Nov 192015
 

La malaria es una enfermedad que se conoce también como paludismo. El nombre viene del italiano mal’aria, que es la contracción de mala aria, o sea, ‘mal aire’.

El motivo de esta denominación es que antiguamente se les achacaba a los malos aires el origen de las más variadas enfermedades. Todavía hoy empleamos en español expresiones como le dio un mal airecogió un mal aire. Estas sirven para explicar popularmente el origen de todo tipo de males. Como muestra de este uso popular podemos tomar un fragmento de una obra de teatro del siglo XX:

(1) En familia estábamos, y hubo de llegar esa gavilla de cornudos a desgraciarnos la noche y a dejarnos sin hacienda, sin gallina, y sin gota de sangre en el cuerpo. ¡Así se sequen todos de un mal aire! (Domingo Miras: Las brujas de Barahona].

Abundan los textos antiguos en que se señala la corrupción del aire como foco de infecciones, como este, del siglo XVI:

(2) Comenzó por este tiempo a haber mucha enfermedad en el ejército que tenía el duque en el lugar del túmulo, que era de muy mal aire; y adoleció el conde de Urbino y otros capitanes; y el duque hubo de mudar su campo a Pitillano [Jerónimo Zurita: Anales de la corona de Aragón].

Hoy sabemos que el paludismo no se transmite por el aire, sino a través de la picadura del mosquito anofeles. Más concretamente, son las hembras de esta especie las responsables de la transmisión.

El paludismo, por cierto, es una enfermedad que se ve favorecida por la presencia de aguas estancadas. Esto lo dice bien a las claras su nombre, que contiene la raíz palus, paludis, que en latín significaba ‘pantano’.

Nota: El ejemplo (1) está tomado del CREA (Corpus de referencia del español actual) y el (2), del CORDE (Corpus diacrónico del español). Uno y otro son obra de la Real Academia Española y se pueden consultar en su web: www.rae.es.

 19 de noviembre de 2015