Oct 052007
 

Hay un neologismo que se va abriendo paso en castellano: secuela en el sentido de ‘continuación de una película’ (segunda parte, tercera, etc.). Por ejemplo:

El joven actor Shia LaBeouf, protagonista […] de la nueva secuela de Indiana Jones, […] desveló el título de la cuarta entrega de la célebre saga cinematográfica [El País, 11-9-2007]

La palabra secuela traduce aquí el inglés sequel. Se trata claramente de un falso amigo: se sustituye el término inglés por la palabra que suena más parecida en español, aunque su significado sea diferente. Secuela es más bien el daño que nos deja una enfermedad.

Si el uso como ‘continuación de una película’ está triunfando no es solamente por dejadez de los traductores sino también —y sobre todo— porque llena una laguna léxica. En ciertos contextos se siente la necesidad de disponer de una denominación específica e inequívoca para esas segundas, terceras y cuartas partes.

Y ahora ya no solamente hay secuelas. Además se ha inventado la precuela (también un invento inglés trasplantado a nuestra lengua):

Brian de Palma ya tiene a sus dos finalistas para encarnar a Al Capone en la precuela de Los Intocables [El País, 23-2-2007]

La precuela es lo contrario de la secuela: una película que se rueda después de otra pero con una trama que antecede a la primera (como se hizo con la cuarta, quinta y sexta entregas de La guerra de las galaxias, que son precuelas de los tres episodios que ya se habían rodado).

Ya estoy oyendo la pregunta: ¿pero qué es lo correcto? Desde luego, secuela no aparece en el diccionario de la Academia con este sentido; y precuela, ni con ese ni con otro. Se pueden encontrar, sin duda, soluciones más elegantes e idiomáticas (aunque menos precisas). Lo que es seguro es que, si los hablantes se empeñan, la secuela y la precuela cinematográficas acabarán entrando en el diccionario.

Y que todas las secuelas que nos queden sean como esas.

 5 de octubre de 2007  léxico, norma, traducción