Mar 262016
 

La voz escrita es un programa del periodista José Vicente Dorado en la Cadena SER. Se trata de una propuesta cultural única en el panorama radiofónico español. Está dedicado a las palabras que se han escrito para que una persona las recite en voz alta y todos los demás las podamos escuchar. El programa inaugural se emitió el domingo 27 de marzo de 2016 y contó con la colaboración de Juan Gil de la Real Academia Española, la actriz Mar Bordallo y Alberto Bustos, autor del Blog de Lengua.

Puedes escucharlo aquí.

 26 de marzo de 2016
Mar 222016
 

El tiempo verbal de futuro (cantaré) se emplea a veces para expresar la sorpresa del hablante. Imaginemos que un padre cualquiera le suelta lo siguiente a un hijo descarriado:

(1) ¡Y tendrás el valor de negar que estabas estudiando gramática! ¿Será posible que le des un disgusto así a tu padre? Yo que quería que fueras futbolista…

Las formas tendrásserá expresan la incredulidad de quien ha sorprendido a su retoño con un libro entre las manos (o, peor todavía, leyendo los correos del Blog de Lengua). Date cuenta de que el tiempo de futuro aquí no nos está hablando sobre hechos venideros. Se refiere al momento actual. Lo vemos claramente cuando lo sustituimos por el tiempo de presente:

(2) ¡Y tienes el valor de negar que estabas estudiando gramática! ¿Es posible que le des un disgusto así a tu padre? Yo que quería que fueras futbolista…

Por otra parte, no es casualidad que haya escogido para el ejemplo una oración exclamativa y otra interrogativa: el futuro de sorpresa normalmente va asociado a estas modalidades oracionales.

Este es uno más de los usos trasladados del futuro, como el futuro de conjetura o el futuro de mandato. Al final, para lo que menos utilizamos este tiempo verbal es para hablar de las cosas que están por venir porque para eso ya tenemos la perífrasis ir a + infinitivo (voy a cantar).

 

 22 de marzo de 2016  , ,
Mar 182016
 

La música es el arte de las musas. Esta palabra procede de la expresión latina ars musica, que es una copia del griego mousiké téchne: arte música o, lo que es lo mismo, arte de las musas.

Su significado se ha ido estrechando con el tiempo. En la Antigüedad, música podía ser cualquier actividad humana que se desarrollara bajo la atenta mirada de esas amables señoras. Esto abarcaba prácticamente todas las artes y las ciencias. No obstante, la expresión se aplicaba sobre todo a la poesía cantada: la palabra que iba acompañada de una melodía. En nuestra interpretación actual nos hemos desprendido de la parte poética y hemos conservado únicamente lo melódico.

Esta etimología nos muestra que las palabras son como cápsulas del tiempo. Al cabo de miles de años todavía encierran la memoria de los pueblos que las crearon y de su forma de vivir y entender el mundo.

 18 de marzo de 2016  , , ,
Mar 152016
 

Gente es un nombre femenino y singular. Sin embargo, por su significado remite a una idea de pluralidad: para que podamos hablar de gente tiene que haber por fuerza varias personas. Se trata, por tanto, de un sustantivo colectivo.

Cuando gente es sujeto de una oración, nos lleva a una concordancia del verbo en singular, como en este ejemplo:

(1) La gente empezaba ya a pararse para mirarnos, cuando Ma­rita se atrevió a levantar la cara otra vez [Almudena Grandes: Atlas de geografía humana].

En (1) el verbo empezaba adopta el singular de gente, como es de esperar.

Sin embargo, la tensión entre el número singular y la idea de pluralidad puede dar pie a concordancias incorrectas. El otro día oí esta frase mientras caminaba por la calle:

(2) Esta gente son así.

Quien dice esto se deja llevar por la idea de que gente se refiere a más de una persona. Sin embargo, el número plural del verbo en (2) no es aceptable. Nos encontramos aquí ante un caso indebido de lo que se conoce como concordancia ad sensum, o sea, concordancia por el sentido.

Cuando hay adjetivos de por medio, estos tienen que adoptar el número singular y el género femenino de gente. Eso es lo que ocurre con sobrecogida y confusa en (3):

(3) La gente estaba sobrecogida y confusa por lo que podía pasar [Mario Vargas Llosa: La fiesta del chivo].

Fíjate ahora en esta otra oración. Nos muestra un fenómeno gramatical muy interesante:

(4) La gente dejó de dormir en sus casas, aterrorizada con la posibilidad de que el cataclismo se repitiera, improvisaban carpas en lugares desiertos, dormían en las plazas y en las calles [Isabel Allende: La casa de los espíritus].

