Archivo para la categoría ‘léxico’

Etimología de ‘lunes’

2 de Marzo de 2008

El lunes es el día de la Luna.

En latín clásico, este día se llamaba dies lunae, pero la forma popular era dies lunis por analogía con dies martis (’martes’), dies jovis (’jueves’) y dies veneris (’viernes’). Para abreviar, se podía decir simplemente lunis. De ahí viene nuestro nombre actual. La evolución, por tanto, es esta:

Dies lunae > dies lunis > lunis > lunes

En Roma, los días de la semana se nombraban por los astros. En castellano esta relación solo se mantiene desde el punto de vista etimológico. Los nombres se han convencionalizado y desmotivado: la palabra lunes no remite a la Luna sino solamente al día de la semana. En el caso del sábado y el domingo, ni siquiera se mantiene la relación etimológica porque el cristianismo la ha borrado.

Etimología de ‘monje’

24 de Febrero de 2008

Etimológicamente, un monje es alguien que vive retirado del mundo. Este nombre procede del griego monachós ’solo, único’, es decir, el monje es un ser solitario.

La denominación se basa en una metonimia: uno de los atributos de la condición monástica es el estar apartado del mundo y este es el que se empleó para darle nombre.

Motu proprio

21 de Febrero de 2008

Motu proprio es una expresión latina que significa ‘por propia iniciativa’. Si se emplea, se debe hacer sin preposición y con dos erres en proprio (o sea, nada de decir de motu propio o por motu propio). Veamos un ejemplo correcto:

[Augusto Monterroso,] a la edad de 11 años, motu proprio, abandonó la escuela y se puso a leer y aprender diversas disciplinas, entre ellas la música […] [El Taller Literario - Blog para Escritores, acceso: 21-2-2008]

Podríamos parafrasear el ejemplo anterior de muchas formas: diciendo que Monterroso abandonó la escuela por propia iniciativa, por su propia voluntad, voluntariamente, libremente, sin que nadie le obligara, porque quiso, por su cuenta y riesgo…

Dicho esto, hay que añadir que los aficionados a los latinajos navegan entre dos escollos igual de peligrosos: la pedantería y el error. Y, en cualquier caso, siempre se puede decir lo mismo en un castellano sencillo y elegante. Es cuestión de probar.

Eufemismos

20 de Febrero de 2008

En el mundo hay realidades desagradables. Las palabras que las nombran se contagian de ese carácter. Por eso las sustituimos por otras que no hieren nuestra sensibilidad. Los eufemismos son esas formas inocuas o embellecidas. La palabra eufemismo no significa otra cosa que expresión agradable (del griego eu ‘bueno, agradable’ y pheme ‘habla’).

Este es un procedimiento que siempre ha existido. Por eso abundan los eufemismos tanto en el habla popular como en la culta, lo mismo en la lengua antigua que en la actual. Lo que va variando son las realidades sobre las que pesa la prohibición.

Pensemos en las serpientes. Estos reptiles despiertan en nosotros miedos ancestrales. Hasta hace muy poco, representaron una amenaza real para los seres humanos. Si a esto le añadimos que en nuestra cultura simbolizan el demonio, no es de extrañar que se inventara el eufemismo bicha para evitar nombrarlas:

Estaba tendido en el suelo, sollozando, mientras se agarraba con ambas manos una pierna: “Yo me muero, mi amito, me picó una bicha mala” [Arturo Uslar Pietri: Barrabás y otros relatos]

Los peligros de la vida moderna son de naturaleza muy diferente. Hoy la gente le tiene más miedo al paro que a las víboras. Todos conocemos a algún parado, pero ¿a quién de entre nuestros familiares o amigos le ha mordido una víbora? Un eufemismo para despidos con indemnización es bajas incentivadas. Los hechos son los mismos, pero se nos pintan menos amenazadores:

General Motors registra las mayores pérdidas de su historia y anuncia 74.000 bajas incentivadas [El País (España), 12-2-2008]

Los eufemismos suelen sustituir también interjecciones malsonantes. Por ejemplo, a los niños les dejamos decir mecachis, jolines o jobar. Estas expresiones ocupan el lugar de otras que solo son aceptables (hasta cierto punto) en boca de un adulto.

