Nov 042007
 

Podemos decir que la ultracorrección consiste en ser más papista que el Papa. Fernando Lázaro Carreter definió así el término en su Diccionario de términos filológicos:

Ultracorrección. Fenómeno que se produce cuando el hablante interpreta una forma correcta del lenguaje como incorrecta y la restituye a la forma que él cree normal.

Este fenómeno también se conoce como hipercorrección.

Quienes se sienten inseguros lingüísticamente tienden a generalizar las reglas de manera incorrecta. Por ejemplo, alguien que tiene conciencia de que los participios acabados en -ao están mal dichos (acabao, destrozao, dao, etc.), cuando se encuentra con un nombre como bacalao, aplica una regla del tipo las palabras acabadas en -ao son incorrectas (las palabras, ojo, todas las palabras). O sea, si se dice acabado, destrozado, dado, también se dirá bacalado de Bilbado.

La ultracorrección se basa en la analogía: se apoya en un modelo, pero en uno que no es aplicable en ese caso concreto. Fijémonos en un par de formas ultracorrectas:

(1) Expléndido

(2) Espúreo

El primero es un caso de ultracorrección ortográfica (también podemos encontrarlo en la pronunciación). La x en posición final de sílaba se pronuncia corrientemente como s. Por ahí vienen las dudas. Quien le planta una equis a espléndido, está tomando incorrectamente como modelo palabras como explanada.

En el segundo caso nos encontramos con una palabra culta y poco frecuente. Son las más peligrosas. Espurio (‘ilegítimo, falso’) se parece sospechosamente a vulgarismos como vidio (‘vídeo’). Nuestro hablante, que ya salió escaldado en la compra de su primer vidio VHS, no está dispuesto a tropezar de nuevo en la misma piedra. Por eso prefiere espúreo, formado sobre el modelo de vídeo.

La ultracorrección suele resultar ridícula. Es como si nos sorprendieran tratando de hacernos pasar por lo que no somos, adornándonos con una cultura postiza.

 4 de noviembre de 2007  léxico, morfología, norma, ortografía