Modelos para representarnos la lengua

Los seres humanos hemos ido buscando a lo largo de la historia diferentes modelos para tratar de explicarnos una realidad tan abstracta y compleja como es la lengua. En este artículo te presento dos que han tenido un especial impacto y siguen teniéndolo.

La lengua como herramienta

La lengua es una realidad compleja y escurridiza. No podemos acercarnos a ella de la misma manera que lo hacemos con una roca, una manzana o un rinoceronte. El cerebro humano maneja con facilidad las realidades concretas. Estamos hechos así. En cambio, todo lo abstracto nos resulta difícil. Por eso, para entenderlo, siempre buscamos semejanzas con objetos concretos. Eso nos ayuda a entender mejor qué son esas abstracciones y cómo son.

Dentro de este afán general de entender lo abstracto a través de lo concreto, se sitúa un empeño que cuenta ya con miles de años de historia. Los seres humanos estamos construyendo constantemente modelos para explicarnos una cuestión fundamental: qué es la lengua. En el fondo, intentamos acercarnos a la lengua como si fuera otra cosa.

Hay un modelo que resulta venerable porque cuenta con larga tradición. Se sitúa en el origen mismo de la reflexión lingüística occidental. Me refiero al modelo que concibe la lengua como herramienta. Lo encontrarás ya en uno de los diálogos de Platón. En el Crátilo, Sócrates habla de la lengua como si fuera una herramienta. Ese instrumento sirve para que una persona les comunique algo a otras personas acerca de las cosas.

Esta idea tiene múltiples implicaciones. Voy a ir desgranándolas.

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En primer lugar, cuando comparamos la lengua con un instrumento, nos la estamos representando como si fuera una cosa, es decir, una realidad independiente del ser humano y externa a él. Existe un término técnico para esto: reificación. A nuestro cerebro le resulta más fácil entender algo que está ahí, algo que tenemos ante los ojos. En cambio, le resulta complicado manejar lo que está dentro de nosotros o, simplemente, lo que no está en ninguna parte.

En segundo lugar, las herramientas son objetos que fabricamos los seres humanos. Por tanto, cuando nos representamos la lengua como una herramienta nos estamos diciendo que es un objeto que construimos nosotros mismo. Precisamente, cierto aspecto crucial del modelo se relaciona íntimamente con esto. Una herramienta es un objeto con una forma. El artesano puede perfeccionarla o, en el peor de los casos, puede llegar a estropearla e incluso a destruirla si es un poco torpe. Por eso hablamos de pulir el idioma, por ejemplo. Y una de las tareas fundamentales de la lingüística consiste en estudiar la forma de la lengua.

En tercer lugar, las herramientas están ahí para que las manejemos. Hay quien se sirve de ellas con más habilidad y quien lo hace con más torpeza. El idioma hay que aprender a manejarlo, igual que lo hacemos con un pincel o un bisturí. Solamente se llega a dominarlo después de años y años de estudio y de práctica bajo la mirada atenta de un maestro que ha aprendido previamente. ¿Tú te fiarías de un cirujano que nunca fue a clase para aprender a manejar el bisturí? ¿No? Pues yo tampoco.

Además, las herramientas se manejan para algo. Las podemos emplear para diferentes tareas. Nos servimos de ellas para conseguir nuestros propósitos, nuestros objetivos. Las herramientas son objetos que se sitúan entre nosotros y el mundo. Nos permiten tantearlo, como hacemos con un bastón. Sirven para seccionarlo con habilidad, como hacemos con un bisturí. Sirven lo mismo para explorar el mundo, para conocerlo, para modificarla y para modelarlo a nuestro gusto.

La lengua es un instrumento que sirve de intermediario en nuestra relación con otras personas. Nos permite comunicarnos con ellas, influir en ellas e incluso manipularlas. En definitiva, nos servimos de ella para recorrer los senderos que transitan de nosotros a las cosas, de las cosas a las personas, de nosotros a los demás o incluso de nosotros mismos a nosotros mismos.

Como mencionaba antes, la idea de la lengua como herramienta se encuentra ya en Platón. La descubrirás también en los escritos de Humboldt en el siglo XIX. Pero el mejor ejemplo de esta concepción lo hallarás en una obra de 1934 del filósofo y lingüista alemán Karl Bühler: su Teoría del lenguaje. El filósofo español Julián Marías la tradujo al castellano en 1950. Julián Marías es el padre del novelista Javier Marías.