Las palabras pueden encubrir pero no cambiar la realidad de las cosas. A la larga, el nombre se acaba contagiando de la fealdad de lo nombrado. Y entonces hay que buscarle repuesto. Se crean así cadenas de eufemismos que van caducando: el lugar destinado a defecar se ha ido llamando retrete, váter, servicio, baño… y mañana se llamará de otra forma.

Qué realidades están prohibidas es un problema cultural. Esto va cambiando de unos países a otros, de unas culturas a otras. El eufemismo no es sino la reacción lingüística ante esa prohibición. Y nuestro léxico se va amoldando a prohibiciones cambiantes.

Etimología de ‘trabajo’

16 de Febrero de 2008

Trabajo viene del latín tripalium, que significaba literalmente ‘tres palos’ y era un instrumento de tortura formado por tres estacas a las que se amarraba al reo.

Mediante una evolución metafórica, adquirió el sentido de ‘penalidad, molestia, tormento o suceso infeliz’ (Dicccionario de la Real Academia Española: trabajo, 9.). Eso es lo que significa en este ejemplo:

[…] quando veais que Dios embia trabajos, hambres, necessidades y guerras, no os aflijais ni penseis que Dios no se acuerda de vosotros, que no ay quando mas os quiera que el dia que os dà trabajos: ya la persecucion, ya la enfermedad, ya la muerte del padre, ya la del marido, ya la pobreza […] [Cristóbal Lozano: El Rey penitente: David arrepentido, 3.ª impresión, Valencia, 1698]

En el ejemplo anterior podemos reconstruir la metáfora inicial: sufrir una enfermedad es como estar atado a un instrumento de tortura.

Esta primera evolución metafórica supuso perder los rasgos más específicos del significado: ya no hay aquí maderas, ni se ata a nadie a ningún sitio; tan solo ha quedado la idea más general de sufrimiento.

El actual sentido de ‘ocupación retribuida’ resulta de una ulterior evolución metafórica a partir de aquí. Lo que se produce ahora es una especialización del significado, que pasa a ser más concreto, más específico.

En los cambios de significado de esta palabra hay también un elemento metonímico que liga la parte con el todo, el efecto con la causa: una parte (un efecto) de la tortura es el sufrimiento, que también está presente en cualquiera de las actividades con las que nos ganamos el pan. Pensemos, sobre todo, que en los antiguos trabajos en el campo este era un sufrimiento físico intenso. Cualquiera que haya vendimiado, sin ir más lejos, sabe lo que es el dolor de riñones, helarse por la mañana, sudar al mediodía, mojarse cuando llueve…

No, si al final va a resultar que no se está tan mal en la oficina… ¿o sí?

¡Esa palabra no existe!

14 de Febrero de 2008

Todos hemos oído alguna vez la conocida fórmula ¡Esa palabra no existe! Es lo que se le suele espetar a alguien que acaba de decir algo que parece sospechoso para nuestro sentido idiomático. Hoy mismo, en un examen de un alumno de periodismo, he leído que ‘alante’ no existe.

Los juicios lingüísticos de los hablantes tienden a ser radicales. Pero lo primero que cabe plantear aquí es que se incurre en una contradicción manifiesta. Eso solamente se dice ante palabras que sí existen y de cuya existencia tenemos una prueba palpable porque acaban de utilizarla delante de nuestras narices. Es como si al presentarme a don Mariano García le suelto en su cara: ¡Este señor no existe! Una palabra que se acaba de utilizar no tiene más remedio que existir.

¿Qué quiere decir entonces el famoso No existe?

Por lo general, se trata de un juicio normativo encubierto o quizás inconsciente. Podríamos interpretarlo como ‘esa palabra no está recogida en el diccionario’; pero ojo, en el diccionario de la Academia, que es un diccionario normativo, porque sí podría estarlo en uno descriptivo.

