Nuestro verbo recordar lleva dentro la palabra corazón. Viene del bajo latín recordare, que se compone del prefijo re- (‘de nuevo’) y un elemento cordare formado sobre el nombre cor, cordis (‘corazón’).
Antiguamente se creía que el corazón era la sede de la memoria. Encontramos vestigios de esta creencia no solo en nuestro verbo recordar y sus equivalentes en otras lenguas románicas sino también en expresiones como estas:
Francés: apprendre par coeur (literalmente, ‘aprender de corazón’)
Inglés: know by heart (lit. ‘saber de corazón’)
Ortega nos proporciona una hermosa explicación de esta etimología:
El yo pasado, lo que ayer sentimos y pensamos vivo, perdura en una existencia subterránea del espíritu. Basta con que nos desentendamos de la urgente actualidad para que ascienda a flor de alma todo ese pasado nuestro y se ponga de nuevo a resonar. Con una palabra de bellos contornos etimológicos decimos que lo recordamos —esto es, que lo volvemos a pasar por el estuario de nuestro corazón—. Dante diría per il lago del cor [José Ortega y Gasset: El espectador, II, "Azorín: primores de lo vulgar"]
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1 de marzo de 2010 a las 2:39
Me parece interesantísimo. Enhorabuena.
1 de marzo de 2010 a las 4:45
Tan interesante como las otras entradas. Felicitaciones.
Entonces “concordar” significaría “unión de corazón”, o algo similar.
Saludos.
16 de enero de 2011 a las 20:07
[...] verbo recordar lleva dentro la palabra corazón. Viene del bajo latín recordare, que se compone del prefijo re- [...]
17 de enero de 2011 a las 2:39
¡Claro! Una vez, un profesor de dirección de coro me pedía que dirigiese by heart, y yo pensaba que me pedía que le pusiese más pasión… cuando en realidad me estaba pidiendo que quitara la partitura de delante.