Archivo para la categoría ‘escritura’
No se separa el sujeto del verbo con coma
10 de Enero de 2010
Una de las faltas de puntuación más extendidas consiste en separar el sujeto del verbo con una coma. Un ejemplo de esto lo pudo ver toda España en Nochevieja por televisión. Una empresa pagó una millonada por ponerle este subtítulo al reloj de la Puerta del Sol mientras dos pelotitas se zampaban las uvas al son de las campanadas:
Empezar un nuevo año con ilusión, no tiene precio
El sujeto de esa oración es Empezar un nuevo año con ilusión y quien ha plantado ahí la coma ha caído en una vieja trampa.
A muchos nos han enseñado que la coma sirve para representar en la escritura las pausas de la pronunciación. Eso, que era cierto en la Edad Media, hoy ya no lo es tanto. A lo largo de la historia, las lenguas europeas han ido evolucionando desde sistemas de puntuación que reflejaban la oralidad hacia otros más abstractos cuya función consiste ante todo en dar pistas sobre la estructura de las oraciones y del texto.
Entre el siglo XVIII y el XIX, Goethe se peleaba con sus editores porque él puntuaba de oído sus obras de teatro —no precisamente por ignorancia sino para orientar a los actores sobre cómo quería que dijeran el texto—. La pelea venía porque en aquella época el alemán ya había realizado la transición a un sistema de puntuación sintáctico (y la puntuación del alemán es extremada en su sintacticidad).
Pues bien, en nuestro ejemplo ha habido también una lucha entre la intención comunicativa y la corrección ortográfica en la que ya sabemos quién ha salido peor parado. Uno de los lugares donde tiende a intercalarse una pausa en la lengua oral es justamente entre el sujeto y el verbo (sobre todo si aquel es largo) y toda la gracia de ese eslogan se pierde si no se marca bien la pausa, como sabrán quienes lo hayan oído.
Dicho esto, lo único que puedo añadir es que los textos de Goethe hoy los conocemos con las comas que les fueron poniendo sus editores y que si la ilusión no tiene precio; la ortografía, probablemente, tampoco.
[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, No se separa el sujeto del verbo con coma]
¿Qué es un logograma?
18 de Diciembre de 2009
Un logograma es un signo que representa por sí solo un significado de una lengua (normalmente, el significado de una palabra).
El clásico ejemplo de logograma son los caracteres de la escritura china. En esta entrada, sin ir más lejos, tenemos el carácter para ‘árbol’. En él se aprecia aún la relación icónica con el árbol, a pesar de milenios de estilización y convencionalización. Lo que más fácilmente se identifica todavía son, probablemente, las raíces.
Es importante aclarar que este signo no representa directamente la realidad árbol, sino que se trata de una relación mediada: el carácter remite a un significado de una lengua que, a su vez, remite a una realidad extralingüística. Lo interesante aquí es que la escritura logográfica no representa la pronunciación sino el sentido, por lo que no suele ser demasiado complicado trasplantar estos sistemas de escritura de unas lenguas a otras. De hecho, la escritura china se empleó para escribir varias lenguas orientales y todavía hoy es uno de los diversos sistemas de escritura que coexisten en japonés.
Una complicación inherente a la logografía es la proliferación de signos. En la imagen se puede ver una máquina de escribir japonesa con una gran bandeja para seleccionar uno a uno los caracteres que se han de mecanografiar. Y en esta bandeja solo están los más frecuentes, porque se necesitan miles para leer y escribir. Para que nos hagamos una idea, un niño en Japón tiene que ser capaz de leer y escribir 1 000 caracteres al terminar la escuela primaria y 2 000 al término de la secundaria; pero con eso tampoco vamos demasiado lejos, porque para enterarnos de lo que pone en el periódico tenemos que dominar del orden de los 5 000. Aprender a leer y escribir se convierte así en un proceso que dura toda la vida.
Y llegados aquí, quizás te estés preguntando: “¿Pero esto no era un blog de lengua española? ¿Qué hacemos hablando del chino y el japonés?”. Pues bien, todo tiene su razón de ser. También nuestra escritura incorpora signos logográficos, aunque no sean, desde luego, los casos centrales, es decir, los casos en los que primero piensa uno cuando tiene que poner un ejemplo. El español y cualquier otra lengua con escritura alfabética cuenta con una serie de signos que representan un significado completo. Prueba a leer los siguientes y lo verás: 2, €, $, %, ∞, √.
