Archivo para la categoría ‘morfología’
‘Amoto’ y ‘atril’: reanálisis
27 de Diciembre de 2007
Las formas atril y amoto son el resultado de sendos procesos de reanálisis que han alterado las fronteras entre el determinante y el sustantivo.
Nuestro atril procede del latín lectorile (que, a su vez, procedía de lector):
Lectorile > latril > atril
Alguien debió de creer que la ele inicial de latril formaba parte del artículo. Así, una parte del nombre quedó embebida en el artículo:
El latril > el atril
El sustantivo moto surge de motocicleta por acortamiento:
Motocicleta > moto
Aparece así un nombre femenino terminado en -o. Esto no es más extraño que otros nombres femeninos terminados en -o como mano, pero contribuyó al cambio. Si en el caso de atril una parte del nombre se integró en el determinante, en el de moto es el determinante el que le va a pasar un trozo al nombre:
Una moto > un amoto
Estas dos palabras tienen diferente consideración desde el punto de vista normativo: amoto se considera incorrecta, mientras que atril es correcta.
Origen del futuro en español
3 de Diciembre de 2007
El futuro castellano amaré tiene su origen en una perífrasis de obligación formada con el infinitivo y el verbo haber. Esta es la evolución hasta llegar a la forma actual:
Amare habeo > amar he > amaré
Amare habeo significaba ‘he de amar’, ‘tengo que amar’. Esta perífrasis va sufriendo un desgaste de su sustancia fónica, de los sonidos que la componen, hasta quedar reducida a una sola palabra. Hay un estadio intermedio en el que los dos verbos han sufrido ya una reducción pero mantienen su independencia. Véase este ejemplo en el que incluso se interpone un pronombre átono entre uno y otro verbo:
(1) Forcejad siempre contra la corriente de vuestras pasiones. Mirad que es grande su furia y, si tantico os descuidáis, llevaros ha al bajo de las miserias [Juan Sanz: Cartas espirituales, 1602-1608, tomado de CORDE]
El paso siguiente es ya la forma actual:
(2) Vendrá un coche a buscaros y os llevará a la estación [Ramón Pérez de Ayala: Tinieblas en las cumbres]
Podemos ver claramente que el origen de las desinencias de futuro está en el verbo haber si las comparamos con el auxiliar de los tiempos compuestos:
Amar -é – he amado
Amar -ás – has amado
Amar -á – ha amado
Amar -emos – hemos amado
Amar -éis – habéis amado
Amar -án – han amado
El desgaste de la forma va acompañado del desgaste del significado. En una orden va implícita una idea secundaria de futuro porque los mandatos, por lo general, nos obligan a hacer algo más adelante. Al erosionarse el significado de esta expresión, se perdió la idea de obligación y solo quedó la de futuro, que es la que está presente en el ejemplo (2).
He dicho que la idea de obligación se pierde, aunque esto no es del todo cierto. Aún persiste en ciertos usos. El futuro en español sirve a veces para mandar. Esto es un recuerdo de su origen y es el valor que encontramos en el siguiente ejemplo:
(3) ¡Te callarás, imbécil! [Leopoldo Lugones: Nosotros]
Si nos fijamos de nuevo en el ejemplo (1), veremos que se ha perdido la idea de mandato (no hay nadie que dé una orden); pero se mantiene una idea de necesidad. Podríamos parafrasear la oración como:
(4) La corriente de vuestras pasiones os llevará por fuerza al bajo de las miserias
o
(5) La corriente de vuestras pasiones os llevará necesariamente al bajo de las miserias
Hoy el futuro en una sola palabra amaré (forma sintética) alterna con la perífrasis voy a amar. Este es un buen ejemplo del movimiento en espiral característico del cambio lingüístico. Sabiendo que el latín tuvo también un futuro sintético (amabo ‘amaré’) que no sobrevivió en castellano, podremos apreciar cómo se van renovando los medios que se han utilizado sucesivamente para expresar este tiempo:
Forma sintética (amabo) > perífrasis (amare habeo) > nueva forma sintética (amaré) > nueva perífrasis (voy a amar)
Al final, hemos andado mucho para quedarnos en donde estábamos.
¿Adecuo o adecúo?
26 de Noviembre de 2007
Para que todos nos quedemos tranquilos, empezaré aclarando que tanto adecuo como adecúo son formas correctas.