Bühler expuso en esa obra su modelo del órganon (órganon es una palabra griega que significa ‘herramienta’). Bühler le asigna tres funciones al lenguaje:

  • representativa
  • apelativa
  • expresiva

Estas tres funciones se basan en las tres relaciones que entablan los signos lingüísticos:

  • Se relacionan con las cosas porque las representan. Esa es la función representativa.
  • Se relacionan con la persona que escucha porque intentan captar su atención. Esa es la función apelativa.
  • Por último, se relacionan con la persona que habla porque le permiten expresar lo que hay en su interior. Esa es la función expresiva.

Estas funciones son las que le sirvieron de base después a Roman Jakobson para crear su propio modelo de la comunicación. El modelo de Jakobson consta de seis funciones:

  • referencial
  • poética
  • emotiva
  • conativa
  • fática
  • metalingüística

Quizás tengas la impresión de que la noción de la lengua como herramienta es interesante solamente para filósofos y lingüistas. Ni mucho menos. Nuestra cultura se ha empapado de ella. Estamos completamente inmersos en ella, igual que los peces en el agua. Por eso mismo, a menudo no conseguimos verla. Vamos a observar tú y yo algunas imágenes que forman parte del lenguaje cotidiano. Enseguida la vamos a reconocer en ellas. Por ejemplo, la idea de la lengua de herramienta es la que nos permite afirmar que cierta escritora tiene un consumado dominio del lenguaje o que un determinado orador ablanda las voluntades y conmueve los corazones con su discurso. Seguro que has oído alguna vez decir que una lengua ha alcanzado una gran perfección (como un bisturí) o que resulta tosca y grosera (como un cuchillo de pedernal).

Este modelo presenta fortalezas y debilidades. Ayuda a entender ciertos aspectos de la lengua como su forma y su función. Es una concepción finalista porque la idea de herramienta está unida a la de finalidad. Las herramientas siempre sirven para algo. Por eso, las explicaciones que se basan en este modelo hacen hincapié en la idea de función: ¿cuáles son las funciones del lenguaje?, ¿para qué sirve el lenguaje?

Sin embargo, cojea cuando intentamos entender el cambio lingüístico: cómo se van modificando los idiomas a lo largo de siglos y milenios. Desde esta perspectiva, la lengua se nos revela como algo fluido. Se halla inmersa en un cambio constante y gradual. En cambio, un instrumento es estático por naturaleza. Podemos afilar un hacha o cambiarle el mango, pero no podemos sentarnos a observar cómo se transforma en motosierra de manera análoga a como el latín se convirtió en castellano. Y más difícil todavía resulta aplicar el modelo de la lengua como herramienta para explicar que el latín no solamente se convirtió en castellano, sino también en portugués, gallego, catalán, francés, italiano, rumano… Para esta tarea nos va a servir mejor otro modelo: el de la lengua como organismo. Enseguida nos vamos a poner con él.

Al final, el modelo de la lengua como herramienta se enfrenta a una limitación de base que comparte con todos los demás: la lengua puede ser como una herramienta; pero, de hecho, no es una herramienta.

La lengua como organismo

Un modelo que gozó de gran predicamento en el siglo XIX consideraba la lengua como si fuera un organismo. Encontramos esta concepción en la obra de lingüistas como Wilhelm von Humboldt y August Schleicher.

Esta idea tuvo una gran repercusión teórica en su época; pero, sobre todo, se ha perpetuado en la visión popular de la lengua. Está tan arraigada que la manejamos como si de verdad estuviéramos hablando de propiedades intrínsecas de las lenguas. No nos damos cuenta de que, en realidad, es una metáfora o, más bien, un conjunto de metáforas que dan lugar a toda una imagen que nos ayuda a hacernos una idea de lo que es la lengua.

Un organismo es un ser vivo. Los seres vivos nacemos, crecemos, algunos hasta se se reproducen y, al final, todos morimos (eso sí es seguro). Estas características de los seres vivos están detrás de preguntas que a menudo nos planteamos a propósito del idioma, por ejemplo:

¿Cuándo nació el castellano? 

