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	<title>BLOG DE LENGUA ESPAÑOLA &#187; léxico</title>
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	<description>DE ALBERTO BUSTOS</description>
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		<title>El tabú</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jul 2010 21:18:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Bustos</dc:creator>
				<category><![CDATA[léxico]]></category>
		<category><![CDATA[eufemismo]]></category>
		<category><![CDATA[interdicción lingüística]]></category>
		<category><![CDATA[tabú]]></category>

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		<description><![CDATA[En todas las sociedades hay realidades que están prohibidas y que inspiran un temor y un respeto teñidos a menudo de aspectos mágicos o religiosos. Un aspecto particular de la prohibición general que pesa sobre ellas es la prohibición de nombrarlas. Así surgen los tabúes lingüísticos.
El ámbito de lo sagrado es uno de los candidatos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En todas las sociedades hay realidades que están prohibidas y que inspiran un temor y un respeto teñidos a menudo de aspectos mágicos o religiosos. Un aspecto particular de la prohibición general que pesa sobre ellas es la prohibición de nombrarlas. Así surgen los <a title="¿Cuál es el plural de esta palabra: tabús o tabúes?" href="http://blog.lengua-e.com/2008/tabus-o-tabues/" target="_blank">tabúes</a> lingüísticos.</p>
<p>El ámbito de lo sagrado es uno de los candidatos evidentes al silencio temeroso. Uno de los tabúes primigenios de nuestra tradición religiosa y cultural es la prohibición judía de mencionar el nombre de Dios. El tetragrámmaton IHVH se escribía, pero no se pronunciaba. Por eso hoy tenemos diferentes reconstrucciones, como Jehová(h) o Yahvé(h). Así y todo, por muy poderoso que sea el pavor que nos infunda una realidad natural o sobrenatural, tampoco se puede evitar siempre hablar de ella. Por eso, como sustituto aceptable hasta cierto punto del nombre divino surge <em>Adonái.</em> Nos encontramos así con la otra cara del tabú, que es  el <a title="eufemismo" href="http://blog.lengua-e.com/2008/eufemismos/" target="_blank">eufemismo</a>, esa palabra más o menos domesticada que nos permite referirnos, aunque sea por rodeo o por insinuación, a aquello a lo que hubiéramos preferido no tener que referirnos de ninguna manera.</p>
<p>El tabú puede recaer también sobre realidades que se consideran impuras. El caso más evidente, porque se repite a lo largo y ancho de las culturas del mundo, es el de la excreción. Es un tema, en sí, que evitaremos sacar en una conversación educada, sobre todo si hay comida cerca. Más de un invitado ha preguntado pudorosamente en casa ajena dónde se puede lavar las manos cuando lo que se proponía era algo completamente diferente. Pero es que, además, la palabra para referirse al lugar donde se evacuan las necesidades fisiológicas va cambiando cada pocos años. En España hemos tenido <em>retretes, váteres, servicios </em>y<em> baños</em>, y dentro de poco tendremos algo diferente. Los sucesivos eufemismos se van <em>ensuciando</em> con el tiempo y hay que inventarse otros nuevos. También están sujetos a tabú, naturalmente, los productos de la excreción. El valor de transgresión que tiene el nombrarlos es lo que explica que este vocabulario tienda a aparecer en interjecciones y expresiones malsonantes.</p>
<p>Se suele decretar interdicción lingüística, además, sobre todo aquello que constituye una amenaza para una comunidad. En tiempos pasados el peligro podía venir de animales salvajes. En checo y otras lenguas eslavas la denominación para &#8216;oso&#8217; fue sustituida por <em>medvěd:</em> &#8216;el que chupa la miel&#8217;. No es difícil imaginar cuál fue la suerte que corrieron muchos de los eslavos que se atrevieron a adentrarse en las selvas heladas del Este de Europa allá por la noche de los tiempos. En la época actual, gobernantes y gentes de negocios suelen resistirse a hablar de crisis económicas. Para referirse a ellas se prefieren eufemismos como <em>desaceleración económica.</em> ¿O qué decir de los <em>beneficios negativos</em> con los que los que a veces nos regalan los gestores de empresas?</p>
