En la entrada anterior (¿Sexismo en el diccionario?) nos preguntábamos a propósito de los nombres de profesión si consideraciones sexistas pueden influir en la ordenación alfabética de los diccionarios (concretamente, del DRAE). La cuestión es por qué en ciertos lemas como abogado, da aparece primero el masculino (rompiendo el orden alfabético puro). El problema es un poco más complejo de lo que parece.

Palabras como abogado admiten diferentes terminaciones que permiten expresar la variación de género y número. El conjunto de formas completo es:

abogado
abogada
abogados
abogadas

En estos casos, para abreviar, se toma una de las formas como representante. Así no tenemos que decir: “la palabra abogado, abogada, abogados, abogadas“. Simplemente hablamos de “la palabra abogado“. Esto es lo que se denomina forma canónica. Para los nombres suele ser en las lenguas de nuestro entorno el masculino singular; para los verbos, el infinitivo.

En el caso de los nombres de oficio el diccionario debe especificar que existe el femenino porque no siempre es así; por ejemplo, para piloto no hay (hoy por hoy) una forma pilota.

Para alfabetizar las entradas del diccionario se toma en cuenta solamente la forma canónica. La terminación de femenino que aparece a continuación nos proporciona una información adicional sobre la existencia de una forma femenina.

Con esto queda aclarado por qué el orden es abogado, da y no al revés. ¿Pero queda resuelta la duda de si el diccionario es sexista? En realidad, no. Solo se desplaza a un nivel superior. La forma canónica es convencional. Por ejemplo, para el verbo, en castellano, tomamos el infinitivo (amar), pero en latín tradicionalmente se utiliza la 1.ª persona singular del presente de indicativo (amo). Así que la pregunta ahora es otra: ¿por qué tiene que ser precisamente el masculino la forma canónica?

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