Feb 232021
 

En español tenemos dos verbos que suenan parecidos, pero que no significan lo mismo: enjuagar y enjugar. Además, para complicarnos la vida, uno y otro tienen que ver con el agua (o con la ausencia de esta).

Enjuagar significa ‘aclarar con agua o con otro líquido’. Es la acción que realizamos después de fregar o lavar (para eliminar los restos de jabón), como en el ejemplo (1):

(1) Unos días más tarde el capitán Alejandro de la Vega llegó galopando a la misión. Desmontó de un salto en el patio, se arrancó la pesada casaca del uniforme, el pañuelo y el sombrero, y hundió la cabeza en la artesa donde las mujeres enjuagaban la ropa [Isabel Allende: El Zorro].

En (1) tienes una muestra del uso típico del verbo enjuagar. Las mujeres lavan la ropa con jabón y a continuación la aclaran con agua limpia.

Enjuagar(se) también es limpiarse el interior de la boca con un líquido que sirve para ese fin. Tienes ejemplificado ese uso a continuación:

(2) ¡Ah! ¿Tu admiración por ÁTOMO VERDE NÚMERO CINCO es, entonces, una admiración terapéutica, como enjuagarse la boca con Amosán…? [José Donoso: Átomo verde número cinco].

El Amosán es un famoso colutorio para la boca. El ejemplo (2) hace referencia al acto de aclararse la cavidad bucal con este líquido.

En realidad, nuestro actual enjuagar es una deformación del antiguo enjaguar. Es fácil darse cuenta de que este último contiene la raíz de agua. El Diccionario de la lengua española todavía recoge la variante antigua enjaguar. También la vas a encontrar en el Diccionario de americanismos de las Academias de la Lengua. Según este, enjaguar sigue teniendo uso en Honduras, República Dominicana, Ecuador y Paraguay. No me sorprendería descubrir que se conserva también en otras zonas.

Después tienes enjugar, que significa ‘secar’. Normalmente, esto se hace con un paño, aunque también pueden utilizarse otros objetos. Es típico hablar de enjugar el sudor de la frente, enjugar las lágrimas, etc. Te voy a ofrecer su correspondiente ejemplo, como no podía ser menos:

(3) —¡Si no lloro! —y se enjugaba los ojos con el dorso de la mano izquierda mientras con la otra, temblorosa, sostenía el vaso de la medicina [Miguel de Unamuno: La tía Tula].

El personaje del ejemplo (3) se seca las lágrimas con la mano, a falta de otro paño mejor.

También se pueden enjugar deudas, que es lo mismo que pagarlas, liquidarlas:

(4) La vida del adulto se va en enjugar deudas. Deudas arrastradas desde la infancia o la adolescencia. Deudas sentimentales, déficits de formación, olvidos voluntarios y hasta menosprecios que el tiempo ha vuelto injustificados [José Manuel Benítez Ariza: Me enamoré de Kim Novak y otras crónicas de cine].

La combinación enjugar deudas es metafórica. Nos representamos las deudas como si fueran un líquido que podemos ir embebiendo hasta hacerlo desaparecer.

En resumen, para enjuagar tienes que aplicar agua. En cambio, para enjugar tienes que eliminarla. Quien dice agua dice algún otro líquido.

 23 de febrero de 2021  léxico, verbo