Jun 072016
 

La discordia es un desacuerdo, una oposición entre personas que tienen sentimientos o deseos enfrentados. Esta palabra viene directamente del latín discordia y contiene dos elementos. El primero es el prefijo dis-, que indica separación. El segundo es nada menos que cor, cordis, o sea, ‘corazón’. La discordia es, por tanto, la situación que se da cuanto los corazones de las personas están separados, cuando sus sentimientos y voluntades se alejan.

La palabra desacuerdo, a la que nos hemos referido arriba, también contiene la raíz latina para ‘corazón’, pero en una versión más popular, que es la misma que encontramos en recuerdo. Échale un vistazo a esta otra etimología. Verás qué curiosa.

 7 de junio de 2016  , , ,
Jun 022016
 

El primer párrafo de una entrada de blog es fundamental para las personas y para los motores de búsqueda como Google. Ahí es donde cazas al lector o lo pierdes. Ahí es donde le dices al buscador de qué trata el artículo.

En estas pocas líneas debes anunciar a las claras el tema que se desarrollará en el resto del artículo. Si se te ocurre alguna manera de picar la curiosidad del lector, aquí es donde tienes que hacer uso de ella. Durante uno o dos segundos vas a disponer de toda la atención de una persona. Si la convences, se quedará; si no, saltará a otra página donde encontrará lo que quiere.

Anunciar el contenido correctamente es fundamental también para que los robots añadan tu escrito a su índice y, sobre todo, para que descubran de qué va. Eso es lo que le interesa al motor de búsqueda que los ha enviado porque así podrá ofrecer el contenido adecuado cuando un usuario le pregunte por el tema. Un fragmento del primer párrafo es lo que suele aparecer en los resultados de búsqueda justo debajo del enlace. Por tanto, es lo que van a encontrarse unos ojos humanos que están potencialmente interesados en tu contenido.

Este párrafo es de oro. Es moneda contante y sonante. Piensa bien en qué la gastas. Te doy unos ejemplos de lo que yo no haría: divagar, bromear, explayarme en consideraciones sobre entradas anteriores… Si no ofreces algo sustancial, los ojos humanos que se detuvieron en estas letras por un instante se apartarán y ya nunca recorrerán las líneas que faltan para llegar al segundo párrafo, que es donde decidiste empezar a contar algo que resultaba pertinente.

No te conformes con leer este artículo. Tienes todo un libro dedicado a explicar cómo escribir un blog y que te lean (que es la parte más complicada).

 2 de junio de 2016  , , , ,
May 312016
 

Velis nolis es una expresión latina que significa ‘si quieres como si no quieres’. Se compone de dos formas verbales: velis, o sea, ‘quieras’ y nolis, que es su negación: ‘no quieras’. La expresión se aplica a cosas que se harán (o que tendrás que hacer) tanto si quieres como si no quieres. Nada mejor que un ejemplo para entender su uso:

(1) El magistral es comerciante, es el dueño, el verdadero dueño de La Cruz Roja, el bazar de artículos de iglesia al que […] todos los curas de todas las parroquias del obispado han de venir velis nolis a comprar lo que necesitan y lo que no necesitan [Leopoldo Alas Clarín: La Regenta].

Lo que nos dice el ejemplo (1) es que los curas tienen que comprar en la tienda del magistral quieran o no: no les queda más remedio.

Como suele ocurrir, hay alternativas castellanas para esta expresión latina. Casi siempre será preferible sustituirla por fórmulas como quieras que no, de grado o por fuerza, por las buenas o por las malas, etc.

No obstante, si nos decidimos a usar el latinismo velis nolis, habrá que hacerlo bien. Eso incluye el resaltarlo en la escritura para indicar que no es una expresión castellana. Si estamos escribiendo a mano, lo encerraremos entre comillas. En textos mecanografiados recurriremos a la cursiva.

Ya ves: en este blog se aprende latín velis nolis.

 31 de mayo de 2016  ,
May 272016
 

La desaparición de palabras es un fenómeno que se da constantemente en las lenguas. Cuando los hablantes dejan de sentir la necesidad de emplear un determinado vocablo, este termina por caer en el olvido.

A veces, una palabra se pierde por la sencilla razón de que el mundo cambia: la realidad nombrada desaparece de nuestro alrededor y por eso ya no hay motivo para hablar de ella. Por ejemplo, pocos serán los hablantes de español que todavía conozcan nombres como tálero o borceguí, que designan objetos de épocas pasadas.

