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	<title>BLOG DE LENGUA ESPAÑOLA &#187; gramática</title>
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	<description>DE ALBERTO BUSTOS</description>
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		<title>Metáforas en la gramática</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Apr 2010 18:56:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Bustos</dc:creator>
				<category><![CDATA[gramática]]></category>
		<category><![CDATA[gramaticalización]]></category>
		<category><![CDATA[metáforas]]></category>

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		<description><![CDATA[Si alguien nos preguntara de pronto por la metáfora, casi todos tenderíamos a asociarla con la literatura. Puede que incluso se nos pasaran por la cabeza los ejemplos que nos ponían en clase, como aquello de las perlas de tus dientes. Simplificando mucho, podemos decir que tradicionalmente se concebía la metáfora como una figura retórica [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si alguien nos preguntara de pronto por la metáfora, casi todos tenderíamos a asociarla con la literatura. Puede que incluso se nos pasaran por la cabeza los ejemplos que nos ponían en clase, como aquello de <em>las perlas de tus dientes</em>. Simplificando mucho, podemos decir que tradicionalmente se concebía la metáfora como una figura retórica que consistía en decir <em>esto es como esto otro</em> o, más bien, <em>esto es esto otro.</em></p>
<p>Si nos paramos a pensar un poco, el que más y el que menos tiene, además, la noción de que la metáfora también está presente en el lenguaje cotidiano. Se nos ocurrirán, probablemente, ejemplos como el del <em>cuello de la botella,</em> donde se asimila una parte de un objeto inanimado a una parte del cuerpo. El mecanismo que está funcionando aquí es el mismo. Estamos diciendo: esto (una parte de la botella) es como esto otro (una parte del cuerpo).</p>
<p>De lo que ya no estoy tan seguro es de que alguna vez nos hayamos dado cuenta de que la metáfora también tiene un gran rendimiento en las estructuras gramaticales de las lenguas. Desde los años ochenta, gracias a la lingüística cognitiva, se ha ido sabiendo que, en realidad, la metáfora es un mecanismo cognitivo básico de los seres humanos; de ahí que sea omnipresente. Hablamos y pensamos en metáforas e incluso actuamos a través de ellas. Nuestra mente tiene una dificultad básica para aprehender las nociones abstractas. No nos cuesta nada enterarnos de qué es una manzana. En cambio, las sumas, las restas y las raíces cuadradas ya van siendo más complicadas. Uno de los <em>trucos</em> de los que se sirve la mente humana para enfrentarse a realidades abstractas consiste en asimilarlas a otras más concretas, de las que tenemos una experiencia más inmediata. Dado que la gramática tiene que ver con la representación de relaciones abstractas, no hay que sorprenderse de que muchas de sus estructuras tengan una base metafórica.</p>
<p>Por ejemplo, ¿de qué tenemos una experiencia más inmediata? ¿De nuestro propio cuerpo o del espacio? Yo creo que está claro: un niño descubre primero  que tiene cabeza, tronco, manos y pies, y solo después va asimilando relaciones espaciales como delante, detrás, a un lado, a otro, arriba, abajo, etc. Pues bien, en la lengua encontramos expresiones que aprovechan nuestro conocimiento del cuerpo para ayudarnos a entender cómo está organizado el espacio. Así, decimos que <em>el bar está en<strong>frente</strong> del Ayuntamiento,</em> que <em>la estación queda a <strong>mano </strong>izquierda,</em> que <em>la ciudad se construyó al <strong>pie</strong> de la montaña,</em> que <em>el casino se encuentra a <strong>espaldas</strong> de la catedral.</em> Conviene señalar también que son solamente algunas partes del cuerpo, las más destacadas, las que pueden cumplir este tipo de función. Es decir, en las gramáticas de las lenguas del mundo tienden a aparecer  manos, cabezas y pies, pero no muelas, tibias o juanetes (pongamos por caso).</p>
