Ene 022018
 

La apócope es un proceso fonológico que consiste en la pérdida de uno o varios sonidos en posición final de palabra. Este término procede del griego apokopé, palabra que está formada a partir de apo, que indica alejamiento o separación y kóptein, que es ‘cortar’.

La apócope, por tanto, consiste en comernos el final de alguna palabra en la pronunciación. Y digo en la pronunciación porque estos son fenómenos propios de la lengua oral y resultan independientes de la escritura.

La terminación de una palabra suele ser una posición débil desde el punto de vista fonético, sobre todo si la última sílaba no es tónica. Por eso está especialmente expuesta al desgaste y pérdida. La apócope resulta muy frecuente en el habla espontánea y coloquial, por ejemplo cuando decimos en una pronunciación relajada [reló] o [usté] en lugar de [relój] o [ustéd].

Este tipo de reducciones desempeña un papel fundamental en el cambio lingüístico. Suelen comenzar como fenómenos ocasionales que vienen favorecidos por la comodidad en la articulación. Sin embargo, pueden acabar consolidándose y expandiéndose entre los hablantes hasta llegar a desplazar a las formas íntegras. El desgaste de las terminaciones del latín dio lugar a que el acusativo rosam se convirtiera en la forma castellana rosa o a que el infinitivo amare se quedara en amar, que es la forma actual. En uno y otro caso, las variantes apocopadas han desplazado por completo a las anteriores (si no me crees, prueba a utilizar rosamamare y después me cuentas qué tal te ha funcionado).

En el español actual tenemos ciertos casos de apócope que están integrados en la gramática y cuya aparición viene determinada por reglas. Los principales son los siguientes:

1. Apócope del adjetivo

1.1. Bueno y malo se reducen a buen, mal cuando van seguidos de un nombre masculino.

Un buen libro

Un mal hermano

Esto solo se aplica al singular. En el plural reaparecen las formas plenas: buenos libros, malos hermanos.

1.2. Grande se convierte en gran cuando va seguido de nombres tanto masculinos como femeninos:

Un gran vino

Una gran presidenta

Encontrarás una explicación más detallada de la alternancia grande/gran siguiendo el enlace anterior.

Santo tiene una forma apocopada san que aparece ante nombres propios masculinos:

San Cucufato

No se apocopa ante nombres de hombres que empiezan por Do- o To-: santo Domingo, santo Tomás, santo Tomé, santo Toribio. Tampoco se produce la apócope ante un nombre común. Por eso decimos santo padre para referirnos al papa de Roma. Para el femenino solo se utiliza la forma plena santa: santa Casilda.

2. Apócope de determinantes indefinidos

2.1. Uno, alguno ninguno pasan a ser un, algún, ningún cuando van seguidos de un sustantivo masculino en singular.

Un niño

Algún año

Ningún problema

2.2. Cualquiera se acorta en cualquier cuando va antepuesto al sustantivo, tanto en masculino como en femenino. Compárese cualquier estudiante con un estudiante cualquieracualquier manzana frente a una manzana cualquiera.

3. Apócope de numerales

3.1. Primerotercero pasan a ser primertercer ante sustantivos masculinos en singular:

Primer premio

Tercer puesto

3.2. Ciento pasa a ser cien en algunos casos que resultan demasiado complejos para explicarlos aquí. Tendrá su propio artículo. Ejemplo: Cien mil personas.

4. Apócope de posesivos

Los posesivos mío, tuyo, suyo se apocopan en mi, tu, su cuando aparecen antepuestos al nombre, tanto en masculino como en femenino, en singular como en plural:

Mis yates

Tu teléfono

Sus primas

Las formas plenas aparecen pospuestas al nombre (estos yates míos, el teléfono tuyo, unas primas suyas) y cuando funcionan como pronombres (el mío, el tuyo, el suyo).

Antes de terminar, unas notas de uso: apócope es un nombre femenino: se dice la apócope y no el apócope. Existe también el verbo apocopar, del que sale el adjetivo apocopado, como en formas apocopadas. No es correcto formas apócopes.

 2 de enero de 2018  lengua oral, morfología