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Caucus

14 de Enero de 2008

En estos días se está utilizando mucho la palabra caucus porque se están desarrollando las primarias para elegir al nuevo Presidente de Estados Unidos.

Dentro del complejo sistema electoral de este país, los caucus son asambleas de los partidos políticos que sirven en algunos Estados para elegir delegados que tendrán un papel directo o indirecto en la designación del candidato a Presidente. Iowa, por ejemplo, utiliza este sistema.

No voy a entrar aquí en los detalles de qué es un caucus. Para eso remito al lector al artículo correspondiente en la Wikipedia en inglés o en español. Lo que me interesa es el uso de esta palabra en nuestra lengua.

Si vamos a buscarla a los diccionarios académicos, veremos que no aparece ni en el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) ni en el DPD (Diccionario panhispánico de dudas). Eso no quiere decir que su uso sea incorrecto (¡cuidado!). Esta es una de tantas palabras que no están recogidas en el diccionario pero que son necesarias. Y probablemente acabará incorporándose cuando se sienta que está lo suficientemente arraigada en nuestra lengua.

Su uso en relación con el proceso electoral estadounidense está más que justificado, puesto que es un nombre necesario para referirnos a esa realidad específica. Si lo sustituyéramos por uno castellano como asamblea o convención, ganaríamos quizás en casticismo, pero no en precisión ni en claridad.

Eso sí, debemos tener la precaución de escribir caucus en cursiva (como se está haciendo en esta entrada) para indicar que es un extranjerismo.

Su plural es caucus, invariable. Sigue el modelo de las palabras españolas terminadas en -s que no son agudas, como virus:

El virus > los virus

El caucus > los caucus

Veamos un ejemplo de este plural en un texto periodístico de hace unos días:

El ex Gobernador de Massachussetts, Mitt Romney, ganó hoy los caucus del Partido Republicano en el Estado de Wyoming […] [La Vanguardia (España), 5-1-2008]

Debe evitarse el plural a la inglesa caucuses.

En resumen:

a) Caucus es un extranjerismo necesario que nos permite referirnos de manera precisa e inequívoca a una institución determinada.

b) Como es un extranjerismo, debemos escribirlo en cursiva

c) Utilizamos para el plural la misma forma que para el singular: caucus.

En España, cuando hablamos de académicos, tradicionalmente nos referimos a los miembros de las Reales Academias. Este término se asocia sobre todo con los miembros de la Real Academia Española, que es la encargada de velar por el idioma; pero también se aplica a los pertenecientes a las otras corporaciones, como la Real Academia de la Historia o la Real Academia Nacional de Medicina.

Sin embargo, en los últimos años va avanzando otro uso de la palabra por influencia del inglés. En esta lengua academician o academic significa ‘profesor universitario’, por lo que fácilmente se desliza el falso amigo académico en traducciones apresuradas o descuidadas. He aquí un ejemplo:

Como la rueda, el alfabeto y la fermentación del vino, los fondos de cobertura nos hicieron levantar la ceja a los académicos [El País (España), 16-9-2007]

Se trata de un artículo escrito originariamente en inglés por el premio Nobel Paul A. Samuelson, catedrático del MIT. Aquí se debería haber traducido los profesores universitarios o, quizá, los miembros del mundo académico, expresión que sí se interpreta como referida a los universitarios.

Este uso va progresando y ya no solo se encuentra en traducciones sino también en textos redactados directamente en español. Esto fue lo que ocurrió en este titular de noticia:

La Caixa ‘ficha’ a diez académicos para su Servicio de Estudios [Abc (España), 4-10-2005; negrita, A.B.]

Cuando continuamos leyendo, descubrimos que se trata de catedráticos de universidad y, por tanto, del sentido anglizante de académico.

Habrá que ver si con el tiempo esta nueva acepción triunfa o si no pasa de ser una moda pasajera.

