Archivo de Enero de 2008
¿Referéndums, referenda, referéndum o referendos?
11 de Enero de 2008
El plural de referéndum es referéndums, con -s al final.
La norma general es que las palabras latinas acabadas en -m forman su plural en castellano añadiendo una -s:
Pódium > pódiums
Memorándum > memorándums
Factótum > factótums
Ítem > ítems
Esta es la solución adoptada por las Academias en el DPD (artículo sobre plural, secciones 1.h y 1.k).
Las siguientes posibilidades no triunfaron y ya no se consideran válidas:
a) Atenerse al plural etimológico, es decir, formarlo como en latín: debemos evitar formas como
referenda.b) Utilizar la forma singular para el plural: fue durante mucho tiempo la solución propuesta, por ejemplo:
los referéndum.
Los hablantes mostraban una preferencia clara por el plural terminado en -s y la norma ha terminado por dar cuenta de este hecho.
Lo que sí nos aconsejan nuestros académicos es que utilicemos la forma castellanizada siempre que esté disponible. O sea, es preferible decir el referendo, los referendos a el referéndum, los referéndums.
Hay un par de excepciones a la regla:
a) Las locuciones (expresiones fijas formadas por más de una palabra) se mantienen invariables en plural: los currículum vítae (no se añade -s a ninguno de los integrantes de la locución)
b) Álbum tiene un plural ya asentado álbumes, por lo que no se debe formar solamente con -s
Como se puede ver por los ejemplos anteriores, estos latinismos se acentúan siguiendo las normas generales.
‘Hacia’ y ‘de cara a’
10 de Enero de 2008
Hoy día tenemos en español una preposición hacia y una locución prepositiva de cara a con diferentes significados pero que han seguido una evolución análoga.
Nuestra preposición hacia no existía en latín. Es una invención castellana a partir de la expresión faze a, que significa, exactamente, ‘cara a’ (todavía hoy conservamos el sustantivo faz como sinónimo de cara). Esta expresión sufre un desgaste en su forma y en su significado.
En cuanto a la forma, se pierde la efe inicial (proceso común a todas las palabras que empezaban por este sonido en castellano), la preposición a pierde su independencia y se funde con el sustantivo, y la unidad resultante pierde su acento, de modo que se pronuncia apoyándose en la palabra que la sigue. Cuando decimos hacia Salamanca, en realidad estamos pronunciando una unidad con un solo acento:
“aciasalamánca”
En cuanto al significado, se pierde la referencia concreta a una parte del cuerpo (la cara) y solo queda la idea, más abstracta, de orientación.
Y así es como llegamos a nuestra actual preposición hacia.
La locución preposicional de cara a está sufriendo un proceso similar. Durante mucho tiempo estuvo rechazada por los puristas, pero su uso se ha aceptado ya en parte en la norma (véase el artículo cara en el DPD). Su origen está en una expresión de orientación espacial, como en el siguiente ejemplo, en el que se mantiene el significado literal:
Cuando no tenían frase los colocaba de cara a la pared, como niños castigados [Francisco Álvaro: El espectador y la crítica: El teatro en España, p. 159]
Naturalmente, nadie ha tenido nunca nada que objetar a este uso.
A partir de aquí surgen usos figurados en los que el espacio ya no es físico sino imaginario, metafórico, pero en los que todavía se identifica con claridad la noción espacial:
La ampliación de los márgenes al ±15% permite, de cara a la opinión pública, seguir afirmando la viabilidad del proyecto de unión monetaria [José Barea y Maite Barea: Después de Maastricht, ¿qué?, p. 30]
En el ejemplo anterior podemos imaginar a la opinión pública situada en un lugar al que se está mirando.
Llevando más allá la metáfora, se llega a una expresión abstracta con valor prospectivo y de finalidad (que podemos parafrasear con la expresión ‘con vistas a’):
La República tuvo tiempo para reorganizarse de cara a la defensa de Madrid [Hugh Thomas: La Guerra Civil Española, 1936-1939, p. 447]
De forma análoga a lo que ocurrió con faze a, esta locución está sufriendo un progresivo desgaste de su forma. En el ejemplo anterior se mantiene íntegra su sustancia fónica (con un nombre flanqueado por dos preposiciones). En este otro, en cambio, la primera preposición ha desaparecido:
[…] la junta directiva […] permanece en Madrid tratando de poner en práctica una serie de proyectos internos […] (aparte de las medidas ya acordadas cara a las autoridades y prensa de Madrid) [Celso Almuiña Fernández: La prensa vallisoletana durante el siglo XIX (1808-1894), p. 538]
Para algunos hablantes, incluso, lo único que queda de la expresión inicial es el sustantivo cara, como en este ejemplo que encuentro en un foro de Internet:
[…] toda la legislatura sin hacer nada en materia de vivienda, y ahora cara las elecciones empiezan a estudiar medidas […] [Rankia, Foro de vivienda, acceso 10-1-2008]
En cuanto a la erosión del significado, se pierde la referencia a una parte concreta del cuerpo y la expresión va adquieriendo valores cada vez más abstractos, hasta el punto de que en muchos contextos es intercambiable simplemente por la preposición para.