Palabras como las mencionadas arriba caen en desuso sin dejar sustituto porque ya no hay necesidad de ellas. Sin embargo, lo más frecuente es que una palabra desplace a otra. La realidad nombrada sigue existiendo, pero por algún motivo cambia de nombre. Los diccionarios son auténticos cementerios de palabras de este tipo. Si hojeamos uno cualquiera, nos toparemos con formas como albéitar, rafezlusco. Es posible que alguna de ellas perviva en usos regionales, pero lo cierto es que han quedado barridas de la lengua general. Sin embargo, su lugar no ha desaparecido, sino que ha sido ocupado por otras con más vitalidad. El viejo albéitar es ahora un veterinario; no faltan seres rafeces en el mundo, pero nos referimos a ellos como viles o despreciables; y, por lo que respecta a los luscos, hoy los llamaremos más bien tuertos, bizcos o cegatos, aunque esto último no sea lo políticamente correcto.

El ejemplo de lusco nos viene bien para mostrar que las sustituciones no son siempre de uno a uno. A veces, el ámbito abarcado por una determinada palabra se reestructura. Lusco se refería en general a quien sufría alguna deficiencia en la vista. En la lengua actual no tenemos un equivalente exacto, sino que diferenciamos varias categorías.

Los motivos para la sustitución de una expresión por otra no siempre están claros, aunque sí que hay uno que destaca y es bien conocido: el tabú. Te invito a que sigas el enlace y aprendas algo sobre él.

 27 de mayo de 2016  
May 242016
 

Procrastinar significa ‘dejar las cosas para más adelante’ o incluso ‘perder el tiempo’. Esto tiene todo el sentido del mundo si tenemos en cuenta que este verbo está formado sobre las raíces latinas pro ‘para’ y cras ‘mañana’. O sea, etimológicamente, procrastinar es lo mismo que ‘dejar para mañana’. Veamos un ejemplo de uso:

(1) Es imprescindible eliminar cualquier fuente de distracción (móvil, tele…). […] Distraen, desconcentran y son perfectos para procrastinar [El País (España), 23-5-2016].

En el español de nuestros días, el verbo en cuestión es un préstamo del inglés, pero tampoco son los ingleses los inventores del término. Ellos, a su vez, lo tomaron del francés y, en última instancia, procede del latín procrastinare.

El Diccionario de la lengua española ya recoge procrastinar y el sustantivo correspondiente procrastinación. Por tanto, contamos con la bendición de las Academias de la Lengua en caso de que queramos emplear uno y otro. Por otro lado, su uso tampoco es una novedad total. Es verdad que resulta muy escaso hasta finales del siglo XX, pero los lexicógrafos Terreros y Pando ya incluyen procrastinar en su Dicionario castellano ¡en 1788! Lo que ha ocurrido ha sido, simplemente, que un verbo que llevaba siglos arrastrándose por los diccionarios sin pena ni gloria, de pronto, se ha revitalizado por influencia de la lengua inglesa y del enorme prestigio de esta.

Rufino José Cuervo se refería a esta palabra en la edición de 1907 de sus Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano y lo hacía para advertirnos que no nos comiéramos ninguna erre: hay que decir procrastinar y no pocrastinar. Ese tipo de secuencias son difíciles de pronunciar para los hablantes de castellano y por eso la advertencia de don Rufino sigue siendo válida hoy día.

En fin, procrastinarprocrastinación son términos que están asentados en la lengua actual. Aunque los usamos por imitación del inglés, no dejan de proceder del fondo común de la lengua latina y ya hasta las Academias los aceptan. Si algún día te apetece dejarlos caer en la conversación, no hay por qué dejarlo para mañana.

 24 de mayo de 2016  ,
May 192016
 

En la baraja española, la sota es una carta que representa un paje. El nombre viene del adverbio latino subtus, que significa ‘debajo’. El naipe se denomina así porque es la figura humana que está por debajo del rey y del caballo.

El elemento sota aparece en otras palabras de nuestra lengua, como sotabanco, sotavento, sotacoro o sotabarba. También lo encontramos en sotana, aunque esta última palabra es un préstamo del italiano.

 19 de mayo de 2016  , ,
May 172016
 

El condicional (cantaría) se emplea a veces para expresar suposiciones referentes al pasado, por ejemplo:

(1) Paco era un tipo simpático. Tendría poco más de veinte años.

En (1), el condicional tendría sirve para dar a entender que no estamos seguros de si la edad de Paco es la indicada. Estamos haciendo una conjetura. Compara con (2), donde se utiliza el imperfecto de indicativo:

(2) Paco era un tipo simpático. Tenía poco más de veinte años.

Aquí no hay duda ni conjetura que valga: estamos dando por cierta la edad de Paco.