<p>El tabú es uno de los puntos donde se tocan lo lingüístico y  lo cultural. Es una restricción que se impone a la lengua dentro de una  determinada cultura y nos puede llevar fácilmente a incurrir en errores de comunicación  intercultural. Los españoles, por ejemplo, destacan por el uso intensivo y extensivo que hacen de la denominación popular de los genitales femeninos. Cuando ese mismo español se sirve con  ligereza y naturalidad del  equivalente de esa palabra en otra lengua, se puede encontrar con que su aceptabilidad no es la misma y con que se ha metido en una situación  embarazosa para él y sus interlocutores de la que quizás no sabrá muy bien cómo salir.</p>
<p>Los tabúes van cambiando a medida que cambian las sociedades. Si en el mundo occidental el sexo tenía este papel hasta hace poco, hoy se va hablando cada vez más abiertamente de él; pero, a cambio, van delimitándose otras parcelas innombrables, como todo lo relacionado con la vejez (pensemos en la cadena eufemística <em>viejo &gt;</em> <em>anciano &gt; tercera edad &gt; mayor</em>).</p>
<p>Detrás del tabú hay una concepción mágica del lenguaje: la palabra es igual a la cosa. Si ponemos la palabra encima de la mesa es como si pusiéramos la cosa misma allí, en medio de todo el mundo. Pero precisamente en esto reside su fuerza, porque, por mucho que lingüistas y filósofos, a base de hilar fino, hayan ido introduciendo instancias intermedias entre las palabras y las cosas y hayan hecho por convencernos de que la relación entre unas y otras es puramente convencional, el hablante normal y corriente, el  de andar por casa, sigue convencido de que hay un vínculo indisoluble. Y quizás este hablante no ande tan descaminado, por lo menos en lo que a él le toca, porque, aunque todos sepamos que una cosa es una foto y otra, una persona, cuando vemos la fotografía de un ser querido tendemos a desdibujar las fronteras, y esa imagen basta para evocar los sentimientos que despierta o despertaba en nosotros quien está ahí retratado.</p>
<p>[<a title="Blog de Lengua Española" href="http://blog.lengua-e.com/">Blog de Lengua Española</a> de Alberto Bustos, <a title="El tabú" href="http://blog.lengua-e.com/2010/el-tabu/">El tabú</a>]</p>
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		<title>¿Qué son las colocaciones?</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Jul 2010 14:44:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Bustos</dc:creator>
				<category><![CDATA[léxico]]></category>
		<category><![CDATA[colocaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[En lingüística, una colocación es una combinación estable de palabras que se emplea de manera preferente, en lugar de otras también posibles, para referirse a un determinado objeto o estado de cosas de la realidad extralingüística. Se trata de combinaciones como vino tinto, pronunciar un discurso, asquerosamente rico o fracasar  estrepitosamente, que a cualquier [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En lingüística, una <em>colocación</em> es una combinación estable de palabras que se emplea de manera preferente, en lugar de otras también posibles, para referirse a un determinado objeto o estado de cosas de la realidad extralingüística. Se trata de combinaciones como <em>vino tinto, pronunciar un discurso, asquerosamente rico</em> o <em>fracasar  estrepitosamente, </em>que a cualquier hablante nativo le resultan conocidas, pero que, como veremos, no son en modo alguno evidentes.</p>
<p>El nombre <em>colocación</em> nos puede extrañar en un primer momento porque normalmente significa otra cosa, pero todo tiene su explicación. <em>Colocar</em> viene del latín <em>con</em> y <em>locare</em> y  significa, por tanto, etimológicamente &#8216;poner junto&#8217;. En el sentido que nos interesa, lo que se junta son palabras. El término lingüístico se refiere a un fenómeno que se puede constatar en cualquier lengua: de todas las combinaciones de palabras que en principio son posibles para referirse a una realidad dada, en la práctica únicamente se utilizan unas pocas o, incluso, una sola.</p>
