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Escribir un blog: sé claro

El artículo de hoy es un avance de un libro en el que estoy trabajando con un grupo de amigos. Va a ser una guía completa para quien quiera escribir un blog y espero que esté disponible antes de que termine 2014. El fragmento que viene a continuación forma parte de las pautas para redactar en Internet:

Contar banalidades de manera enrevesada está al alcance de cualquiera. Lo difícil es presentar con claridad lo que resulta complicado. Para explicar algo bien, no hay como entenderlo bien. Al revés también vale: nada como verse en la necesidad de enseñar una materia para llegar a comprenderla. Así se han hecho los maestros que en el mundo han sido (e incluso algunos profesores).

Parte de la claridad está en acertar con las palabras. Hay que preferir las que son de uso común, es decir, quedarse en el medio y huir de los dos extremos: lo rebuscado y lo vulgar. Y si no hay más remedio que irse a los extremos, siempre será mejor lo vulgar; pero entonces no hay término medio que valga: tendrás que ser rematadamente vulgar. Si nos vemos obligados a echar mano de algún término un poco más complicado, no está de más explicarlo brevemente o enlazar a alguna página que lo explique*.

En el mundo de la imprenta hubo quien llegó a labrarse una reputación a base de ser oscuro. Nunca fue lo más recomendable, pero se hacía. En el mundo de Internet está por ver si alguien será capaz de lograr lo mismo. Si te enteras de alguien, avísame. Me interesa.

La claridad no es solamente una exigencia de la escritura en Internet. Siempre lo ha sido, aunque muchas veces salía maltratada, sobre todo en la Administración.

*Gracias, Viviana, por tu aportación.

El vocabulario en correos electrónicos

El vocabulario de los correos electrónicos debe ser sencillo y claro. Conviene huir tanto de los términos rebuscados como de los vulgares. Hay que tener en cuenta que los escritos de este tipo, por su naturaleza, se asemejan mucho a la lengua oral, así que debemos imaginárnoslos más como una explicación que estamos dando a alguien de viva voz que como una carta y elegir nuestras palabras en consecuencia.

Cuanta más confianza tengamos con la persona a la que escribimos, más coloquial se irá volviendo nuestro vocabulario, pero no pierdas de vista una cosa. Aunque el tipo de texto se acerque a la oralidad, no es verdaderamente oral. Expresiones malsonantes que en la comunicación cara a cara no llaman demasiado la atención, resultan más fuertes por escrito y se prestan a malentendidos. El uso de emoticonos puede ayudar, pero no sustituye la riqueza de matices de la entonación, los gestos, el tono de voz, etc.

Utiliza un poco el sentido común y evitarás tanto el que no te lean como el meterte en situaciones desagradables.

Lee mi próximo libro mientras lo escribo

Te invito a acompañarme en una aventura. Quiero escribir un nuevo libro. No sé muy bien adónde llegaré. Quién sabe si será bueno o malo. Tampoco hay garantías de que interese a nadie. Lo único que tengo de momento es un título que además es provisional:

Cómo escribir un blog y que te lean

Bueno, en realidad lo que tengo es un montón de ideas sueltas, algunas notas desordenadas y muchas experiencias que he ido acumulando desde 2007, cuando comencé a publicar el Blog de LenguaYa ves el programa que te ofrezco.

Y sin embargo puede merecer la pena. Algo puede salir de aquí. Busco unos cuantos valientes que me ayuden a explorar este continente, que estén dispuestos a leer un libro imperfecto a medida que se escribe. Si quieres estar ahí, envíame un correo a albertobustos@lengua-e.com y cuéntame algo sobre ti y por qué quieres meterte en este lío.

Si estás en el barco, el viernes 13 de diciembre tendrás noticias mías. Ya ves qué día para zarpar.

La ortografía en correos electrónicos

La comunicación electrónica es rápida, es inmediata, es directa; pero eso no es excusa para que aparezca descuidada y plagada de errores. Igual que es rápido escribir, es rápido corregir. Gracias a la escritura electrónica, la corrección es hoy más fácil que nunca. Todo es cuestión de que te tomes el trabajo de releer los correos antes de enviarlos.