La marca Nike

6 de Diciembre de 2007

Victoria (o Níke) de SamotraciaEl nombre Nike viene del griego clásico níke. Su significado es ‘victoria’, lo que, desde luego, resulta muy adecuado para una marca de material deportivo.

Su pronunciación más habitual en España es “náik”. Esta pronunciación no es desconocida en inglés, aunque en los registros más esmerados de esta lengua se prefiere “náiki”.

Parece que en los últimos años los hablantes se van apartando, sobre todo para el inglés, de la tendencia tradicional a pronunciar las palabras extranjeras a partir de la escritura leyendo como si fuese castellano. Esto probablemente tiene que ver con el prestigio de lo anglosajón. Lo que ocurre es que tampoco se acierta siempre con la pronunciación inglesa o, por lo menos, con la forma más prestigiosa.

En la imagen se puede ver la Victoria (o Níke) de Samotracia.

En la pronunciación de los extranjerismos, globalmente, más que de normas, podemos hablar de tendencias y usos. En los casos concretos, no obstante, sí que puede haber norma. Me plantea Nieves (amiga y ex alumna) un caso muy interesante: el de élite. Para este galicismo coexisten tres pronunciaciones diferentes:

a) [élite] (esdrújula)

b) [elíte] (llana)

c) [elít] (a la francesa)

Digo que es interesante porque aquí se resumen las tres posibilidades de pronunciación de los extranjerismos:

a) Una pronunciación castellanizada a partir de la grafía, o sea, leerlo como si fuera español

b) Una pronunciación castellanizada que no coincide ni con la grafía ni con la pronunciación en la lengua original

c) Una pronunciación lo más cercana posible a la de la lengua original

En el uso existe una clara preferencia por élite (al menos en España); la pronunciación llana elite es minoritaria; y la pronunciación a la francesa se siente como pedante.

En la norma encontramos dos posibilidades: se consideran correctas élite y elite. La Academia patrocinó activamente la forma llana, pero ha acabado por reconocer que tiene mayor aceptación la esdrújula y ya la da como preferente. Esto se refleja en el orden en que aparecen en el lema del artículo correspondiente en el DRAE:

élite o elite

El DPD acepta las dos pronunciaciones pero explica que es más frecuente élite.

En español (y en otras lenguas de nuestro entorno, como el francés y el inglés), hay una tradición de pronunciar los extranjerismos según la grafía como si fueran palabras autóctonas. Esta es la posibilidad a) de arriba. En otras lenguas, con otra tradición, como el alemán, se valora el conseguir una pronunciación fiel al original o, al menos, lo más cercana posible. Esto también tiene sus límites. Es imposible conocer la pronunciación de todas las lenguas y no siempre es fácil imitar la pronunciación extranjera. A veces da pena ver a los presentadores de televisión en Alemania sudando tinta china para pronunciar el nombre de los mandatarios en las cumbres de la Unión Europea.

En los últimos años se aprecia en España un mayor interés por mantener la pronunciación original (posibilidad c), sobre todo para el inglés. El resultado muchas veces son pronunciaciones made in Spain (posibilidad b), o sea, pronunciaciones anglicanizantes que son en realidad invento nuestro; por ejemplo, Tom Cruise pronunciado “Tom Cruis” (en lugar de “Crus”, que sería lo más parecido a la pronunciación originaria).

Un poco irritante es la manía de pronunciar como si fuera inglés todo lo que sea extranjero (muy frecuente con nombres propios). Así, al pobre Paul Klee (que era de un pueblo de al lado de Berna y no de Milwaukee), le convierten en “Pol Kli”, cuando bastaría con leer tal cual “Paul Klee” para que saliera una forma levemente castellanizada y, al mismo tiempo, cercana al original. Al antiguo presidente del Banco Central Europeo (Wim Duisenberg) muchos le llamaban en España “Uim Díusenber”. La pronunciación a la holandesa hubiera dado (en versión española) algo así como “Bim Dóisemberj”, con jota al final (muy complicado). Otros, en cambio, preferían atenerse a nuestra socorrida tradición de leer el nombre como se escribe.