<p>Supongamos que un estudiante extranjero se presenta en un bar de Cáceres y pide un <em>vino rojo</em> o un <em>vino colorado.</em> Puede que el camarero le entienda, pero también se dará cuenta inmediatamente de que algo no encaja en la expresión (y si es un hablante nativo quien se lo pide, es probable que no le sirva el vino porque le parecerá que no está en condiciones de tomárselo). El problema consiste en que de todas las expresiones posibles para referirse a esa bebida, la única que de hecho se utiliza es <em>vino tinto,</em> donde aparece un adjetivo <em>tinto</em> que, según el diccionario, significa &#8216;rojo&#8217;, pero que resulta totalmente infrecuente con ese sentido fuera de esa combinación. El español, además, se aparta en esta denominación de otras lenguas, que al vino de color rojo simplemente lo llaman <em>vino rojo;</em> por ejemplo, el francés <em>(vin rouge),</em> el inglés <em>(red wine)</em> o el checo <em>(červené víno).</em></p>
<p>Se dice a veces que las colocaciones son combinaciones frecuentes, aunque esto se ha de matizar. Por un lado, hay combinaciones que apenas se utilizan, como <em>acendrada virtud,</em> y que, sin embargo, reconocemos como secuencias prefabricadas que están disponibles en la lengua para expresar una idea determinada. Por otro lado, hay combinaciones enormemente frecuentes, como <em>ojos verdes</em> o <em>una cosa</em>, cuya frecuencia tiene que ver con cómo está hecho el mundo y no con cómo está hecha la lengua, y que, por tanto, carecen de interés para el lingüista.</p>
<p>Las colocaciones son imprevisibles, de ahí la necesidad de aprenderlas. Siguiendo con nuestro ejemplo del vino tinto, no hay forma de adivinar que <em>tinto</em> es precisamente el adjetivo que necesitamos ahí. ¿Y por qué decimos <em>dar un paseo</em>? ¿No sería más lógico <em>hacerlo</em> como los italianos <em>(fare una passeggiata)</em> o los franceses <em>(faire une promenade)</em>? Ahí está la gracia del asunto, en que se dice así y no de otra manera. Y quien quiera hablar correctamente esta lengua tendrá que aprenderlo. Pero es que incluso nombres que presentan rasgos en común en su significado se combinan a veces con verbos diferentes. Así, se dice <em>dar un paseo, dar una vuelta,</em> pero no <span style="text-decoration: line-through;"><em>dar un recorrido</em></span> o <em><span style="text-decoration: line-through;">dar una excursión</span>.</em></p>
<p>Llegados aquí hay que aclarar, no obstante, que no se deben confundir las colocaciones con otras combinaciones de palabras también imprevisibles: las <a title="expresiones idiomáticas" href="http://blog.lengua-e.com/2007/que-son-las-expresiones-idiomaticas/" target="_blank">expresiones idiomáticas</a> (por ejemplo, <em>tomar el pelo</em>). El significado de las colocaciones es compositivo, es decir, se puede identificar qué parte del significado del conjunto aporta cada uno de los componentes individuales. Las expresiones idiomáticas, en cambio, significan en bloque, sin que se puedan identificar significados parciales que residan específicamente en cada uno de sus componentes (compara <em>cometer un error</em> con <em>meter la pata</em>).</p>
<p>No se puede hablar correctamente sin un dominio adecuado de las colocaciones. Una de sus características es que presentan de manera inequívoca un concepto, por lo que facilitan una comunicación económica y certera. Por ejemplo, yo puedo decir <em>interrogar a  un alumno para comprobar si ha aprendido la materia que tenía que traer estudiada para hoy</em> y me entenderán, pero, desde luego, todo será más fácil si digo <em>tomar la lección</em>. Además, este tipo de expresiones distinguen a menudo niveles de lengua: si me estoy dirigiendo a un amigo, diré: <em>Échame ahí una firma;</em> pero en un reportaje sobre la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea probablemente oiremos que <em>El Presidente estampó su firma en el Tratado.</em> Piensa en lo ridículo que sería intercambiar los verbos en estos ejemplos.</p>
<p>Hay diversos tipos de colocaciones, dependiendo de las clases de palabras que se combinan:</p>
<p style="padding-left: 30px;">Sustantivo y adjetivo: <em>vino tinto, error garrafal, enemigo acérrimo, soltero empedernido</em></p>
<p style="padding-left: 30px;">Verbo y sustantivo: <em>dar un paseo, celebrar una reunión, pronunciar un discurso, refrescar la memoria<br />
</em></p>
<p style="padding-left: 30px;">Verbo y adverbio: <em>saludar efusivamente, discutir acaloradamente</em>, <em>negar taxativamente</em></p>
