Nov 292016
 

In pectore es una expresión latina que significa literalmente ‘en el pecho’ o ‘dentro del pecho’.

La Iglesia católica la utiliza para referirse a alguien que es cardenal, pero lo es en secreto. Ya ha sido nombrado, pero no se anuncia su nombre por el motivo que sea. Lo lleva el papa guardado en su pecho, que es donde se mantienen los secretos. Esto se hace a veces para proteger a ese cardenal en países donde puede sufrir persecución. El siguiente fragmento ilustra este uso de in pectore, que es el originario:

(1) Juan Pablo II no desveló, antes de morir, el nombre del cardenal in pectore. Y tampoco lo dejó escrito en su testamento [El Mundo (España), 6-4-2005].

El ejemplo (1) está tomado de un texto en el que se explica que Juan Pablo II dejó nombrado un cardenal, pero que su nombre se mantuvo oculto incluso después de la muerte del papa.

Por extensión, también se utiliza la expresión in pectore para referirse a una persona a la que ya se ha designado para un cargo, pero cuyo nombramiento todavía no se ha hecho público. Por ejemplo, se puede ser ministro in pectore si el presidente ha seleccionado a alguien, pero todavía no lo ha anunciado. Este uso es impecable. Constituye simplemente una ampliación del concepto más allá del ámbito del catolicismo.

Existe otro uso figurado que va un paso más allá, pero que sigue siendo correcto. In pectore puede aplicarse a decisiones que se mantienen en secreto. Por ejemplo, una persona puede ser candidata in pectore si tiene intención de presentarse a una elección, pero todavía no ha desvelado su propósito. No la ha nombrado nadie. Es una decisión que ha tomado por sí misma y que mantiene en su pecho a la espera de que llegue el momento de actuar:

(2) Dos candidatos in pectore empiezan a mostrar su ambición por liderar el partido, pero sin aclarar al 100% si se presentarán a la secretaría general.

En (2) se está especulando con la posibilidad de que ciertas personas presenten su candidatura, aunque estas todavía no se han manifestado abiertamente.

Lo que no se debe hacer es emplear in pectore cuando estamos hablando de la persona que ha ganado unas elecciones, pero que todavía no ha tomado posesión de su cargo. El siguiente ejemplo es incorrecto:

(3) El presidente in pectore Donald Trump se ha reunido con Obama para preparar el traspaso de poderes.

Si alguien ha sido elegido por los votantes para presidir una nación, no hay secreto posible. El adjetivo correcto en este caso es electo:

(4) El presidente electo Donald Trump se ha reunido con Obama para preparar el traspaso de poderes.

Un par de notas ortográficas para terminar. Esta expresión hay que resaltarla en cursiva. Si estamos escribiendo a mano, lo que haremos será encerrarla entre comillas. No se le pone tilde porque las expresiones latinas formadas por dos o más palabras no se acentúan.

 29 de Noviembre de 2016  léxico
Nov 222016
 

Cuartos, así, en plural, es un sinónimo popular de dinero en España. Alguien que tiene cuartos es una persona adinerada.

El nombre cuartos viene de una antigua moneda de cobre castellana que equivalía a cuatro maravedíes. El caso es que se trataba de una moneda de poco valor y, por eso mismo, era una de las que más circulaban. Tanto se usaba que acabó convirtiéndose en una forma más de referirse al dinero.

Todo el que ha viajado a Estados Unidos sabe que la moneda de 25 centavos es conocida como quarter. El parecido con la palabra castellana no es casualidad. Los famosos reales de a ocho españoles circularon en Estados Unidos hasta mediados del siglo XIX. Un quarter se llama popularmente two bits (‘dos trocitos’). Los reales de a ocho tenían ese nombre porque se podían partir en ocho y utilizar los trozos como moneda fraccionaria. Dos pedazos de un real de a ocho son.. ¡un cuarto!

Esto es parte de la herencia cultural española en Estados Unidos, que también se manifiesta en el nombre de origen español que tienen algunos de sus Estados.

