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Aquí tienes las soluciones al ejercicio para practicar la diferencia entre qué y que. Cada respuesta correcta vale un punto.
a) Que
b) que
c) qué o que. Con tilde, la oración significa ‘Ese señor está sin bebida’; sin tilde, en cambio, hemos de interpretarla como ‘Ese señor no debe beber’.
d) Qué
e) que
f) Que
g) qué
h) qué
i) qué
j) qué
Si todavía tienes dudas con algún caso, consulta el artículo sobre qué y que.
Estas son las soluciones al ejercicio sobre el uso de la tilde diacrítica:
a) Solo él sabe lo que tiene en la cabeza. [Como es sabido, solo se escribe sin tilde].
b) Pues sí que te lo he advertido alguna que otra vez.
c) Yo no quiero más que 15 o 16 galletas. [La conjunción o no se acentúa nunca, tampoco cuando va entre cifras].
d) No sé si mi hermano va a venir esta tarde.
e) Tú vete con estos a dar una vuelta que yo me quedo en casa ensayando el do, re, mi, fa, sol, la, si. [No se acentúan nunca los demostrativos (en este caso, estos). Tampoco llevan tilde diacrítica las notas musicales mi y si].
f) Dile a Ramirito que le dé la mitad a su hermana.
g) Ese es el amigo con el que suele tomar el té por las tardes. [No se acentúa el demostrativo ese].
h) Para mí que esta aventura nos ha de costar cara, mas no he de ser yo quien quede por cobarde. [No se acentúa la conjunción mas].
i) Aquel es para ti (el que va marcado con la letra te). [En esta oración ninguna palabra lleva tilde. Es un error ponérsela al demostrativo aquel, al pronombre ti o a al nombre de letra te].
j) Tu sobrino se ha divertido mucho probando todos los tés. [El plural tés mantiene la tilde del singular].
Si has tenido algún fallo, debes repasar la tilde diacrítica.
Parece mentira, pero ya hace dos años que empecé este blog. Desde entonces ha ido creciendo en número de entradas (ya vamos por doscientas y pico), en lectores (unos 20 000 al mes, sí: 20 000) y en suscriptores (406 exactamente a día de hoy).
Pero lo más importante es que se ha ido formando una comunidad que participa activamente discutiendo, aportando datos… y hasta corrigiéndome cuando me equivoco. Todo esto no solo me anima a seguir devanándome los sesos todas las semanas, sino que poco a poco me ha ido enseñando a leer y escribir de otra forma, una forma que hoy es posible gracias a Internet, en la que autor y lectores se relacionan en una discusión abierta en la que nadie puede hablar ex cátedra.
Ya voy conociendo a un puñado de amigos que vuelven aquí semana tras semana y ellos me van conociendo a mí. Y no solo eso. La comunidad se va extendiendo al Foro de Lengua Española, un nuevo espacio, todavía experimental, que me he animado a crear ante la cantidad de consultas que me va llegando y para abrir posibilidades de discusión que no tengan que estar ligadas a los temas que aquí se van tratando.
Ahora llega el momento de descansar para empezar con fuerzas la próxima temporada.
Nos vemos en septiembre. Felices vacaciones a todos.
[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, Dos añitos]
Sí, señor, este blog está twiteando como loco. Ha empezado con sus primeras entradas e irá avanzando hasta llegar a las últimas, así que si empezaste a seguirlo hace poco, esta puede ser una buena oportunidad para ponerte al día.
Twitter es un sistema de microblogging que permite publicar mensajes de hasta 140 caracteres. Los twiteos del blog incluyen el título de la entrada y un enlace para que puedas leerla. Es una forma cómoda de seguir una publicación que te interesa.
Ya sabes, a partir de hoy puedes seguir el Blog de Lengua Española en Twitter.
[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, Este blog se ha puesto a 'twitear']
Hablar en público es una experiencia terrorífica para muchas personas. Después de unos cuantos años trabajando con mis estudiantes, me he permitido recoger aquí los diez fallos que más se repiten; por decirlo de alguna forma, el hit parade de los errores garrafales al hablar en público:
1. Olvidarse de la introducción: empieza presentando el tema y avanzando brevemente el contenido.
2. Preparar material para doce presentaciones (y pretender contarlo): el miedo suele ser a quedarse sin nada que decir. En la práctica suele pasar más bien lo contrario.
3. Hablar demasiado deprisa: ¿has intentado alguna vez llenar una botella de aceite con un embudo? ¿A que enseguida se sale? Pues lo mismo les pasa a las cabecitas de tu público.
4. Hablar hasta que te retiran la palabra: nunca llegues a este extremo. Es una de las mayores desgracias de un orador.
5. No vocalizar: respira profundamente y deja que el aire al salir te vaya marcando el ritmo de la pronunciación. Y no te comas trozos de las palabras: pronuncia cada sonido individual.
6. No mirar al público: si tú no los miras, ¿cómo quieres que ellos te escuchen?
7. El baile de San Vito: estate quieto. Planta bien los pies en el suelo y cuenta lo que tengas que contar.
8. Leer: ni se te ocurra. ¿Para qué quieres la cabeza? Apréndetelo.
9. Contar cosas que no entiendes: tú no te enteras ¿y pretendes que se enteren los demás?
10. Saltarse la conclusión: siempre, siempre, siempre recapitula al final recogiendo las ideas más importantes.
De momento dejo esto aquí apuntado. Ya iremos hablando de todo ello más despacio.