<p style="padding-left: 30px;">Adjetivo y adverbio: <em>asquerosamente rico, gravemente herido, rematadamente loco</em></p>
<p style="padding-left: 30px;">Sustantivo, preposición y sustantivo: <em>loncha de jamón, banco de peces</em></p>
<p>Es fácil comprobar que estas combinaciones son propias de una determinada lengua, en este caso, del español: trata de traducir los ejemplos de arriba a otro idioma y lo verás. De hecho, una dificultad nada desdeñable en el aprendizaje de una lengua extranjera consiste precisamente en el dominio de las colocaciones. Muchos de los errores de los hablantes no nativos son <em>vinos colorados,</em> es decir, combinaciones de palabras que son gramaticalmente correctas, pero que nadie usa.</p>
<p>Y es que la lengua no es un mecano y para aprender a hablar no basta con tener unas cuantas piezas que después se van juntando. Hay que saber además que la gente, luego, solo junta algunas de esas piezas, como hacemos con tantas cosas en esta vida.</p>
<p>[<a title="Blog de Lengua Española" href="http://blog.lengua-e.com/">Blog de Lengua Española</a> de Alberto Bustos, <a title="¿Qué son las colocaciones?" href="http://blog.lengua-e.com/2010/que-son-las-colocaciones/">¿Qué son las colocaciones?</a></p>
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		<title>Falsos préstamos</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Mar 2010 11:21:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Bustos</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un falso préstamo es una palabra que en apariencia hemos tomado de otra lengua, pero solo en apariencia, pues en esa lengua o bien no existe o existe, pero con un significado diferente del que le atribuimos. El ejemplo clásico es footing, que en inglés no tiene nada que ver con echar una carrerita: el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un falso préstamo es una palabra que en apariencia hemos tomado de otra lengua, pero solo en apariencia, pues en esa lengua o bien no existe o existe, pero con un significado diferente del que le atribuimos. El ejemplo clásico es <em>footing,</em> que en inglés no tiene nada que ver con echar una carrerita: el equivalente de nuestro <em>hacer footing</em> sería más bien <em>to go</em> <em>jogging. </em>Otros ejemplos son <em>slip</em> (como tipo de calzoncillos) e incluso compuestos de apariencia tan inglesa como <em>recordman</em> o <em>autostop.</em> Basta con deslizar alguno de estos falsos anglicismos en una conversación en inglés para ver la cara de extrañeza que nos ponen.</p>
<p>Esta <em>manía</em> de inventar aparentes extranjerismos no es, ni mucho menos, una peculiaridad hispánica. De hecho, algunos de los ejemplos anteriores, como <em>footing</em> y <em>autostop</em>, son creaciones francesas que copiamos después nosotros. Tampoco en alemán es desconocido este procedimiento. En esta lengua al teléfono móvil lo llaman <em>Handy</em>, palabra que en inglés es un adjetivo que significa &#8216;práctico, cómodo&#8217;, etc. y que nunca se asociaría con la telefonía móvil.</p>
<p>Como podemos ver, la gran fuente de falsos préstamos es actualmente el inglés. Esto se explica fácilmente por la  influencia y prestigio de esta lengua, que sirve para darle un halo de distinción a todo lo que toca&#8230; o parece que toca.</p>
<p>Pero probablemente se te están ocurriendo unos cuantos ejemplos más. Dínoslos para que podamos hablar sobre ellos.</p>
<p>[<a title="Blog de Lengua Española" href="http://blog.lengua-e.com/">Blog de Lengua Española</a> de Alberto Bustos, <a title="Falsos préstamos" href="http://blog.lengua-e.com/2010/falsos-prestamos/">Falsos préstamos</a>]</p>
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		<title>¿De dónde viene la palabra &#8216;bárbaro&#8217;?</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Feb 2010 22:10:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Bustos</dc:creator>
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		<category><![CDATA[bárbaro]]></category>
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		<description><![CDATA[La palabra bárbaro viene del griego bárbaros, aunque a nosotros nos llega por intermediación del latín. Originariamente servía para referirse a los extranjeros y después, por extensión, a quienes son rudos e incultos.