 22 de Noviembre de 2016  etimología, léxico
Nov 152016
 

La diferencia entre ir e irse es una cuestión de perspectiva. Cuando utilizamos irse, ponemos el énfasis en el hecho de que abandonamos el lugar en que nos encontramos. En cambio, esta noción está ausente en las oraciones formadas con ir. Vamos a ver todo esto paso a paso.

El verbo ir expresa desplazamiento hacia algún punto:

(1) Voy a Berlín.

En (1) hay que interpretar que alguien se desplaza desde el lugar en el que está hasta la ciudad de Berlín.

El punto al que nos desplazamos puede quedar sobrentendido, como en (2), pero su idea estará presente de todos modos. Fíjate en este pequeño diálogo, que podría suceder en cualquier hogar:

(2) —Necesitamos aceite para la cena. —Voy yo.

En (2) no se especifica el destino del desplazamiento, pero para los presentes es fácil interpretar que se trata del supermercado o de cualquier otro sitio en el que tengan costumbre de abastecerse de aceite. Si no hay un lugar al que nos dirigimos, la oración con ir carece de sentido.

En cambio, con irse la idea principal es la de abandonar el sitio en el que uno está. Por eso, un hijo adolescente puede decir esto tranquilamente a sus padres:

(3) Me voy. No me esperéis a cenar.

El hablante que emite un enunciado como (3) está poniendo el foco de atención en el hecho de que abandona el lugar en que se encuentra, no en el sitio al que se dirige. Puede ser una forma cómoda para el hijo de anunciar su marcha sin tener que explicar adónde encamina sus pasos.

Aun así, irse admite que expresemos el lugar al que nos dirigimos, por ejemplo:

(4) Me voy a clase.

El ejemplo (4) hay que interpretarlo así: me marcho (del lugar donde estoy) para acudir a clase.

Naturalmente, irse también nos permite especificar el lugar que abandonamos. Si un hijo adolescente te dice esto, más vale que te preocupes:

(5) Me voy de casa.

En cambio, el verbo ir no admite este complemento:

(6) Voy de casa.

El ejemplo (6) no es aceptable porque, como decíamos antes, las oraciones con ir solamente tienen sentido si hay un punto de destino. Si lo añadimos, se restaura el orden:

(7) Voy de casa al trabajo.

Sin embargo, el significado de (7) es muy diferente al de (5). Voy de casa al trabajo simplemente indica un desplazamiento. Estoy en casa y me traslado al trabajo. En cambio, irse de casa es abandonar el hogar.

Como irse expresa la idea de dejar un lugar, podemos contraponerlo a verbos que tienen el significado de permanecer en el mismo sitio:

(8) ¿Te vas o te quedas?

Esa misma pregunta sería absurda con ir:

(9) ¿Vas o te quedas?

Esto es así porque el verbo ir se opone a venir (y no a quedarse):

(10) ¿Vas o vienes?

En resumen, la diferencia entre irirse reside en la perspectiva. Irse destaca la idea de abandonar un lugar, mientras que en ir está ausente esa noción.

 15 de Noviembre de 2016  léxico, verbo
Nov 082016
 

La palabra gratis la hemos tomado directamente del latín gratis. Viene del sustantivo gratia, que significaba ‘gracia, favor, benevolencia’.

La forma gratis surgió por desgaste de gratiis, que era el ablativo plural de gratia. El ablativo era el caso que servía en latín para expresar los complementos circunstanciales. Por eso, las formas latinas gratiisgratis se pueden traducir al castellano como ‘haciendo un favor, por benevolencia, por agradar’.

Existe también la expresión gratis et amore, que hoy día es una variante más elaborada de gratis. Es propia, sobre todo, de la lengua coloquial. Para entender el significado original hay que sobrentender la palabra Dei. La expresión completa era gratis et amore Dei, que es lo mismo que decir por la gracia y por el amor de Dios. 

Gratis es un internacionalismo que está presente en un gran número de lenguas, por ejemplo, en francés, en italiano, alemán, danés, neerlandés, afrikáans, polaco y hasta en indonesio.

 8 de Noviembre de 2016  etimología, léxico
Nov 022016
 

Cabe es una preposición antigua que significaba ‘junto a’ o ‘cerca de’. Viene de cabo en el sentido de ‘orilla, extremo de algo’.

