La b y la v se pronuncian igual en español. Exactamente igual. Por eso dan pie a tantas faltas de ortografía. Vaca suena igual que baca: /báka/. Y lo mismo ocurre con vasto y basto (/básto/) o con tuvo y tubo (/túbo/).
Algunos hablantes intentan pronunciar la v con un sonido labiodental (y, a veces, hasta lo consiguen). Es decir, procuran imitar el sonido de esta letra en inglés o francés. La consecuencia es que leen la v haciendo pasar el aire entre los incisivos superiores y el labio inferior. Digo leen porque este comportamiento es irregular en la práctica. En la lengua oral surge de vez en cuando, cuando se acuerdan de ello. Es más habitual en la lectura en voz alta, sobre todo, si es lenta y enfática.
Esta pronunciación es inaceptable en la lengua estándar culta. Yo la denomino uveísmo. Suele dar pie a todo tipo de incoherencias: al final se deslizan labiodentales un poco al tuntún, incluso en palabras que se escriben con b.
Esta pronunciación se basa en un desconocimiento de la realización fonética de la letra b, que es compleja. De hecho, es una de las dificultades a que se enfrentan los estudiantes de español como lengua extranjera. Conozco hablantes extranjeros de nivel muy avanzado que, después de décadas hablando un español de vértigo, todavía son incapaces de pronunciar correctamente la b.
En la pronunciación estándar culta, la b y la v se articulan con los dos labios (y sin ninguna diferencia entre una y otra). Dependiendo de los sonidos que aparezcan antes y después, los labios se juntarán o solamente se acercarán (¡esa es la verdadera dificultad!). Los detalles de la articulación te los explico en un vídeo: “Cómo se pronuncia la b ¡y la uve!“.
Si eres hablante nativo, tampoco te preocupes demasiado: esto lo haces de manera automática, a no ser que intentes el absurdo de deformar la pronunciación imitando sonidos extranjeros.
Llegados a este punto, muchas personas se suelen preguntar: “¿Y entonces cuándo se perdió el sonido labiodental de la v?”. La respuesta es nunca. Ese sonido no existía en latín y nunca se llegó a desarrollar en castellano. Estas uves pasadas por entre los dientes tienen dos orígenes principales:
a) Interferencias en situaciones de contacto de lenguas: la pronunciación de la v labiodental es frecuente en hablantes bilingües. Por ejemplo, muchos valencianos mantienen en castellano la v labiodental de su lengua materna. Ser bilingüe tiene ventajas de todo tipo, pero siempre conlleva un cierto grado de interferencia entre idiomas. Esto es normal y esperable. También es interesante el caso del español de Estados Unidos. Allí el español convive en situación de diglosia con el inglés. A veces, eso lleva a imitar la pronunciación labiodental por la enorme presión que ejerce la lengua inglesa.
b) Ultracorrección: la escritura posee un enorme prestigio, hasta el punto de que los hablantes llegan a creerse que pronunciar bien consiste en acercarse lo más posible a la escritura. Esto lo explica magistralmente el filólogo argentino-venezolano Ángel Rosenblat en su artículo “El fetichismo de la letra”. El hablante ingenuo tiende a pensar que si la ortografía distingue entre b y v, también habrá que diferenciarlas al hablar. ¡Craso error! Una cosa es cómo se escribe y otra, cómo se pronuncia. Si intentamos afectar cultura por la vía del uveísmo, manifestaremos un desconocimiento en grado supino de los aspectos más básicos del idioma. Noto que, últimamente, los cantantes de tres al cuarto prodigan el uveísmo en sus actuaciones y, naturalmente, lo hacen de manera totalmente incoherente, mezclándolo todo. Supongo que tampoco es culpa suya. Probablemente, alguien les ha dicho que queda más fino así.
Los defensores de la variante b) suelen mostrarse bastante exaltados, lo cual no deja de ser una muestra de inseguridad. Por supuesto, cada cual es libre de hablar como mejor le parezca. Eso sí, puestos a pronunciar las uves, yo sugeriría un poco de coherencia. ¿Por qué discriminamos a la hache? ¿Y qué pasa con la u de qu? Si trufamos de labiodentales una frase como Viva la vida vivida con vino, leamos de esta original manera la frasecita Hola, Herminia, ¿qué tal?:
[jóla jermínia kué tál]
¡Viva la vida vivida sin uves! O, por lo menos, pronunciándolas como es debido, es decir, exactamente igual que las bes.