Su origen está en una onomatopeya, bar-bar, y dice mucho sobre la incomprensión entre los pueblos. Bar-bar es el equivalente de nuestro bla, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La palabra <em>bárbaro</em> viene del griego <em>bárbaros,</em> aunque a nosotros nos llega por intermediación del latín. Originariamente servía para referirse a los extranjeros y después, por extensión, a quienes son rudos e incultos.</p>
<p>Su origen está en una <a title="onomatopeya" href="http://blog.lengua-e.com/2008/que-son-las-onomatopeyas/" target="_blank">onomatopeya</a>, <em>bar-bar,</em> y dice mucho sobre la <a title="incomprensión entre los pueblos" href="http://blog.lengua-e.com/2007/me-suena-a-chino-expresiones-idiomaticas-e-incomprension/" target="_blank">incomprensión entre los pueblos</a>. <em>Bar-bar </em>es el equivalente de nuestro <em>bla, bla,</em> o sea, de un parloteo que resulta ininteligible. El extranjero es el que no sabe hablar <em>como Dios manda,</em> el que solo es capaz de decir <em>bla, bla, bla, bla, bla</em>.</p>
<p>El hablante ingenuo es chovinista por naturaleza. Para él las lenguas del mundo se dividen en dos: la suya, que es la buena, y otra —el <em>extranjero</em>— que es la mala (y prueba de ello es que no se entiende). Con mi abuela solía mantener diálogos de este tipo:</p>
<blockquote><p>—Hijo, ¿y cómo se dice <em>pan</em> en extranjero?</p>
<p>—Pues depende, abuela, es que el extranjero es muy grande.</p>
<p>—Yo qué sé, en extranjero, en lo que hablen por ahí.</p>
<p>—<em>Bread,</em> abuela, se dice <em>bread </em>—le contestaba yo por decir algo.</p>
<p>—Pues qué tontos, ¡con lo fácil que es decir <em>pan!</em></p></blockquote>
<p>Mi abuela no lo sabía, pero ella participaba de la misma idea que tenían los griegos de todos los demás.</p>
<p>Aunque si le hubieran preguntado al bárbaro, seguramente hubiera dicho que él pensaba lo mismo de los griegos.</p>
<p>[<a title="Blog de Lengua Española" href="http://blog.lengua-e.com/">Blog de Lengua Española</a> de Alberto Bustos, <a title="¿De dónde viene la palabra bárbaro?" href="http://blog.lengua-e.com/2010/de-donde-viene-la-palabra-barbaro/">¿De dónde viene la palabra 'bárbaro'?</a>]</p>
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		<title>¿De dónde viene la palabra &#8216;alfil&#8217;?</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Feb 2010 16:31:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Bustos</dc:creator>
				<category><![CDATA[etimología]]></category>
		<category><![CDATA[léxico]]></category>
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		<description><![CDATA[El árabe proporcionó una gran masa de vocabulario al castellano, la más importante después del latín. Pero su papel no se limitó a aportar su propio léxico patrimonial, sino que también sirvió de vehículo para conceptos y formas lingüísticas procedentes de otras culturas y lenguas con las que entró en contacto.
Este es el caso de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-1627" style="border: 0pt none;" title="alfil" src="http://lengua-e.com/blog/wp-content/uploads/2010/02/alfil.jpg" alt="alfil, siglo XV" width="201" height="239" /><a title="El árabe proporcionó una gran masa de vocabulario al castellano" href="http://blog.lengua-e.com/2008/palabras-de-origen-arabe/" target="_blank">El árabe proporcionó una gran masa de vocabulario al castellano</a>, la más importante después del latín. Pero su papel no se limitó a aportar su propio léxico patrimonial, sino que también sirvió de vehículo para conceptos y formas lingüísticas procedentes de otras culturas y lenguas con las que entró en contacto.</p>
<p>Este es el caso de  <em>alfil,</em> que procede del árabe <em>al</em> &#8216;el&#8217; y <em>fīl</em> &#8216;elefante&#8217;, tomado a su vez del persa <em>p</em><em>ī</em><em>l</em> &#8216;elefante&#8217;, porque en el primitivo juego del ajedrez esta pieza era representada por dicho animal. En la imagen se puede ver un alfil del siglo XV con dos puntas en las que aún se pueden reconocer los colmillos. La hendidura del alfil moderno es un vestigio de esta antigua forma.</p>
<p>Como es sabido, el ajedrez se originó en la India. Desde allí se difunde a los países vecinos, incluida Persia, donde lo encontrarán los árabes, que lo llevarán hasta el Magreb y Al-Andalus. Al traer el juego también trajeron consigo las palabras para nombrar a las piezas. Nada más lógico.</p>
<p>[<a title="Blog de Lengua Española" href="http://blog.lengua-e.com/">Blog de Lengua Española</a> de Alberto Bustos, <a title="¿De dónde viene la palabra 'alfil'?" href="http://blog.lengua-e.com/2010/de-donde-viene-la-palabra-alfil">¿De dónde viene la palabra 'alfil'?</a>]</p>
]]></content:encoded>
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		<title>&#8216;Excavar&#8217; y &#8216;escarbar&#8217;</title>
		<link>http://blog.lengua-e.com/2010/excavar-y-escarbar/</link>
		<comments>http://blog.lengua-e.com/2010/excavar-y-escarbar/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 19 Jan 2010 21:37:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Bustos</dc:creator>
				<category><![CDATA[léxico]]></category>
		<category><![CDATA[verbo]]></category>
		<category><![CDATA[escarbar]]></category>
		<category><![CDATA[excavar]]></category>

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		<description><![CDATA[Leo y oigo últimamente con cierta frecuencia textos en los que se confunden los verbos escarbar y excavar. Y aunque los dos se refieren a acciones que guardan una cierta relación, no significan lo mismo.