Ahora, ya con más calma, puedo entrar en explicaciones. Hay tres verbos cuya conjugación plantea dudas a muchos hablantes:
Adecuar
Licuar
Evacuar
Se trata de verbos terminados en -cuar. Hoy ya se admiten las dos conjugaciones entre las que dudan nuestros sufridos hablantes:
Adecuo o adecúo
Licuo o licúo
Evacuo o evacúo
Estos verbos han sufrido un cambio analógico en su conjugación. Tradicionalmente, los verbos terminados en -cuar se conjugaban como los terminados en -guar. Es decir, adecuar, evacuar y licuar se conjugaban siguiendo el modelo de averiguar:
Averiguar - averiguo
Adecuar - adecuo
Licuar - licuo
Evacuar - evacuo
Sin embargo, se trata de un grupo muy reducido y sus miembros no son demasiado frecuentes. Los tres que he presentado son los más usados. Hay alguno más, pero de uso rarísimo en la lengua actual, como promiscuar (’mezclar carne y pescado en ciertos días en que está prohibido por preceptos religiosos’). Como se utilizan poco, es difícil que los hablantes recuerden sus particularidades. Esto propicia el que empiecen a desertar del modelo especial de -guar y se vayan pasando a otro más general, que es el de los verbos terminados en -uar, como actuar:
Actuar - actúo
Adecuar - adecúo
Licuar -licúo
Evacuar - evacúo
Como decía al principio, las dos formas están aceptadas hoy día en la lengua estándar, pero es conveniente aclarar que no tienen la misma consideración. La forma tradicional, sobre el modelo de averiguar, es claramente más prestigiosa.
El loísmo
20 de Noviembre de 2007
El loísmo consiste en utilizar el pronombre lo para el complemento indirecto. Siempre se considera incorrecto. El loísmo se percibe como francamente vulgar, por lo que raramente se encuentran ejemplos en la lengua escrita. Este es uno de los pocos que he podido localizar:
Al Rey lo gustó mucho la idea [El Pueblo de Ceuta (España), 6-11-2007]
La forma estándar en el ejemplo anterior hubiera sido le:
Al Rey no le gustó mucho la idea
El loísmo siempre ha sido menos frecuente que el leísmo y el laísmo. Como ellos, surge en la Castilla medieval y es un fenómeno fundamentalmente castellano. En principio, ni Andalucía, ni Canarias, ni América son loístas. Digo en principio porque en la práctica sí hay islotes loístas en América, sobre todo en zonas en que el español está en contacto con lenguas indígenas como el quechua. Véase si no este ejemplo de loísmo tomado de una recopilación de cuentos ecuatorianos de tradición oral:
Tenía treh hija’ mujer’ este hombre. Y de las treh hija’ mujer’ una lo salió bien simpática […] [Paulo de Carvalho Neto: Cuentos foklóricos del Ecuador: 52 registros de la tradición oral]
En la lengua estándar hubiéramos dicho le salió bien simpática.
¿’He imprimido’ o ‘he impreso’?
14 de Noviembre de 2007
Las dos formas he imprimido y he impreso son correctas.
El verbo imprimir tiene dos participios:
Participio regular: imprimido
Participio irregular: impreso
Las dos formas se admiten en los tiempos compuestos de la conjugación, que son los que se forman con haber + participio. Esto es lo que podemos ver en los ejemplos (1) y (2):
(1) Se habían imprimido mapas con “la nueva república” […] [Luis G. Zorrilla: Historia de las relaciones entre México y los Estados Unidos de América]
(2) Los tres discursos […] se han impreso, acertadamente, como uno solo o bajo un solo título: “El problema catalán” [Jesús Pabón: Cambó]
El participio también se puede utilizar como adjetivo. En este caso, solo es correcta la forma irregular impreso. Esto es así lo mismo cuando el adjetivo funciona como atributo en combinación con un verbo copulativo (3) que cuando califica directamente a un nombre (4):
(3) La edición de 1930 no nos resuelve la duda, ya que todo el título está impreso en mayúsculas [Manuel Aznar Soler: Guía de lectura de Martes de Carnaval]
(4) En el caso, no infrecuente, de que entre los manuscritos se encuentren documentos impresos […] podemos aportar datos de interés si formamos un índice de imprentas [María del Carmen Pescador: El archivo: instrumentos de trabajo]
En los ejemplos (3) y (4) hubiera sido incorrecto escribir está imprimido o documentos imprimidos.
