Existen unos pocos nombres cuyo acento cambia de sílaba al formar el plural:

Carácter > caracteres

gimen > remenes

Escimen > espemenes

Como vemos, el acento recae sobre una sílaba diferente, pero la posición relativa se mantiene. Así, para carácter, la sílaba tónica en singular es -rac- frente a -te- para el plural; pero la palabra es llana en singular y lo sigue siendo en plural, pese a que el sufijo de plural -es añade una sílaba.

En el caso de carácter y espécimen, algunos hablantes utilizan un singular regresivo que se forma a partir del plural, quitándole la terminación y manteniendo el acento en la misma sílaba que estaba acentuada en plural:

Caracteres > caracter

Espemenes > especimen

Estos singulares regresivos no están admitidos en la norma.

El singular agudo caracter se suele utilizar con el significado de ‘letra, signo de un sistema de escritura’ (por ejemplo, teclado de 104 caracteres, un caracter del alfabeto cirílico). De esta forma, se reserva carácter para ‘rasgos de la personalidad’ (Pedro tiene buen carácter) y se crea una nueva denominación para ’signo de la escritura’. La norma solo acepta la forma llana carácter para los dos casos.

La norma no acepta el uso del gerundio como modificador de un nombre. He aquí un ejemplo de este uso incorrecto:

[…] en su patio y garaje tenía estacionada una caja de aluminio de tracto-camión conteniendo 30 toneladas de mármol negro […] [Gaceta Parlamentaria (México), año III, n.º 515, acceso: 25-3-2008]

En la frase de arriba el gerundio se está utilizando, incorrectamente, como si fuera un adjetivo. Lo que exige la norma aquí es una oración de relativo. El ejemplo anterior queda así, una vez enmendado:

En su patio y garaje tenía estacionada una caja de aluminio de tracto-camión que contenía 30 toneladas de mármol negro

Estas construcciones son, a menudo, calcos del inglés, por lo que no es raro que aparezcan en traducciones más o menos apresuradas.

Hay un par de excepciones que sí están aceptadas:

a) Se considera correcto este uso en títulos de cuadros, fotografías, etc., por ejemplo:

Cristo expulsando a los mercaderes del templo [Óleo de El Greco]

b) Los gerundios ardiendo e hirviendo sí se pueden utilizar como adjetivos, como en estas oraciones:

Cuando el cíclope duerme, le clava una estaca ardiendo en su único ojo [El Portal de El Algar, acceso: 25-3-2008]

Y aquí nos encontramos con el conocido dilema de la rana y la olla de agua hirviendo [Embajador en el Infierno, acceso: 25-3-2008]

El gerundio en función adjetiva es, después del gerundio de posterioridad, el uso no normativo del gerundio que se da con mayor frecuencia.

¿Tabús o tabúes?

23 de Marzo de 2008

Tabú es un nombre que termina en -u tónica. Las palabras con esta terminación admiten como norma general dos plurales:

a) Plural en -s: tabús, por ejemplo:

Sitios de convivencia virtual como MySpace o SecondLife son […] sitios de exploración en donde todo el tiempo se rompen tabús y códigos de ética [Blog de Octavio Islas, acceso: 23-3-2008]

b) Plural en -es: tabúes:

¿Existen los temas tabúes en la literatura infantil? [Guía de letras, acceso: 23-3-2008]

La opción entre uno y otro sufijo tiene que ver con algunas tendencias.

Las palabras pertenecientes a registros cultos suelen tomar la terminación -es. Un buen ejemplo puede ser nuevamente tabú. Las dos formas son correctas, pero hay una marcada preferencia por tabúes que podemos comprobar mediante una sencilla búsqueda con Google: mientras que para tabús encontramos 69 100 apariciones en toda Internet, para tabúes hay 301 000 [23-3-2008].

Esta preferencia de los registros cultos por la forma -es incluye a adjetivos de procedencia geográfica, étnica o religiosa como zulú, bantú o hindú. Coexisten (y son correctas) las formas hindús e hindúes, pero se suele elegir la segunda.

Como es de esperar, las palabras que remiten a realidades más cotidianas, más de andar por casa, tienden a tomar la terminación -s. En algunos casos, esta es la única que se considera aceptable, por ejemplo, para menús o champús.

De las dos terminaciones, la única que sigue teniendo vitalidad hoy día en castellano es -s. Su competidora -es supone, en este caso, un resto de un procedimiento de formación del plural que hoy solo afecta a palabras terminadas en -u, -i acentuada, pero que antiguamente también se aplicó a las que acababan en -a, -o acentuada (quedan vestigios en formaciones como faralaes o noes). Por eso, si hoy se crea una nueva palabra terminada en -u tónica, su plural se formará con -s. Un ejemplo puede ser cazús (un cazú es un instrumento musical de viento).

