Archivo de Noviembre de 2008

El tamaño importa

28 de Noviembre de 2008

El tamaño importa, sí señor. Pero cuando hablamos de palabras, menos es más.

Las palabras largas suenan importantes. Por eso quien no tiene gran cosa que decir suele echar mano de ellas. Pues bien, lo breve es más directo, más eficaz y normalmente indica mejor estilo.

Si podemos escoger, debemos quedarnos con la forma más corta y sencilla (siempre que el significado y el registro sean los adecuados, naturalmente).

Hay quien dice escuchar en lugar de oír simplemente porque la segunda le parece poca cosa. Si en algún contexto podemos elegir entre explotar y explosionar, preferiremos la primera. Y lo mismo se aplica a ver y visualizar, hoy y actualmente, etc. Veamos un ejemplo:

Todos los interesados en esta iniciativa pueden acceder a la tienda ‘online’ con su clave personalizada y visualizar el amplio abanico de productos [...] [ChannelInsider.es, acceso: 28-11-2008]

Visualizar tiene su propio significado y habrá casos en los que tendremos que emplear esa palabra porque expresará exactamente lo que queremos decir. Pero en el ejemplo anterior es solo una forma más pomposa de decir ver. ¿No te suena mejor esto: “ver el amplio abanico de productos”?

Para explicar una banalidad de forma hinchada y complicada vale cualquiera. Lo que tiene mérito es expresar ideas complejas con sencillez, precisión y claridad.

Dos sonidos en una letra

26 de Noviembre de 2008

Uno de los desajustes posibles entre sonido y escritura es que una sola letra represente una secuencia de sonidos. En nuestra lengua tenemos el caso de equis, que lleva dentro la secuencia [ks]:

<x> se pronuncia [ks]

Por ejemplo:

<examen> se pronuncia [eksámen]

El ideal de una escritura alfabética es que haya una grafía y solo una para un sonido y viceversa. En la práctica, raramente se encuentran sistemas de escritura que cumplan esto (si es que hay alguno). Esta correspondencia se ve alterada también por otros fenómenos como la digrafía, la trigrafía, etc.

La pierna es un jamón

23 de Noviembre de 2008

Nuestro nombre pierna viene del latín perna, que significaba ‘jamón’.

‘Pierna’ se decía en latín clásico crus, pero en el habla popular se prefería la otra forma, que era más divertida. Esto era típico del latín vulgar: se sustituían las expresiones serias del habla culta por otras más expresivas.

Es lo mismo que hacemos hoy cuando nos ponemos a hablar de nuestras cosas con nuestros amigos, familiares, compañeros de trabajo… Es más, esta misma metáfora sigue vivita y coleando en el mundo hispánico. Cuando un abuelo dice orgulloso “qué jamones tiene esta niña”, está asociando la pierna de la criatura y la pata del animalito, como se ha hecho durante miles de años a orillas del Mediterráneo, donde el cerdo tiene una enorme relevancia cultural.

Imagínate un buen jamón. Todo lo que te sugiere es lo que lleva dentro esta metáfora: una pata lustrosa, recubierta de carne sabrosa y consistente, que solo de verla ya se le hace a uno la boca agua…

Estos mecanismos expresivos son fundamentales en el cambio lingüístico. Lo que empieza siendo una ocurrencia ingeniosa puede triunfar, de modo que la gente lo va repitiendo. Si tiene más éxito todavía, puede asentarse en el léxico de una lengua y, con un poco de suerte, llegar a desplazar a la expresión original.

Las lenguas sirven para que la gente hable de lo que siente, lo que le preocupa, lo que necesita. Sirven para regañar, embaucar y decir tonterías. Y dentro de esa masa va el fermento del cambio, que permite que las palabras y quienes las pronuncian vayan acompasados en su recorrido por el mundo.

Según Ethnologue (en inglés), que es a día de hoy el catálogo más actualizado y exhaustivo, en el mundo se hablan 6 912 lenguas.

Con las lenguas ocurre como con la riqueza: unos pocos tienen mucho y la inmensa mayoría apenas tiene nada. El 5% de las lenguas del mundo acumulan el 95% de la población mundial. En consecuencia, queda tan solo el 5% de la población para repartir entre el 95% de las lenguas. Esto quiere decir que un puñado cuentan con cientos de millones de hablantes, mientras que hay centenares que solo son habladas por comunidades minúsculas. Todos los años mueren varias de ellas, lo que supone una pérdida irreparable para la diversidad lingüístico-cultural de la humanidad.