Nombres epicenos
12 de Noviembre de 2007
Los nombres epicenos se refieren a seres vivos sexuados. Son sustantivos que presentan un único género gramatical, ya sea masculino o femenino. Esto supone que no pueden cambiar de género para indicar una diferencia de sexo en los seres a que se refieren.
Muchos sustantivos epicenos son nombres de animales, por ejemplo:
El avestruz, la serpiente, el hámster, el águila, la gacela
Algunos se refieren a personas:
La víctima, la persona
Un sustantivo como gacela es femenino y no puede tener otro género. No podemos formar un masculino cambiando la terminación (gacelo) o sustituyendo el artículo femenino por el masculino (el gacela). Dado que no disponemos de medios morfológicos, si queremos especificar el sexo del referente, tendremos que recurrir a medios léxicos. Esto es lo que se hace en el siguiente ejemplo, en el que palabras adicionales (macho, hembra) son las encargadas de expresar la diferencia de sexo:
Una pantera macho jugueteaba con una pantera hembra
En este otro ejemplo, para especificar el sexo de la persona de la que se habla (la víctima) se recurre a medios parafrásticos, o sea, se explica:
La víctima era un hombre de 57 años de edad que falleció al salirse de la vía el coche en el que circulaba […] [Sur Digital (España), 20-10-2007]
Los nombres epicenos no han de confundirse con los ambiguos y comunes en cuanto al género, de los que nos ocuparemos en sendas entradas.
La lideresa
9 de Noviembre de 2007
El femenino lideresa está correctamente formado y está recogido en el Diccionario de la Real Academia Española:
lideresa. 1. f. Directora, jefa o conductora de un partido político, de un grupo social o de otra colectividad. U[sado] m[ás] en América.
Como indica el diccionario, se trata de una forma más frecuente en América que en España. Aquí tenemos un ejemplo de su uso en un texto redactado en México:
El reto de la nueva encomienda de María de los Ángeles Moreno Uriegas como lideresa de la mayoría priista en el Senado es claro […] [Época: Semanario de México]
En España normalmente utilizaríamos la forma líder como común en cuanto al género, o sea, diríamos el líder o la líder según los casos, sin cambiar la forma del sustantivo:
El líder de Georgia cede a la presión opositora y adelanta las presidenciales [La Gaceta de los Negocios (España), 8-11-2007]
La líder de los democristianos valones, Joele Milquet, fue tajante […] [Abc (España), 8-11-2007]
El verdadero problema es que nos enfrentamos con realidades sociales nuevas y necesitamos nuevas palabras para referirnos a ellas. Hoy, por suerte, hay mujeres que ocupan posiciones de liderazgo en los ámbitos más diversos (y su número irá a más). Estamos en una situación de transición social que tiene su reflejo en la lengua; por eso dudamos sobre la correcta formación del femenino de nombres de profesiones o posiciones sociales que tradicionalmente estaban reservadas a los hombres.
Son muchos los partidarios de recurrir a la forma femenina siempre que la morfología lo permita. El argumento es que así se reconoce lingüísticamente la equiparación social de la mujer. Utilizar para los dos géneros la forma originariamente masculina (el/ la líder) supone desde esta perspectiva perpetuar la desigualdad o al menos mantener vivo su recuerdo, pues implícitamente se reconoce que el prestigio va asociado a lo masculino.
Solo el tiempo dirá cuál es la solución que finalmente se impone. De momento lo que sí podemos decir es que la forma lideresa es impecable desde el punto de vista morfológico y de la norma del español, por más que nos pueda resultar extraña. Pero cuanto más la oigamos menos extraña nos irá resultando.