La aprendimos en el colegio porque estaba en la lista de preposiciones que nos hacían recitar: a, ante, bajo, cabe, con, contra… Sin embargo, nunca llegamos a saber muy bien qué pintaba aquel cabe compartiendo lista con pordesde.

Ya hemos dicho arriba cuál es su significado. Nos ayudará ahora a entender su uso el siguiente ejemplo, tomado de un texto de 1555:

(1) Apenas acabé de decirlo, cuando siento pasar cabe las orejas un guijarro pelado [Anónimo: Segunda parte del Lazarillo de Tormes].

Lo que quiere decir el fragmento en cuestión es que el narrador sintió pasar una piedra junto a las orejas o cerca de las orejas.

Esta preposición carece de uso en la lengua actual (por eso es necesaria toda esta explicación). Solo podríamos encontrarla en algún texto contemporáneo que intentara imitar el español antiguo.

Tampoco vendrá mal aclarar que no tiene nada que ver con el verbo caber, que es el que aparece en expresiones como cabe destacar, etc.

Una vetusta hermana de cabe es la preposición so. Sigue el enlace para averiguar su significado, su origen y el uso limitado que conserva hoy día.

 2 de Noviembre de 2016  preposición
Oct 252016
 

El desarrollo de la publicación en línea ha traído consigo una fragmentación del público. Ha surgido una infinidad de publicaciones especializadas que han ocupado nichos muy específicos y han logrado aglutinar a su alrededor a comunidades o microcomunidades de lectores. Hoy se puede escribir y leer sobre la historia del cálculo infinitesimal, sobre las tradiciones de un pueblo de cien habitantes o sobre las actividades que se van desarrollando día a día en un aula determinada de una escuela infantil.

La fragmentación, no obstante, va acompañada de otro fenómeno sobre el que quizás no se ha insistido tanto. También se está produciendo una agrupación de los lectores. Públicos minoritarios y geográficamente dispersos se reúnen alrededor de ciertas publicaciones dirigidas específicamente a ellos. Aquí está la diferencia fundamental con micropublicaciones tradicionales como la hoja parroquial distribuida en fotocopias o el boletín escolar ciclostilado, que tenían un alcance geográfico muy limitado.

Los lectores descubren esas publicaciones de maneras muy variadas. Pueden hacer una búsqueda en Internet sobre un tema que los inquieta o atrae y, de resultas, aterrizar en un blog que capta su atención. Al cabo de una o dos visitas acaban quizás suscribiéndose y pasan a interactuar con el autor y los otros lectores mediante comentarios, por correo electrónico, etc.

Otra vía son las recomendaciones de amigos. Estas pueden producirse en la interacción cara a cara o a través de redes sociales como Twitter, Facebook, Google+, Goodreads*, etc.

Tampoco hay que perder de vista las recomendaciones de sistemas automáticos. Van ganando importancia y pueden llegar a crecer mucho más con el tiempo. Amazon, por ejemplo, dispone de algoritmos cada vez más refinados. En cuanto empezamos a comprar libros en su tienda, nos empieza a recomendar otros que nos pueden interesar. Cuanto más compramos, más va acertando por la sencilla razón de que nos va conociendo mejor y puede cruzar nuestros gustos con los de millones de clientes que han adquirido los mismos productos u otros parecidos. Esto nos facilita, por ejemplo, el descubrir a autores autopublicados a los que no hubiéramos soñado nunca con leer. Esos autores están solamente a un correo electrónico de distancia, con lo que la posibilidad de entablar un contacto y de llegar a formar comunidad es evidente.

El resultado es que quienes antes estaban condenados a la soledad intelectual, artística, política, etc., ya no lo están: el mundo los cría e Internet los junta.

Este cambio tiene repercusiones trascendentales para los escritores. Antes el ser muy raro, el centrarse en un tema que solo podía llegar a un público muy minoritario, podía convertirse en un obstáculo insuperable para que te publicaran. En el momento en que te publicas tú a ti mismo sin más coste que el de tu tiempo, eso deja de ser un factor. Esa rareza puede ser tu salvación, se puede convertir en la clave de tu éxito.