La cifra anterior es una aproximación. Es imposible conocer el número exacto por varias razones:

a) Para empezar, no todas las lenguas están identificadas. Hay zonas como la Amazonia o Borneo con una gran diversidad lingüística para las que todavía no disponemos de datos suficientes. Cada cierto tiempo nos enteramos por las noticias de que una expedición científica ha descubierto una especie animal o vegetal desconocida. También hay hallazgos lingüísticos de este tipo aunque no despierten tanto interés como los animalitos.

b) Muchas lenguas se conocen por varios nombres, a veces, incluso, por nombres que no se refieren exactamente a lo mismo. Piénsese, sin ir más lejos en las denominaciones español o castellano, y en la polémica sobre los nombres catalán, valenciano y mallorquín. Si en la Península Ibérica ya nos es difícil ponernos de acuerdo, aun tratándose de lenguas perfectamente documentadas y estudiadas, imagínate cómo se pueden complicar las cosas en zonas donde coexisten múltiples lenguas poco conocidas. A veces se dispone de distintas referencias con nombres diversos y no se sabe muy bien si son lenguas diferentes o denominaciones alternativas.

c) El número varía mucho dependiendo de si consideramos ciertas variedades como lenguas independientes o como dialectos de una misma lengua. Pensemos, una vez más, en el caso del catalán-valenciano-mallorquín. La decisión puede ser muy delicada, como bien sabemos, y los criterios son variables. Hay aquí factores políticos y culturales que también se tienen que considerar. Algunas comunidades enfatizan lo que une. Por ejemplo, los dialectos chinos no siempre son mutuamente comprensibles, pero por encima de esto se los considera variantes de la lengua china. Lo mismo se puede decir del árabe. El gallego y el portugués, en cambio, pueden ser en gran medida intercomprensibles, pero a nadie se le ocurriría decir hoy que el portugués es un dialecto del gallego.

A mis estudiantes les suelo decir que el valor de una lengua no depende de su número de hablantes, como el de una persona no depende del número de ceros de su  cuenta corriente (la mía tiene muchos, pero todos en el lado equivocado). Todas y cada una de las lenguas del mundo tienen su valor y aportan algo a la cultura de la humanidad. El patrimonio lingüístico también merece ser conservado.

A nivel de

12 de Noviembre de 2008

A nivel de es una de esas expresiones que nos hacen dudar. Quien más y quien menos tiene la conciencia difusa de que es incorrecta y puede darle miedo emplearla.

Vamos a intentar separar el grano de la paja.

En su uso literal siempre es correcta, es decir, cuando expresa altura física relativa, como en este ejemplo:

Nadal: “No juego a nivel del mar, Querrey tiene más opciones” [El País, acceso: 11-11-08]

El sentido está claro: el tenista se siente más cómodo jugando a ciertas alturas que a otras y la del mar no le favorece. Impecable.

La expresión de marras también tiene usos figurados. Aquí es donde vienen las complicaciones. Solo son correctos aquellos usos en que metafóricamente se presentan alturas relativas, como se hace en este diario dominicano:

Pero la variedad de los estudios a nivel de licenciatura, de maestría y doctorado es un indicador estimulante que nos permite ver el futuro del país con optimismo [DiarioLibre.com, acceso: 11-11-2008]

Los estudios universitarios son como una escalera que se va subiendo. Primero se estudia la licenciatura, después viene la maestría y, por último, el doctorado. En general, está justificado el uso metafórico de a nivel de cuando hay una idea de jerarquía, escalafón, rango, etc.

Los otros usos se consideran incorrectos. Normalmente no aportan nada a la oración, que quedaría mucho mejor sin ese añadido; sin ir más lejos:

El Real Unión se clasificó así para octavos de final de la Copa del Rey y agrava la crisis a nivel de juego del equipo merengue [EcoDiario.es, acceso: 11-11-08]

Aquí hubiera sido preferible decir simplemente:

El Real Unión se clasificó así para octavos de final de la Copa del Rey y agrava la crisis de juego del equipo merengue

En definitiva, antes de usar a nivel de pregúntate si expresa altura relativa física o figurada. De lo contrario, no añadirá nada a tu texto, sino que lo afeará.

Nombres de género inherente

10 de Noviembre de 2008

Nombres de género inherente son los que solo tienen un género (o masculino o femenino) y no pueden cambiarlo.

Frecuentemente designan realidades asexuadas, por ejemplo, la mesa, el libro, la bacteria, el espermatozoide, la patata, el tomate.

No obstante, también pueden referirse a seres vivos con sexo. En ese caso, nos encontramos ante los denominados sustantivos epicenos. Estos son nombres con un solo género que pueden referirse a individuos de uno y otro sexo, por ejemplo, la serpiente, la perdiz, el ornitorrinco, el gorrión, la persona, etc.

Otro caso particular es el de los sustantivos que expresan la diferencia de género mediante heteronimia, es decir, que tienen palabras diferentes para el individuo de sexo masculino y el de sexo femenino, por ejemplo, hombre/ mujer, caballo/ yegua. Cada uno de esos nombres es de género inherente; por ejemplo caballo es inherentemente masculino y no hay posibilidad de que adopte el género femenino.

Frente a los sustantivos de género inherente se encuentran los que tienen moción de género, en los que esta categoría gramatical varía según se refieran a seres de sexo masculino o femenino (por ejemplo, niño/ niña).

Etimología de ‘noviembre’

3 de Noviembre de 2008

Noviembre viene de novem ‘nueve’ porque era el noveno mes del año hasta la reforma del calendario romano del año 153 a. de C. Como ves, los romanos tampoco fueron demasiado originales con los nombres de los últimos meses del año, pues se limitaron a numerarlos: septiembre (< septem), octubre (< octo), noviembre (< novem) y diciembre (< decem).