En (4) encontramos en primer lugar el verbo dejó y el adjetivo aterrorizada, que concuerdan de manera impecable con gente. Sin embargo, a continuación se nos presentan dos verbos en plural: improvisabandormían. Esto es normal y es correcto. A medida que nos alejamos del sujeto, van aumentando las posibilidades de que nos olvidemos del número singular y nos quedemos únicamente con la idea de pluralidad que encierra gente.

En definitiva, este sustantivo nos pide inicialmente una concordancia en singular (y, en su caso, en femenino), pero después podemos relajarnos y pasar a una concordancia en plural.

 15 de marzo de 2016  , , ,
Mar 092016
 

Lucio es un viejo nombre romano que está formado sobre la palabra lux, o sea, ‘luz’. Significa algo así como ‘el luminoso, el resplandeciente’ o también ‘el nacido al amanecer’. Su femenino es Lucía.

Este nombre tiene una variante Luciano y otra Lucas (esta última, pasada por el griego).

También mantiene un cierto parentesco nada más y nada menos que con Lucifer, que se forma a partir de lux (‘luz’) y fero (‘llevar’). Lucifer es etimológicamente el portador de la luz.

 9 de marzo de 2016  , , , ,
Mar 032016
 

Tenemos un puñado de sustantivos en español que forman femeninos en -esa. Los principales son los siguientes:

(1) alcalde > alcaldesa

(2) conde > condesa

(3) barón > baronesa

(4) marqués > marquesa

(5) abad > abadesa

(6) príncipe > princesa

(7) guarda > guardesa

Hay alguno más que alterna con femeninos en -a, pero se trata de formas que tienen un uso bastante escaso:

(8) diablo > diablesa/diabla

(9) vampiro > vampiresa/vampira

Como vemos, el grupo de sustantivos que forma femeninos en -esa es bastante reducido, por lo que ocupa una posición marginal dentro del sistema de género. Sin embargo, esta terminación mantiene una cierta productividad en la lengua actual: todavía da lugar a nuevos femeninos aunque sea con cuentagotas. En las últimas décadas han surgido, como mínimo, dos: choferesa (< chófer) y lideresa (< líder). Veamos un par de ejemplos:

(10) Las familias descubren en ella a la lideresa que necesitaban para actuar con ímpetu [Laura Castellanos: México armado].

(11) De máxima autonomía y autoridad parece gozar la choferesa oficial que nos lleva a Bingmayong, la famosa tumba de los guerreros de terracota [Antonio Colinas: La simiente enterrada: un viaje a China].

No obstante, en estos dos últimos casos, también es correcto utilizar líderchófer como comunes en cuanto al género (el líder, la líder; el chófer, la chófer). El sustantivo mantiene entonces la misma forma para el masculino y femenino. Son los determinantes y adjetivos los que nos permiten percatarnos del género del nombre en cuestión, como ocurre en (12) y (13):

(12) Sin duda, ha sido una líder nata durante toda su trayectoria [Edurne Pasabán y Angélica del Carpio: Objetivo: confianza].

(13) Tenemos allí el Rolls-Royce blindado, con Valentina, la chófer, esperando dentro [Juan Bas: Ostras para Dimitri].

Conviene aclarar antes de terminar que la palabra chófer presenta una variante chofer. Esta última mantiene la acentuación aguda propia del francés, que es la lengua de donde la tomamos prestada en su día. La primera variante es la de uso normal en España, mientras que la segunda es la que predomina en América. Ambas son correctas.

 3 de marzo de 2016  ,
Mar 012016
 

Los latinismos siguen las pautas de formación del plural de los préstamos integrados en el español. Por tanto, los que presentan terminaciones que podrían ser españolas simplemente siguen el modelo español correspondiente:

(1) la ratio > las ratios (igual que el patio > los patios)

(2) el nomenclátor > los nomenclátores (igual que el sabor > los sabores)

(3) el corpus > los corpus (igual que el lunes > los lunes)

El ejemplo (1) termina en vocal átona y, por tanto, para formar su plural simplemente tenemos que calcar el de sustantivos o adjetivos castellanos que también terminen en vocal. En cambio, (2) y (3) terminan en consonante. Nos tenemos que fijar en estos casos en sustantivos o adjetivos que acaben en la consonante correspondiente. Nomenclátor sigue el modelo de palabras como sabor, rigor, etc. Corpus, por su parte, toma como modelo lunes (ten en cuenta que el plural de los sustantivos y adjetivos terminados en -s varía dependiendo de la posición del acento).

Los latinismos que presentan terminaciones que son ajenas al español añaden -s:

(4) el ultimátum > los ultimátums

(5) el déficit > los déficits

No obstante, cuando existe una forma castellanizada, también podemos recurrir a esta. Es más, la Academia prefiere que echemos mano de estas castellanizaciones siempre que sea posible. Por ejemplo, el latinismo pódium tiene un plural pódiums; pero como existe la adaptación podio, podemos perfectamente emplear el plural podios.