‘Azúcar’: un caso especial de nombre ambiguo en cuanto al género
8 de Noviembre de 2007
Azúcar es un nombre ambiguo en cuanto al género, es decir, un nombre que se puede usar tanto en masculino como en femenino sin que cambie su significado. En los dos ejemplos siguientes vemos cómo se puede decir tanto azúcar moreno como azúcar morena:
El azúcar moreno y el azúcar blanco de las Indias Occidentales Francesas […] nunca apareció en Londres o Bristol, salvo como botín de guerra […] [Guillermo Morón: Historia general de América]
Los nuevos colonos yanquis veían con desprecio al español, […] que seguía moliendo su azúcar morena […] [José Vasconcelos: Ulises criollo]
Lo que hace especial a azúcar en comparación con otros nombres ambiguos en cuanto al género es que se combina con el artículo masculino también cuando se usa en femenino:
Los propios industriales refresqueros han devaluado el azúcar refinada en 15 y 20 por ciento […] [Época: Semanario de México, 5-8-1991]
Se comporta en esto como los nombres femeninos que empiezan por a tónica. Sin embargo, azúcar comienza por a, pero el acento no recae en esa sílaba.
Azúcar también se puede combinar con el artículo femenino. Esto es correcto pero poco frecuente. Veamos un ejemplo:
[…] el comercio de la azúcar está manejado por comercializadores internacionales […] [Época: Semanario de México, 5-8-1991]
Este uso es claramente minoritario. Una búsqueda con Google a 8 de noviembre de 2007 arroja nada más y nada menos que 1 980 000 documentos para la cadena exacta el azúcar, frente a 99 000 para la azúcar. La proporción es, por tanto, de 20 a 1 a favor del determinante masculino.
Como ocurre con otros sustantivos ambiguos en cuanto al género, ciertas combinaciones son fijas. Esto implica que no pueden cambiar de género. Por ejemplo, azúcar blanquilla solo se usa en femenino. Hasta tal punto es así que el autor de esta oración se vio obligado a respetar la forma femenina aunque en todos los otros casos utiliza el masculino:
Azúcares crudos: azúcar terciado, azúcar blanquilla […] y azúcar granulado [Anales de Bromatología, 1967, vol. 19, p. 247]
Y esto es lo que les tenía que contar sobre el sustantivo azúcar. Espero no haber aburrido ni empalagado.
La ultracorrección: ‘bacalado de Bilbado’
4 de Noviembre de 2007
Podemos decir que la ultracorrección consiste en ser más papista que el Papa. Los errores de ultracorrección son los que se cometen por pasarse de correctos. Fernando Lázaro Carreter definió así el término en su Diccionario de términos filológicos:
Ultracorrección. Fenómeno que se produce cuando el hablante interpreta una forma correcta del lenguaje como incorrecta y la restituye a la forma que él cree normal.
Este fenómeno también se conoce como hipercorrección.
Los hablantes que se sienten inseguros lingüísticamente tienden a generalizar incorrectamente las reglas. Por ejemplo, alguien que sabe que son incorrectos los participios acabados en -ao (acabao, destrozao, dao, etc.), cuando se encuentra una palabra como bacalao, le aplica una regla del tipo las palabras acabadas en -ao son incorrectas (las palabras, ojo, todas las palabras, no solamente los participios). O sea, si se dice acabado, destrozado, dado, también se dirá bacalado de Bilbado.
La ultracorrección se basa en la analogía: se apoya en un modelo, pero en un modelo que no es aplicable al caso concreto al que se está aplicando. Fijémonos en un par de formas ultracorrectas:
Expléndido
Espúreo
El primero es un caso de ultracorrección ortográfica (también podemos encontrarlo en la pronunciación). La x en posición final de sílaba se pronuncia corrientemente como s. Por ahí vienen las dudas. Quien sustituye la forma correcta espléndido por una forma con equis, está tomando incorrectamente como modelo palabras como explanada.
En el segundo caso nos encontramos con una palabra culta y poco frecuente. Estas son las más peligrosas para quien no domina la norma porque su poca frecuencia hace más difícil recordar su forma. Espurio (’ilegítimo, falso’), que es la forma correcta, se parece sospechosamente a palabras que nuestro hablante sabe que están mal dichas, como vidio. Nuestro hablante, que ya salió escaldado cuando se compró su primer vidio VHS, no está dispuesto a tropezar de nuevo en la misma piedra. Por eso dice o escribe espúreo siguiendo el modelo de vídeo y le parece que queda cultísimo.
Quien no conoce bien la lengua estándar se suele mover entre la Escila de lo vulgar y la Caribdis de lo ultracorrecto. Las dos tienen su peligro. Lo vulgar es vulgar, pero puede provocar muchas reacciones diferentes, desde el rechazo hasta la simpatía. Lo ultracorrecto, en cambio, suele resultar ridículo. Es como si nos cogieran en falta, tratando de pasar por lo que no somos, de atribuirnos una cultura postiza y que además nos viene grande.
