¡Esa palabra no existe!

14 de Febrero de 2008

Todos hemos oído alguna vez la conocida fórmula ¡Esa palabra no existe! Es lo que se le suele espetar a alguien que acaba de decir algo que parece sospechoso para nuestro sentido idiomático. Hoy mismo, en un examen de un alumno de periodismo, he leído que ‘alante’ no existe.

Los juicios lingüísticos de los hablantes tienden a ser radicales. Pero lo primero que cabe plantear aquí es que se incurre en una contradicción manifiesta. Eso solamente se dice ante palabras que sí existen y de cuya existencia tenemos una prueba palpable porque acaban de utilizarla delante de nuestras narices. Es como si al presentarme a don Mariano García le suelto en su cara: ¡Este señor no existe! Una palabra que se acaba de utilizar no tiene más remedio que existir.

¿Qué quiere decir entonces el famoso No existe?

Por lo general, se trata de un juicio normativo encubierto o quizás inconsciente. Podríamos interpretarlo como ‘esa palabra no está recogida en el diccionario’; pero ojo, en el diccionario de la Academia, que es un diccionario normativo, porque sí podría estarlo en uno descriptivo.

Volvamos al ejemplo de alante y adelante. Nos encontramos aquí con dos variantes de un adverbio que tienen diferente consideración normativa: la primera no está aceptada, mientras que la segunda sí. Si tuviéramos que afirmar seriamente que alante no existe, estaríamos ignorando una forma que es probablemente la más frecuente en la lengua oral. Pero no solo en la lengua oral. Una búsqueda con Google [13-2-2008] para alante nos devuelve 867 000 documentos, frente a 1 270 000 para adelante; es decir, en los textos publicados en Internet, la forma normativa registra simplemente un 46% más de apariciones que la no normativa. Si eso es no existir…

A veces el dichoso juicio significa simplemente ‘no conozco esa palabra’, ‘mi conocimiento del léxico del español se limita a la variedad de mi región, de la gente de mi edad, de los círculos en que me muevo’. Este caso se me presentó hace años con un amigo al que hicieron reír con la boca llena de agua. El pobre dijo: “No me hagáis reír, que lo espurreo“. Inmediatamente los amigos sentenciaron: Esa palabra no existe. Si vamos al diccionario, veremos que no solo existe, sino que además significa exactamente lo que él quería decir: “Rociar algo con agua u otro líquido expelido por la boca” (Diccionario de la Real Academia Española: espurrear). Lo que ocurre es que esa no es hoy una palabra de uso generalizado en el mundo hispánico y va quedando relegada a contextos regionales.

La clave está en distinguir entre norma y uso. No todo lo que se dice está aceptado en la norma. Y, al revés, no todo lo que está aceptado en la norma se dice. Es muy frecuente que la norma acabe acomodando un uso previamente condenado si este logra una aceptación generalizada.

¿Quiere decir esto que todo vale? No. La norma es una realidad para lenguas de cultura como la nuestra. Su desconocimiento tiene consecuencias de calado. Y solo es verdaderamente libre quien puede escoger. Si dominamos la lengua estándar, podremos decidir si atenernos a sus prescripciones o quebrantarlas por motivos de expresividad, de originalidad, de pertenencia a un grupo, etc. Si la desconocemos, quedaremos reducidos a los límites estrechos que nos marca nuestro lenguaje.

  1. Néstor dice:

    Coincido plenamente con el concepto de que una palabra dicha y juzgada de inexistente, ya existe por el mero hecho de haber sido dicha. Creo que al lanzar “esa palabra no existe” uno está diciendo: “no existe en la extensión de mi conocimiento, en sus límites”, por ende hay que ser muy vigilante a la hora de recibir ese juicio por lo que digamos o frente a una palabra que oigamos y que desconocemos. Y humildes, para no creer que sabemos todo.

  2. Blanca González dice:

    En verdad me resulto genial leer esto, porque acabo de pasar por ese no existe en ver una convocatoria para un concurso de oposición de una vacante y contenía, “se otorgará la defintividad de la plaza” y otra persona dijo esa palabra no existe y se fue al diccionario y dijo no existe, ¡corrijan esa palabra y cambienla a quien se le ocurre escribir eso! lo que me hizo buscar la palabra en otras fuentes que no fuera el diccionario y resulta que es una palabra de uso común en el ámbito legislativo, y justamente en el punto relativo a lo laborar, (otorgar una vacante de manera defintiva)

  3. Empoderar | BLOG DE LENGUA ESPAÑOLA dice:

    [...] ¿Es correcto entonces el uso de empoderar? La extensión de significado de ‘conceder un poder (legal)’ a ‘conceder derechos’ (o más bien conquistarlos) tiene mucho sentido lo mismo en una lengua que en la otra. Ni siquiera los puristas más recalcitrantes deberían sentirse ofendidos, pues suelen defender la revitalización de palabras como medio para nombrar las nuevas realidades. Mil veces se aplaudió el rescate de azafata (’camarera de la reina’) para referirse a la tripulante de cabina de un avión. Puede que haya quien se sienta molesto con la palabreja, pero quizás aquí se esté disfrazando de argumento lingüístico lo que en última instancia no lo es. A veces, una forma cómoda de escamotear el verdadero debate es escudarse en sutilezas filológicas. Si los diccionarios no han recogido este nuevo sentido de empoderar, deberían ir haciéndolo, puesto que esta palabra, de hecho, existe. [...]

  4. Fran dice:

    Eso es lo que yo siento cuando estoy con amigos y les digo que se vayan. ¿Digo idos y quedo como un auténtico homo pedantus, o digo iros y -a pesar de estar diciéndolo mal- consigo que no me miren con cara rara?
    Probablemente ni siquiera se fijen.

  5. Alberto Bustos dice:

    Hola, Fran, hay una diferencia muy importante entre lo correcto y lo adecuado. Lo uno y lo otro no siempre coinciden y a veces la amistad lo que tiene es que permite saltarse las convenciones de lo que se considera correcto, como cuando llegas a casa de un amigo, te quitas los zapatos y te tiras en el sofá. Será poco correcto en el contexto de las normas de urbanidad, pero puede ser adecuado en el de vuestra amistad.

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