Hay que aclarar todavía que las locuciones latinas se apartan de lo que hemos explicado arriba. Son locuciones las expresiones formadas por dos o más palabras. Estas se mantienen siempre invariables en plural:

(6) el curriculum vitae > los curriculum vitae

El ejemplo (6) contrasta con el tratamiento que recibe la palabra currículum cuando se emplea aislada. Esta da lugar a un plural currículums que sigue el modelo del ejemplo (4). Fíjate además en que la expresión curriculum vitae se escribe sin tilde, a diferencia de lo que ocurre con currículum. Esto es así porque en las locuciones se respeta la ortografía del latín y en esta lengua no había tilde.

 1 de marzo de 2016  , ,
Feb 252016
 

Los préstamos no integrados en español (extranjerismos) no tienen normas definidas para la formación de su plural. Son palabras procedentes de otras lenguas que todavía se comportan como cuerpos extraños en la nuestra y esto se manifiesta también en su morfología.

Lo normal es que se produzca un conflicto de normas. Vayamos por partes. Quienes tienen algún conocimiento de la lengua de origen seguirán quizás el modelo de formación del plural de esta. Fijémonos, por ejemplo, en la palabra Lied. Este nombre significa en alemán ‘canción’, pero en el ámbito de la música clásica se ha especializado para referirse a un género muy específico de poemas musicados alemanes. Su plural en alemán es Lieder, que es una forma que suele resultar sorprendente para los hablantes de español. Pues bien, quien sepa de su existencia podrá decir acaso lo siguiente:

(1) Los Lieder de Schubert son incomparables.

Sin embargo, otros muchos hablantes no sabrán que ese es el plural de Lied en alemán (ni tienen por qué saberlo). Es posible entonces que añadan simplemente una ese porque es un nombre extranjero y eso es lo que suelen hacer ellos con las palabras de otras lenguas:

(2) Pues para mí no hay nada como los Lieds de Schumann.

Y habrá incluso quien prefiera dejar la palabra invariable en plural para no liar más las cosas:

(3) ¡Por Dios! Donde estén los Lied de Mahler, que se quite todo lo demás.

¿Cuál de estas posibilidades es la correcta? Pues todas y ninguna. La primera es la más fiel al idioma de origen, pero nadie puede dominar todas las lenguas del mundo para saber cómo hay que formar el plural de cada préstamo. La segunda es un intento de ir sometiendo la palabra en cuestión a los modelos que ya hemos establecido para la formación del plural de los préstamos que están integrados en español. La tercera, por último, responde a un modelo que ha tenido poco éxito, pero que se utilizó en el pasado para el plural de latinismos y otros préstamos no adaptados. Simplemente nos enfrentamos a palabras dudosas. Cada cual saldrá del paso como mejor pueda y sepa.

Si el extranjerismo se va haciendo de uso corriente, poco a poco se irá amoldando a lo que es normal en nuestra lengua. Eso se notará en su grafía, en su pronunciación y, por supuesto, en su plural, que se insertará en alguno de los modelos establecidos en nuestra lengua.

 25 de febrero de 2016  , , ,
Feb 232016
 

Una vieja regla de ortografía dice que las palabras terminadas en -bilidad se escriben con be, por ejemplo:

(1) habilidad

(2) debilidad

(3) contabilidad

(4) inconmensurabilidad

Hay dos excepciones:

(5) movilidad

(6) civilidad

Bueno, en realidad existe alguna excepción más porque a las anteriores hay que sumarles sus derivados, como inmovilidad e incivilidad; pero con acordarse de (5) y (6) es suficiente.

El caso de movilidad es curioso porque viene del latín mobilitas, que se escribía con be. Otras palabras de la familia se escriben con be, como mueble o mobiliario. Y si nos fijamos en otras lenguas europeas, comprobaremos que se mantiene la be latina:

(7) mobility (inglés)

(8) mobilité (francés)

(9) Mobilität (alemán)

(10) mobilność (polaco)

La grafía con uve, en este caso concreto, no solo complica la escritura del español, sino que nos aparta de otras lenguas de cultura.

En fin, curiosidades de la ortografía de nuestra lengua…

 23 de febrero de 2016  
Feb 162016
 

Los sustantivos y adjetivos terminados en -g forman el plural añadiendo la terminación -s, por ejemplo:

(1) el zigzag > los zigzags

(2) el airbag > los airbags

(3) el tuareg > los tuaregs

(4) el blog > los blogs

Los ejemplos de arriba acaban en vocal + g, pero también forman el plural con -s los que terminan en consonante + g, como estos:

(5) el iceberg > los icebergs

(6) el gong > los gongs

Todas las palabras terminadas en -g que encontremos en español serán, o bien onomatopeyas (1), o bien préstamos de otras lenguas (2)-(6).

 16 de febrero de 2016  ,