<p>Como todo es relativo, también lo es la noción de abstracción. Es cierto que el espacio es más abstracto que el cuerpo, pero también que nos resulta más fácil de entender que el tiempo. Es más inmediata la experiencia de encontrarse en un sitio que la de encontrarse en un momento o la de ir a alguna parte que la del transcurrir del tiempo. Por eso solemos representarnos el tiempo como si fuera un espacio por el que nos movemos. Piensa en los verbos que utilizas para expresar la experiencia temporal y verás cómo la mayoría son de significado espacial. Muchos  adverbios temporales también tienen este origen. Por eso decimos <em><strong>Alrededor</strong> de las once</em>, utilizando la misma expresión que para <em>Alrededor del fuego</em>. Tenemos incluso una perífrasis verbal  <em>(<strong>voy</strong> a estudiar)</em> que conceptualiza la futuridad como desplazamiento en el espacio <em>(voy a Segovia).</em></p>
<p>En fin, podríamos seguir, porque el tema es prácticamente inagotable, pero esta entrada ya va siendo lo suficientemente larga y si ha servido para hacernos reflexionar, ya habrá cumplido su objetivo. Pero si se te ocurren más ejemplos —que se te ocurrirán—, no dudes en contarlos. Así podremos discutir todos un ratito.</p>
<p>[<a title="Blog de Lengua Española" href="http://blog.lengua-e.com/">Blog de Lengua Española</a> de Alberto Bustos, <a title="Metáforas en la gramática" href="http://blog.lengua-e.com/2010/metaforas-en-la-gramatica/">Metáforas en la gramática</a>]</p>
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		<title>¿Hablamos cada vez peor?</title>
		<link>http://blog.lengua-e.com/2008/hablamos-cada-vez-peor/</link>
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		<pubDate>Mon, 19 May 2008 21:52:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Bustos</dc:creator>
				<category><![CDATA[gramática]]></category>
		<category><![CDATA[lengua oral]]></category>
		<category><![CDATA[cambio lingüístico]]></category>
		<category><![CDATA[prejuicios lingüísticos]]></category>

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		<description><![CDATA[No. La respuesta es así de simple. Y contundente. No hablamos peor. Hablamos de otras cosas. Hablamos de otro modo. Eso es todo.
El mundo cambia y también lo hace el lenguaje con el que hablamos de él. Las generaciones se suceden y cada una trae su modo de hablar, igual que trae su modo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No. La respuesta es así de simple. Y contundente. No hablamos peor. Hablamos de otras cosas. Hablamos de otro modo. Eso es todo.</p>
<p>El mundo cambia y también lo hace el lenguaje con el que hablamos de él. Las generaciones se suceden y cada una trae su modo de hablar, igual que trae su modo de vestir, de hacer arte o de hacer política. ¿Verdad que hoy sería ridículo vestirse como Unamuno? Pues también lo sería hablar como él. Incluso dentro de la vida de una misma persona va cambiando con los años el lenguaje. ¿O nos expresamos de la misma manera con sesenta años que con veinte?</p>
<p>Si la lengua fuera a peor, llegaría un momento en que no nos entenderíamos; pero eso no sucede y no puede suceder. ¿Conoces algún caso? ¿Tienes noticia de algún sitio donde hayan empezado a enredar con el idioma y al final se lo hayan <em>cargado</em>? Imagínate que en Suecia empezaran a hacer experimentos con el sueco hasta que lo estropearan y se tuvieran que pasar —qué sé yo— al italiano para volver a entenderse. Esto que es inconcebible con las lenguas no lo es tanto con otras construcciones colectivas, como la economía, sin ir más lejos. Todos podemos citar países donde han empezado a <em>hurgar</em> en el sistema económico hasta que ha dejado de funcionar. El resultado es miseria, hambre, despoblación&#8230; En ningún rincón del mundo, en ningún momento de la historia ha habido una penuria lingüística que nos haya dejado en ayunas de palabras. Por ese lado podemos estar tranquilos.</p>
<p>Para acercarnos al problema, tenemos que saber que existe un fenómeno que se llama <strong>cambio lingüístico</strong> y que este es universal. Hay toda una rama de la lingüística que se ocupa de estudiarlo. Todas las lenguas cambian y todas han cambiado. No pueden no cambiar. Esto en sí no es ni bueno ni malo. Es. Punto. Otra cosa es que los resultados nos gusten más o menos; pero eso ya es cuestión de gustos y sobre gustos&#8230;</p>