Se cumple aquí también lo que decíamos arriba para las escrituras propiamente logográficas: los caracteres son fácilmente trasplantables a lenguas diferentes. De hecho, todos los signos del párrafo anterior son internacionales. Los reconocen por igual un argentino, un italiano, un polaco o un ruso, pero los leen de forma muy diferente, pues cada uno dará la versión en su lengua.
Por cierto, para quien se haya quedado preocupado con la máquina de escribir: los móviles chinos y japoneses no necesitan un teclado así para mandar un SMS. Tampoco los ordenadores portátiles vienen con un cajón de teclas. Hoy existen muchos tipos de software que permiten pasar de una escritura alfabética a una logográfica.
Y hasta aquí hemos llegado. Espero que este artículo haya servido no solo para satisfacer la curiosidad sino también para que reflexiones sobre la escritura de nuestra lengua, que puede ser más compleja y más rica de lo que en principio pensamos.
Nota: el carácter chino para árbol ha sido publicado por Magna bajo licencia Creative Commons 2.5 genérica reconocimiento-compartir bajo la misma licencia.
[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, ¿Qué es un logograma?]
Desajustes entre sonido y escritura
15 de Julio de 2009
El ideal de una escritura alfabética es que se dé una correspondencia biunívoca entre grafemas y fonemas, es decir, que a cada fonema le corresponda una letra (y solo una) y viceversa. En la práctica es raro que esto sea así.
El español ocupa una posición intermedia a este respecto entre lenguas con una gran distancia entre su escritura y su pronunciación, como pueden ser el inglés y el francés, y otras con una correspondencia muy estrecha, como el italiano y el checo. En nuestra lengua no siempre es posible determinar la escritura de una palabra a partir de su pronunciación, pero sí que se sabe siempre cuál es la pronunciación a partir de la grafía.
Son varios los tipos de desajuste que nos encontramos:
a) Una letra puede representar alternativamente dos fonemas diferentes. Esto es lo que se conoce como homografía. En el español de Castilla, que es el que habla este humilde escribiente, el grafema <c> puede representar los fonemas /k/ (como en casa) o /θ/ (como en cera), dependiendo de la vocal que aparezca a continuación.
b) También puede ocurrir que un fonema esté representado alternativamente por dos o más letras, un fenómeno que se denomina heterografía. Por ejemplo, en gerente, jarana y México, los grafemas <g>, <j> y <x> remiten a un mismo fonema, que en notación fonológica escribimos como /x/. Lo mismo podemos decir de <b> (burro) y <v> (vaca) respecto de /b/.
c) A veces el desajuste viene porque hace falta escribir una secuencia de dos letras para representar un único fonema. Así, en carro, cacho y queso, tenemos representaciones complejas para fonemas simples. Esto se conoce como digrafía.
d) También existe el caso contrario: una única letra para una secuencia de dos sonidos. Es lo que ocurre con la pronunciación de la <x> en examen.
e) Y por último tenemos una letra que no representa ningún fonema: <h>, como en harina. La hache se escribe porque se pronunció y es un buen ejemplo de etimología en la ortografía.
Ni que decir tiene que tales desajustes dan pie a numerosas faltas de ortografía, como sabe cualquiera que haya tenido que corregir un examen (o a quien se lo hayan devuelto corregido). Y si quieres contar tus aventuras y desventuras al respecto, puedes explayarte a tu gusto en los comentarios.
Pronunciación de la equis
16 de Abril de 2009
La x presenta varias pronunciaciones diferentes. Es uno de los puntos en que aparecen desajustes entre escritura y pronunciación en nuestra lengua.
La primera posibilidad es pronunciarla como [ks]. Esto ocurre sobre todo cuando va entre vocales, por ejemplo, examen [eksámen], taxi [táksi]. Más relajada y también correcta es aquí la pronunciación [gs]: [egsámen, tágsi]. En este contexto se pueden oír también versiones simplificadas en [s], pero se perciben como vulgares o, en el mejor de los casos, muy informales: [esámen, tási].
Las realizaciones [ks] y [gs] también son posibles cuando la x va seguida de consonante, como en texto [téksto]. Esto es frecuente en las variedades americanas del español. En España esa pronunciación se reserva para el discurso esmerado o enfático. Lo corriente es pronunciar aquí simplemente [s]: [tésto]. Esta simplificación es impecable desde el punto de vista de la norma.
También encontramos la pronunciación [s] en posición inicial de palabra, generalmente en helenismos como xenofobia [senofóbia] y xilófono [silófono], aunque nuestros amigos mexicanos también ponen su granito de arena con algún nombre como Xochimilco [sochimílko]. La pronunciación [ks] en esta posición no solamente resulta difícil para los hablantes de castellano, sino que se siente claramente como pedante.