En definitiva, aquí más que una norma rígida tenemos tendencias. Por un lado, hay una tendencia general a la simplificación de estos plurales que favorece formas en -s como menús. Por otro lado, hay una tendencia en los registros cultos a preservar el plural -es para las palabras que ya lo tienen, aunque no se les aplique a las nuevas.

Etimología de ‘braga’

18 de Marzo de 2008

No, no; no es que hoy vaya a publicar una entrada “porno”. La palabra braga(s), que en España designa una prenda interior femenina, es de origen celta y muy decente. A nosotros nos llega por mediación del latín braca.

Esta palabra se refería a una prenda de vestir propia de los galos, que los romanos desconocían y que les llamó poderosamente la atención: los pantalones. Cualquiera que haya leído un cómic de Astérix y Obélix se habrá dado cuenta de que los romanos visten toga, mientras que los galos se cubren las piernas con pantalones.

Por un desplazamiento metonímico, la palabra que se utilizaba para referirse a los pantalones empezó a aplicarse a la prenda que estaba en contacto con ellos por la parte interior y después acabó especializándose para la versión femenina.

Este es el significado que tiene hoy en el español europeo, aunque hay una gran variedad de denominaciones en el mundo de habla hispana.

Grosso modo

11 de Marzo de 2008

Grosso modo es una expresión latina que se utiliza a menudo en castellano. Mi consejo aquí, como siempre, es evitar el latinajo sustituyéndolo por una expresión más llana y más clara. No obstante, si alguien se empeña en usarlo, debería tener en cuenta lo siguiente:

  • No debe ir precedido de preposición. Se considera semiculta la forma a grosso modo.
  • Grosso se escribe con dos eses, o sea, nada de (a) groso modo.

Aquí tenemos un ejemplo correcto:

Para entender los posibles impactos de San Glorio sobre la población oriental de osos cantábricos conviene conocer grosso modo la geografía del núcleo oriental y la distribución del oso dentro de ella [Esquí San Glorio, acceso: 11-3-2008]

Hay muchas posibilidades castellanas para sustituir esta locución, dependiendo del contexto en que aparezca: aproximadamente, más o menos, a grandes rasgos, por encima, sin entrar en detalle, etc.

Podría terminar añadiendo que esta ha sido una explicación grosso modo, pero para predicar con el ejemplo diré más bien que eso era, poco más o menos, lo que tenía que contar hoy.

En latín no existía el artículo. Este es una innovación de las lenguas románicas a partir de un demostrativo que significaba ‘aquel’:

Illem hominem ‘aquel hombre’ > el hombre

Illam civitatem ‘aquella ciudad’ > la ciudad

En este proceso, el demostrativo original experimenta diversos cambios.

Se reduce su sustancia fónica. Esto salta a la vista al comparar la forma latina con la castellana, que es más breve. La reducción afecta también al acento. El demostrativo latino era tónico, mientras que nuestro artículo es átono y se apoya en la palabra siguiente para su pronunciación. Compárese:

“íllem óminem” / “elómbre”

También se reduce su significado (esto es lo que se conoce como desemantización). Tanto el demostrativo como el artículo tienen un significado gramatical, abstracto. Sin embargo, el significado del demostrativo incluye más componentes. Nos muestra (de ahí su nombre) una realidad que está situada en el máximo grado de alejamiento, pues no está en la órbita de la 1.ª persona (yo) ni de la 2.ª () sino en la de una 3.ª (él). Un componente secundario de este significado es la definitud: esa realidad es conocida por haber sido nombrada anteriormente o porque forma parte por cualquier otro motivo del universo del discurso. Pues bien, en el paso del demostrativo latino al artículo castellano se pierde el componente primario del significado y solo queda este rasgo secundario de definitud.

Además, el artículo ha perdido libertad en cuanto a su posición (fijación sintagmática). En latín el demostrativo podía aparecer antes o después del nombre, o sea, podíamos decir lo mismo illem hominem que hominem illem. Pensemos que con nuestros actuales demostrativos también podemos decir aquel hombre o el hombre aquel. El artículo, en cambio, por fuerza tiene que anteceder al sustantivo: el hombre.

La presencia o ausencia de nuestro artículo viene determinada por reglas en la mayoría de los contextos. El artículo ha sufrido un proceso de obligatorificación. Por eso decimos El pan ha vuelto a subir, mientras que sería incorrecto Pan ha vuelto a subir.

