May 192016
 

En la baraja española, la sota es una carta que representa un paje. El nombre viene del adverbio latino subtus, que significa ‘debajo’. El naipe se denomina así porque es la figura humana que está por debajo del rey y del caballo.

El elemento sota aparece en otras palabras de nuestra lengua, como sotabanco, sotavento, sotacoro o sotabarba. También lo encontramos en sotana, aunque esta última palabra es un préstamo del italiano.

 19 de mayo de 2016  , ,
May 172016
 

El condicional (cantaría) se emplea a veces para expresar suposiciones referentes al pasado, por ejemplo:

(1) Paco era un tipo simpático. Tendría poco más de veinte años.

En (1), el condicional tendría sirve para dar a entender que no estamos seguros de si la edad de Paco es la indicada. Estamos haciendo una conjetura. Compara con (2), donde se utiliza el imperfecto de indicativo:

(2) Paco era un tipo simpático. Tenía poco más de veinte años.

Aquí no hay duda ni conjetura que valga: estamos dando por cierta la edad de Paco.

El condicional de conjetura se relaciona muy estrechamente con el denominado futuro de conjetura. Si nos traemos el ejemplo (1) al presente, comprobaremos que lo que era un condicional (tendría) se desplaza automáticamente a una forma de futuro (tendrá):

(3) Paco es un tipo simpático. Tendrá poco más de veinte años.

El futuro de conjetura cumple la misma función que el condicional, pero en contextos en los que estamos hablando del presente.

El condicional de conjetura da muestra de la enorme riqueza expresiva que encierran las formas verbales del español.

May 132016
 

La palabra champú es un préstamo del inglés. Según Corominas, se documenta por primera vez en español a principios del siglo XX.

El inglés shampoo procede a su vez del hindi champo, que es un imperativo y viene a significar algo así como ‘masajea, aprieta’. Esto tiene su lógica si pensamos en la forma en que se aplica este jabón líquido cuando lavamos el pelo y el cuero cabelludo.

Por cierto, también te puede interesar saber cuál es el plural de champú.

 13 de mayo de 2016  , ,
May 102016
 

Ad calendas graecas es una expresión latina que significa ‘para cuando lleguen las calendas de los griegos’. Como veremos a continuación, los griegos no tenían calendas y por eso esta expresión se utiliza para referirse a un tiempo que nunca va a llegar. Algunos equivalentes castizos pueden ser para el día del juicio final, para la semana de los tres jueves o cuando las ranas hablen inglés. Veamos un ejemplo de uso:

(1) Que su candidatura se postergue ad calendas graecas, eso es lo que teme Alberto Ruiz-Gallardón [El País (España), 20-7-2003].

Las calendas constituían una fecha destacada para los romanos: se trataba del primer día del mes. Hasta tal punto era importante que dio nombre a todo el sistema de organización del tiempo, que todavía hoy conocemos como calendario. Pues bien, esta fecha era un invento romano que carecía de equivalente en Grecia. Por eso, dejar algo para las calendas de los griegos era lo mismo que decir que no iba a llegar nunca.

No nos vendrán mal un par de notas de uso sobre esta expresión. La pronunciación preferible es [ad kaléndas grékas], aunque también se puede decir [ad kaléndas graékas]. Ortográficamente, esta secuencia de palabras se trata como un extranjerismo crudo. Por tanto, debemos resaltarla en cursiva o, si estamos escribiendo a mano, entrecomillarla.

De todas formas, el consejo que te doy aquí es el mismo de siempre: los latinismos hay que utilizarlos con mesura. Casi siempre será más acertado recurrir a una alternativa castellana.

 10 de mayo de 2016  , ,
May 062016
 

Inferior es un adjetivo un poco especial. Equivale a más bajo y, por tanto, es un comparativo que está formado por una sola palabra o, lo que es lo mismo, un comparativo sintético. En este ejemplo se utiliza correctamente:

(1) Los resultados de nuestra empresa han sido inferiores a los del año pasado.