¿Vives en una aldea perdida en las montañas? ¿Padeces una enfermedad rara? ¿Coleccionas tapas de yogures? Quizá eres el representante de una comunidad que hasta ahora no ha tenido voz. Tú puedes ser esa voz.

Moraleja: Tienes que encontrar a los que son igual de friquis que tú y hacer piña con ellos.

*Goodreads es una red social especializada en lectura. Está orientada fundamentalmente a las publicaciones en inglés, pero también incluye comunidades que se interesan por la literatura escrita en español.

Consigue el libro Escribir un blog y que te lean.

 25 de Octubre de 2016  escritura
Oct 182016
 

La palabra Internet se puede escribir tanto con mayúscula como con minúscula. Por tanto, los dos ejemplos siguientes son correctos:

(1) En el mundo de Internet, las noticias no queman, explotan [El País (España), 16-10-2016].

(2) Hay cruceros de lujo que ofrecen internet gratis [Clarín (Argentina), 16-10-2016].

La Ortografía de la lengua española (2010) no dice explícitamente si debemos usar mayúscula o minúscula inicial con esta palabra, pero incluye ejemplos de los dos usos, por lo que debemos entender que da por válido tanto uno como otro. Por su parte, el Diccionario de la lengua española (2014), prefiere la grafía con minúscula (internet), pero acepta también la variante con mayúscula (Internet).

Puede tener sentido escribirlo con mayúscula para los hablantes que lo tratan como un nombre propio. Esto se nota, por ejemplo, porque no se combina con el artículo:

(3) Voy a buscarlo en Internet.

No obstante, muchas personas sí que añadirían un artículo en (3). Eso indica que para ellos es un nombre común, por lo que tendría todo el sentido del mundo la minúscula inicial.

Hay que tener en cuenta también que la tendencia internacional va favoreciendo la minúscula. Por ejemplo, el AP Stylebook ha decretado en su edición de 2016 que esta palabra se escriba única y exclusivamente en minúsculas. Este libro de estilo es el más usado por la prensa en lengua inglesa y constituye por ello una referencia ortotipográfica de primer orden.

En cualquier caso, en español las Academias de la Lengua dejan la grafía al criterio de cada cual sin entrar en mayores consideraciones. La ventaja es que podemos dormir tranquilos: nunca nos equivocaremos.

 18 de Octubre de 2016  ortografía
Oct 112016
 

El mastín es un perro manso. Eso es, al menos, lo que nos revela la etimología.

El nombre lo tomamos prestado del francés allá por el siglo XIV. En aquella época todavía se decía mastin en su lengua de origen. Hoy, en cambio, la palabra ha quedado reducida a mâtin porque los franceses, al igual que los andaluces, tienden a perder las eses. Viene del latín mansuetus (‘manso’), aunque más exactamente hay que decir que está formado sobre la variante popular mansuetinus, que tenía exactamente el mismo significado.

Mansuetus es el participio del verbo mansuesco, que significa ‘amansar, domesticar’. Este verbo, a su vez, se formó a partir de manus (‘mano’) y suesco (‘acostumbrar’). O sea, un mastín es un perro manso, que es lo mismo que decir que es un animal que está acostumbrado a la mano de su amo.

Un mastín puede pesar fácilmente cien kilos. Menos mal que es manso.

 11 de Octubre de 2016  etimología, léxico
Oct 042016
 

Las palabras bufébufete se confunden a veces. Las dos proceden del francés buffet, pero han seguido caminos diferentes en castellano.

El sustantivo bufé se refiere a una comida en la que los alimentos se colocan todos desde el principio sobre una mesa para que cada cual se sirva lo que quiera. Es lo típico en desayunos de hotel y en ciertas reuniones sociales. Ese es el significado que encontramos en el siguiente ejemplo:

(1) Por la noche reunía las fuerzas suficientes para bajar al bufé libre y, si mis vísceras estaban en pleno motín, me beneficiaba de la sección de régimen vegetariano [Sabino Méndez: Corre, rocker].