No es casualidad que la misma parte del cuerpo intervenga en épocas diferentes en la formación de nuevas preposiciones. Este fenómeno se basa en mecanismos de conceptualización universales. Los seres humanos tratamos de entender los conceptos abstractos apoyándonos en ideas concretas, en realidades de las que tenemos una experiencia inmediata.
Uno de los primeros descubrimientos del niño es su propio cuerpo. Este conocimiento se traslada a otros ámbitos, como el espacio y el tiempo o a relaciones lógicas como la de finalidad. Pensemos, por ejemplo, que cuando queremos indicarle a alguien cómo llegar a un sitio le decimos que queda a mano izquierda o a mano derecha. El cuerpo nos sirve para estructurar nuestra percepción del espacio.
Las partes del cuerpo que intervienen en la aparición de palabras gramaticales son, además, siempre las mismas. Se trata de partes muy básicas, que tienen una gran relevancia cognitiva. Las lenguas del mundo están repletas de palabras gramaticales que surgen de nombres para la cara, la frente, la espalda, las manos… Esto, en cambio, no pasa ni con las uñas, ni con el dedo gordo del pie, ni con las verrugas.
El caso de hacia y de cara a es interesante para ilustrar cómo las lenguas, en su cambio, siguen algunas vías que se van repitiendo a lo largo del tiempo y cómo desde posiciones puristas se suelen condenar fenómenos de cambio lingüístico perfectamente naturales y necesarios. En cambio, los resultados más antiguos (y, por tanto, más prestigiosos) del mismo proceso no se enfrentan a la misma condena.
Decimoprimero y decimosegundo
7 de Enero de 2008
Los numerales ordinales decimoprimero y decimosegundo están aceptados en la norma desde la publicación del DPD en 2005.
Los ordinales tradicionales para 11 y 12 son, respectivamente, las formas irregulares undécimo y duodécimo; pero los ordinales apenas se utilizan a partir de diez. Lo normal es decir “el piso once” o “el doce congreso”. De ahí que estas formas se fueran olvidando. Por eso nuestro sufrido hablante se encuentra en un aprieto cada vez que le da por utilizarlas. Esto le suele pasar cuando quiere hablar bien. Así surgieron las formas analógicas decimoprimero y decimosegundo, que toman como modelo los siguientes numerales de la serie (decimotercero, decimocuarto, etc.).
Aunque ya se han aceptado decimoprimero y decimosegundo, se siguen prefiriendo las formas irregulares undécimo y duodécimo. En la práctica, insisto, hay pocas oportunidades de hacer uso de unas y otras porque lo normal a partir de diez es utilizar las formas cardinales con valor ordinal. Esto último es igual de correcto y es más sencillo, por lo que resulta preferible.
Se pueden escribir correctamente de dos formas:
Decimoprimero, decimosegundo
o
Décimo primero, décimo segundo
Como siempre que se puede elegir entre escribir junto y separado, es preferible hacerlo junto. Si se escriben con letra hay que tener en cuenta que la forma en una palabra nunca lleva tilde (décimosegundo).
En la práctica tampoco hay muchas posibilidades de escribir estas formas porque lo normal a partir de diez en la lengua escrita es la forma numérica, por ejemplo:
11.ª edición
XII aniversario
En resumen, usted puede decir tranquilamente decimoprimero o decimosegundo, puede atenerse también al uso tradicional (undécimo, duodécimo), pero en la mayor parte de los casos será preferible y más sencillo decir simplemente “el once congreso”, “el puesto número doce” o “la planta once”.
Los títulos no llevan punto
3 de Enero de 2008
No llevan punto al final ni los títulos ni los subtítulos de libros, capítulos, apartados, secciones, etc. Esto es así siempre que ocupen por sí solos un renglón; por ejemplo, si yo escribo un título en la portada de un libro:
Fortunata y Jacinta
De acuerdo con lo anterior, tampoco llevará punto al final un epígrafe de un trabajo que estoy escribiendo:
1. Clases de palabras
Cuando se citan los títulos, solo se pone punto cuando corresponda por su posición dentro de la oración en que aparecen. Así, en el primer ejemplo de los dos siguientes, no puede haber punto porque el título aparece citado en el interior de la oración; en cambio, en el segundo sí que es necesario porque el final del título citado coincide con el final de la oración:
Fortunata y Jacinta es una de las mejores novelas escritas en castellano.
Estoy leyendo Fortunata y Jacinta.
Etimología de ‘enero’
1 de Enero de 2008
Los romanos representaban a Jano con dos caras, como en la moneda de la imagen. Era el dios de los umbrales y de las puertas (no olvidemos que estas tienen también doble cara). Era también el dios de las transiciones. Es coherente, por tanto, que se le dedique el mes con el que empieza el año. Enero mira con una cara al año que entra y con otra al que se va.
El nombre del mes en latín era januarius, aunque a nosotros nos llega a través de la forma vulgar jenuarius:
Januarius> jenuarius > enero
(Dedicado a mi amigo Jano, que hizo la transición de México a España).
