Palabras con significados contrarios

A veces, una misma palabra puede significar una cosa y la contraria. Se trata de una forma especial de polisemia que no resulta demasiado frecuente, pues si se generalizara dificultaría considerablemente la comunicación, pero que cualquier lengua puede digerir en pequeñas dosis.

Si lo pensamos un poco, todos sabríamos señalar unos cuantos casos. Probablemente, uno de los primeros que acuden a la cabeza es alquilar. Si un desconocido nos dice que quiere alquilar un piso —así, sin más explicaciones—, no tenemos forma de saber si lo que pretende es darlo o tomarlo en alquiler. Otra cosa sería que el contexto nos sacara de apuros o que nuestro conocimiento del mundo nos dijera si el individuo en cuestión es propietario o si desea convertirse en inquilino; pero, de lo contrario, tendremos que preguntar o quedarnos con la duda.

Algo parecido ocurre con la expresión dar clase. Si de pronto oímos que Mariana no quiere dar clase de español, no sabremos si la susodicha es una alumna díscola o una profesora desmotivada. Para evitar la ambigüedad (suponiendo que queramos evitarla), tendríamos que decir que Mariana no quiere estudiar español o que Mariana no quiere impartir clase de español.

Llegados a este punto, alguien podría verse tentado de extraer conclusiones sobre el genio hispánico a partir de un comportamiento especialmente ilógico de la lengua castellana. Si es así, lo siento, pero tengo que desengañarle. Este fenómeno, probablemente, se puede constatar en cualquier lengua. Es más, a veces presenta incluso paralelismos en lenguas diferentes. Por ejemplo, nuestro verbo sancionar puede significar: a) ‘aprobar, confirmar’, como en Corresponde al Presidente de la República sancionar las leyes; o b) ‘castigar’, como en Le sancionaron por insubordinación. Pues bien, lo mismo ocurre con el francés sanctionner y el inglés to sanction. Como anécdota diré que, un buen día, explicando gramática normativa a un grupo de estudiantes de periodismo, me sorprendí a mí mismo diciendo: Es un uso que no está sancionado por la Academia. Inmediatamente me di cuenta de que no había forma humana de saber si lo que quería decir era que la expresión de la que estaba hablando contaba con los parabienes académicos o, por el contrario, que había sido condenada por la institución.

A veces, estos dobles sentidos son el resultado de una evolución de la lengua que ha dado lugar a resultados contradictorios. De esto da testimonio el verbo enervar. En latín enervo significaba quitar los nervios o los tendones. Como antiguamente se creía que los nervios eran lo que les daba la fuerza a los seres vivos, este verbo desarrolló el significado de ‘debilitar, quitar la fuerza’. Este es el sentido con el que pasó al castellano. Ya en el siglo XIX, por influencia del francés, adquirió el sentido de ‘poner nervioso, irritar’, que es el que acabó por imponerse en la lengua corriente. Si hoy consultamos un diccionario, veremos que mantiene los dos. Un caso similar es el de lívido, que etimológicamente significaba ‘amoratado’, pero los hablantes se fueron empeñando en emplear con el significado de ‘extremadamente pálido’ hasta que la Academia no tuvo más remedio que ceder e incluir las dos acepciones en el diccionario.

En fin, podría seguir; pero, a estas alturas, probablemente ya basta por hoy.

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24 pensamientos en “Palabras con significados contrarios

  1. Xabier

    En gallego tenemos la palabra exquisito, que bien sirve para tildar a una comida como excelente, o para llamar “finolis” o “tiquismiquis” al comensal (por ejemplo).
    En portugués tan solo existe esa palabra con el segundo significado.
    ¡Felicidades por tu blog! Me encanta recibir tus artículos. Los leo con avidez y con la ilusión de un estudiante, pues aunque no soy castellanohablante como primera lengua, me gusta la pasión con la que aderezas este blog! :D

  2. Pedro A.

    Si de pronto oímos que “Guacolda no quiere dar clase de español” (Guacolda es un nombre femenino que existe solo en Chile) no cabría ninguna duda de que Guacolda es una profesora desmotivada.

    Si no lo hubiera leído aquí y no me lo confirmara el DRAE no creería que “Ayer dimos clase de matemáticas” significa en España “Ayer recibimos clase de matemáticas”.

  3. Marcial Fonseca

    Mis saludos. Muy bueno e interesante le articulo; a mí particularmente siempre me ha llamado la atención esas palabras con acepciones que se contradicen, Con los verbos hay muchas: prestar en algunas partes es pedir prestado, en otras es dar prestado. Ahora, la palabra campeona debería se nimio; veamos sus significados, según la RAE:
    1. adj. Dicho generalmente de algo no material: Insignificante, sin importancia.
    2. adj. Dicho generalmente de algo no material: Excesivo, exagerado.