Lo normal es que los comparativos estén formados por dos o más palabras: más gordo, menos importante, igual de alto, etc. Como inferior se aparta de este esquema, hay quien se confunde e intenta añadirle el adverbio más. No es extraño encontrar construcciones como esta:

(2) Nuestro equipo se encuentra en los puestos más inferiores de la clasificación.

Esto es incorrecto porque inferior ya encierra la idea de ‘más’. Por tanto, para solucionar el problema de (2) tenemos que tomar una decisión. La primera posibilidad es eliminar el adverbio:

(3) Nuestro equipo se encuentra en los puestos inferiores de la clasificación.

La segunda consiste en utilizar la secuencia más bajo en lugar de inferior:

(4) Nuestro equipo se encuentra en los puestos más bajos de la clasificación.

Lo que sí se puede decir es muy inferior:

(5) La calidad de la bollería industrial es muy inferior a la de los productos artesanales.

Esto también es una peculiaridad. Los comparativos normalmente no aceptan muy como intensificador. No podemos decir muy más importantemuy mejor. El adverbio con el que se combinan es mucho: mucho más importante, mucho mejor. En cambio, inferior lo rechaza: mucho inferior.

También es especial la preposición con la que se combina. Si vuelves a leer los ejemplos (1) y (5), comprobarás que se dice inferior a. En cambio, otros comparativos nos piden la conjunción que: más importante que, mejor que. Es un error combinar inferior con esta conjunción:

(6) La calidad de la bollería industrial es muy inferior que la de los productos artesanos.

La única posibilidad correcta en (6) es inferior a.

En definitiva, inferior es un adjetivo que encierra más complicaciones de lo que pueda parecer a primera vista y, por tanto, nos puede hacer tropezar con cierta facilidad.

 

 6 de mayo de 2016  ,
May 032016
 

Esto no constituye propiamente una regla de ortografía, pero sí que es una advertencia recurrente en los tratados ortográficos y libros de estilo. Cuando se divide una palabra al llegar al final de un renglón, conviene tener cuidado porque a veces se nos puede escapar una expresión malsonante, por ejemplo:

(1) espectá-

-culo

(2) com-

-putadas

(3) sa-

-cerdote

Estos traspiés no solo ocurren en posición final de palabra. En las dos siguientes, el problema nos lo plantea el principio:

(4) caca-

-túa

(5) pis-

-tacho

Por lo general, hoy ya no nos ocupamos personalmente de hacer este tipo de divisiones. Lo normal es que deleguemos esta tarea mecánica en los procesadores de textos. Aun así, no está de más que controlemos el resultado porque de vez en cuando pueden dar algún disgusto.

Abr 292016
 

La preposición so es un fósil lingüístico que nos ha quedado en castellano. Los que tenemos una cierta edad la hemos estudiado en el colegio. Nos teníamos que aprender de memoria la lista de preposiciones, que recitábamos así, cogiendo carrerilla para llegar al final:

… sin, so, sobre, ¡tras!

En castellano antiguo, so significaba ‘bajo’ o ‘debajo de’, como en este ejemplo del siglo XIX, que emplea un lenguaje arcaizante para traducir a un clásico latino:

(1) Muchas veces en hoyos so la tierra/Cavaron las abejas sus hogares [Miguel Antonio Caro: Traducción de las Geórgicas de Virgilio, 1873, tomado de CORDE].

Esta preposición ha quedado barrida de la lengua actual. Ya solo la encontramos refugiada en algunos rincones, por ejemplo, en cuatro expresiones fijas: so pena de (2), so pretexto de (3), so capa de (4) y so color de (5).

(2)  Las nuevas normas […] obligan a los pilotos a asistir a los eventos promocionales y a las conferencias de prensa que dependan del promotor del evento, so pena de sanción económica [El País (España), 31-3-2016].

(3) So pretexto de informarnos por nuestro bien, o porque se consideran amigos nuestros, nos cuentan o hacen saber las cosas más desagradables que sobre nosotros se hayan dicho [Javier Marías: Harán de mí un criminal].

(4) Había elementos que so capa de mesura y concordia aconsejaban una política de negociación pacífica [Diario de las Américas (Estados Unidos), 4-2-1997].

