Ene 122015
 

Es sabido que existen sustantivos y adjetivos con formas diferentes para el masculino y el femenino. Pues bien, dentro de estos hay un grupo que presenta una peculiaridad: la forma masculina no tiene una terminación especial que se pueda considerar morfema de género, mientras que la forma femenina sí que la tiene. Será más fácil comprender esto revisando algunos ejemplos:

(1) profesor > profesora

(2) español > española

(3) charlatán > charlatana

En los ejemplos (1)-(3) está claro que el valor ‘femenino’ reside en la terminación -a. Sin embargo, no hay un segmento o segmentos en las formas masculinas correspondientes al que le podamos adscribir el valor ‘masculino’. La situación, por tanto, es diferente de la que encontramos en pares como el de (4):

(4) niñ-o / niñ-a

Vemos aquí que hay una terminación -o que se opone a una terminación -a. La primera es portadora del género masculino y la segunda, del femenino. Si sustituimos la una por la otra, se produce un cambio de género de la palabra.

En casos como los de (1)-(3), en cambio, es la forma completa profesor, español o charlatán la que es portadora del género masculino y este cambia en femenino cuando se le añade algo más. Nos encontramos aquí con una curiosa posibilidad de que disponen las lenguas: algo se opone a nada.

Como este tipo de situaciones dan lugar a complicaciones teóricas, a veces se intenta salir del apuro diciendo que existe un morfema cero de masculino:

(5) profesor / profesor-a

Este morfema cero supuestamente está ahí sirviendo de soporte a la categoría de masculino, pero ni se ve ni se oye. Sin embargo, esto no deja de ser un remiendo que le echamos al sistema para evitarnos mayores quebraderos de cabeza.

 12 de Enero de 2015  adjetivo, morfología, sustantivo