Ene 102010
 

Una de las faltas de puntuación más extendidas consiste en separar el sujeto del verbo con una coma. Es lo que encontramos en este ejemplo, que apareció en un anuncio en España:

(1) Empezar un nuevo año con ilusión, no tiene precio.

El sujeto de esa oración es Empezar un nuevo año con ilusión y quien ha plantado ahí la coma ha caído en una vieja trampa.

A muchos nos han enseñado que la coma sirve para representar en la escritura las pausas de la pronunciación. Eso, que era cierto en la Edad Media, hoy ya no lo es tanto. A lo largo de la historia, las lenguas europeas han ido evolucionando desde sistemas de puntuación que reflejaban la oralidad hacia otros más abstractos cuya función consiste ante todo en dar pistas sobre la estructura de las oraciones y del texto.

Entre el siglo XVIII y el XIX, Goethe se peleaba con sus editores porque él puntuaba de oído sus obras de teatro —no precisamente por ignorancia sino para orientar a los actores sobre cómo quería que dijeran el texto—. La pelea venía porque en aquella época el alemán ya había realizado la transición a un sistema de puntuación sintáctico (y la puntuación del alemán es extremada en su sintacticidad).

Pues bien, en nuestro ejemplo ha habido también una lucha entre la intención comunicativa y la corrección ortográfica en la que ya sabemos quién ha salido peor parado. Uno de los lugares donde tiende a intercalarse una pausa en la lengua oral es justamente entre el sujeto y el verbo (sobre todo si aquel es largo) y la gracia de ese eslogan se pierde si no se marca bien la pausa.

Dicho esto, hay que añadir que los textos de Goethe hoy los conocemos con las comas que les fueron poniendo sus editores y que si la ilusión no tiene precio; la ortografía, probablemente, tampoco.

Hay, no obstante, alguna excepción a esta regla. Una de ellas es la que obliga a poner coma después de etcétera, incluso si eso supone separar un sujeto de un verbo.

 10 de enero de 2010  ortografía, verbo