Para aplicar correctamente las reglas de acentuación ortográfica es imprescidible determinar primero con exactitud cuál es la sílaba tónica.
La maestra que me enseñó a escribir los acentos nos tuvo primero a toda la clase un par de sesiones practicando hasta que fuimos capaces de dar con la sílaba en cuestión. Para ello tomábamos palabras aisladas que leíamos silabeando de forma muy enfática, como si cantáramos, y exagerando cada vez la pronunciación de una sílaba diferente hasta que atinábamos con la que, de manera natural, se dejaba sostener y pronunciar con más fuerza. Así, se podía apoyar toda la fuerza de la pronunciación y de la melodía en ji-RAAA-fa, demorándose en la sílaba intermedia, pero sonaba raro hacer lo mismo con JIIII-ra-fa o con ji-ra-FAAA. Habíamos encontrado la sílaba que tenía el acento.
¿Había alguna base científica en aquel ejercicio? La tenía, claro que la tenía. Para empezar, era correcto que nos hicieran practicar con palabras aisladas. La unidad a la que se le aplican las reglas de acentuación es la palabra individual, por lo que es esta la que se ha de tomar como punto de partida. Además, todas las palabras tienen acento prosódico cuando se pronuncian aisladas, pero no así en la cadena hablada, donde se alternan palabras tónicas y palabras átonas. Por último, hay que tener en cuenta que el acento fónico combina tres características: una mayor fuerza o tensión al pronunciar la sílaba a la que afecta, una mayor duración y un contraste melódico con el resto de la cadena hablada. De estos tres, el que más típicamente se asocia con el acento del español es el primero, pero eso no quita para que vaya acompañado de los otros dos. Cuando cantamos las sílabas prolongándolas y enfatizándolas, lo que logramos es presentar de forma exagerada y claramente perceptible lo que de manera inconsciente y a toda velocidad hacemos en cualquier enunciado.
No lo debió de hacer demasiado mal mi maestra porque las reglas que aprendí con ella son las que he seguido aplicando hasta hoy. Más tarde he ido agregando casos excepcionales, relacionados sobre todo con la tilde diacrítica, he repasado y he ido poniéndome al día de las sucesivas novedades que han ido introduciendo las Academias, pero la base nunca me hizo falta cambiarla. Nunca les estaré lo suficientemente agradecido a ella y a las otras profesionales que con sus enseñanzas, pero sobre todo con su exquisito ejemplo lingüístico, me fueron ayudando a entender cómo se debía hablar y escribir en español.
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18 de enero de 2012 a las 16:32
Creo que se te ha colado una tilde, en el tercer párrafo:
…,por lo que es esta [sic] la que se ha de tomar como punto de partida.
“esta”, al ser pronombre, debería ir con tilde, ¿verdad?
A propósito, estaría bien una entrada en el blog en la que te extendieras sobre esos latinismos (como el “sic”) a los que nos tienen tan acostumbrados en periódicos y otras publicaciones. Siempre he sentido curiosidad.
Por lo demás, como siempre, excelente blog.
¡Saludos!
21 de enero de 2012 a las 19:56
Claro, por esta percepción tan sencilla es por lo que me dí cuenta de que las normas de acentuación son arbitrarias y no tienen lógica ni fundamento, porque no olvidé lo importante, que son los acentos de las palabras. Ningún niño aprende las normas con esto, la cuestión es que nos cuentan después que nos lo creemos. Este relato es para darse brillo, como si las dificultades vinieran de ahí, y la justificación de las reglas estuviera en ello.