Debemos cuidar la ortografía por respeto a nuestro destinatario y a nosotros mismos. El que haya reglas para escribir no es un capricho. Están ahí porque facilitan la lectura y la comprensión. Cuando enviamos a alguien un correo con incorrecciones ortográficas, le estamos obligando a hacer un esfuerzo suplementario para entendernos. Pero además le estamos poniendo en apuros ortográficos a él mismo porque un factor fundamental para la fijación de la ortografía es leer textos en los que esta es correcta. Es como si alguien acaba de pasar la aspiradora y tú le llenas el suelo de barro.

Por lo que te toca a ti directamente como autor, debes tener en cuenta que ese correo electrónico es tu tarjeta de visita. Las incorrecciones ortográficas te quitan la credibilidad que pudieras tener y hacen menos efectivos tus escritos. ¿Cómo te quieres presentar? Esa es la cuestión. En las cosas grandes la gente se presenta como cree que se debe presentar. Es en los detalles donde se muestra como es. Por eso la ortografía resulta fundamental en la correspondencia profesional. Si alguien te promete un servicio excepcional o la ejecución impecable de un proyecto, pero no se toma la molestia de releer veinte líneas, ¿qué puedes esperar?

Hay un tipo de faltas de ortografía que afecta a nuestra propia persona. Todos los días recibo correos electrónicos con el nombre del remitente en minúsculas. Pues bien: si tú te pones en minúsculas, los demás te verán en minúsculas.

Los correctores ortográficos no sustituyen a un buen diccionario. Ante las dudas ortográficas, debes apoyarte en uno. Tienes a tu disposición nada menos que el Diccionario de la lengua española en la página web de la Real Academia Española.

Tampoco menosprecies los errores de mecanografía. No son tan preocupantes como las verdaderas faltas ortográficas, pero también hablan, también explican cosas sobre ti.

Créeme, no se puede escribir de manera efectiva sin corrección ortográfica.

Los correos electrónicos masivos y las cadenas

Solo debemos enviar correo electrónico a quien lo quiere leer. Además, nuestros correos deben ser personales y relevantes.

Teniendo en cuenta esto, comprenderás que la mayor parte de las cadenas de correos son totalmente prescindibles. Me refiero a ese tipo de mensajes que nos amenazan con el hundimiento del mundo (o desgracias aún peores) si no se los reenviamos a todos nuestros contactos. Antes de enviar un correo de este tipo o de cualquier otro, pregúntate si sus sufridos receptores pueden tener algún interés en recibirlo. Si te parece poco probable, déjalo.

Esta exigencia también es aplicable al correo masivo. No hay mejor sordo que el que no quiere oír. De nada sirve recopilar direcciones de correo electrónico para bombardear con spam a personas que no están interesadas en recibir esos mensajes. Solo debemos enviar correos masivos a quienes nos hayan dado permiso para que los incluyamos en algún tipo de lista y aun así solamente debemos enviar el tipo de correo para el que nos han autorizado y con una frecuencia sensata. Además, siempre hay que dar la posibilidad de borrarse fácilmente de la lista.

Cualquier otra cosa solo sirve para molestar y para que nuestras direcciones acaben en las listas negras de spam.

La despedida en correos electrónicos

La cortesía nos lleva por lo general a cerrar un correo electrónico con una fórmula de despedida. Para emplear correctamente estas fórmulas debemos considerar, como mínimo, tres aspectos (no me atrevo a llamarlos problemas):

1. La posición,

2. la fórmula en sí,

3. la puntuación.

En cuanto a la posición, la lógica nos dice que la despedida aparecerá tras el cuerpo de nuestro mensaje. Cuando hemos acabado de contar lo que teníamos que contar a nuestro destinatario, nos despedimos de él. Esta despedida se coloca en línea aparte:

Atentamente,

[firma]

Tras la fórmula de despedida, lo normal es que aparezca la firma de quien envía el correo, como se muestra en el ejemplo de arriba. Todos los ejemplos que encontrarás abajo llevan implícita la idea de que van firmados a continuación.

En correos muy breves (los famosos correos de un solo párrafo) la despedida y la firma se pueden integrar excepcionalmente en un único bloque con el resto del mensaje.

Las fórmulas que se pueden emplear son de lo más variado. Dependen del grado de formalidad del mensaje y de la confianza que tengamos con nuestro destinatario. No es lo mismo un mensaje que se envía a, digamos, un cliente o un profesor que el que tiene como destinatario a un amigo. Dentro de los correos más formales tampoco nos tratamos igual con la misma persona la primera vez que escribimos que cuando llevamos ya meses o años de correspondencia electrónica y de relación profesional, académica, etc. En esto, las convenciones de la escritura reproducen las de la vida cotidiana.

