Nombres ambiguos en cuanto al género
30 de Octubre de 2007
Los nombres ambiguos en cuanto al género son aquellos que se pueden utilizar tanto en masculino como en femenino sin que cambie su significado. Algunos ejemplos de sustantivos ambiguos en cuanto al género son mar, maratón, linde, dracma y azúcar. Veamos cómo se utilizan en textos reales:
Los expertos creen que en el fondo del mar hay cientos de navíos […] [Abc, 28-10-2007]
El paseo de la ría acogerá […] una serie de talleres infantiles sobre el medio ambiente y la mar [La Nueva España, 30-9-2007]
Azúcares crudos: azúcar terciado, azúcar blanquilla […] y azúcar granulado [Anales de Bromatología, 1967, vol. 19, p. 247]
En las dos primeras oraciones encontramos el uso masculino y femenino, respectivamente, de mar. El tercer ejemplo, el del azúcar, es muy interesante porque vemos cómo en la misma línea aparece el mismo nombre utilizado en masculino y en femenino.
Es importante tener en cuenta que el utilizar estos nombres en un género o en otro no da lugar a un cambio de significado. Por ejemplo, yo puedo irme a Alicante y sentarme en la playa. Si ese día tengo una vena lírica, probablemente diré:
Mira: ¡la mar!
Si me da por hablar de forma más neutra, lo que me saldrá será:
Mira: el mar
Pero en los dos casos estaré hablando de la misma realidad. El mar sigue siendo el mismo; solo ha cambiado el género del nombre que estoy utilizando para referirme a él.
Por lo general, los nombres ambiguos en cuanto al género se refieren a seres inanimados (y así es en los ejemplos anteriores). La excepción son dos nombres de animales: cobaya y ánade.
El que no cambie el significado tampoco quiere decir que dé exactamente igual utilizar estos sustantivos en masculino o en femenino. Las diferencias no van a ser de significado sino de otro tipo.
A veces, el utilizar un género u otro es una cuestión de puras preferencias individuales. Puede haber hablantes que prefieran la forma azúcar moreno y otros que prefieran azúcar morena.
Otras veces, las diferencias tienen que ver con la pertenencia a ciertos grupos sociales. Un ejemplo que se suele repetir en los manuales es que las gentes de mar tienden a decir la mar (en femenino), mientras que quienes no tenemos mayor relación con el mar tendemos a utilizar la forma masculina.
También hay preferencias regionales. Calor es masculino para la mayoría de los hablantes de español, pero dentro de España, por ejemplo, el femenino la calor está muy extendido en ciertas zonas de Andalucía, Murcia o Cataluña.
Llegamos ahora a la cuestión de la consideración normativa de estas vacilaciones de género. Para la norma del español no todas son iguales. Algunas vacilaciones están aceptadas por la norma, como las de los ejemplos que hemos utilizado hasta ahora (salvo calor, que es un caso especial). Otras, en cambio, se condenan. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con pus, que para la norma solo es masculino, aunque para muchos hablantes sea femenino.
Esta consideración puede ir cambiando con el paso de los años. Calor tradicionalmente estaba admitido como ambiguo en cuanto al género y así se recoge todavía en el DRAE (2001). Sin embargo, con la publicación del DPD, la norma se volvió un poco más restrictiva y ya solo se admite la forma masculina. Lo contrario ha pasado con maratón. Después de años y años de condenar la forma femenina, al final se han admitido las dos, por lo que hoy este nombre ha pasado a considerarse ambiguo en cuanto al género con la bendición de las Academias.
Por último, no conviene perder de vista que hay expresiones con diferentes grados de fijación en las que es obligatorio uno u otro de los géneros. Por lo general, podemos elegir entre el mar o la mar, pero solo utilizamos la forma femenina en las siguientes expresiones fijas:
Pelillos a la mar ‘olvidemos nuestras diferencias’, ‘reconciliémonos’
La mar de (simpático, distraído, etc.) ‘muy’, intensificador
En el primer ejemplo, el artículo masculino forzaría una interpretación literal: hay unos pelillos que se arrojan al mar. En el segundo ejemplo, simplemente, daría lugar a un sinsentido.
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30 de Enero de 2008 a las 18:23
También el calor es “femenino” para muchos hablantes gallegos, sobre todo si tienen el gallego como primera lengua, ya que en este idioma el género de “calor” es femenino.
Hace poco que he descubierto este blog y me lo estoy leyendo de un tirón. Es muy interesante. ¡Sigue así!