Y hablando de México no debemos olvidar que México, Texas y Oaxaca se dicen, respectivamente, [méjiko, téjas, uajáka] y nunca [méksico, téksas, oaksáka]. La pronunciación de x como jota también rige para algunos nombres propios de persona que mantienen esta letra como arcaísmo gráfico, por ejemplo, Ximénez [jiménez]. No obstante, siempre es prudente en casos semejantes atenerse a lo que digan los interesados (no vamos a venir aquí a decirle a nadie cómo se llama).
Por último, una lectora me explicaba un día en un comentario que, además, en algunos nombres mexicanos se encuentra la pronunciación [sh] (como en inglés she o francés chez) y me ponía como ejemplo Xola [shóla], que hasta donde he podido averiguar es una estación de metro de la Ciudad de México.
Como ves, la pronunciación de esta letra tiene sus complicaciones. He procurado exponer los casos más importantes, pero si se te ocurre alguno más, te invito a que nos lo cuentes en los comentarios para que podamos hablar entre todos sobre él.
Origen de la b
7 de Abril de 2009
La b, como todas las letras de nuestro alfabeto, tiene una larga historia detrás. Los signos con los que se escribe una lengua guardan el recuerdo histórico de las culturas que los han empleado.
Signo egipcio casa
El origen remoto de nuestra b hay que buscarlo en el signo que en la escritura egipcia representaba una casa. Probablemente se trataba de la planta de la edificación, con las paredes y la puerta, como se puede apreciar en la imagen.

Beth fenicia
La estilización de este dibujo da lugar al signo fenicio para la sílaba beth. En la nueva versión es fácil reconocer la casa pero con un trazo doblado hacia dentro. El signo mira hacia la izquierda porque el fenicio se escribía de derecha a izquierda. La escritura de los fenicios se diferenciaba de la nuestra en que no representaba sonidos individuales sino sílabas completas.
Beta griega
Los griegos aprenden a escribir de los fenicios, pero adaptando el silabario para representar sonidos individuales, es decir, inventan la escritura alfabética. Al hacerlo se quedan solamente con el primer sonido de la sílaba. De ahí sale la beta, que conserva el nombre fenicio, pero ya solamente representa el fonema “b”.
Los etruscos, a su vez, empiezan a escribir su lengua copiando y adaptando las letras griegas. Lo que más nos importa de esto es que más adelante le pasarán la b a un pueblo de pastores que dará mucho que hablar: los romanos. De ellos heredamos esta letra nosotros y todos los pueblos que escriben con el alfabeto latino.
Heterografía
21 de Enero de 2009
Uno de los desajustes que se pueden dar entre la pronunciación y la escritura es que un fonema o secuencia de fonemas se pueda escribir de maneras diferentes. Esto es lo que se denomina heterografía.
Ocurre en nuestra escritura, por ejemplo, con el fonema /b/, que admite las grafías <b> y <v>. Las palabras baca y vaca se pronuncian exactamente igual, es decir, son heterógrafos de /báka/. Otro tanto se puede decir de <g> y <j> en las secuencias <ge>, <gi>, por un lado, y <je>, <ji>, por otro lado.
En las variedades seseantes del español, es decir, en la mayoría, se multiplican los casos. Así, <za>, <zo>, <zu> y <sa>, <so>, <su> son heterógrafos de /sa/, /so/, /su/. Un sevillano leerá igual Me voy de caza y Me voy de casa. Por eso, para evitar disgustos familiares (y alguna que otra alegría) se ha convertido en habitual decir Me voy de cacería.
No hay que ser ningún águila para darse cuenta de que la heterografía es fuente de abundantes faltas de ortografía. ¿Quién no ha dudado alguna vez entre coger y cojer?
No se agotan con esto los ejemplos que se podrían proponer, pero como ya es tarde y voy estando cansado, dejaré que los amables lectores los anoten abajo como comentario. A ver quién es el primero.
Origen de la cedilla (ç)
10 de Diciembre de 2008
El origen de nuestra actual cedilla está en la zeta con copete visigótica. El copete era un trazo de adorno con el que se remataba la letra, como se aprecia en la imagen.