Incluyo a continuación, con valor meramente ejemplar, algunas despedidas formales:

Atentamente,

Un atento saludo,

Reciba un saludo de

Le saluda cordialmente

La variación es grande a lo largo y ancho del mundo hispánico, pero, en general, las despedidas de los correos electrónicos no alcanzan el mismo grado de formalidad y elaboración que las despedidas de la correspondencia postal. La tendencia en la comunicación electrónica es a la simplificación y al mensaje directo.

Para las despedidas informales, la variación es mayor aún. Podemos fijarnos, orientativamente, en lo que le diríamos a esa persona si nos despidiéramos de ella en una conversación telefónica. Algunas de las fórmulas más usadas son las siguientes:

Un abrazo,

Un beso,

Besos,

La fórmula un saludosaludos ocupa hoy día una posición neutra, intermedia entre lo formal y lo informal. Podemos emplearla lo mismo con un amigo que con un destinatario al que tratamos con deferencia, pero con una cierta confianza.

La mayoría de los ejemplos anteriores son de fórmulas breves. Las despedidas breves y directas suelen ser las más efectivas. No te recomiendo que te alargues en la despedida. No obstante, existen también fórmulas elaboradas, que tienen estructura de oración. No son las preferidas, pero también pueden ser útiles porque el introducir algo de variación puede servir para reforzar el final del mensaje al añadir un poco de énfasis. Vamos a ver algunos ejemplos de fórmulas elaboradas:

Reciba un atento saludo.

Le saluda afectuosamente

Se despide de ti tu amigo

Le envío desde aquí todo mi afecto y agradecimiento.

La variación puede venir por la utilización de una fórmula nueva, pero también por algo tan simple como variar alguna palabra dentro de una fórmula acostumbrada o, simplemente, jugar con el orden de las palabras dentro de los límites que nos permite la gramática. Si siempre te despides con un fuerte abrazo, manda hoy un abrazo fuerte y verás cómo se siente el abrazo de nuevo.

Cuando se encadena una serie de correos muy rápidos sobre un mismo tema, no hay mayor problema en que en algún punto de la serie renunciemos a la fórmula de despedida. Así agilizamos la comunicación y evitamos ser repetitivos.

El tercer aspecto de la cuestión es el de la puntuación de las despedidas. Probablemente te ha llamado la atención a estas alturas el ver que el uso de los signos de puntuación al final de estas fórmulas va variando. Esta es una cuestión con suficiente entidad como para dedicarle un artículo propio. Sigue el enlace anterior y lo encontrarás.

Y ya no me queda nada más que decir, como no sea esto:

Un saludo de vuestro amigo

Alberto

Puntuación en fórmulas de despedida

No hay reglas de puntuación especiales para las fórmulas de despedida que aparecen al final de cartas y correos electrónicos. Lo más normal será que las cerremos con coma. Ocasionalmente, es posible que no aparezca ningún signo de puntuación al final o que sea necesario un punto.

Para simplificar la presentación voy a diferenciar entre fórmulas breves y fórmulas elaboradas.

Las fórmulas breves del tipo atentamente, saludos, un saludo, un abrazo, besos, etc., se cierran con una coma:

Atentamente,

[firma]

Un saludo,

[firma]

Este es el uso establecido y además esa coma se explica fácilmente como un caso de coma para marcar una elisión. Estas fórmulas de despedida son, con diferencia, las más frecuentes. Si recordamos este uso, tendremos resuelto el 80% de los casos.

Para las fórmulas elaboradas nos atendremos a lo que dispongan las reglas generales de puntuación en cada caso. El que la firma aparezca separada en línea aparte no da pie a ningún uso especial de los signos de puntuación. Simplemente tenemos que fijarnos en cómo quedaría la puntuación si escribiéramos seguido. En ocasiones, esto nos obligará a no usar ningún signo, como en esta oración:

Le saluda atentamente Sisebuto Nonato

Trasladado al final de una carta o correo electrónico, esto se convierte en:

Le saluda atentamente

Sisebuto Nonato

Detrás de la firma no se escribe punto (véase la regla correspondiente siguiendo el enlace).