Volvamos al ejemplo de alante y adelante. Nos encontramos aquí con dos variantes de un adverbio que tienen diferente consideración normativa: la primera no está aceptada, mientras que la segunda sí. Si tuviéramos que afirmar seriamente que alante no existe, estaríamos ignorando una forma que es probablemente la más frecuente en la lengua oral. Pero no solo en la lengua oral. Una búsqueda con Google [13-2-2008] para alante nos devuelve 867 000 documentos, frente a 1 270 000 para adelante; es decir, en los textos publicados en Internet, la forma normativa registra simplemente un 46% más de apariciones que la no normativa. Si eso es no existir…

A veces el dichoso juicio significa simplemente ‘no conozco esa palabra’, ‘mi conocimiento del léxico del español se limita a la variedad de mi región, de la gente de mi edad, de los círculos en que me muevo’. Este caso se me presentó hace años con un amigo al que hicieron reír con la boca llena de agua. El pobre dijo: “No me hagáis reír, que lo espurreo“. Inmediatamente los amigos sentenciaron: Esa palabra no existe. Si vamos al diccionario, veremos que no solo existe, sino que además significa exactamente lo que él quería decir: “Rociar algo con agua u otro líquido expelido por la boca” (Diccionario de la Real Academia Española: espurrear). Lo que ocurre es que esa no es hoy una palabra de uso generalizado en el mundo hispánico y va quedando relegada a contextos regionales.

La clave está en distinguir entre norma y uso. No todo lo que se dice está aceptado en la norma. Y, al revés, no todo lo que está aceptado en la norma se dice. Es muy frecuente que la norma acabe acomodando un uso previamente condenado si este logra una aceptación generalizada.

¿Quiere decir esto que todo vale? No. La norma es una realidad para lenguas de cultura como la nuestra. Su desconocimiento tiene consecuencias de calado. Y solo es verdaderamente libre quien puede escoger. Si dominamos la lengua estándar, podremos decidir si atenernos a sus prescripciones o quebrantarlas por motivos de expresividad, de originalidad, de pertenencia a un grupo, etc. Si la desconocemos, quedaremos reducidos a los límites estrechos que nos marca nuestro lenguaje.

Palabras de origen checo en español

12 de Febrero de 2008

En castellano tenemos solo unas pocas palabras de origen checo. Casi todas nos llegan por mediación de otra lengua, por ejemplo:

a) Obús pasa del checo al alemán y de ahí al francés. Nosotros lo tomamos prestado de esta última lengua.

b) Dólar se empieza a utilizar primero en alemán y después en inglés, desde donde nos llega a nosotros.

c) Robot tiene como intermediario al inglés.

Hay alguna palabra más que tiene que ver con invenciones checas. Cuando hablamos de una cerveza tipo pilsen, nos estamos refiriendo a la ciudad de Pilsen, en Bohemia Occidental, donde se descubre en el siglo XIX un procedimiento mejorado para elaborar cerveza. El nombre checo de esta ciudad es Plzeň, pero a nosotros nos llega, una vez más, en su versión alemana.

Se suele citar también pistola, aunque la etimología no es segura. Según la hipótesis más extendida, procede del checo píšťala (’flauta, silbato’) por mediación del alemán. La otra posibilidad es que proceda de la ciudad toscana de Pistoia.

Esta escasez de léxico de origen checo revela que la relación entre Bohemia y el mundo hispánico no ha sido, en general, demasiado intensa y que ha sido normalmente una relación mediada.

El checo no es una lengua con una gran proyección internacional ni se cuenta entre las mayores del mundo por número de hablantes. Pero cuidado: esto no quiere decir que no posea una gran riqueza o que no sea digna de estudio. El valor de una lengua no está en su número de hablantes, como el de una persona no está en el número de ceros de su cuenta corriente; y el checo tiene un lugar bien merecido entre las grandes lenguas de cultura de Europa.

Si quiere conocer algo más sobre la lengua checa, puede consultar la página que se le dedica en PROEL.

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Alma máter

11 de Febrero de 2008

Alma máter es una expresión latina que significa literalmente ‘madre nutricia, madre que alimenta’. En sentido figurado se utiliza para referirse a la universidad porque alimenta nuestro espíritu. Alma es en esta expresión un adjetivo que significa precisamente eso: ‘que alimenta’.

