Oct 192017
 

Nuestros escritos en línea tienen que estar debidamente ordenados. Además lo tienen que estar en dos niveles estructurales diferentes: en el interior de cada artículo concreto y en el interior de una serie de artículos. Esto es lo que técnicamente se conoce como nivel microestructural y macroestructural.

El primer tipo de orden, el que debe reinar dentro de cada artículo, se consigue disponiendo el contenido de manera lógica. En textos expositivos o argumentativos seguiremos el esquema clásico de introducción, desarrollo y conclusión. En la introducción anunciamos lo que se va a encontrar el lector más adelante: le prevenimos, le ponemos en situación y le damos motivos para seguir con nosotros en lugar de salir huyendo hacia la siguiente página web. En el desarrollo vamos desgranando las ideas, empezando por las más importantes. En la conclusión encapsulamos en un breve párrafo lo que queremos que retenga el lector. Si ha llegado hasta aquí, es que realmente está interesado. Se merece que le demos hecho este trabajo. Ahora está a punto de saltar a otro lugar, pero todavía estamos a tiempo de servirle en bandeja otro texto que le pueda interesar. ¿Cómo? Con un enlace.

En textos más breves podemos limitarnos a lanzar una idea audaz con el mínimo número de palabras posible. Internet se presta de maravilla a este tipo de textos, para los que raramente había cabida en el mundo de la imprenta (al menos, como unidades independientes).

El otro nivel donde tenemos que imponer orden es el macroestructural. Cuando tenemos una colección de textos que guardan relación, hay que agruparlos de alguna manera. Ya indicábamos más arriba que los artículos han de tener unidad de contenido y que es preferible escribir artículos independientes en lugar de agrupar en uno solo nociones relacionadas. En cuanto aplicamos este principio de manera coherente, empezamos a generar ramilletes de textos. La manera de ordenarlos y de guiar al lector consiste en redactar un artículo más general que vaya enlazando a cada uno de los artículos particulares. Así, a poco que escribamos sobre un tema, iremos creando conjuntos de textos organizados jerárquicamente. Con el paso del tiempo comprobaremos que es fácil desarrollar así guías, manuales, tratados, etc. Los vamos elaborando apartado tras apartado y poco a poco van tomando forma.

Esta manera de ordenar y jerarquizar los textos conectándolos mediante enlaces es lo que se denomina hipertexto. Es una forma de escritura que va íntimamente ligada a Internet. Si ha triunfado, es probablemente porque su estructura se parece a la del pensamiento del escritor y —muy importante— a la de la curiosidad del lector, que puede ir siguiendo los enlaces que más le interesan en su tarea de descubrimiento.

El hipertexto rompe la linealidad que era inherente a libros y revistas. Aquella estructura nunca fue ideal. Simplemente nos veíamos forzados a convivir con ella por las limitaciones técnicas de los medios impresos. Esta ruptura abre nuevas oportunidades y nuevos retos.

[Alberto Bustos: Escribir un blog]

 19 de octubre de 2017  escritura, redacción