Nov 202011
 

Las denominaciones de cargos, títulos nobiliarios, dignidades, etc. se escriben siempre con minúscula. Esto incluye nombres de autoridades civiles, militares, académicas y religiosas como presidente, ministro, embajador, director, rector, general, rey, príncipe, infanta, duque, papa, obispo, imán, etc. Veamos algunos ejemplos:

(1) Los reyes se encuentran en viaje oficial en México, donde fueron recibidos por el presidente Calderón

(3) La princesa doña Letizia conversó durante breves momentos con la reina de Jordania

(4) La XVIII duquesa de Alba es Cayetana Fitz-James Stuart

(5) El consejero delegado de UBS presentará los resultados en la junta de accionistas

(6) El general Gutiérrez Mellado fue ministro con Adolfo Suárez

(7) Se especula con que el próximo papa podría ser un cardenal latinoamericano

Esta es una de las novedades incluidas en la Ortografía de la lengua española de 2010 y supone una simplificación respecto de la norma anterior, que exigía la mayúscula inicial en ciertos casos. El razonamiento con el que se justifica la innovación es que todas estas denominaciones son nombres comunes. Se recomienda expresamente que se aplique esta norma ortográfica incluso en los casos en que por motivos protocolarios o de cortesía se tiende a utilizar la mayúscula, por ejemplo, en encabezamientos de cartas:

(8) Excelentísimo rector magnífico:

Lo mismo vale para invitaciones, instancias, programas de actos oficiales, etc.

 20 de noviembre de 2011  norma, ortografía

  4 comentarios en “Cargos y autoridades, con minúscula”

  1. A veces, no tengo mucho tiempo para dejar comentarios, pero este blog me parece un lujo y lo sigo. Todo está muy bien explicado y se aprende un montón.
    ¡Enhorabuena! Y muchas gracias por las aportaciones que incluye.

  2. Gracias, justo ayer tuve una discusión al respecto con mi jefa que a todo le quiere poner mayúsculas. En realidad es una regla lógica. Los sustantivos comunes van con minúsculas y los nombres propios con mayúsuclas. Gracias.

  3. Los cambios en el uso de las letras mayúsculas es uno de los ámbitos en que la nueva Ortografía (¿ortografía?) académica peca más claramente de exceso de normativismo y de detallismo. A “Funciones y Usos de la Mayúscula” dedica la nueva Ortografía 68 páginas (casi el 10% del total, sin apéndices), con más de 120 apartqwados y subapartados. A mi juicio, la mayoría de las zonas grises deberían seguir conferidas a la libertad de estilo del escritor o a las convenciones de los distintos niveles y ámbitos de uso del lenguaje del lenguaje, sin que por tal minucia padezca la unidad del idioma. El intento de regular todas las hipótesis de posible uso de mayúsculas lleva a ambigüedades o antinomias. Pongo un ejemplo:

    El titular de prensa “Los reyes viajan a Bélgica” puede significar que muchas testas coronadas se desplazan a ese país (con motivo de una boda real, por ejemplo) o que lo hacen sólo el titular de la Corona y su consorte de un paìs determinado. Que la interpretación correcta sea la segunda y que los reyes sean precisamente los de España es algo que sólo nos dirá el famoso contexto; pero yo solo tengo tiempo e interés para echar una ojeada al titular, que en sí mismo es ambiguo y cuya interpretación correcta puede variar según la noticia se encuentre en las páginas de “Política” o en las de “Sociedad” (pongo comillas para que no se me reprochen las mayúsuculas iniciales).

    En cambio, “los Reyes viajan a Bélgica” indica claramente a un lector español de un periódico español que los viajeros son los reyes de España, evitando toda ambigüedad con ahorro de dos palabras. No sé por qué con los títulos y cargos no se admite esta especie de antonomasia, que la Academia permite en cambio respecto a denominaciones geográficas como “la Península” o “el Estrecho” (que para los españoles indican la península ibérica y el estrecho de Gibraltar).

    Si la regla es, como dice Virginia, que los nombres comunes se escriben con minúscula y los nombres propios con mayúsucula inicial, no entiendo que haya que escribir “la Ley 30/1992”, como si “ley” no fuese un sustantivo común (otra cosa es cuando se escribe el título de la ley -Ley de Procedimiento Administrativo- y no su mera referencia numérica).

    Y así podría seguir, pero entonces sería tan prolijo como lo que le reprocho a la Academia y, claro está, con menos títulos para ello.

  4. No puedo dejar de estar de acuerdo con Solitarius. A veces, “aclarar oscurece”.