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Lenguaje del odio

15 de Mayo de 2008

Bloggers UniteArtículo 1
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Declaración Universal de los Derechos Humanos

Demasiado a menudo, nuestro uso del lenguaje se aleja de la exigencia de comportamiento fraternal y de reconocimiento de la igualdad en dignidad y derechos. Esto puede ocurrir de dos formas, una más brutal y la otra más sutil, tan sutil que a veces ni siquiera la percibimos.

A veces, la palabra sirve para ensañarse contra ciertos colectivos sociales. Esta es la variedad brutal del lenguaje del odio. En estos casos se busca dañar, discriminar, enfrentar. La palabra se carga de veneno en el corazón y después se escupe por la boca.

En principio cualquiera puede servir de blanco. El motivo no está en la víctima sino en el agresor. En la práctica, se suele apuntar contra extranjeros, miembros de otras etnias, lesbianas, gays, bisexuales, transexuales y siempre, siempre, siempre contra las mujeres. Por supuesto, el efecto es acumulativo: si por ser mujer ya estás expuesta, no digamos si eres mujer, lesbiana, extranjera y, para colmo, tienes la piel cobriza. Pero no hace falta inventarse los ejemplos; ayer, sin ir más lejos, leía en el periódico que una tienda de informática de Alcudia (Mallorca) había colocado a la puerta un cartel en el que se prohibía la entrada a “perros y rumanos”.

Lo inquietante es que se tiene más tolerancia de la que se debiera con estas manifestaciones verbales. Son muchos los que se ríen o por lo menos se sonríen cuando oyen gritar ¡Mujer tenías que ser!, ¡Sudaca! o ¡Maricón! De los que lo aprueban no hablaremos porque ya habla todo el artículo de ellos.

Cualquier grupo es vulnerable. Que nadie se crea que por ser hombre, blanco, heterosexual y padre de familia está a salvo. Ya descubrirán que no hizo la mili o que vota al partido equivocado.

A veces, el colectivo agredido reivindica el término insultante (”Sí, y a mucha honra”). Suele ser un antídoto eficaz. Por ejemplo, algunos grupos de lesbianas han hecho bandera de palabras como bollo o bollera.

Los casos anteriores consisten en llamarle a alguien lo que es. Y se hace para dañarle. No se le censura por lo que hace o por sus cualidades morales sino por ser lo que es, por ser como es, en definitiva, por ser quien es. Para darnos cuenta de la injusticia, no hay más que pensar que es un ataque contra lo que el otro no puede (ni debe) cambiar.

La otra variedad de lenguaje del odio es más sutil. Todos participamos de ella. Por lo general, ni siquiera es malintencionada. Consiste en llamarle a alguien lo que no es, como cuando decimos: Vas hecho un gitano (’vas desaliñado’), Me hizo una judiada (’me jugó una mala pasada’), No seas nenaza (’compórtate como un macho ibérico’), Pero qué hijoputa eres (muchas veces, jocoso). Son expresiones metafóricas que nos asimilan a un grupo estigmatizado. Aunque sea sin voluntad, se perpetúa el odio originario hacia esos grupos sociales. No deja de ser una victoria de quien primero llamó al combate contra gitanos, judíos o mujeres. Si pudiera oírlo desde su tumba, a buen seguro se retorcería de placer al ver su bramido convertido en expresión de andar por casa. Es cierto que casi todas estas expresiones han sufrido una cierta desemantización. El significado se ha ido desdibujando, pero no tanto que no podamos identificarlo a poco que nos paremos a pensar en lo que estamos diciendo.

Las manifestaciones son muchas, pero la raíz es siempre la misma. Hay que atajar el lenguaje del odio antes de que crezca porque para entonces ya será tarde. La obligación de toda persona decente es combatirlo. Quien primero vio el cartel de los rumanos debía haberlo denunciado. Y si todo el mundo hubiera protestado, no habría durado ni media hora en la puerta. En esto, la defensa de los demás es, a la larga, la defensa de nosotros mismos y de los nuestros.

Cuesta muy poco. Es mucho lo que está en juego.

Etimología de ‘obús’

2 de Mayo de 2008

Obús de 16 pulgadasObús es una de las pocas palabras de origen checo que tenemos en nuestra lengua. Nos llega a través del alemán. Y ni siquiera la tomamos directamente de aquí. Antes tiene que pasar al francés y de allí lo hará al castellano. Así pues, se trata de un préstamo de tercera mano, nada menos. Esta es la cadena:

Checo houfnice > al. Haubitze > fr. obus > esp. obús

Houfnice (pronunciado aproximadamente “jóufnitse”) significaba al principio ‘catapulta’. Solo después se empezó a utilizar para hablar de piezas de artillería. Se trata de una metáfora que se basa probablemente en la trayectoria: el obús permite lanzar los proyectiles bombeados (o sea, describiendo una parábola). De esa forma se podía disparar con facilidad por encima de las propias tropas, de forma comparable a como lo haría una catapulta.