Más claro todavía es este otro ejemplo:

Reciba un atento saludo de Sisebuto Nonato

Esto da lugar a esta estructura al final de una carta o correo electrónico:

Reciba un atento saludo de

Sisebuto Nonato

Otras veces, la estructura de la redacción nos obligará a utilizar un punto:

Aprovecho para enviarle un cordial saludo. Sisebuto Nonato

Si lo ponemos en líneas separadas queda así:

Aprovecho para enviarle un cordial saludo.

Sisebuto Nonato

No obstante, la simplificación de la correspondencia y del trato social va llevando a que cada vez se empleen menos estas fórmulas elaboradas.

Y ya está. Esta cuestión no tiene más misterio.

Los emoticonos

Los emoticonos o caritas son signos icónicos que se introducen en un escrito (generalmente, electrónico) y que imitan expresiones faciales.

Emoticonos

Emoticonos

Los primitivos emoticonos eran un conjunto limitado de símbolos que se podían construir combinando caracteres del teclado alfabético, por ejemplo:

(1) :-\

(2) :-O

Enseguida, las aplicaciones informáticas empezaron a introducir la capacidad de sustituir los caracteres en cuestión por un dibujo, de modo que la secuencia de dos puntos y paréntesis de cierre se convierte automáticamente en una cara sonriente :) o la de dos puntos y paréntesis de apertura en un rostro con expresión enfadada: :(.

El nombre procede del inglés y combina dos raíces:

Emotion + icon = emoticon

Se trata, por tanto, de símbolos que tienen como función el introducir factores emocionales y subjetivos en el texto escrito. Su aportación se sitúa en el ámbito de la función expresiva dentro del modelo del lenguaje de Bühler. Es decir, los emoticonos no están ahí para transmitirnos una información objetiva sobre la realidad extralingüística, sino que sirven para dejar traslucir las emociones y la subjetividad de quien escribe, para que este se posicione respecto de lo que dice.

Estos signos intentan compensar carencias del código escrito en comunicaciones escritas que están permeadas de características de lo oral. Llenan una laguna y resultan de utilidad porque guían al lector en la interpretación del mensaje, sobre todo en lo que atañe a la intención de quien lo escribió.

Los emoticonos son independientes de cualquier lengua porque no representan una palabra concreta de una lengua concreta, sino una idea completa del tipo ‘me alegra esto’ :) o ‘me dejas de piedra’ 8O . Constituyen, como tales, una manifestación de la escritura ideográfica que, curiosamente, la tecnología ha reintroducido en las lenguas de escritura alfabética al cabo de miles de años.

En los últimos años el conjunto ha ido ampliándose hasta desbordar el ámbito de lo que propiamente podemos denominar emoticonos. Las modernas aplicaciones de mensajería instantánea incorporan amplios conjuntos de iconos que ya no se introducen tecleando, sino seleccionándolos directamente y que van más allá de las expresiones faciales. Así es como nuestra comunicación electrónica se ha ido poblando de jarras de cerveza, manos aplaudiendo y coches de carreras.

Esto supone avanzar en el desarrollo de un sistema paralelo de escritura ideográfica que complementa las posibilidades de la escritura alfabética. Los nuevos signos trascienden lo puramente expresivo y se van adentrando en la representación de realidades del mundo, a la manera de los primitivos sistemas pictográficos, en que los símbolos mantenían una relación icónica de semejanza con los objetos representados. Además, de manera análoga a lo que sucedía con estos antiguos sistemas de escritura, el icono es ambivalente, pues puede representar el objeto que allí aparece o alguna actividad en que interviene de manera prototípica dicho objeto. Por ejemplo, si yo inserto en un mensaje un coche de carreras rojo, será el destinatario quien tenga que decidir por el contexto y por su conocimiento del mundo si quiero decir que me he comprado un Ferrari o que acudo raudo y veloz.

Es también interesante constatar que estas innovaciones en la escritura, con su paso de lo subjetivo a lo objetivo, repiten a escala colectiva el mismo recorrido que hace cada ser humano como individuo. Un niño, antes de poder comunicarnos nada sobre las cosas del mundo, nos manifiesta con llantos y carantoñas sus estados de ánimo, sus sentimientos, lo que se mueve en su interior. Todo parece indicar que esta es la secuencia que se tiene que dar necesariamente cada vez que se emprende la aventura del representar.

Los signos de puntuación en correos electrónicos

La puntuación es tan importante en un correo electrónico como en cualquier otro mensaje escrito. Es más, este es un tipo de texto en el que se percibe claramente el dominio de los signos de puntuación que tiene el autor.

