Nov 212018
 

Los europeos no nos ponemos de acuerdo a la hora de nombrar a Alemania y a los alemanes. Las denominaciones que reciben el país y sus habitantes son de lo más variado a lo largo y ancho del continente. Creo que no hay otro caso en que se dé semejante discordancia. Esto es más sorprendente todavía si tenemos en cuenta la posición central que ocupa esta nación en el continente y su peso demográfico, con más de 80 millones de habitantes.

En español hablamos de Alemania y alemanes porque hemos tomado una parte por el todo (o, para ponernos técnicos, se trata de una denominación metonímica). Los culpables son los franceses, que tuvieron como vecinos (y enemigos) a los alamanes. Los alamanes (con a) eran una de las muchas tribus germánicas que se extendían por el centro de Europa en la Antigüedad. A finales de la época romana se asentaron en la zona de lo que hoy es Alsacia y Suiza. Fueron derrotados y absorbidos por el reino de los francos. Pero al final el roce hace el cariño, por lo que el nombre de esta tribu se adoptó en francés para referirse al conjunto de tribus germánicas. En la península ibérica nos limitamos a copiar lo que decían los franceses.

¿Pero qué opinan los interesados? Los alemanes se nombran a sí mismos de manera muy diferente. Su país es Deutschland y ellos son die Deutschen. Estas palabras proceden de una antigua raíz germánica que significa ‘el pueblo’. Esta misma raíz, pasada por el latín, está detrás de la denominación italiana: tedesco. Aunque los italianos han intentado dar la razón a todo el mundo, porque al país lo llaman Germania. Por tanto, se alinean con los hablantes de inglés, que dicen Germany (hablaremos sobre esto más abajo). En inglés existe el adjetivo Dutch, que es hermano de Deutsch. Sin embargo, Dutch significa ‘holandés’ o ‘neerlandés’. Esta palabra designaba originariamente a los pueblos germánicos en conjunto. Su significado se estrechó en el siglo XVII con la independencia de los Países Bajos. Estos se convirtieron en el Estado germánico más cercano a Inglaterra. La rivalidad subsiguiente hizo que los ingleses centraran su atención en estos germanos y no en los otros. Y no nos podemos olvidar aquí del adjetivo español teutón, que se deriva de la misma raíz germánica.

Los términos ingleses Germany (‘Alemania’) y German (‘alemán’) proceden del latín. El primer testimonio lo encontramos en Julio César, quien en La guerra de las Galias denominó germani a unas tribus del noreste del territorio que había conquistado. Es probable que estas tribus ni siquiera fueran germánicas, pero eso importó poco. Nuestros adjetivos germano y germánico comparten este origen.

Los eslavos también aportaron su granito de arena. En checo Německo es ‘Alemania’ y německý es ‘alemán’. En las restantes lenguas eslavas encontramos simplemente las variantes correspondientes. Lo que subyace a estas denominaciones es una raíz eslava que significa ‘mudo’. Y es que los seres humanos somos muy especialitos. Cuando nos topamos con alguien que no habla nuestro idioma, tendemos a pensar que no sabe hablar, que es tonto o que es mudo. De estas ideas tan peregrinas ha salido el nombre de más de un pueblo. Palabras como bárbaro y bereber también esconden historias de incomprensión mutua entre pueblos que se creían que sus vecinos solamente sabían decir bar bar bar o ber ber ber.

Por último, en finés los alemanes son Saksa, o sea, ‘sajones’. Se repite una vez más el mecanismo por el que uno de los pueblos germánicos da nombre a todos en general.

Pero ¿por qué tantos nombres diferentes? Hay dos motivos principales. El primero es que la actual Alemania es un crisol en el que se han fundido multitud de pueblos históricos. El segundo tiene que ver con la fragmentación política de los Estados alemanes, que duró hasta el siglo XIX.

En cualquier caso, lo que nos ha quedado en las lenguas europeas actuales es una curiosa acumulación de nombres para hablar de este país del corazón de Europa.

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 21 de noviembre de 2018  léxico