El condicional de conjetura se relaciona muy estrechamente con el denominado futuro de conjetura. Si nos traemos el ejemplo (1) al presente, comprobaremos que lo que era un condicional (tendría) se desplaza automáticamente a una forma de futuro (tendrá):

(3) Paco es un tipo simpático. Tendrá poco más de veinte años.

El futuro de conjetura cumple la misma función que el condicional, pero en contextos en los que estamos hablando del presente.

El condicional de conjetura da muestra de la enorme riqueza expresiva que encierran las formas verbales del español.

May 132016
 

La palabra champú es un préstamo del inglés. Según Corominas, se documenta por primera vez en español a principios del siglo XX.

El inglés shampoo procede a su vez del hindi champo, que es un imperativo y viene a significar algo así como ‘masajea, aprieta’. Esto tiene su lógica si pensamos en la forma en que se aplica este jabón líquido cuando lavamos el pelo y el cuero cabelludo.

Por cierto, también te puede interesar saber cuál es el plural de champú.

 13 de mayo de 2016  , ,
May 102016
 

Ad calendas graecas es una expresión latina que significa ‘para cuando lleguen las calendas de los griegos’. Como veremos a continuación, los griegos no tenían calendas y por eso esta expresión se utiliza para referirse a un tiempo que nunca va a llegar. Algunos equivalentes castizos pueden ser para el día del juicio final, para la semana de los tres jueves o cuando las ranas hablen inglés. Veamos un ejemplo de uso:

(1) Que su candidatura se postergue ad calendas graecas, eso es lo que teme Alberto Ruiz-Gallardón [El País (España), 20-7-2003].

Las calendas constituían una fecha destacada para los romanos: se trataba del primer día del mes. Hasta tal punto era importante que dio nombre a todo el sistema de organización del tiempo, que todavía hoy conocemos como calendario. Pues bien, esta fecha era un invento romano que carecía de equivalente en Grecia. Por eso, dejar algo para las calendas de los griegos era lo mismo que decir que no iba a llegar nunca.

No nos vendrán mal un par de notas de uso sobre esta expresión. La pronunciación preferible es [ad kaléndas grékas], aunque también se puede decir [ad kaléndas graékas]. Ortográficamente, esta secuencia de palabras se trata como un extranjerismo crudo. Por tanto, debemos resaltarla en cursiva o, si estamos escribiendo a mano, entrecomillarla.

De todas formas, el consejo que te doy aquí es el mismo de siempre: los latinismos hay que utilizarlos con mesura. Casi siempre será más acertado recurrir a una alternativa castellana.

 10 de mayo de 2016  , ,
May 062016
 

Inferior es un adjetivo un poco especial. Equivale a más bajo y, por tanto, es un comparativo que está formado por una sola palabra o, lo que es lo mismo, un comparativo sintético. En este ejemplo se utiliza correctamente:

(1) Los resultados de nuestra empresa han sido inferiores a los del año pasado.

Lo normal es que los comparativos estén formados por dos o más palabras: más gordo, menos importante, igual de alto, etc. Como inferior se aparta de este esquema, hay quien se confunde e intenta añadirle el adverbio más. No es extraño encontrar construcciones como esta:

(2) Nuestro equipo se encuentra en los puestos más inferiores de la clasificación.

Esto es incorrecto porque inferior ya encierra la idea de ‘más’. Por tanto, para solucionar el problema de (2) tenemos que tomar una decisión. La primera posibilidad es eliminar el adverbio:

(3) Nuestro equipo se encuentra en los puestos inferiores de la clasificación.

La segunda consiste en utilizar la secuencia más bajo en lugar de inferior:

(4) Nuestro equipo se encuentra en los puestos más bajos de la clasificación.

Lo que sí se puede decir es muy inferior:

(5) La calidad de la bollería industrial es muy inferior a la de los productos artesanales.

Esto también es una peculiaridad. Los comparativos normalmente no aceptan muy como intensificador. No podemos decir muy más importantemuy mejor. El adverbio con el que se combinan es mucho: mucho más importante, mucho mejor. En cambio, inferior lo rechaza: mucho inferior.

También es especial la preposición con la que se combina. Si vuelves a leer los ejemplos (1) y (5), comprobarás que se dice inferior a. En cambio, otros comparativos nos piden la conjunción que: más importante que, mejor que. Es un error combinar inferior con esta conjunción:

(6) La calidad de la bollería industrial es muy inferior que la de los productos artesanos.

La única posibilidad correcta en (6) es inferior a.

En definitiva, inferior es un adjetivo que encierra más complicaciones de lo que pueda parecer a primera vista y, por tanto, nos puede hacer tropezar con cierta facilidad.

 

 6 de mayo de 2016  ,