Dominar la puntuación significa saber, para empezar, que hay estilos de puntuación anchos y estilos estrechos. Vamos a ver a qué me refiero.

En español hay una parte en el uso de los signos de puntuación que depende de la voluntad del redactor y es, por tanto, una cuestión de estilo. Cuando puntuamos un texto, nos vamos a encontrar con un puñado de signos que obligatoriamente tienen que aparecer en ciertas posiciones, pero también con un número bastante amplio que podemos emplear facultativamente.

En una puntuación estrecha se marca al máximo la estructura de las oraciones y del texto. No se deja nada o casi nada a la interpretación del lector, que lo único que tiene que hacer es ir siguiendo el rastro de comas, puntos, paréntesis, rayas y demás que hemos preparado para él. En cambio, en una puntuación ancha se marca lo mínimo imprescindible: lo obligatorio y poco más. Será después el lector quien tenga que ir encontrando el camino con las señales mínimas que le hemos dejado.

Para que nos entendamos: la puntuación estrecha viene a ser como las instrucciones que nos da un navegador para ir con el coche de Madrid a Navalcarnero. Nos va a avisar en cada rotonda y nos irá anunciando los metros que faltan para cada giro. En cambio, la puntuación ancha es como preguntarle al primero que nos encontramos por la calle: “… en el semáforo giras a la izquierda y ya todo recto hasta que sales a la autovía”.

En los correos electrónicos debemos utilizar una puntuación más bien ancha por el tipo de texto de que se trata, pero hay que puntuar correctamente porque si mandamos a nuestro lector/conductor hacia la derecha cuando tiene que ir hacia la izquierda, no llegará a su destino. Las indicaciones pueden ser pocas, pero tienen que ser correctas.

El problema está en que quien posee un conocimiento limitado de los signos de puntuación es incapaz de distinguir estilos cuando escribe. No está en condiciones de tomar decisiones sensatas sobre el uso de los signos de puntuación. Bastante tiene con luchar para repartir un puñado de comas y algunos puntos que, mal que bien, le den alguna estructura al escrito (del punto y coma ni hablaremos).

La solución no está en utilizar una puntuación limitada y arbitraria, sino en aprender a puntuar adecuadamente. Si no lo hemos hecho durante la etapa escolar, tendremos que hacerlo de adultos. Nunca es tarde. Lo que no podemos pretender es puntuar perfectamente de la noche a la mañana. Hay que intentar, más modestamente, ir mejorando día a día: aprender hoy a utilizar correctamente una coma que antes se nos escapaba, atrevernos mañana con algún uso de los dos puntos. Mientras vayamos dando pasos constantes, uno detrás de otro, iremos bien encaminados. Lo que tenemos que procurar es no quedarnos parados nunca.

El correo no deseado

No hay mejor sordo que el que no quiere oír. Un principio fundamental de la comunicación efectiva consiste en dirigirnos a quien nos quiere escuchar. Por eso, de poco sirve atiborrar de mensajes el buzón electrónico de una persona que no está interesada en recibir esos mensajes.

Muchas empresas tratan de hacerse por todos los medios con direcciones de correo electrónico para bombardearnos con publicidad. Se resisten a entender que el mundo de Internet no funciona así y se arriesgan a que lo que ellos consideran publicidad acabe clasificado como spam. Cuando eso ocurre, los mensajes dejen de llegar a sus destinatarios (tanto los mensajes buenos como los malos). Cuando son muchos los destinatarios que marcan tus envíos como spam, los servicios de correo empiezan a tratar tu dirección como dirección basura.

Pero hay un riesgo mayor todavía: quien así actúa acabará irritando a sus potenciales clientes y al final se encontrará cerrada una puerta que quizás algún día alguien le abrió de buena fe.

Hay spam y hay ciertas formas de enviar correos que rayan el spam. Ahora nos toca a los particulares. Ten sentido común. Estás a punto de enviar un correo a todos los contactos de tu libreta de direcciones. ¿De verdad crees que a todos les interesa? ¿Es necesario que reenvíes esa cadena a una persona que te escribió hace tres años para interesarse por un coche que vendías?

Si no eres capaz de pensar ni siquiera en una dirección que podrías eliminar, quizás sea mejor que no envíes el mensaje.

Ah, y otra cosa: ¿tienen que estar todas las direcciones a la vista de todo el mundo?