Según el diccionario histórico alemán de los hermanos Grimm (Deutsches Wörterbuch), la palabra entra en la lengua alemana en el siglo XV a raíz de las guerras husitas en Bohemia. De ahí pasa a las otras lenguas de Europa.

Palabras inventadas

25 de Abril de 2008

Las palabras nuevas raramente se inventan de la nada. Lo normal es reutilizar material léxico preexistente mediante diferentes procedimientos de formación de palabras o recurriendo a préstamos de otras lenguas.

No obstante, a veces sí que se crean palabras completamente nuevas. Se habla entonces de acuñación ex nihilo (’de la nada’). El único ámbito donde este procedimiento es relativamente frecuente es el de las marcas comerciales, como Kodak o, en España, Alaris (un tren que circula de Valencia a Madrid).

No es fácil aportar ejemplos porque, aparte de que son de por sí escasas, las palabras inventadas plantean un problema metodológico de base: es imposible demostrar que algo no existe. Nunca podemos tener la certeza de que una palabra no se basa en otra. Quizás sí que tiene un antecedente, pero lo desconocemos. Por ejemplo, ¿cómo puedo estar seguro yo de que el inventor de la palabra Alaris no tuviera en la cabeza un acrónimo como A la rica sangría? No puedo.

Etimología de ‘abril’

22 de Abril de 2008

La etimología de abril es dudosa. Su nombre en latín era aprilis. Se ha querido relacionar con el verbo aperire ‘abrir’ a través de una supuesta forma aperilis. La explicación es que en este mes la primavera abre la tierra, las flores, etc. Ovidio se hace eco de tal idea; pero esto, probablemente, no pasa de ser un caso de etimología popular.

También se ha propuesto como origen el griego aphrós ‘espuma’ a través de una forma supuesta aphrilis. El mes de abril estaba dedicado a la diosa Venus, quien, según la leyenda nace de la espuma. Su nombre en griego, Aphrodíte, lleva dentro la palabra espuma, aunque aquí, nuevamente, todo parece indicar que nos movemos en el terreno de la etimología popular.

En este caso, lo único que se sabe con certeza es que no se sabe.

Urbi et orbi

7 de Abril de 2008

Esta expresión latina, como casi todas, tiene bastante mala idea y le gusta ponernos la zancadilla. Mi consejo con los latinajos es evitarlos siempre que se pueda, aunque es cierto que este puede estar justificado, pues bendición urbi et orbi designa de manera clara e inequívoca una institución católica: la bendición que imparte el Papa desde el balcón de la Basílica de San Pedro el domingo de Pascua y el día de Navidad.

He aquí un ejemplo en que se usa correctamente:

Benedicto XVI impartirá hoy a mediodía la bendición Urbi et Orbi, a la Ciudad y al Mundo, después de felicitar la Pascua en gran número de idiomas [Abc (España), 23-3-2008]

Podríamos sustituirla por bendición para la ciudad (de Roma) y para el mundo, pero esto probablemente es menos claro. No está de más, en cualquier caso, explicar en castellano a qué nos referimos, como hace el redactor del ejemplo de arriba, pues no todo el mundo tiene por qué entendernos.

Con lo que hay que tener cuidado es con la terminación de los dos nombres, que es -i, aunque algunos cambian la expresión en urbi et orbe por analogía con el castellano orbe.

También se acepta su uso con el significado figurado de ‘universalmente, por todas partes, por todo el mundo’:

Almodóvar ha triunfado urbi et orbi con su original reelaboración posmoderna de tradiciones culturales tan nuestras como la picaresca, el sainete, el melodrama, el esperpento y la astracanada [Bitácora Almendrón, acceso: 7-4-2008]

Etimología de ‘camaleón’

31 de Marzo de 2008

Camaleón, autora: Hjvannes, licencia GNU de documentación libreCamaleón viene del griego khamailéon, que significa ‘león que se arrastra por el suelo’. Al castellano y a las otras lenguas románicas llega por mediación del latín:

Gr. khamailéon > lat. chamaeleon > cast. camaleón

El nombre griego es un compuesto de khamaí ‘por el suelo’ y léon ‘león’.

Se ha explicado como una denominación irónica motivada por su timidez (por ejemplo, Coromines en su Breve diccionario etimológico de la lengua castellana).

Esto es lo que nos cuenta Covarrubias sobre el camaleón en su Tesoro de la lengua castellana o española:

CAMALEON, este animalejo vi en Valencia en el huerto del señor Patriarca Juan de Ribera, de la misma figura que le pintan. Es cosa muy recebida de la su particular naturaleza mantenerse del ayre y mudarse de la color que se le ofrece en su presencia, excepto la roxa y la blanca, que estas no las imita […] Es nombre griego: chamæleon […] Vale tanto como humilis, seu parvulus leo [’león humilde o pequeño’, A. B.] Es el camaleón símbolo del hombre astuto, disimulado y sagaz, que fácilmente se acomoda al gusto y parecer de la persona con quien trata, para engañarla. Significa también el lisonjero y adulador, que si lloráis, llora; y si reís, ríe; y si, a medio día claro, decís vos que es de noche, os dirá que es assí, porque él ve las estrellas. Este tal merecía que se las hicieran ver realmente, con meterle en un poço muy hondo, de donde dizen poderse ver a medio día […]

Pues ya sabéis a qué ateneros con los camaleones (por lo menos, etimológicamente).

