Fallos en una exposición oral: hablar demasiado deprisa
11 de Febrero de 2010
Un fallo garrafal en estas lides de la oratoria consiste en lanzarse a hablar a toda velocidad. Pero, un momento: ¿has intentado alguna vez llenar una botella de aceite con un embudo? ¿A que enseguida se sale? Pues lo mismo le pasa a la cabeza de tu público. El contenido es espeso y la capacidad de los oyentes para asimilarlo, limitada. Dales tiempo. Incluso desde el punto de vista acústico, se necesita más tiempo para absorber un discurso que una conversación informal.
El problema suele venir por dos causas. Para empezar, cuando nos ponemos nerviosos nos aceleramos. Podría darnos hacerlo todo más despacio, pero el caso es que tendemos a atropellarnos. Pues bien, aquí también se aplica aquello de Vísteme despacio, que tengo prisa.
La otra causa es, a menudo, que hemos preparado demasiado material y —claro— nos creemos en la obligación de soltarlo a cualquier precio. ¿Pero de qué sirve que contemos muchas cosas si nadie se entera?
Te recomiendo que planifiques y ensayes tu presentación. En los ensayos es bueno que tengas a alguien delante para que la situación sea más realista (esos sufridos hermanos, novios y compañeros de piso que están para estas ocasiones). Y si esto no es posible, también ayuda el visualizar en tu mente el lugar donde vas a hablar y el público ante el que lo vas a hacer.
Cuando por fin llegue el momento de la verdad, no claves la vista en el papel. Antes de nada, mira a las personas que te van a escuchar, respira y, cuando te des cuenta de que te están atendiendo, empieza a hablar. Durante la exposición, sigue respirando con el abdomen y mantén el contacto visual con el público, verás cómo naturalmente la cadencia del discurso se va adaptando a la situación.
Tampoco está de más que llegues con tiempo. Si vienes corriendo porque se hace tarde, seguirás a toda marcha cuando tomes la palabra.
Esto son solo un par de sugerencias. Seguro que tú tienes tus propios trucos y técnicas que quieres compartir con los demás. Déjanos tu comentario.
[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, Fallos en una exposición oral: hablar demasiado deprisa]
Fallos en una exposición oral: preparar material para 12 exposiciones
29 de Septiembre de 2009
Un típico fallo de principiante cuando tenemos que hablar en público consiste en preparar material para doce presentaciones y además querer contarlo.
El miedo suele ser a quedarse sin nada que decir, pero en la práctica eso raramente pasa. El problema normalmente es el contrario y tan malo es pasarse como no llegar. Como te sientes inseguro y calculas mal el tiempo, exageras. Al final te presentas con material no para una exposición sino para un ciclo de conferencias. Eso te llevará a hablar atropelladamente, con lo que tu público te entenderá peor. En un caso extremo, puedes incurrir en la mayor desgracia de un orador: que tengan que retirarte la palabra (por pesado). Por otra parte, la experiencia me dice que las dos terceras partes de ese material suelen ser irrelevantes y solo te servirán para estrellarte. Al final te das cuenta de que has hablado mucho, has aburrido y no has contado nada de lo que tenías que contar.
¿Y cómo hay que hacerlo, entonces? Para empezar, pregúntate de cuánto tiempo dispones y cuánta información podrá asimilar tu público razonablemente. A continuación mete bien la tijera. Sí, ya sé que es duro, que quitar ese apartado sobre la cría del gusano de seda en Asia Menor es como si te cortaran un dedo de la mano, pero no hay más remedio. Tienes que dejar solamente lo que es funcional en esa exposición, o sea, relevante para el tema y de interés para el público. Piensa también que las partes que eliminas no son trabajo perdido, sino que te proporcionarán un conocimiento más amplio que te ayudará a hablar con seguridad e incluso a salir de alguna pregunta comprometida.
Cuando tengas hilvanado el contenido, empieza a ensayar para asegurarte de que te ajustas al tiempo asignado. Ten en cuenta, eso sí, que cuando salgas a la palestra es fácil que te aceleres por los nervios. Pero tienes que prepararte para ello como cuando te pruebas unos pantalones que pueden encoger. No viene mal que tengan un dedito de holgura, pero tampoco te compres dos tallas más.
Y si después de todo esto sigues sin estar seguro, lleva ya preparadas las partes del contenido que puedes eliminar sobre la marcha; no lo dejes a la improvisación.
Buena suerte con esa presentación. Cuando la hayas hecho, pásate por aquí y cuéntanos qué tal te ha ido y si has encontrado un truco que nos pueda servir a todos.
[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, Fallos en una exposición oral: preparar material para 12 exposiciones]
Diez fallos que debes evitar en una exposición oral
31 de Enero de 2009
Hablar en público es una experiencia terrorífica para muchas personas. Después de unos cuantos años trabajando con mis estudiantes, me he permitido recoger aquí los diez fallos que más se repiten; por decirlo de alguna forma, el hit parade de los errores garrafales al hablar en público:
1. Olvidarse de la introducción: empieza presentando el tema y avanzando brevemente el contenido.
2. Preparar material para doce presentaciones (y pretender contarlo): el miedo suele ser a quedarse sin nada que decir. En la práctica suele pasar más bien lo contrario.
3. Hablar demasiado deprisa: ¿has intentado alguna vez llenar una botella de aceite con un embudo? ¿A que enseguida se sale? Pues lo mismo les pasa a las cabecitas de tu público.
4. Hablar hasta que te retiran la palabra: nunca llegues a este extremo. Es una de las mayores desgracias de un orador.
5. No vocalizar: respira profundamente y deja que el aire al salir te vaya marcando el ritmo de la pronunciación. Y no te comas trozos de las palabras: pronuncia cada sonido individual.
6. No mirar al público: si tú no los miras, ¿cómo quieres que ellos te escuchen?
7. El baile de San Vito: estate quieto. Planta bien los pies en el suelo y cuenta lo que tengas que contar.
8. Leer: ni se te ocurra. ¿Para qué quieres la cabeza? Apréndetelo.
9. Contar cosas que no entiendes: tú no te enteras ¿y pretendes que se enteren los demás?
10. Saltarse la conclusión: siempre, siempre, siempre recapitula al final recogiendo las ideas más importantes.
De momento dejo esto aquí apuntado. Ya iremos hablando de todo ello más despacio.
El quesuismo
18 de Septiembre de 2007
El quesuismo consiste en sustituir el adjetivo relativo cuyo por la secuencia que su. En la norma del español se considera un error. Veamos un ejemplo:
[...] él es un jugador que su máxima cualidad es la de crear fútbol (Abc, 9-8-05)
En un texto formal como este se debería escribir:
Él es un jugador cuya máxima cualidad es la de crear fútbol
Cuyo ha entrado en decadencia en la lengua actual. ¿Quién diría hoy un sábado por la tarde tomando unas cañas algo así?: “No ha venido el chico ese cuya novia estudia empresariales”.
Los hablantes, aunque sea inconscientemente, intuyen la dualidad de cuyo: es relativo y, al mismo tiempo, posesivo. Por eso lo rompen para sacar las piezas.
¿Y qué es lo correcto? Pues depende. En situaciones formales, tanto orales como escritas, hay que evitar el quesuismo. En cambio, en situaciones informales (en casa, con los amigos…) cuyo seguiría siendo correcto pero probablemente poco adecuado.
Esto es lo mismo que preguntar: “¿Un hombre va bien vestido con traje?”. En la oficina sí, pero en la playa seguramente no.