<p>La lengua no la hacen los catedráticos, ni los académicos, ni los políticos&#8230; ¡por suerte! Siempre la han hecho los hablantes de a pie, la gente normal y corriente: el niño que juega con sus amigos en el patio del colegio, el dependiente de la pollería que despacha cuarto y mitad de mollejas, la señora que merienda con sus amigas en la cafetería, los enamorados que se susurran al oído. Por eso la lengua es sensata y funciona. La comunidad de hablantes en conjunto es sabia (aunque algunos de sus individuos no lo sean tanto).</p>
<p>De unos siglos a esta parte, vienen metiendo cuchara también, con mayor o menor fortuna, gramáticos, gobernantes, lexicógrafos, periodistas, etc.; pero eso no invalida lo anterior. Me entran temblores de pensar en lo que pasaría si la lengua dependiera de una comisión de profesores, representantes del Ministerio de Educación, autores de libros de estilo, dueños de editoriales&#8230; y escritores de blogs sobre lengua, que son, con diferencia, los más dañinos.</p>
<p>Otra cuestión, que probablemente te estás planteando a estas alturas, es: &#8220;Sí, pero ¿por qué cambian las lenguas?&#8221;. Como diría un político, <em>me alegro de que me haga esa pregunta.</em> Por hoy, lo dejaremos aquí.</p>
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		<title>&#8216;Hacia&#8217; y &#8216;de cara a&#8217;</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Jan 2008 21:42:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Bustos</dc:creator>
				<category><![CDATA[etimología]]></category>
		<category><![CDATA[gramática]]></category>
		<category><![CDATA[léxico]]></category>
		<category><![CDATA[preposición]]></category>
		<category><![CDATA[cambio lingüístico]]></category>
		<category><![CDATA[de cara a]]></category>
		<category><![CDATA[hacia]]></category>
		<category><![CDATA[latín]]></category>
		<category><![CDATA[locución prepositiva]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy día tenemos en español una preposición hacia y una locución prepositiva de cara a con diferentes significados, pero que han seguido una evolución análoga.
Nuestra preposición hacia no existía en latín. Es una invención castellana a partir de la expresión faze a, que significaba, exactamente, &#8216;cara a&#8217; (todavía hoy conservamos el sustantivo faz como sinónimo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy día tenemos en español una preposición <em>hacia</em> y una locución prepositiva <em>de cara a</em> con diferentes significados, pero que han seguido una evolución análoga.</p>
<p>Nuestra preposición <em>hacia</em> no existía en latín. Es una invención castellana a partir de la expresión <em>faze a,</em> que significaba, exactamente, &#8216;cara a&#8217; (todavía hoy conservamos el sustantivo <em>faz</em> como sinónimo de <em>cara</em>). Esta expresión sufrió un desgaste progresivo en su forma y en su significado.</p>
<p>En cuanto a la forma, desapareció la efe inicial, como les ocurrió a todas las palabras que empezaban por ese sonido en castellano. Además, la preposición <em>a</em> perdió su independencia y se fundió con el sustantivo. La unidad resultante perdió su acento y pasó a pronunciarse apoyándose en la palabra siguiente. Cuando decimos <em>hacia Salamanca,</em> en realidad estamos pronunciando una unidad con un solo acento:</p>
<blockquote><p>&#8220;aciasala<strong>mán</strong>ca&#8221;</p></blockquote>
<p>En cuanto al significado, se perdieron las referencias concretas a la cara como parte del cuerpo y al estar mirando hacia un sitio. Solo quedó la idea, más abstracta, de orientación.</p>
<p>Y así es como llegamos a la actual preposición <em>hacia.</em></p>
<p><em>D</em><em>e cara a</em> está sufriendo un proceso similar. En primer lugar nos tenemos que fijar en su significado literal de orientación espacial, como en el siguiente ejemplo:</p>
<blockquote><p>Cuando no tenían frase los colocaba <strong>de cara a la pared,</strong> como niños castigados [Francisco Álvaro: <em>El espectador y la crítica: El teatro en España,</em> p. 159]</p></blockquote>
<p>A partir de aquí van surgiendo usos figurados en los que el espacio ya no es físico sino figurado, metafórico, pero en los que todavía se identifica con claridad la noción espacial:</p>