  4. Davidoff

    Casualidades de la vida, acabo de tropezar con “conjurar”, en sus acepciones de “convocar” y, a al mismo tiempo, “expulsar” espíritus malignos y similares.

  5. Geo

    Simplemente me fascina este Blog!! al igual que Xabier yo también espero los viernes ansiosa de leer el artículo que me llegue por correo. =)

    Me gustaría comentar que, por ejemplo, acá en México una palabra a la que le sucede eso es a “Paupérrimo”, aunque la acepción no es aceptada por la RAE, cuando se dice “Fue una fiesta paupérrima” se puede entender que fue una fiesta llena de lujos. Y en realidad, no es una palabra se se use mucho con su significado correcto.

    Saludos!

  6. Blanca

    Encontré tu blog por casualidad, me pareció muy interesante y me suscribí. Muchas gracias por tu tiempo y dedicación. El de hoy, excelente… bueno, como todos los demás. Un abrazo muy cordial.

  7. Mila Solà Marqués

    Es curioso cómo incluso a veces hay palabras contrarias que despliegan un significado en la lengua oral y dos en la lengua escrita. Si decimos: ¡eres un monstruo! felicitamos a nuestro interlocutor por su gran capacidad de trabajo pero este significado puede confundir si lo escribimos a secas…

    Gran artículo profesor A.Bustos, ¡es usted un monstruo!Saludos cordiales, Mila Solà Marqués.

  8. Ynez

    Carlos, solo se me ocurre que “en absoluto” fuera siempre acompañada en principio de “no”.

    Se me ha ocurrido una de estas palabras que no se entenderían fuera de contexto: “especial”.

    “Es una persona muy especial”

    Podemos querer decir que es diferente, mejor que los demás, o que es más bien tonto, con demasiadas rarezas o un tiquismiquis.

    Para mí “dar clase” es también “impartir clase”. Viendo el ejemplo, comprendo que si el contexto está muy claro, podría entender “recibir clase”, pero no es lo normal para mí.

  9. Iñaki

    Un caso clásico es huésped, que puede ser tanto el alojado como el que lo aloja.

    Y, en la línea de monstruo, podéis pensar también en los insultos. Cabroncete, mamón, hijoputa… pueden tener un sentido positivo dependiendo del cariño pragmático que se les imprima.

  10. sergio

    Estar a cargo de …
    Si uno dice “Juan está cargo de sus padres” puede significar que Juan cuida a sus padres (muy ancianos) o que los padres cuidan a Juan (un niño)

  11. Vanbrugh

    Ciertamente, el de “huésped” es un caso típico, al referirse a cualquiera de los dos sujetos, el activo o el pasivo, de la actividad de hospedar. Curiosamente pasa lo mismo con su equivalente francés, “hôte”. No sé si el “guest” ingles es solo el que recibe hospedaje o también el que lo da.

  12. Repopllo

    Justo hoy me ha asaltado un problema parecido. Estaba escribiendo en aleman sobre un acuerdo que permitira a Rusia y Noruega compartir aguas articas y la palabra “compartir” en aleman significa a la vez “compartir” y “dividir”, por muchos sinonimos que busque, todos tienen esta dicotomia. Aun no se como lo voy a resolver… evidentemente en el articulo es muy importante que se especifique lo que establece el acuerdo.

    Disculpas por la falta de tildes… teclado aleman ;)

    Un saludo

  13. ilDorade

    A mí me llama la atención «fallar». Decir que «el juez falló a favor del acusado» puede dar lugar a muchas interpretaciones si tenemos en cuenta cómo funciona hoy en día el poder juducial.

  14. Ana

    Curioso post, felicidades. Y muy interesantes también los comentarios. No sé si procede, pero como premio os recomiendo un texto que he encontrado sobre el origen de la letra “ñ” en una web sobre saber
    ¡Disfrutadlo y un saludo a todos/as!

  15. Ynez

    Dije que “dar clase” lo relaciono más con “enseñar”, pero me he acordado de que “dar” es el verbo normal para mí cuando se refiere a una parte del temario, a una lección. Como “aprender”:

    – ¿Qué disteis ayer en Lengua?
    – Ayer dimos el Sustantivo.

  16. Daniel

    ¡Qué tema tan curioso!
    A mi se me ocurre que de los que más me molestan es la expresión “en el ojo del huracán” por mi formación científica. Se usa para expresar que al sujeto le está ocurriendo de todo o para expresar que está en el centro de atención de todos (por ser el centro de la tormenta), pero debería usarse para expresar que está en un momento de extremada tranquilidad pero que haga lo que haga se le va a echar una encima tremenda.
    El ojo es la parte más tranquila de los ciclones (que lo desarrollan), pero inevitablemente, se vaya a donde se vaya desde el ojo hay tormenta.

