El griego es una lengua que goza de un enorme prestigio desde la época clásica. Hasta tal punto es así que en la antigua Roma —conquistadora de Grecia— no se podía ser una persona culta sin saber griego. Por eso ya el latín tomó prestados numerosos helenismos. Estos pasaron después al léxico del castellano y de las otras lenguas románicas. Se trata de palabras tan arraigadas que lo último que pensaríamos es que se trata de grecismos. Es léxico que abarca todas las parcelas de la vida cotidiana, por ejemplo:
Partes del cuerpo: cadera, esqueleto, arteria
Animales: camaleón, sepia, medusa, dromedario
Plantas: geranio, plátano, mirto, narciso
Formas literarias: teatro, tragedia, comedia
Vocabulario del cristianismo: monje, obispo, iglesia, Cristo
Otros: bodega, botica, cátedra, sandalia, tisana
La lengua griega comunica su prestigio a todo lo que toca. Por eso muchos términos cultos, técnicos y científicos se forman sobre raíces griegas, por ejemplo, filología, geografía, cosmonauta, licántropo, pterodáctilo, leucocito, psicosis, alopecia, etc.
Para comprobar cómo ennoblece el griego, no hay más que comparar algunas palabras formadas sobre raíces helenas y sus equivalentes más castizos. Ir a misa no está mal si uno es católico, pero no tiene ni punto de comparación con asistir a la eucaristía. El oculista seguramente preferirá que le llamemos oftalmólogo; y no digamos cómo se puede poner el callista si no le tratan de podólogo. Y, puestos a elegir, siempre será más fino padecer hemorroides que tener almorranas. Las realidades son las mismas; lo que cambia son los nombres. Claramente, el griego suena más importante.
Esta importancia que posee y que comunica explica que sea un filón de marcas comerciales, por ejemplo, Nike y Kappa (ropa deportiva), Kouros (perfume), Olympia (máquinas de escribir), Naxos (discográfica), Clio (modelo de automóvil), Ajax (limpiador), Amazon (librería por Internet), etc.
Por último, muchos nombres de persona tienen esta procedencia. Algunos de ellos son de uso corriente en el ámbito hispánico, como Andrés, Alejandro, Ángeles, Catalina, Esteban, Felipe, Irene, Jorge o Sofía. Otros no lo son tanto, por ejemplo, Anastasia, Aniceto, Cosme, Demetrio, Dorotea y Teófilo. Y unos cuantos suenan hoy francamente raros (que me perdonen los lectores que puedan llamarse así, pero ellos lo saben mejor que nadie): Agapito, Eufrasia, Eulalia, Eulogio, Eustaquio, Macario, Pacomio, Pancracio, etc.
En definitiva, los helenismos, tan frecuentes en castellano y en todas las lenguas de Europa, forman una parte viva del legado de la Grecia clásica, que sigue irradiando cultura a través de los siglos. Estas palabras conforman nuestra manera de hablar de una parte sustancial de nuestra realidad actual, desde la vida cotidiana hasta los ámbitos más cultos o técnicos.
23 de julio de 2008 a las 23:26
[...] nombre tragedia nos llega por mediación del latín tragoedia, tomado a su vez del griego tragoidía ‘el canto de la cabra’. El nombre griego se compone de trágos [...]
23 de julio de 2008 a las 23:28
[...] viene del griego khamailéon, que significa ‘león que se arrastra por el suelo’. Al castellano y a las [...]
23 de julio de 2008 a las 23:34
[...] que se le ofrece en su presencia, excepto la roxa y la blanca, que estas no las imita […] Es nombre griego: chamæleon […] Vale tanto como humilis, seu parvulus leo [’león humilde o [...]
23 de julio de 2008 a las 23:37
[...] la gran lengua de cultura, con diferencia, fue el griego. Por eso el latín estaba plagado de helenismos, algunos de los cuales hemos heredado nosotros, ya asimilados, como cátedra/ cadera, camaleón, [...]
23 de julio de 2008 a las 23:40
[...] un monje es alguien que vive retirado del mundo. Este nombre procede del griego monachós ’solo, único’, es decir, el monje es un ser [...]
23 de julio de 2008 a las 23:41
[...] tres vienen del griego apothéke, que significaba ‘almacén’. Cuando se conoce la etimología, enseguida se [...]
23 de julio de 2008 a las 23:43
[...] tisana es hoy un cocimiento de hierbas. El nombre es de origen griego. Viene de ptisáne, que era una bebida hecha a base de cebada. El nombre ptisáne, a su vez, viene [...]
23 de julio de 2008 a las 23:44
[...] nombre Nike viene del griego clásico níke. Su significado es ‘victoria’, lo que, desde luego, resulta muy adecuado para una [...]
23 de julio de 2008 a las 23:45
[...] es una palabra de origen griego que ha llegado a través del latín a un gran número de lenguas europeas. Geranio viene de [...]
23 de julio de 2008 a las 23:46
[...] y el otro, más campechano, más de andar por casa, como ocurre con muchos hermanos. Los dos proceden en última instancia del griego kathédra ‘asiento’, pero el uno por la vía culta y el otro por la vía [...]
31 de julio de 2008 a las 00:26
[...] es un nombre de origen griego. Viene del adjetivo andreios, que significaba en griego antiguo ‘masculino,viril, valiente, [...]
11 de octubre de 2008 a las 12:39
[...] es un término formado sobre raíces griegas: héteros ‘diferente’ y ónoma ‘nombre’. Es un fenómeno que se produce [...]
2 de marzo de 2009 a las 17:50
[...] viene del griego skeletós ‘(cuerpo) reseco, momia’. Esta forma era el participio del verbo skéllein [...]
27 de mayo de 2009 a las 02:58
Gracias por toda esta información, felicitaciones por este trabajo tan completo.
10 de diciembre de 2009 a las 17:46
[...] varones de una cierta edad. La alopecia es, como sabemos, la pérdida del cabello. El nombre viene del griego alopekía. Se deriva de alópex, -ekos, que significa ‘zorra’, porque, al parecer, a [...]
8 de abril de 2011 a las 00:45
Hola, me gustaría saber si conoces la razón por la que el DRAE tiene catalina como un sustantivo con la acepción de “excremento humano”. Dice que su origen es el nombre propio Catalina.
¿Qué historia habrá tras ello? Gracias.
8 de abril de 2011 a las 12:08
No he encontrado forma de constatarlo, pero se me ocurre que podía ser debido a Catilina (República Roma 70 a.C).
Catilina, de familia noble pero venida a menos.
Su padre resultó ser mediocre y él se propuso recuperar el prestigio familiar.
Presentó su candidatura a ocupar cargo de cónsul,
no lo consiguió y lo intentó con el soborno. Depravado, aficionado a guerras civiles, matanzas y discordias, de gran elocuencia y menguado conocimiento, según Cayo Salustio.
Marco Tulio Cicerón inició su carrera política durante el periodo de la República,
allá por el año 70 a.C. y coincidió con Catilina. Denunció las maquinaciones de éste y pronuncia cuatro discursos, “Las Catilinarias”.
Al comienzo de las Catilinarias, encontramos la frase “Quousque tandem abutere, Catilina, patientia Nostra” y prosigue preguntándose sobre su amoralidad.