Escarbar es remover la tierra, pero de manera superficial; y además este verbo contiene la  idea de que se trata [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Leo y oigo últimamente con cierta frecuencia textos en los que se confunden los verbos <em>escarbar</em> y <em>excavar. </em>Y aunque los dos se refieren a acciones que guardan una cierta relación, no significan lo mismo.</p>
<p><em>Escarbar</em> es remover la tierra, pero de manera superficial; y además este verbo contiene la  idea de que se trata de un movimiento rápido y repetitivo, como el que hacen los animales con las patas en el suelo. Esto se percibe claramente en el siguiente ejemplo (aunque aquí no haya animales):</p>
<blockquote><p>Mithradates [...] hizo del Ponto el centro de un auténtico imperio que comprendía las ciudades del Mar Negro, la Cólquida [...] y el reino del Bósforo y Crimea, donde “bastaba con <strong>escarbar</strong> la tierra para que rindiera semilla al treinta por uno” [<em><a title="Argelaguer Vall del Llierca" href="http://argelaguer.nireblog.com/post/2008/11/01/damasus-pontifex-romanus-%E2%80%9Ctodos-los-santos%E2%80%9D-final-del-verano-cosmico" target="_blank">Argelaguer Vall del Llierca</a>,</em> acceso: 19-1-2010]</p></blockquote>
<p><em>Excavar,</em> en cambio, implica un movimiento que puede ser lento o rápido —esto es indiferente— y cuyo propósito o resultado principal es precisamente el de ahondar hasta abrir un hoyo. En el ejemplo  citado a continuación se utiliza correctamente este verbo:</p>
<blockquote><p>[...] Benedicto XVI ha autorizado <strong>excavar</strong> y abrir la tumba del apóstol en la basílica de San Pablo Extramuros, cubierta de hormigón desde finales del siglo IV [<em><a title="Abc.es" href="http://www.abc.es/20090703/cultura-arte/benedicto-autoriza-excavar-abrir-20090703.html" target="_blank">Abc.es</a>,</em> acceso: 19-1-2010]</p></blockquote>
<p>Y por hoy ya vale de escarbar en el uso del vocabulario. ¡Hasta pronto!</p>
<p>[<a title="Blog de Lengua Española" href="http://blog.lengua-e.com/">Blog de Lengua Española</a> de Alberto Bustos, <a title="Excavar y escarbar" href="http://blog.lengua-e.com/2010/excavar-y-escarbar/">'Excavar' y 'escarbar'</a>]</p>
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		<title>¿De dónde viene &#8216;ojalá&#8217;?</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Dec 2009 12:49:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Bustos</dc:creator>
				<category><![CDATA[etimología]]></category>
		<category><![CDATA[léxico]]></category>
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		<category><![CDATA[arabismos]]></category>
		<category><![CDATA[interjección]]></category>
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		<description><![CDATA[Ojalá es uno de los muchos arabismos que tenemos en castellano. Viene de la expresión wa shā&#8217; llah &#8216;quiera Dios&#8217;.