<blockquote><p>La ampliación de los márgenes al ±15% permite, <strong>de cara a la opinión pública,</strong> seguir afirmando la viabilidad del proyecto de unión monetaria [José Barea y Maite Barea: <em>Después de Maastricht, ¿qué?,</em> p. 30]</p></blockquote>
<p>Llevando más allá la metáfora, se llega a una expresión abstracta con valor prospectivo y de finalidad (que podemos parafrasear con la expresión &#8216;con vistas a&#8217;):</p>
<blockquote><p>La República tuvo tiempo para reorganizarse <strong>de cara a la defensa de Madrid</strong> [Hugh Thomas: <em>La Guerra Civil Española, 1936-1939,</em> p. 447]</p></blockquote>
<p>De forma análoga a lo que ocurrió con <em>faze a,</em> esta locución está sufriendo un progresivo desgaste de su forma. En el ejemplo anterior se mantiene íntegra la sustancia fónica. En este otro, en cambio, la primera preposición ya ha desaparecido:</p>
<blockquote><p>[...] la junta directiva [...] permanece en Madrid tratando de poner en práctica una serie de proyectos internos [...] (aparte de las medidas ya acordadas <strong>cara a</strong> las autoridades y prensa de Madrid) [Celso Almuiña Fernández: <em>La prensa vallisoletana durante el siglo XIX (1808-1894)</em>, p. 538]</p></blockquote>
<p>Para algunos hablantes, incluso, lo único que queda de la expresión inicial es el sustantivo <em>cara</em>, como en este ejemplo que encuentro en un foro de Internet:</p>
<blockquote><p>[...] toda la legislatura sin hacer nada en materia de vivienda, y ahora <strong>cara las elecciones</strong> empiezan a estudiar medidas [...] [Rankia, Foro de vivienda, acceso 10-1-2008]</p></blockquote>
<p>En cuanto a la erosión del significado, se pierde la referencia a una parte concreta del cuerpo y la expresión va adquiriendo valores cada vez más abstractos, hasta el punto de que en muchos contextos es intercambiable simplemente con la preposición <em>para</em>.</p>
<p>No es casualidad que la misma parte del cuerpo intervenga en épocas diferentes en la formación de nuevas preposiciones. Este fenómeno se basa en mecanismos de conceptualización universales. Los seres humanos tratamos de entender los conceptos abstractos apoyándonos en ideas concretas, en realidades de las que tenemos una experiencia inmediata.</p>
<p>Uno de los primeros descubrimientos del niño es su propio cuerpo. Este conocimiento se traslada a otros ámbitos, como el espacio y el tiempo o a relaciones lógicas como la de finalidad. Pensemos, por ejemplo, que cuando queremos indicarle a alguien cómo llegar a un sitio le decimos que queda <em>a mano izquierda</em> o <em>a mano derecha.</em> El cuerpo nos sirve para estructurar nuestra percepción del espacio.</p>
<p>Las partes del cuerpo que intervienen en la aparición de palabras gramaticales son, además, siempre las mismas. Se trata de partes muy básicas, que tienen una gran relevancia cognitiva. Las lenguas del mundo están repletas de palabras gramaticales que surgen de nombres para la cara, la frente, la espalda, las manos&#8230; Esto, en cambio, no pasa ni con las uñas, ni con el dedo gordo del pie, ni con las verrugas.</p>
<p>El caso de <em>hacia</em> y <em>de cara</em> <em>a</em> es interesante para ilustrar cómo las lenguas, en su evolución, siguen ciertas vías que se van repitiendo a lo largo del tiempo. Otra cosa es la consideración normativa que pueda tener esa evolución, pero eso ya es harina de otro costal.</p>
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		<title>¿Qué es saber gramática?</title>
		<link>http://blog.lengua-e.com/2007/que-es-saber-gramatica/</link>
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		<pubDate>Sat, 29 Sep 2007 22:03:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Bustos</dc:creator>
				<category><![CDATA[gramática]]></category>
		<category><![CDATA[norma]]></category>
		<category><![CDATA[gramática descriptiva]]></category>
		<category><![CDATA[gramática normativa]]></category>

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		<description><![CDATA[Si yo me voy a preguntarle a mi madre si ella sabe gramática, probablemente me mandará a freír espárragos porque ya me tiene dicho que ella, de gramática, nada. Pero eso solo es cierto en parte.
