Abr 152010
 

Si alguien nos preguntara de pronto por la metáfora, casi todos tenderíamos a asociarla con la literatura. Puede que incluso se nos pasaran por la cabeza los ejemplos que nos ponían en clase, como aquello de las perlas de tus dientes. Simplificando mucho, podemos decir que tradicionalmente se concebía la metáfora como una figura retórica que consistía en decir esto es como esto otro o, más bien, esto es esto otro.

Si nos paramos a pensar un poco, el que más y el que menos tiene, además, la noción de que la metáfora también está presente en el lenguaje cotidiano. Se nos ocurrirán, probablemente, ejemplos como el del cuello de la botella, donde se asimila una parte de un objeto inanimado a una parte del cuerpo. El mecanismo que está funcionando aquí es el mismo. Estamos diciendo: esto (una parte de la botella) es como esto otro (una parte del cuerpo).

De lo que ya no estoy tan seguro es de que alguna vez nos hayamos dado cuenta de que la metáfora también tiene un gran rendimiento en las estructuras gramaticales de las lenguas. Desde los años ochenta, gracias a la lingüística cognitiva, se ha ido sabiendo que, en realidad, la metáfora es un mecanismo cognitivo básico de los seres humanos; de ahí que sea omnipresente. Hablamos y pensamos en metáforas e incluso actuamos a través de ellas. Nuestra mente tiene una dificultad básica para aprehender las nociones abstractas. No nos cuesta nada enterarnos de qué es una manzana. En cambio, las sumas, las restas y las raíces cuadradas ya van siendo más complicadas. Uno de los trucos de los que se sirve la mente humana para enfrentarse a realidades abstractas consiste en asimilarlas a otras más concretas, de las que tenemos una experiencia más inmediata. Dado que la gramática tiene que ver con la representación de relaciones abstractas, no hay que sorprenderse de que muchas de sus estructuras tengan una base metafórica.

Por ejemplo, ¿de qué tenemos una experiencia más inmediata? ¿De nuestro propio cuerpo o del espacio? Yo creo que está claro: un niño descubre primero que tiene cabeza, tronco, manos y pies, y solo después va asimilando relaciones espaciales como delante, detrás, a un lado, a otro, arriba, abajo, etc. Pues bien, en la lengua encontramos expresiones que aprovechan nuestro conocimiento del cuerpo para ayudarnos a entender cómo está organizado el espacio. Así, decimos que el bar está enfrente del Ayuntamiento, que la estación queda a mano izquierda, que la ciudad se construyó al pie de la montaña, que el casino se encuentra a espaldas de la catedral. Conviene señalar también que son solamente algunas partes del cuerpo, las más destacadas, las que pueden cumplir este tipo de función. Es decir, en las gramáticas de las lenguas del mundo tienden a aparecer manos, cabezas y pies, pero no muelas, tibias o juanetes (pongamos por caso).

Como todo es relativo, también lo es la noción de abstracción. Es cierto que el espacio es más abstracto que el cuerpo, pero también que nos resulta más fácil de entender que el tiempo. Es más inmediata la experiencia de encontrarse en un sitio que la de encontrarse en un momento o la de ir a alguna parte que la del transcurrir del tiempo. Por eso solemos representarnos el tiempo como si fuera un espacio por el que nos movemos. Piensa en los verbos que utilizas para expresar la experiencia temporal y verás cómo la mayoría son de significado espacial. Muchos adverbios temporales también tienen este origen. Por eso decimos Alrededor de las once, utilizando la misma expresión que para Alrededor del fuego. Tenemos incluso una perífrasis verbal (voy a estudiar) que conceptualiza la futuridad como desplazamiento en el espacio (voy a Segovia).

En fin, podríamos seguir, porque el tema es prácticamente inagotable, pero esta entrada ya va siendo lo suficientemente larga y si ha servido para hacernos reflexionar, ya habrá cumplido su objetivo.

 15 de abril de 2010  gramática, metáfora

  4 comentarios en “Metáforas en la gramática”

  1. Magnífico artículo Alberto Bustos. Me ha hecho pensar en el uso y abuso que de la metáfora hace la publicidad por ejemplo.

  2. Me gusta mucho el tema y los valiosos aportes. Mi participación está encaminada a dar algunos ejemplos más, que creo debemos utilizar en varios países tales como:
    el ojo del pie, el ojo de agua, el ojo de la puerta, las ventanas de la nariz y otros. También quería agregar otro tipo de expresionesen las cuales creo que también hayun uso metafórico:
    “Cuesta un ojo de la cara”, “Salió hecho un cohete”, “Se le sobaron las teclas”(este último se refiere a perder el raciocinio).
    Como bien dice Alberto Bustos, parece que la metáfora está en el lenguaje coloquial, más de lo que nosotros creemos o esperamos.

  3. Alberto:
    Me has concedido tanto tiempo con esta entrada que no puedo resistirme a escribir algo. Siguiendo con tu filosofía sobre las metáforas inspiradas en el cuerpo, he recordado un comentario que hacía mi hija hace unos días. Tiene un coche viejo que le da muchos problemas, cuando le preguntamos en casa que cómo iba el coche, nos respondió: —Mi coche está muerto, ya no respira. Se había quedado sin batería (no he buscado el ripio).
    Una vez más un trabajo excelente. Te felicito.
    Ya reparé el carro.
    Un abrazo.

  4. Coincido completamente con el comentario de Mannelig, realmente interesante y agradable el blog.