Nombres ambiguos en cuanto al género
30 de Octubre de 2007
Los nombres ambiguos en cuanto al género son aquellos que se pueden utilizar tanto en masculino como en femenino sin que cambie su significado. Algunos ejemplos de sustantivos ambiguos en cuanto al género son mar, maratón, linde, dracma y azúcar. Veamos cómo se utilizan en textos reales:
Los expertos creen que en el fondo del mar hay cientos de navíos […] [Abc, 28-10-2007]
El paseo de la ría acogerá […] una serie de talleres infantiles sobre el medio ambiente y la mar [La Nueva España, 30-9-2007]
Azúcares crudos: azúcar terciado, azúcar blanquilla […] y azúcar granulado [Anales de Bromatología, 1967, vol. 19, p. 247]
En las dos primeras oraciones encontramos el uso masculino y femenino, respectivamente, de mar. El tercer ejemplo, el del azúcar, es muy interesante porque vemos cómo en la misma línea aparece el mismo nombre utilizado en masculino y en femenino.
Es importante tener en cuenta que el utilizar estos nombres en un género o en otro no da lugar a un cambio de significado. Por ejemplo, yo puedo irme a Alicante y sentarme en la playa. Si ese día tengo una vena lírica, probablemente diré:
Mira: ¡la mar!
Si me da por hablar de forma más neutra, lo que me saldrá será:
Mira: el mar
Pero en los dos casos estaré hablando de la misma realidad. El mar sigue siendo el mismo; solo ha cambiado el género del nombre que estoy utilizando para referirme a él.
Por lo general, los nombres ambiguos en cuanto al género se refieren a seres inanimados (y así es en los ejemplos anteriores). La excepción son dos nombres de animales: cobaya y ánade.
El que no cambie el significado tampoco quiere decir que dé exactamente igual utilizar estos sustantivos en masculino o en femenino. Las diferencias no van a ser de significado sino de otro tipo.
A veces, el utilizar un género u otro es una cuestión de puras preferencias individuales. Puede haber hablantes que prefieran la forma azúcar moreno y otros que prefieran azúcar morena.
Otras veces, las diferencias tienen que ver con la pertenencia a ciertos grupos sociales. Un ejemplo que se suele repetir en los manuales es que las gentes de mar tienden a decir la mar (en femenino), mientras que quienes no tenemos mayor relación con el mar tendemos a utilizar la forma masculina.
También hay preferencias regionales. Calor es masculino para la mayoría de los hablantes de español, pero dentro de España, por ejemplo, el femenino la calor está muy extendido en ciertas zonas de Andalucía, Murcia o Cataluña.
Llegamos ahora a la cuestión de la consideración normativa de estas vacilaciones de género. Para la norma del español no todas son iguales. Algunas vacilaciones están aceptadas por la norma, como las de los ejemplos que hemos utilizado hasta ahora (salvo calor, que es un caso especial). Otras, en cambio, se condenan. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con pus, que para la norma solo es masculino, aunque para muchos hablantes sea femenino.
Esta consideración puede ir cambiando con el paso de los años. Calor tradicionalmente estaba admitido como ambiguo en cuanto al género y así se recoge todavía en el DRAE (2001). Sin embargo, con la publicación del DPD, la norma se volvió un poco más restrictiva y ya solo se admite la forma masculina. Lo contrario ha pasado con maratón. Después de años y años de condenar la forma femenina, al final se han admitido las dos, por lo que hoy este nombre ha pasado a considerarse ambiguo en cuanto al género con la bendición de las Academias.
Por último, no conviene perder de vista que hay expresiones con diferentes grados de fijación en las que es obligatorio uno u otro de los géneros. Por lo general, podemos elegir entre el mar o la mar, pero solo utilizamos la forma femenina en las siguientes expresiones fijas:
Pelillos a la mar ‘olvidemos nuestras diferencias’, ‘reconciliémonos’
La mar de (simpático, distraído, etc.) ‘muy’, intensificador
En el primer ejemplo, el artículo masculino forzaría una interpretación literal: hay unos pelillos que se arrojan al mar. En el segundo ejemplo, simplemente, daría lugar a un sinsentido.