Sep 302007
 

Si yo me voy a preguntarle a mi madre si ella sabe gramática, probablemente me mandará a freír espárragos porque ya me tiene dicho que ella, de gramática, nada. Pero eso solo es cierto en parte.

Hay al menos tres sentidos diferentes de ‘gramática’, aunque el hablante de andar por casa esto no lo sabe y no tiene por qué saberlo:

1. Hay una gramática que es un conocimiento implícito que posee cualquier hablante de una lengua,

2. hay una gramática descriptiva y

3. hay una gramática normativa.

Cualquier hablante de cualquier lengua del mundo, con estudios o sin ellos, posee un conocimiento gramatical como conocimiento implícito. Es decir, domina una serie de reglas que rigen su forma de hablar, pero no sabe que las sabe. Mi madre, por más que se empeñe en que no sabe gramática, nunca se equivocará con el subjuntivo. En cambio, un hablante extranjero después de años y años de estudiar el subjuntivo sigue tropezando en esa piedra. Es más, mi madre (que cree que no sabe gramática) se dará cuenta inmediatamente del tropiezo y corregirá al pobre estudiante (“Eso no se dice así, se dice asá”). Pero si le preguntamos por qué se dice así y no asá, será ella la que se encuentre en apuros. Le estamos exigiendo otro tipo de conocimiento gramatical que solo poseen algunas personas, que lo han adquirido mediante el estudio.

El conocimiento gramatical implícito se puede hacer explícito mediante la introspección y la observación: entramos en el terreno de la gramática descriptiva. A poco que empecemos a examinar una lengua nos daremos cuenta de que hay una serie de regularidades que podemos formular como reglas. Las primeras gramáticas surgen por un hecho tan sencillo como que alguien se sienta una tarde de verano a la orilla del río y empieza a preguntarse:

¿Por qué algunas palabras admiten varias terminaciones (niño, -a, -os, -as) y otras no (contra, exactitud)?

¿Por qué puedo decir “un guisante, dos guisantes, tres guisantes” pero no “una harina, dos harinas, tres harinas”?

Cada vez que damos con la respuesta podemos formular una regla que da cuenta de múltiples casos. Progresivamente, vamos estando en condiciones de responder a más preguntas y de formular reglas más elaboradas.

La gramática descriptiva se limita a describir la lengua tal como es, tal como la usan los hablantes, sin entrar en consideraciones sobre lo correcto y lo incorrecto. Esto último es el terreno del tercer tipo de conocimiento gramatical.

Algunos hablantes dicen “Se me ha caído el vaso”; y otros, “Me se ha caído el vaso”. Una gramática descriptiva se limitará a tomar nota de las dos variantes. Una gramática normativa, ante esta variación, dictará reglas prescriptivas, o sea, dirá: “La primera forma es correcta; la segunda, incorrecta”.

No hay que perder de vista que en la gramática normativa hay siempre un cierto grado de arbitrariedad. Lo que se hace es seleccionar una posibilidad entre varias que también serían viables, de manera semejante a como en la Europa continental hemos decidido que se circula por la derecha, aunque sería perfectamente posible hacerlo por la izquierda y, de hecho, así es en Gran Bretaña, Nueva Zelanda o Japón.

La norma es convencional, pero eso tampoco significa que nos la podamos saltar tranquilamente. El circular por la derecha o por la izquierda también es convencional, pero una vez que se ha adoptado la norma si decidimos ir al revés de todo el mundo las consecuencias no se harán esperar.

En cuestión de lengua, en cualquier caso, es necesario conocer la norma porque solo así tendremos libertad para decidir si la respetamos o si nos la saltamos. De lo contrario, no hay elección, sino que nos vemos limitados a expresarnos de la única manera que sabemos y podemos.

 30 de Septiembre de 2007  gramática