Este nombre también acepta la grafía bufet, aunque es preferible la forma sin te final por varias razones. Para empezar, es más sencilla. Además, está más cercana a la pronunciación natural del español y a la del término original francés. Por último, y desde un punto de vista práctico, el decir y escribir bufé es una forma de mantenernos lo más alejados posible de bufete. Así evitaremos patinazos.

El sustantivo bufete, por su parte, se suele emplear para referirse al despacho en que trabajan uno o varios abogados, como en (2):

(2) No quiero quedarme toda la vida de empleado en la industria farmacéutica y he decidido montar mi propio bufete de abogado [Jesús Cacho Cortés: Asalto al poder].

También puede designar un escritorio con cajones:

(3) Diego abrazó a su nieto y le besó en ambas mejillas con evidente dignidad y, luego, abriendo un cajón de su bufete, le ofreció un cucurucho de confites [Néstor Luján: Los espejos paralelos].

Como decíamos al principio, bufé y bufete proceden del nombre francés buffet, que significa ‘aparador’. A partir de la idea de mueble han surgido por metonimia las variantes españolas. El bufé es una comida que se dispone sobre un aparador. La nombramos por el mueble que tiene debajo. El bufete es el escritorio en el que trabaja un abogado. A partir de ahí solo hay un paso para referirse a la habitación por el mueble más importante que hay en ella.

Aunque el origen de bufé y bufete sea el mismo, estas dos palabras se han especializado en español. Por eso debemos mantenerlas perfectamente separadas cuando hablamos y escribimos: no mezclemos las cosas de comer con los menesteres jurídicos.

 4 de Octubre de 2016  léxico, sustantivo
Sep 272016
 

Serendipia es un nombre que hemos tomado prestado del inglés. Aunque pueda resultar sorprendente, ya está incluido en el Diccionario de la lengua española, de modo que podemos utilizarlo con las bendiciones de nuestros académicos.

La serendipia consiste en realizar un descubrimiento afortunado por pura casualidad mientras se está buscando otra cosa. Es lo que castizamente siempre hemos llamado encontrar algo de chiripa o de carambola. El siguiente ejemplo contribuirá a aclarar el sentido:

(1) La historia de la ciencia está llena de serendipias. Científicos tan célebres como Einstein, Alexander Fleming o Louis Pasteur reconocieron lograr importantes hallazgos fruto de la casualidad. No se trata exactamente de suerte, sino de un descubrimiento inesperado fruto de otra búsqueda distinta, o la improvisación, incluso de la creatividad que solo surge cuando estamos desesperados por encontrar el método correcto [El Mundo (España): 25-4-2016].

Uno de los casos más notables de serendipia es probablemente el descubrimiento europeo de América. Colón zarpó hacia occidente con la idea de abrir una nueva ruta hacia la India. En lugar de eso, se topó con América. No es lo que andaba buscando, pero tampoco está nada mal.

La palabra inglesa serendipity es un invento del escritor inglés Horace Walpole, que a mediados del siglo XVIII explicaba su significado en una carta dirigida a un amigo. Traduzco el fragmento en cuestión a partir del texto que he localizado en el diccionario Merriam-Webster:

La verdad es que este descubrimiento es prácticamente del tipo que yo llamo serendipia, una palabra muy expresiva que, aprovechando que no tengo nada mejor que hacer, voy a intentar explicarte. Lo entenderás mejor sabiendo de dónde se deriva que con una definición. Una vez leí un cuento de hadas bastante tonto que se titulaba “Los tres príncipes de Serendip”. Según iban viajando, sus altezas iban descubriendo constantemente por casualidad y sagacidad cosas que no estaban buscando.

SerendipSerendib es uno de los antiguos nombres de Sri Lanka y también tiene su miga. Viene del árabe Sarandib, que es una deformación del sánscrito Sinhaladvipa, o sea, “la isla donde habitan los leones”.

En fin, me da igual si es por serendipia o por pura chiripa, pero espero que hagas muchos descubrimientos afortunados a partir de ahora.

 27 de Septiembre de 2016  etimología, léxico, sustantivo