  17. Iñaki

    Justo al hilo de lo que cuenta Daniel sobre el ojo del huracán, y releyendo La vida es sueño para clase, me he acordado de que en español del siglo XVII calma no significaba lo que ahora, sino todo lo contrario. Parece que por calma se entendía un estado de tensión, inquietud, intranquilidad… Así se puede entender bien un pasaje del primer monólogo de Segismundo que, interpretado con el sentido actual, no tendría sentido .-):

    Nace el ave y, con las galas
    que le dan belleza suma,
    apenas es flor de pluma
    o ramillete con alas
    cuando las etéreas salas
    corta con velocidad,
    negándose a la piedad
    de un nido que deja en calma;
    ¡y teniendo yo más alma
    tengo menos libertad!

  18. Nico

    Siempre me ha llamado la atención a este respecto el verbo “oler”, que puede significar tanto olfatear, como emitir un aroma. Recuerdo el chiste-adivinanza: ¿Qué parte del perro es la que mejor huele? Respuesta: la nariz [risas].

  19. María

    Otro tema interesante. Disfruté con el artículo y los comentarios.
    Por las diferencias dialectales, propongo dos ejemplos. Me gustaría saber quién los usa y con cuál sentido: “pelón” (con mucho pelo o sin pelo) y “miedoso” (que causa miedo o que siente miedo).
    ¡Saludos!

  20. func

    También ocurre con la expresión “preparar oposiciones”..no sé sabe si se va a empezar a estudiar una oposición o si se va a empezar a impartir lecciones a los aspirantes..es decir, si preparas como docente o como alumno

  21. German

    Actualmente me sorprende bastante dos palabras que se han vuelto sus antónimos prácticamente: “literal” y “condescendiente”. Particularmente veo este equivoco en traducciones del ingles, con lo cual supongo que están siendo utilizados en modo distinto en el mundo anglosajón. Por ejemplo condescendiente tiene por significado en ingles “arrogante” y no conserva el del español “que tiene a acomodarse a gustos y deseos ajenos”. El significado original de la palabra literal (Fiel a las palabras de un texto o al sentido exacto y propio) ha trocado por su contrario “figurado”. Así vemos por ejemplo en Discovery Channel frecuentemente frases como esta “el mar se trago literalmente a la isla de…” y similares. Veo que hace mucho no se comenta aquí espero no signifique que ya no llegan las respuestas, saludos.

  22. José L Ramírez

    El hecho de que a veces una palabra con el tiempo llegue a usarse para una significación contraria es una explicación correcta, pero la Real Academia, que “limpia, fija y da esplendor” debería reaccionar cuando la contradicción es patente e incluso crea problemas.

    Un ejemplo de un cambio aceptable es el que nos lleva a denominar como “hechos” lo que debería denominarse “datos”. Algo que nadie ha hecho pero se da es un dato, no un hecho. Un hecho es, pues, un producto humano, pero decir que “es un hecho el que esté lloviendo” resulta algo mítico. Gianbattista Vico formuló su tesis del “factum veriúm”: el ser humano sólo puede conocer lo que él mismo ha hecho, lo demás sólo lo entiende la divinidad.

    Un ejemplo directamente repulsivo es la denominación de “móvil” (o incluso “mobil”) introducida del inglés para designar el teléfono “portátil”, un teléfono que no se mueve por sí mismo. Lo mismo que se denominó “ratón” al instrumento del ordenador que dirige la escritura, podía haberse denominado “osito” al telefonillo. En Latinoamérica han adoptado la alternativa de “celular”.

    Hay cambios semánticos que se producen metonímicamente y que llegan a crear equívocos, a veces destructores del conocimiento adecuado. Entendemos hoy la palabra “economía” como una administración del dinero y de la ganancia monetaria. Pero “economía” (del griego oikos nomos) suponía la administración oportuna de los bienes familiares. En la economía familiar no se necesita dinero. Pero cuando el ámbito de la producción de bienes y servicios abarca un ámbito más amplio que el de la familia, se hace necesario un instrumento de medida y cambio, que es la moneda y el crédito. Ese sistema no lo llamaba Aristóteles Economía, sino Crematística. Y el permitir que la crematística se convierta en la base de la economía es un riesgo y un peligro, según el filósofo. Hoy día hemos pervertido totalmente el significado de economía y el resultado ya lo estamos viendo en las crisis cada vez más serias, que nos hacen perder de vista el buen sentido en la administración y uso de nuestros bienes.

    La palabra “trabajo” se confunde con la de “empleo” o “trabajo asalariado”. Y nos imaginamos que lo más importante es que todos trabajen por dinero, aunque lo que produzcan sea perjudicial e innecesario.

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