Esas características de los seres vivos también están detrás de afircaciones como las siguientes:

  • Las lenguas románicas descienden del latín.
  • El castellano florece en el siglo XVII.
  • El latín es una lengua muerta.

Como ves, estamos aplicando a las lenguas el esquema característico del ciclo de la vida: nace, crece, se reproduce y muere.

Cuando concebimos la lengua como si fuera un organismo, la convertimos en un objeto, en una realidad que existe de manera independiente. A partir de ese momento, tiene entidad para nosotros, igual que cualquier otro objeto del mundo: como una piedra, un roble o un gato.

¿Pero existe la lengua de manera independiente? Bien mirado, existir (lo que se dice existir) existe lo que alguien dice o escribe en un momento concreto. Podemos oírlo (o verlo si es un texto escrito). Incluso puedo grabar a esa persona mientras está hablando y enseñarle después el vídeo a mi tía o a mi prima: “Mira lo que dice la niña”.

Yo puedo hacer esas operaciones con lo que alguien dice en un lugar y un momento concretos. Ahora te voy a poner en un apuro. ¿Podrías hacer lo mismo con la lengua italiana, la gallega o la guaraní? Y, sin embargo, todos tenemos la idea de que estas lenguas existen y tienen entidad propia.

También estamos manejando la idea de organismo de manera consciente o inconsciente cuando le atribuimos a una lengua la capacidad de actuar o de reaccionar. Por ejemplo, son muy frecuentes afirmaciones de este tipo:

  • El inglés está conquistando el mundo.
  • El francés está cada vez más debilitado.

A veces, incluso, nos representamos las diferentes lenguas como una comunidad de seres vivos que conviven y se relacionan unos con otros. Esa idea es la que está detrás de afirmaciones como estas:

  • El inglés se está comiendo a las lenguas pequeñas.
  • El bretón ha conseguido sobrevivir a la presión del francés.

Un organismo está formado por partes diferentes. Estas partes forman un todo orgánico en el que se puede reconocer una estructura y una jerarquía. Cada una de esas partes desempeña su propia función. Por ejemplo, en un árbol podemos reconocer a primera vista hojas, ramas, tronco y raíces. En un animal apreciamos inmediatamente la cabeza, el tronco y las extremidades.

De la misma manera, las lenguas se han estudiado siempre diferenciando partes que forman un todo orgánico, jerárquico y estructurado. Quien se matricula en un curso de lingüística va a estudiar, como mínimo, estos componentes de la lengua:

  • el léxico o vocabulario
  • la sintaxis
  • la morfología
  • la semántica

A su vez, dentro del léxico, podemos diferenciar células que son los diferentes vocablos o en la sintaxis podemos reconocer diferentes estructuras que sirven de armazón para las palabras…

Los diferentes órganos de un cuerpo contribuyen al funcionamiento del todo. De la misma forma, los diferentes componentes de la lengua permiten que esta funcione como un todo orgánico que nos permite comunicarnos, expresar nuestros sentimientos, hacer arte, etc.

¿Por qué fue tan popular en el siglo XIX esta idea de la lengua como organismo? Esto se explica porque su llegada coincide con un momento en que las ciencias naturales estaban cosechando grandes éxitos. Para un lingüista decimonónico resultaba tentador subirse a ese carro. Por eso, la lingüística intentó adoptar y adaptar métodos que estaban estaban dando grandes resultados en otras ciencias.

Ese es precisamente el punto fuerte y el talón de Aquiles de aquel intento. La lingüística consiguió aprovechar ciertos avances para para entender mejor su objeto de estudio. Sin embargo, acabó dándose de bruces con una limitación radical: el lenguaje no es un organismo. Por eso, los métodos que sirven para estudiar los seres vivos no se pueden trasplantar sin más a un campo diferente.

Hasta aquí he mostrado unos cuantos ejemplos. Me sentiré satisfecho si sirven para que reflexiones. Te animo a que compartas esas reflexiones.

2 comentarios en “Modelos para representarnos la lengua”

  1. No he descartado que dentro de poco salga, como empujada por la realidad, una nueva concepción de la lengua: como modelo económico.
    En cualquier caso, un buen post, como siempre, muy claro y original.
    Un saludo.

  2. Hola, encontré la página por casualidad y me ha parecido super interesante! Gracias por compartir tus conocimientos con nosotros. Saludos

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