Autora de la imagen: Hjvannes, publicada bajo la licencia GNU de documentación libre.

Catalanismos en castellano

28 de Marzo de 2008

El catalán y el castellano son lenguas hermanas: las dos han salido de la misma madre, el latín, y se han criado en la misma casa, la Península Ibérica. Han crecido juntas, y como buenas hermanas que son se han prestado muchas cosas a lo largo de los años. Por eso en castellano encontramos hoy un número nada desdeñable de catalanismos.

Algunos tienen que ver con la gastronomía y se refieren a alimentos o utensilios existentes en los territorios de habla catalana y que Castilla conoció por su mediación, por ejemplo, paella, alioli, dátil, turrón, ensaimada, perol y butifarra.

Otros pertenecen al ámbito amplio de la economía, manufacturas, comercio, trabajo, etc., como peseta, cordel, cantimplora, faena, granel, papel, retal, esquirol, bajel, guante, pólvora, pincel y sastre.

Algunos se refieren a categorizaciones sociales, como orate, charnego y forastero.

También los hay relacionados con la vivienda: barraca, retrete y picaporte.

Entre los términos botánicos podemos citar clavel y trébol.

También son catalanismos capicúa, añoranza, salvaje y muchas otras palabras tan arraigadas hoy en castellano que ni siquiera sospecharíamos que fueron en su día préstamos.

Otra lengua con la que el catalán mantuvo un estrecho e intenso contacto durante siglos es el italiano. Muchos vocablos y conceptos de origen italiano llegan a la Península Ibérica por mediación catalana; y también en el léxico italiano ha dejado su huella el catalán, pero de eso ya tendría que ocuparse un blog de lengua italiana o catalana. Yo, con el castellano, bastante tengo.

Si le interesa el tema, quizás quiera consultar este trabajo de Claudia Sánchez, estudiante de Filología Hispánica en Salamanca, sobre los catalanismos en castellano.

Y si se le ocurre cualquier otra palabra, no deje de contárnoslo con un comentario a esta entrada.

Etimología de ‘braga’

18 de Marzo de 2008

No, no; no es que hoy vaya a publicar una entrada “porno”. La palabra braga(s), que en España designa una prenda interior femenina, es de origen celta y muy decente. A nosotros nos llega por mediación del latín braca.

Esta palabra se refería a una prenda de vestir propia de los galos, que los romanos desconocían y que les llamó poderosamente la atención: los pantalones. Cualquiera que haya leído un cómic de Astérix y Obélix se habrá dado cuenta de que los romanos visten toga, mientras que los galos se cubren las piernas con pantalones.

Por un desplazamiento metonímico, la palabra que se utilizaba para referirse a los pantalones empezó a aplicarse a la prenda que estaba en contacto con ellos por la parte interior y después acabó especializándose para la versión femenina.

Este es el significado que tiene hoy en el español europeo, aunque hay una gran variedad de denominaciones en el mundo de habla hispana.

Grosso modo

11 de Marzo de 2008

Grosso modo es una expresión latina que se utiliza a menudo en castellano. Mi consejo aquí, como siempre, es evitar el latinajo sustituyéndolo por una expresión más llana y más clara. No obstante, si alguien se empeña en usarlo, debería tener en cuenta lo siguiente:

  • No debe ir precedido de preposición. Se considera semiculta la forma a grosso modo.
  • Grosso se escribe con dos eses, o sea, nada de (a) groso modo.

Aquí tenemos un ejemplo correcto:

Para entender los posibles impactos de San Glorio sobre la población oriental de osos cantábricos conviene conocer grosso modo la geografía del núcleo oriental y la distribución del oso dentro de ella [Esquí San Glorio, acceso: 11-3-2008]

Hay muchas posibilidades castellanas para sustituir esta locución, dependiendo del contexto en que aparezca: aproximadamente, más o menos, a grandes rasgos, por encima, sin entrar en detalle, etc.

Podría terminar añadiendo que esta ha sido una explicación grosso modo, pero para predicar con el ejemplo diré más bien que eso era, poco más o menos, lo que tenía que contar hoy.

Etimología de ‘marzo’

6 de Marzo de 2008

Marzo viene del latín Martius ‘mes de Marte’, pues este mes estaba consagrado al dios romano de la guerra.

Este nombre está hoy convencionalizado, es decir, ya no remite a ningún dios sino tan solo al mes al que designa.