Sep 172019
 

Un acrónimo es una palabra formada con fragmentos de otras palabras y que se puede leer, a su vez, como una palabra (es decir, sin necesidad de deletrear). La acronimia es un procedimiento de formación de palabras por abreviación de otras palabras. Posee una gran vitalidad en nuestros días y, por tanto, está dando lugar a una enorme cantidad de neologismos.

Son acrónimos, por ejemplo:

(1) FIFA

(2) ovni

(3) Mercosur

(4) portuñol

Los ejemplos de arriba nos van a servir para ir introduciendo las características y tipos de los acrónimos.

Lo más típico es que los acrónimos se formen tomando la inicial de cada una de las palabras que estamos integrando en la nueva unidad. Así, FIFA se constituye a partir de la primera letra de Federación Internacional de Fútbol Asociación. FIFA es un acrónimo porque pronunciamos [fífa] y no [éfe-í-éfe-á]. Podemos concebir este tipo de acrónimos como un caso especial dentro de la categoría más general de las siglas.

En realidad, lo que se ha seleccionado en FIFA son las iniciales de las palabras significativas que constituyen la expresión subyacente. En cambio, hemos descartado la preposición de. Este es el comportamiento habitual, pero también nos podemos encontrar con casos en que se echa mano de preposiciones y otras palabras gramaticales. En España existe en 2019 un organismo denominado FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología). Vemos que aquí se ha incluido en el acrónimo la conjunción y, mientras que se han descartado el artículo la y la preposición para. ¿Por qué? Esto es simplemente el resultado de decisiones arbitrarias. Lo que se busca es facilitar la lectura y, sobre todo, la pronunciación. Quien se inclinó por FECYT frente a FECT quería un acrónimo [fezít] y no una vulgar sigla: [éfe-é-zé-té].

Volviendo a FIFA, notaremos que se escribe en mayúsculas. También en esto se comporta como un ejemplo típico, central. Cuando pensamos en siglas y acrónimos, lo primero que se nos viene a la cabeza son secuencias de letras mayúsculas. En la ortografía actual, no separamos esas mayúsculas con puntos.

La característica distintiva de los acrónimos es que podemos leerlos como palabras normales y corrientes. Esto favorece que acaben convertidos en eso: palabras normales y corrientes que se integran en el vocabulario de una lengua. Tenemos un ejemplo de ello en ovni. Esta palabra empezó su andadura en nuestro idioma con la grafía OVNI, íntegramente en mayúsculas. De esa manera se pretendía dejar claro que lo que estaba detrás era la expresión objeto volante no identificado. Con el paso del tiempo, se fue debilitando la conciencia de que ovni estaba ahí para representar una expresión completa. Ya nos hemos acostumbrado a tratar esta unidad como una palabra más y solo recuperamos la expresión subyacente cuando nos paramos a pensar en ello. Por eso hoy escribimos ovni en minúsculas: la ortografía refleja que se ha producido un cambio en el estatus de esta unidad dentro del léxico de nuestro idioma. Otros ejemplos semejantes son sida (< síndrome de inmunodeficiencia adquirida), opa (< oferta pública de adquisición), uci (< unidad de cuidados intensivos), etc.

Pero no hemos acabado con ovni. A esta palabra se le nota también que está perfectamente integrada entre los sustantivos de nuestro idioma porque forma un plural que, además, está sujeto a las reglas generales. Quien ve un ovni también puede llegar a divisar varios ovnis (dicen que lo más difícil es avistar el primero, a partir de ahí ya va todo rodado).

El que los acrónimos pasen a tratarse como cualquier otra palabra también tiene consecuencias para la acentuación gráfica: van a quedar sujetos a las reglas de acentuación. Por ejemplo, láser lleva tilde porque es una palabra grave terminada en erre. Y si hay que dividir en sílabas, se divide; sin ir más lejos, cuando una de estas palabras no cabe en un renglón (lá- / ser). Atención: no olvidemos que todas estas indicaciones ortográficas se refieren a los acrónimos que están integrados en el léxico, no a los que se escriben íntegramente con mayúsculas.

Mercosur se parece a ovni en que su ortografía está adaptada: ha perdido todas las mayúsculas, menos la de su inicial. Esta sí la conserva porque es un nombre propio que nos remite a la expresión Mercado Común del Sur. Pero Mercosur se diferencia de nuestros ejemplos anteriores en que se forma tomando más de una letra de cada una de las palabras subyacentes. Esto es lo que permite, precisamente, crear el acrónimo, pues de lo contrario nos las tendríamos que haber con la sigla MCS.

Mercosur toma más de una letra, es verdad, pero son letras iniciales. En cambio, portuñol es representante de nuestro último tipo de acrónimos. Aquí lo que se está integrando es el principio de una palabra (portugués) y el final de otra (español). Lo mismo ocurre con teleñeco (< televisión + muñeco) y ofimática ( < oficina + informática).

Además de los tipos mencionados, hay otros mixtos. Por ejemplo, Fundéu se forma con varias letras de una palabra y la letra inicial de las restantes: Fundación del Español Urgente. Revisar toda la casuística nos llevaría ahora demasiado lejos.

Muchos de los acrónimos que encontramos hoy en nuestro idioma son, en realidad, préstamos del inglés. Antes hemos utilizado como ejemplo láser, que viene de la expresión inglesa light amplification by stimulated emission of radiation o, lo que es lo mismo, ‘amplificación de luz mediante emisión inducida de radiación’. Otros ejemplos son radar (< radio detecting and ranging, es decir, ‘detección y localización por radio’) o emoticono (< emotion + icon).

Y podría seguir profundizando porque el tema es complejo. Pero creo que con esto ya nos hacemos una idea bastante cabal de lo que son los acrónimos.

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 17 de septiembre de 2019  léxico, morfología, ortografía