La memoria de este significado se ha perdido y únicamente lo podemos reconstruir mediante la etimología. Quien dice hoy ojalá no piensa en Dios ni deja de pensar, tan solo le da a la oración un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Ojalá</em> es uno de los muchos <a title="arabismos" href="http://blog.lengua-e.com/2008/palabras-de-origen-arabe/" target="_blank">arabismos</a> que tenemos en castellano. Viene de la expresión <em>wa shā&#8217; llah</em> &#8216;quiera Dios&#8217;.</p>
<p>La memoria de este significado se ha perdido y únicamente lo podemos reconstruir mediante la etimología. Quien dice hoy <em>ojalá</em> no piensa en Dios ni deja de pensar, tan solo le da a la oración un matiz <em>optativo</em> (ojo, entiéndase esta palabra como término lingüístico con el significado de &#8216;deseo de que se realice algo&#8217;). Pero curiosamente el significado etimológico sigue encajando a la perfección en los contextos en que aparece esta interjección. Si no me crees (que no tienes por qué creerme), prueba a sustituir <em>ojalá</em> por <em>quiera Dios (que)</em> en unas cuantas oraciones. ¡<em>Ojalá</em> funcione!</p>
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		<title>Etimología de &#8216;miércoles&#8217;</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Nov 2009 12:40:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Bustos</dc:creator>
				<category><![CDATA[etimología]]></category>
		<category><![CDATA[léxico]]></category>
		<category><![CDATA[días de la semana]]></category>
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		<description><![CDATA[Miércoles es, etimológicamente, el día de Mercurio. Este era para los romanos el dios del comercio, el protector de los viajeros y el emisario de los dioses.
En latín clásico, el nombre del día de la semana era Mercuri dies &#8216;día de Mercurio&#8217;. De ahí tenía que haber salido miércole si todo hubiera seguido su curso; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1267" title="Hermes-Mercurio, Lee Lawrie, fotografía de Carol Highsmith" src="http://lengua-e.com/blog/wp-content/uploads/2009/11/Hermes-Lawrie-Highsmith-138x300.jpg" alt="Hermes-Mercurio, Lee Lawrie, fotografía de Carol Highsmith" width="138" height="300" /><em>Miércoles</em> es, etimológicamente, el día de Mercurio. Este era para los romanos el dios del comercio, el protector de los viajeros y el emisario de los dioses.</p>
<p>En latín clásico, el nombre del día de la semana era <em>Mercuri dies</em> &#8216;día de Mercurio&#8217;. De ahí tenía que haber salido <em>miércole</em> si todo hubiera seguido su curso; pero se <em>coló</em> una <em>-s</em> antietimológica por analogía con <a title="etimología de martes" href="http://blog.lengua-e.com/2009/etimologia-de-martes/" target="_blank">martes</a>, jueves y viernes, que eran <em>Martis dies, Jovis dies</em> y <em>Veneris dies,</em> respectivamente. Siguiendo ese modelo, la gente empezó a decir <em>Mercuris dies.</em> Eso mismo es lo que le pasó a <a title="etimología de lunes" href="http://blog.lengua-e.com/2008/etimologia-de-lunes/" target="_blank"><em>lunes</em></a>.</p>
<p>En castellano, <em>miércoles</em> perdió el elemento <em>dies</em> porque se impuso la versión abreviada <em>Mercuris.</em> Sin embargo, en otras lenguas románicas sí que se conserva dicho elemento embebido en el nombre. En francés e italiano va al final (<em>mercre<strong>di</strong>, mercole<strong>di</strong></em>) porque vienen de la versión <em>Mercuris dies</em>. En cambio, en catalán <em><strong>di</strong>mecres</em> aparece antepuesto porque salió de <em>dies Mercuris.</em></p>
<p>[<a title="Blog de Lengua Española" href="http://blog.lengua-e.com/">Blog de Lengua Española</a> de Alberto Bustos, <a title="Etimología de miércoles" href="http://blog.lengua-e.com/2009/etimologia-de-miercoles/">Etimología de <em>miércoles</em></a>]</p>
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		<title>Galleguismos</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Oct 2009 21:24:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Bustos</dc:creator>
				<category><![CDATA[etimología]]></category>
		<category><![CDATA[léxico]]></category>
		<category><![CDATA[galleguismos]]></category>

