Homografía

Dos palabras son homógrafas cuando se escriben igual pero tienen diferentes significados. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con coma, que puede referirse a un signo de puntuación, representar una forma del verbo comer o corresponder al sustantivo masculino que designa un estado patológico de sopor en el que queda sumida una persona. Otros casos son amo (del verbo amar) y amo ‘dueño’, pata (ave acuática) y pata (extremidad de un animal), etc. Podemos considerar que la homografía es un caso particular o un aspecto de la homonimia.

En español, dos palabras que comparten grafía coinciden también en su pronunciación, es decir, son homófonas. En otras lenguas, como el inglés, en cambio, nos podemos encontrar con homógrafos que difieren en la pronunciación. Así, por ejemplo, frente a minute [ˈmɪnɪt], que significa ‘minuto’, encontramos minute [maɪˈnjuːt], que tiene como cognados en español el cultismo diminuto y la forma patrimonial menudo.

Hay que mencionar, eso sí, que la reforma de la ortografía de 2010 ha dado pie a que surja algún caso anecdótico de homografía con leves diferencias de pronunciación que no conciernen a los sonidos individuales sino a los denominados rasgos suprasegmentales, es decir, los que afectan a más de un fonema. Al eliminarse la tilde de guion y otros monosílabos, nos hemos encontrado con que pie (del verbo piar) confluía en la escritura con pie (extremidad). El primero se pronuncia en muchas de las variedades del español con un hiato y con el acento en la segunda vocal [pi-é], mientras que el segundo se pronuncia como un diptongo con el acento distribuido sobre la única sílaba de que consta. Dicho esto, el caso es más virtual que real porque no parece que se presente demasiado a menudo la oportunidad de conjugar el verbo piar en primera persona (yo pie) y, menos aún, de escribirlo.

En español se da una relación asimétrica entre homonimia y homografía: todos los homógrafos son homónimos, pero no todos los homónimos son homógrafos. Esto es así porque existen casos de homonimia parcial en los que la coincidencia se produce en el plano fónico, pero no en el escrito, como con vaca y baca, que se pronuncian exactamente igual, pero se oponen ortográficamente por la diferencia entre be y uve. Esto, a su vez, implica que la relación que se da entre homógrafos y homófonos es también asimétrica, puesto que todos los homógrafos son homófonos (con la mínima excepción mencionada en el párrafo anterior), pero no todos los homófonos son homógrafos (pensemos nuevamente en el par vaca/baca o en echo y hecho).

La ortografía de algunas lenguas, como el francés, tiende a evitar la homografía de ciertos homófonos, lo que da pie a una proliferación de grafías diferentes para palabras que se pronuncian igual. Eso explica las nueve grafías de la pronunciación [o] a las que ya hacíamos referencia a propósito de la homofonía: au ‘al’, aux ‘a los’, ô ‘oh’, os ‘huesos’, eau ‘agua’, eaux ‘aguas’, aulx ‘ajos’, haut ‘alto’ y hauts ‘altos’. En español, sin llegar a estos extremos, también encontramos casos en los que la ortografía previene la homografía. La tilde diacrítica tiene precisamente este propósito. Eso mismo se puede conseguir con la hache u otras grafías en otras ocasiones, como vemos a propósito de ha (del verbo haber), a (preposición) y ah (interjección). Aunque suelen entrar aquí en juego también factores etimológicos, el deseo de evitar la homografía es un factor que alimenta la resistencia a las reformas ortográficas que tratan de acercar la escritura a la pronunciación.

2 comentarios en “Homografía”

  1. Lo último que menciona Alberto acerca de las reformas ortográficas es altamente polémico. Pienso que ya es imposible cumplir el ideal de adecuar en su totalidad la escritura con la pronunciación. La Real Academia Española impulsó el cambio ortográfico en ese sentido durante el siglo XVIII, pero lo detuvo en 1815. Ahora sería impensable hacer una reforma ortográfica tan profunda como la propuesta en su tiempo por Andrés Bello, o “jubilar” la ortografía como lo pedía Gabriel García Márquez en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en México en 1997; pues tal como lo dicen las Academias de la Lengua Española en la Ortografía de 2010, un cambio radical en el sistema de escritura, para ser exitoso, necesitaría del consenso y acatamiento general de toda la comunidad hispanohablante, y si pensamos en las chispas generadas en la opinión pública por el anunció de pequeños ajustes ortográficos contenidos en esa obra, es fácil deducir que las iniciativas de adecuar completamente la escritura con la pronunciación no trascenderán del campo de la utopía lingüística. Así pues, lo mejor que se puede hacer es emprender un sincero esfuerzo por estudiar con atención las reglas ortográficas y aplicarlas constantemente en la redacción de textos. Recordemos que la práctica hace al maestro.

  2. Me gusto mucho la información, es muy relevante, aún más para los estudiantes de profesorados. Es muy lindo tomarse el tiempo de leer con detenimiento las reglas ortográficas como las bases lingüísticas.

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