Hay al menos tres sentidos diferentes de &#8216;gramática&#8217;, aunque el hablante de andar por casa esto no lo sabe y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Si yo me voy a preguntarle a mi madre si ella sabe gramática, probablemente me mandará a freír espárragos porque ya me tiene dicho que ella, de gramática, nada. Pero eso solo es cierto en parte.</p>
<p>Hay al menos tres sentidos diferentes de &#8216;gramática&#8217;, aunque el hablante de andar por casa esto no lo sabe y no tiene por qué saberlo:</p>
<ol>
<li>Hay una gramática que es un <strong>conocimiento implícito</strong> que posee cualquier hablante de una lengua,</li>
<li>hay una <strong>gramática descriptiva</strong> y</li>
<li>hay una <strong>gramática normativa</strong>.</li>
</ol>
<p>Cualquier hablante de cualquier lengua del mundo, con estudios o sin ellos, posee un <strong>conocimiento gramatical como conocimiento implícito</strong>. Es decir, domina una serie de reglas que rigen su forma de hablar, pero no sabe que las sabe. Mi madre, por más que se empeñe en que no sabe gramática, nunca se equivocará con el subjuntivo. En cambio, un hablante extranjero después de años y años de estudiar el subjuntivo sigue tropezando en esa piedra. Es más, mi madre (que cree que no sabe gramática) se dará cuenta inmediatamente del tropiezo y corregirá al pobre estudiante (&#8220;Eso no se dice así, se dice asá&#8221;). Pero si le preguntamos por qué se dice así y no asá, será ella la que se encuentre en apuros. Le estamos exigiendo otro tipo de conocimiento gramatical que solo poseen algunas personas, que lo han adquirido mediante el estudio.</p>
<p>El conocimiento gramatical implícito se puede hacer explícito mediante la introspección y la observación:  entramos en el terreno de la <strong>gramática descriptiva</strong>. A poco que empecemos a examinar una lengua nos daremos cuenta de que hay una serie de regularidades que podemos formular como reglas. Las primeras gramáticas surgen por un hecho tan sencillo como que alguien se sienta una tarde de verano a la orilla del río y empieza a preguntarse:</p>
<p style="padding-left: 30px;">¿Por qué algunas palabras admiten varias terminaciones (<em>niño, -a, -os, -as</em>) y otras no (<em>para, exactitud</em>)?</p>
<p style="padding-left: 30px;">¿Por qué puedo decir &#8220;un guisante, dos guisantes, tres guisantes&#8221; pero no &#8220;una harina, dos harinas, tres harinas&#8221;?</p>
<p>Cada vez que damos con la respuesta podemos formular una regla que da cuenta de múltiples casos. Progresivamente, vamos estando en condiciones de responder a más preguntas y de formular reglas más elaboradas.</p>
<p>La gramática descriptiva se limita a describir la lengua tal como es, tal como la usan los hablantes, sin entrar en consideraciones sobre lo correcto y lo incorrecto. Esto último es el terreno del tercer tipo de conocimiento gramatical.</p>
<p>Algunos hablantes dicen &#8220;Se me ha caído el vaso&#8221;; y otros, &#8220;Me se ha caído el vaso&#8221;. Una gramática descriptiva se limitará a tomar nota de las dos variantes. Una <strong>gramática normativa</strong>, ante esta variación, dictará reglas prescriptivas, o sea, dirá: &#8220;La primera forma es correcta; la segunda, incorrecta&#8221;.</p>
<p>No hay que perder de vista que en la gramática normativa hay siempre un cierto grado de arbitrariedad. Lo que se hace es seleccionar una posibilidad entre varias que también serían viables, de manera semejante a como en la Europa continental hemos decidido que se circula por la derecha, aunque sería perfectamente posible hacerlo por la izquierda y, de hecho, así es en Gran Bretaña, Nueva Zelanda o Japón.</p>
<p>La norma es convencional, pero eso tampoco significa que nos la podamos saltar tranquilamente. El circular por la derecha o por la izquierda también es convencional, pero una vez que se ha adoptado la norma si decidimos ir al revés de todo el mundo las consecuencias no se harán esperar.</p>
<p>En cuestión de lengua, en cualquier caso, es necesario conocer la norma porque solo así tendremos libertad para decidir si la respetamos o si nos la saltamos. De lo contrario, no hay elección, sino que nos vemos limitados a expresarnos de la única manera que sabemos y podemos.</p>
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