He aquí un ejemplo en que se hace un uso jocoso (pero correcto) de la expresión:

No tengo hambre porque en la Universidad me embuché una chapata. En la renovada cafetería de mi alma máter me quede platicando con […] Alina Poulain […] [Talking to Max, acceso: 10-2-2008]

Nótese que máter se escribe con tilde porque las palabras latinas se acentúan siguiendo las reglas generales siempre que estén asentadas en castellano.

Teniendo en cuenta que alma es un adjetivo, no debemos cambiar el artículo por la forma masculina, sino que debemos decir la alma máter, igual que decimos la alta costura. Esto es así porque la regla que exige que cambiemos el artículo femenino por masculino ante a tónica solo afecta a los sustantivos.

Por confusión con el sustantivo alma ‘ánima’, se le suele atribuir el significado de ‘persona que anima un grupo, una institución, etc.’:

Jesús Pérez, Raquel Cabrillo, Pablo Pérez y Estrella Pérez son el alma máter de Aldekoa [El Norte de Castilla, 10-2-2008]

Este uso es, con diferencia, el más extendido, pero es rechazado por la norma, que prefiere el significado etimológico.

Dicho todo esto, la forma correcta de utilizar esta expresión normalmente consiste en evitarla. Si no está hablando de la universidad, no tiene mucho sentido recurrir a ella. Y si está hablando de la universidad, mejor diga eso: la universidad.

Etimología de ‘febrero’

3 de Febrero de 2008

Febrero viene del latín februarius:

Lat. clás. februarium > lat. vulg. febrarium > cast. febrero

Era el mes de las purificaciones. En su nombre podemos reconocer el verbo februo ‘purificar’.

En este mes se celebraba una fiesta de purificación conocida como Lupercales o fiesta de la februa.

Februa era el nombre que se daba a unas tiras de piel de macho cabrío con las que los celebrantes azotaban a la gente (sobre todo a las mujeres). Este azote ritual tenía un valor purificador. Se suponía además que propiciaba la fertilidad femenina y facilitaba el parto.

Al igual que hemos visto con enero, los nombres de los meses remitían para los romanos a ciertos acontecimientos o divinidades. En el paso al castellano estos nombres sufren un proceso de convencionalización, es decir, se vacían de toda referencia a figuras o hechos concretos y ya solo nos remiten al mes al que nombran.

Por eso tiene sentido un artículo como este.

También te interesará conocer la etimología de los otros meses del año: eneromarzo, abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre.

Las lenguas celtas fueron las más extendidas de Europa hasta la expansión de Roma. Se hablaban desde Galicia hasta Anatolia (la actual Turquía). En el curso de la historia, su territorio y número de hablantes se van reduciendo constantemente hasta quedar relegadas a los rincones más apartados de Europa occidental y de las Islas Británicas. Sus últimos reductos se sitúan hoy en Bretaña, Irlanda, Escocia y País de Gales.

Son escasos los restos celtas en el léxico de las lenguas europeas actuales. En la nuestra tenemos algunas palabras de uso tan corriente como abedul, camino, cerveza, carro, camisa y braga.

Los testimonios más importantes están en la toponimia. Por ejemplo, en la Península Ibérica tenemos muchos nombres de lugares que incluyen sego ‘victoria’ y briga ‘fortaleza’, como Segóbriga, Segovia, Sigüenza y Coimbra. Otros topónimos de origen celta son Arganda, Aranda, Ledesma, Miranda, Osma, etc.

Muchas ciudades europeas tienen también nombre celta. Solo mencionaré unos pocos ejemplos:

Dublín (de dubi ‘negro, sombrío’ y lindo ‘agua, estanque’)

Milán < Mediolanum (’en medio de la llanura’)

París (por una tribu gala conocida por los romanos como parisii)

Viena < Vindobona (’ciudad blanca’)

York < Eburacum (de eburo ‘tejo’)

Los celtas son un pueblo que viene fascinando a los europeos desde el Romanticismo. Ya puestos, quizás le interese aprender algo sobre las lenguas celtas.