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		<description><![CDATA[En castellano tenemos un puñado de palabras tomadas del gallego. Algunas tienen que ver con la gastronomía, como albariño, ribeiro, queimada, grelo o vieira. Otras, con rasgos que se consideran típicos del carácter gallego, como morriña (aunque para compensar tenemos nada menos que sarao, ¡quién lo diría!). También hemos tomado alguna que otra de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En castellano tenemos un puñado de palabras tomadas del gallego. Algunas tienen que ver con la gastronomía, como <em>albariño, ribeiro, queimada, grelo</em> o <em>vieira.</em> Otras, con rasgos que se consideran típicos del carácter gallego, como <em>morriña</em> (aunque para compensar tenemos nada menos que <em>sarao,</em> ¡quién lo diría!). También hemos tomado alguna que otra de la cultura popular, como <em>meiga</em>, o de la cultura material, como <em>botafumeiro</em> o <em>pazo.</em> Encontramos incluso una afección de la piel: el <em>sarpullido.</em></p>
<p>No son muchos los galleguismos, y, además, algunos se mueven en un terreno dudoso porque no siempre es fácil discernir si un préstamo determinado procede de la lengua gallega o de su hermana, la portuguesa. Es lo que ocurre, por ejemplo, con <em>achantarse </em>y<em> chamizo</em>.</p>
<p>Podemos decir que ha sido mucho más intenso el influjo del castellano sobre el gallego que al revés, lo que no es de extrañar si tenemos en cuenta cuáles han sido las relaciones de poder en la Península Ibérica durante siglos.</p>
<p>Si quieres ayudar a completar esta breve lista, serás bienvenido.</p>
<p>[<a title="Blog de Lengua Española" href="http://blog.lengua-e.com/">Blog de Lengua Española</a> de Alberto Bustos, <a title="Galleguismos" href="http://blog.lengua-e.com/2009/galleguismos/">Galleguismos</a>]</p>
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		<title>Hígado viene de higo</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Sep 2009 21:18:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Bustos</dc:creator>
				<category><![CDATA[etimología]]></category>
		<category><![CDATA[léxico]]></category>
		<category><![CDATA[Apicio]]></category>
		<category><![CDATA[hígado]]></category>
		<category><![CDATA[latín]]></category>
		<category><![CDATA[oca]]></category>

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		<description><![CDATA[No hace falta ir a Oxford ni a Salamanca para darse cuenta del parecido que hay entre hígado e higo. Esto no es casualidad ni se trata de un caso de etimología popular. Nuestro hígado viene de la expresión latina iecur ficatum &#8216;hígado alimentado con higos&#8217;.
Al parecer, la culpa de todo la tienen Apicio y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-1199" title="Oca asomando la cabeza feliz y despreocupada" src="http://lengua-e.com/blog/wp-content/uploads/2009/09/cabeza-de-oca-300x225.jpg" alt="Cabeza de oca" width="300" height="225" />No hace falta ir a Oxford ni a Salamanca para darse cuenta del parecido que hay entre <em>hígado</em> e <em>higo.</em> Esto no es casualidad ni se trata de un caso de <a title="etimología popular" href="http://blog.lengua-e.com/2007/no-hay-tu-tia-etimologia-popular/" target="_blank">etimología popular</a>. Nuestro <em>hígado</em> viene de la expresión latina <em>iecur ficatum</em> &#8216;hígado alimentado con higos&#8217;.</p>
<p>Al parecer, la culpa de todo la tienen <strong>Apicio</strong> y <strong>las ocas.</strong> Apicio fue un cocinero romano, famoso por su sofisticación y extravagancia. A él se le atribuye una técnica de alimentación forzada de la oca a base de higos, lo que producía una inflamación del hígado del animal y permitía producir el preciado <em>foie-gras. </em></p>
<p>Tal fue el éxito del <em>iecur ficatum</em> que el imperio entero se olvidó de que &#8216;hígado&#8217; se decía <em>iecur</em> y se quedó solamente con <em>ficatum</em>, siguiendo un procedimiento de abreviación parecido al que encontramos hoy cuando algunas personas llaman a los <em>espárragos trigueros</em> simplemente <em>trigueros</em>. Por eso hoy no solo decimos <em>hígado</em> en castellano, sino que también en gallego y portugués es <em>fígado;</em> en catalán, <em>fetge;</em> en francés, <em>foie;</em> en italiano, <em>fegato</em>; y en rumano, <em>ficat.</em></p>
<p>[<a title="Blog de Lengua Española" href="http://blog.lengua-e.com/" target="_blank">Blog de Lengua Española</a> de Alberto Bustos, <a title="Hígado viene de higo" href="http://blog.lengua-e.com/2009/higado-viene-de-higo/" target="_blank">Hígado viene de higo</a>]</p>
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