(5) […] le fueron a llamar a media noche, so color de encomendarle una misión importante, y luego que le tuvieron entre las traidoras bayonetas, lleváronle al puente, donde le acribillaron [Benito Pérez Galdós: Zaragoza].

So pena de es lo mismo que bajo pena de. Se refiere, por tanto, a un castigo. So pretexto, so capaso color son variantes que significan bajo el pretexto.

Hay otro recoveco donde resiste agazapada la vieja preposición so. Se trata de algunas palabras que empiezan con ella, como, por ejemplo, solomillo. Este es el diminutivo de solomo, o sea, la pieza de carne que está debajo del lomo. También aparece nuestra amiga en soportal, socavar, sotechado, sochantre, somanta, sopapo y soterrar (por mencionar algunas).

Fuera de ahí, no hay muchos más lugares donde buscar. Si hoy utilizáramos esta preposición en algún texto, sería quizás para darle un aire antiguo. Su tiempo pasó y ya prácticamente solo nos queda su recuerdo.

Por cierto, no hay que confundir la preposición so con el so de ¡So golfo!

 29 de abril de 2016  
Abr 262016
 

Los hablantes seseantes suelen tener dificultades para diferenciar en la escritura las palabras terminadas en -xión, como conexión, y las que terminan en -cción, como destrucción. Por eso, no es raro ver escrito el nombre conexión como conección o anexión como anección.

El motivo es que para ellos ambas terminaciones suenan igual. Compara la pronunciación seseante de estas dos palabras:

(1) conexión [koneksión]

(2) destrucción [destruksión]

La buena noticia es que no hay necesidad de caer en faltas de ortografía como las indicadas, ya que podemos aplicar un sencillo truco. Las palabras que terminan en -xión siempre tienen alguna en su familia que acaba en -xo o en -jo, por ejemplo:

(3) conexión – conexo

(4) anexión – anexo

(5) crucifixión – crucifijo

(6) reflexión – reflejo

En cambio, las que terminan en -cción no tienen esas terminaciones en su familia: por más que busquemos, no las encontraremos.

El truco de arriba nos soluciona el problema de las palabras terminadas en -xión. Otro que te puede interesar es el que permite saber cuándo hay que escribir -cción-ción.

 26 de abril de 2016  ,
Abr 212016
 

El mayor peligro para un escritor no es que le copien. No es que unos piratas desalmados se adueñen de sus escritos sin pagar. No es que se aprovechen de sus ideas sin citarle. No es que el oficio no dé dinero. El mayor peligro para un escritor es que no le lean.

La mayoría de los escritores del mundo sucumbe a este peligro. Para siempre. No por falta de talento. No por falta de ideas. No por falta de voz.

En la era de la imprenta había en esto algo de necesario. El papel pesaba, costaba, ocupaba espacio. Sin el altavoz de una imprenta, de una editorial, de un medio de comunicación, tu voz solo se dejaba oír en el círculo inmediato de tus amigos, de tus conocidos, de tus familiares. No era por falta de ideas, insisto. No era por no saber expresarlas. Era así y todos entendíamos que tenía que ser así.

En la era digital las cosas han cambiado. Las ideas viajan a la velocidad de la luz apoyadas en impulsos eléctricos que se parecen a ellas por la ligereza, por la rapidez, por su condición inmaterial. Si tienes ideas, si tienes algo que decir, dilo y publícalo cuanto antes. Es la única forma de escapar al peligro.

Este artículo forma parte del libro Escribir un blog y que te lean.

 21 de abril de 2016  , , ,
Abr 192016
 

Soraya es un nombre de mujer que viene de la palabra árabe thuráyya, que significa ‘Pléyades’. Thuráyya, a su vez, procede de thariya, que quiere decir ‘abundar’. Esto es así porque las Pléyades son un cúmulo de estrellas que se concentra en un reducido espacio del cielo nocturno.

El nombre se hizo popular en Europa en la segunda mitad del siglo XX por la princesa Soraya de Persia, segunda esposa del sah.

 19 de abril de 2016  ,