Con el tiempo, el adorno se va agrandando y el cuerpo se va atrofiando hasta quedar reducido a un rabito. Sin embargo, todavía hoy se puede reconocer en este la zeta originaria si se amplía muchísimo la letra. Puedes hacer la prueba: vete al procesador de textos y escribe una cedilla en un tipo Times con un tamaño de 72 puntos o más. Lo verás claramente. De hecho, en el nombre cedilla se identifica fácilmente el diminutivo de zeda, que es una variante del nombre zeta.
Esta letra se utilizó en castellano. Se podía encontrar en palabras como cabeça, mançebo o braço. La Academia la eliminó de nuestra ortografía en el siglo XVIII, pero se sigue utilizando para escribir otras lenguas peninsulares. Piénsese en el catalán braç o en el portugués braço (ambos, ‘brazo’). Desde este extremo de Europa saltó a otras lenguas y hoy se utiliza, por ejemplo, en la escritura del francés (garçon ‘chico’) y el turco (türkçe ‘turco’).
Las letras dan testimonio de la historia de la cultura. Todo es cuestión de saber leer en ellas.
Dos sonidos en una letra
26 de Noviembre de 2008
Uno de los desajustes posibles entre sonido y escritura es que una sola letra represente una secuencia de sonidos. En nuestra lengua tenemos el caso de equis, que lleva dentro la secuencia [ks]:
<x> se pronuncia [ks]
Por ejemplo:
<examen> se pronuncia [eksámen]
El ideal de una escritura alfabética es que haya una grafía y solo una para un sonido y viceversa. En la práctica, raramente se encuentran sistemas de escritura que cumplan esto (si es que hay alguno). Esta correspondencia se ve alterada también por otros fenómenos como la digrafía, trigrafía, heterografía, etc.
Descárgate la “Ortografía de la lengua española”
13 de Octubre de 2008
La Ortografía de la lengua española es el estándar de escritura correcta para todo el mundo hispánico. La actual edición es de 1999 y fue elaborada por la Real Academia Española en colaboración con las otras 21 Academias de la Lengua Española y con el consenso de estas.
La primera versión es de 1741. Las reglas ortográficas académicas se oficializaron en España en 1844 por Real Orden de Isabel II.
La Real Academia Española pone a nuestra disposición el documento íntegro gratuitamente en Internet. Para descargarlo sólo tienes que pinchar en el siguiente enlace:
Descargar Ortografía de la lengua española (pdf, 1,3 MB)
Ahora ya sólo te queda consultarla.
Dígrafos: dos letras para un sonido
16 de Septiembre de 2008
Un dígrafo es una combinación de dos letras que representa un único sonido. En la ortografía castellana hay varios:
ch como en charco
ll como en calle
rr como en carro
qu como en querer
gu ante e, i como en guerra, guitarra
Este es uno de los posibles casos de desajuste entre sonido y escritura. En una escritura alfabética ideal, a un sonido le corresponde una sola grafía y viceversa. Sin embargo, en la práctica, son pocos los sistemas ortográficos que se ajustan a este principio.
Algunos de nuestros dígrafos se introducen porque el alfabeto latino estaba pensado para escribir eso: el latín. En castellano surgen algunos sonidos nuevos que hay que escribir de alguna forma. Una solución es juntar dos letras. Es lo que se hizo con ch. Si nos fijamos en otras lenguas de nuestro entorno (descendientes del latín o no), comprobaremos que el problema de cómo representar este sonido se les planteó también. Cada una optó por una solución diferente dentro de un abanico de posibilidades. Algunas unieron dos grafemas, como nosotros:
Italiano: cioccolato ‘chocolate’
Polaco: czekolada ‘chocolate’
Otras juntaron tres:
Francés: tchèque ‘checo’
Y otras, hasta cuatro (por letras, que no falte):
Alemán: Tschetschenien ‘Chechenia’
Otros, en cambio, optaron por modificar una letra ya existente añadiéndole un signo diacrítico:
Checo: čokoláda ‘chocolate’
Como decía, en todos estos casos, la dificultad de partida es la misma: queremos escribir una lengua con un alfabeto que estaba preparado para otra y hay que acomodar de alguna forma los sonidos que no estaban previstos.
Otras veces, en cambio, es el apego al latín lo que nos ha hecho mantener dígrafos que en principio serían innecesarios. Se trata de casos de etimología en la ortografia. Hoy escribimos querer con qu porque en latín quaerere se escribía así. En latín esa u se escribía porque sonaba; en castellano se escribe porque sonó.
Siempre que se ha propuesto una reforma ortográfica, formaba parte del programa eliminar los dígrafos o al menos reducir su número. Pero de eso ya hablaremos otro día, que por hoy ya está bien.