corrección sino con naturalidad.

Así que ya saben: si quieren darle sopas con honda en inglés al vecino, ya pueden echar el resto con las expresiones idiomáticas.

La expresión coloquial del español actual no hay tu tía (’no hay remedio’, ‘es imposible cambiar las cosas’) es un hermoso ejemplo de lo que los lingüistas denominan etimología popular.

Para que nos entendamos, la etimología popular consiste en intentar encontrarle una explicación a una expresión que no se entiende. Cuando el hablante no reconoce una estructura en una secuencia lingüística, reajusta esta para amoldarla a modelos conocidos. De esta forma se convierte en transparente lo que antes era opaco. Vamos a ver si nos podemos explicar.

La expresión originaria era no hay tutía. El hablante actual normalmente no ha oído en su vida esa palabra. El DRAE nos dice que tutía es atutía, con lo que nos deja como estábamos. Si perseveramos y buscamos atutía, nos enteraremos de que es óxido de zinc y de que había un ungüento fabricado con él.

Ahora todo encaja:

tutía = ungüento = remedio
o sea
no hay tutía = no hay remedio

El problema es que solo encaja ahora y el hablante necesita que las cosas encajen desde el principio y, si no, las hace encajar él. Cuando se encuentra una expresión opaca como esta, trata de hacerla transparente y para ello se apoya en lo que conoce ( y tía). La etimología popular surge por afán de motivación y altera la forma de las palabras.

Se me podría objetar que en realidad la expresión se ha oscurecido porque se pierde la metáfora del ungüento como remedio; pero es que esa metáfora ya estaba perdida de todos modos y ahora por lo menos encontramos palabras que reconocemos. Tenemos una expresión idiomática que no es ni más rara ni más normal que otras como tomar el pelo o estirar la pata.

Alguien se preguntará:

-Ya, pero entonces, ¿qué es lo correcto?

Evidentemente, la expresión que tiene vigencia hoy día es no hay tu tía. Si vamos a buscar el sostén y guía de la RAE, no encontraremos tampoco una solución definitiva. El DRAE recoge la forma separada (por lo que hay que entender que se considera correcta), aunque remite a no hay tutía (junto), es decir, prefiere esta última. En cambio, en el DPD se señala como incorrecta la forma tu tía (separado).

En esta, como en otras cuestiones, lo preferible es guiarse por el sentido común. Si la inmensa mayoría de los hablantes se ha decantado por una forma, la otra no es necesariamente más correcta por mucho que se empeñe el diccionario.

Al final, el diccionario tiene que hacer caso a los hablantes: ¡no hay tu tía!

El tuteo y los tratamientos

1 de Septiembre de 2007

En España el tuteo es la forma normal de dirigirse a una señora de ochenta años en un hospital:

-María, ¿qué tal has comido?

En nuestro país hay una marcada tendencia a lo informal que tiene su reflejo en la lengua. El usted está completamente out. Ahora lo que se lleva es el .

Muchos achacan la tendencia al tuteo a la influencia del inglés. Como es sabido, en esta lengua no existe el equivalente de nuestros pronombres de confianza () y respeto (usted), sino que con you se despacha a todo el mundo y además en singular y en plural (eso sí que es un pronombre bien aprovechado).

Sin embargo, esto no quiere decir que un hablante de inglés no pueda marcar estas diferencias. La cercanía o distancia entre los interlocutores se muestran por diferentes medios, entre otros, el uso del nombre (”Peter”) o del apellido (”Mr. Smith”). Esto se nota, por ejemplo, en los malos doblajes de películas que repiten hasta la náusea el nombre de pila (aunque hay que decir en su descargo que esto también está relacionado con las necesidades de la sincronización):

-¿Disfrutaste de la cena, Mary?
-¡Oh, Peter, fue una cena maravillosa!
-Para mí también lo fue, Mary.
-Era una atmósfera tan especial, Peter…
-Nunca me había sentido así antes, Mary.

Y así sucesivamente. En inglés esto puede mostrar cercanía. En español, en cambio, es la forma más segura de que te manden al cuerno por pesao.

Probablemente, esta tendencia hacia lo informal, que va arrinconando el usted, más que una influencia lingüística del inglés sea una influencia cultural del estilo de vida estadounidense.

En las diferencias en los tratamientos se cruza lo lingüístico y lo cultural. Una parte está anclada en la gramática, por ejemplo, la existencia (o inexistencia) de pronombres de respeto y de confianza. Otra parte tiene que ver con convenciones sociales y culturales que varían, incluso para una misma lengua, en el tiempo, en el espacio y entre los diferentes grupos sociales.

Cuando viajamos por el mundo, esas diferencias enseguida nos llaman la atención. Cualquiera que haya estado en Alemania o en Francia se habrá dado cuenta de que en estos países se utiliza mucho más el usted. Y no solo eso. En Alemania grados académicos como el de doctor gozan de un prestigio que lleva a que, por ejemplo, Lufthansa o Deutsche Bahn den la opción de incluir la abreviatura Dr. delante del nombre en los billetes que expiden (imagínense adónde nos mandarían en Iberia o Renfe si les fuéramos con esas).

Pero dentro de los países de habla alemana también hay diferencias. En Austria hay tendencia a una mayor formalidad que se refleja, por ejemplo, en el uso más frecuente de los títulos académicos en la vida diaria. No es raro que la gente ponga en el buzón o en la puerta de casa que es ingeniero o licenciado:

Ing. Baumann
Mgr. Böhmer

Esto es algo que comparten austriacos y checos, que hablan lenguas diferentes, pero formaron parte conjuntamente del Imperio Austriaco.

Nunca se me olvidará la boda de mis amigos Martina (austriaca) y Boris (alemán). Martina y Boris se habían conocido en la República Checa y se casaron al poco tiempo en Austria, en un pueblecito de los Alpes. A la boda acudieron alemanes, austriacos, checos y este español que escribe. Pues bien, la primera vez que el alcalde se dirigió a los novios durante la ceremonia lo hizo así:

-Estimada Licenciada en Artes Müller, estimado Licenciado en Filosofía Schmidt…

A mí aquello me pareció un poco ceremonioso, pero bueno, ya se sabe cómo son estos centroeuropeos… Si la cosa hubiera quedado ahí, tampoco hubiera pasado nada. Lo que ocurre es que cada vez que el alcalde nombraba a uno de los contrayentes (y fueron unas cuantas) lo hacía con el título completo. A la tercera o cuarta vez la situación era la siguiente: yo procuraba disimular, a los alemanes se les empezaba a escapar la risita, y los austriacos y checos seguían como si tal cosa. Ya hacia el final de la ceremonia los alemanes se tronchaban de risa (alguno por poco se cae de la silla), los austriacos y checos los miraban con cara de enfado y yo pensaba: “Esto lo tengo que contar cuando llegue a casa”.

Y eso es lo que estoy haciendo porque esta anécdota ilustra perfectamente cómo las diferencias en los tratamientos solo en parte son lingüísticas. El resto (un gran resto) es social y cultural, y, por tanto, transversal a diferentes lenguas.