Este proceso se dio en paralelo en castellano y en las otras lenguas románicas. Los resultados fueron ligeramente diferentes (por eso no se utiliza igual el artículo en castellano y en francés, por ejemplo). El pronombre de sujeto de 3.ª persona (él - ella - ello) tiene el mismo origen, pero es una forma tónica con una evolución propia. También salen de este demostrativo nuestros actuales pronombres átonos de 3.ª persona (por ejemplo, La vi ayer). En fin, que el ille latino fue bastante prolífico.

Etimología de ‘marzo’

6 de Marzo de 2008

Marzo viene del latín Martius ‘mes de Marte’, pues este mes estaba consagrado al dios romano de la guerra.

Este nombre está hoy convencionalizado, es decir, ya no remite a ningún dios sino tan solo al mes al que designa.

El muy zorro, la muy zorra

5 de Marzo de 2008

Un indicio de que una palabra o expresión se utiliza de manera sexista es que el femenino tenga una interpretación negativa de la que carece el masculino.

Por ejemplo, si yo le digo a un señor que es un zorro, probablemente se pondrá tan contento porque le estoy pintando como persona astuta, avispada (algo que a casi todos nos gustaría ser). Ni que decir tiene que el resultado en femenino no sería el mismo, pues una de las acepciones de zorra, recogida incluso en el diccionario, es la de ‘prostituta’. De hecho, muchas de estas palabras van a parar al mismo sitio: sirven para atacar a la mujer por el flanco de la moral sexual tradicional. Fíjense si no en cómo cambia la interpretación de este ejemplo al sustituir fulano por fulana:

Yo abrí la puerta y el fulano me entregó un enorme ramo de rosas rojas con un gesto tímido y molesto […] [Charco sin nube, acceso: 28-2-2008]

Por esto mismo, no tiene la misma gravedad decirle a un hombre que es un guarro (a muchos ni siquiera les molestaría) que tachar a una mujer de guarra. Si me refiero a un político como hombre público, no tendrá nada que objetar, mientras que una política no creo que estuviera encantada de oírse llamar mujer pública.

Fuera ya de lo sexual, en muchos casos la forma masculina es claramente más prestigiosa. Es difícil utilizar la palabra poetisa sin evocar la idea de una chica un poco cursi que escribe versitos en sus ratos libres. Este es el papel en que se encasillaba a la mujer que se dedicaba a la lírica. No es que faltaran mujeres que crearan una poesía de calidad; es que sus méritos se silenciaban, se borraban sistemáticamente en este terreno y en todos los que no fueran los propios de su sexo. Los focos del reconocimiento caían sobre el hombre, el poeta, que —ese sí— hacía una literatura sublime, digna de admiración. Un caso análogo era el de filósofo frente a filósofa o incluso ingeniero frente a ingeniera. La mujer que no se conformaba con el papel limitado y subordinado que se le asignaba en la sociedad tradicional era denigrada y ridiculizada.

Hoy la misoginia y la discriminación se van superando, aunque sea lentamente, pero su memoria se ha hecho fuerte en los elementos más irracionales del lenguaje, en aquellos que más difícilmente son sometidos a una crítica consciente. El despojar a palabras como estas de su carga negativa sería una aportación a una verdadera igualdad entre los sexos.

Etimología de ‘lunes’

2 de Marzo de 2008

El lunes es el día de la Luna.

En latín clásico, este día se llamaba dies lunae, pero la forma popular era dies lunis por analogía con dies martis (’martes’), dies jovis (’jueves’) y dies veneris (’viernes’). Para abreviar, se podía decir simplemente lunis. De ahí viene nuestro nombre actual. La evolución, por tanto, es esta:

Dies lunae > dies lunis > lunis > lunes

En Roma, los días de la semana se nombraban por los astros. En castellano esta relación solo se mantiene desde el punto de vista etimológico. Los nombres se han convencionalizado y desmotivado: la palabra lunes no remite a la Luna sino solamente al día de la semana. En el caso del sábado y el domingo, ni siquiera se mantiene la relación etimológica porque el cristianismo la ha borrado.

Las dos grafías enseguida (junto) y en seguida (separado) son correctas. Veamos un ejemplo de cada una de ellas:

No pude ir ayer a una lectura de Miguel Ángel Bernat en La buena vida-Café del libro, un café librería que no tardaré en visitar, vamos, que voy a ir enseguida [El Blog de Enrique Ortiz, acceso: 27-2-2008]

A los dentistas de ahora les molestan los dientes, en seguida quieren extraer las piezas [Los Diarios Rusos de Mijail Antonovich, acceso: 27-2-2008]

No obstante, en casos como este, en que se puede elegir entre escribir junto o separado, se tiende a preferir la grafía en una sola palabra.