Feb 052019
 

Quienes se quejan del uso y abuso de siglas y acrónimos en la lengua actual deben saber que estos no son nuevos. Los romanos ya los conocieron y los usaron. Todos hemos visto en las películas el famoso SPQR: Senatus Populusque Romanus, que traducido significa ‘el Senado y el pueblo romanos’. Sin embargo, hoy me interesa otro: inri.

Inri es un acrónimo: está formado con trozos de palabras y se lee él mismo como una palabra (no deletreamos). Concretamente, contiene las iniciales de la expresión latina Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum o, lo que es lo mismo, ‘Jesús de Nazaret, rey de los judíos’. Los romanos tenían costumbre de colgar un letrero en las cruces para dar a conocer los delitos por los que se ajusticiaba a la persona en cuestión. En el caso concreto de Cristo, Poncio Pilato escogió esa inscripción para hacer escarnio del crucificado.

Esta idea de burla se ha mantenido en el uso que hacemos normalmente de inri en nuestro idioma, donde ha adquirido el significado de ‘burla o afrenta’. Casi siempre aparece en la expresión para más inri, que se utiliza para hablar de algo que empeora una situación que ya de por sí es mala. Viene a ser un equivalente de para colmo, como en este ejemplo:

(1) —He quedado en que a eso de las cuatro esperaríamos en la puerta —dijo, creo que consciente de mi turbación y disfrutando con ella, para más inri [Alfonso Mateo-Sagasta: Ladrones de tinta].

Esta palabra se escribe en minúsculas. En un primer momento se construyó uniendo iniciales de otras palabras, pero ya está integrada en nuestro idioma como un nombre común más. Por este mismo motivo, tampoco es necesario destacarla en cursiva.

La palabra inri es interesante también desde el punto de vista de la historia del alfabeto. Si esto lo escribiéramos hoy, sería JNRJ, lo mismo en latín (2) que en castellano (3):

(2) Jesus Nazarenus Rex Judaeorum

(3) Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos

¿Por qué, entonces, se escribía antiguamente con i? Porque la distinción entre la i y la j es un invento relativamente moderno que se va consolidando durante el siglo XVII (mil seiscientos años después de la muerte de Cristo). Originariamente, una y otra letra eran simples variantes de un mismo carácter. Para hacernos una idea, podemos pensar en lo que ocurre hoy día con la a redonda (a) y la a cursiva (a). Tienen formas diferentes, pero no pasan de ser maneras diferentes de escribir una misma letra.

Es más, la jota nos revela en su nombre que es una i disfrazada. Jota viene de iota, que no es ni más ni menos que el nombre que daban los griegos a la i. También se nota el origen común en que están una al ladito de la otra en el abecedario. Una vez que se inventa la nueva letra, había que colocarla en algún sitio. ¿Y dónde mejor que al lado de la original?

Y, naturalmente, si la jota hubiera existido como letra independiente en tiempos de Cristo, hoy la expresión para más inri sería inviable porque JNRJ es imposible decirlo sin deletrear y tendríamos que pasar toda la tarde para decir «para más jota-ene-erre-jota». ¡Poco práctico!

Así que ya sabes todo lo que se esconde detrás del dichoso inri. Tenía más tela que cortar de lo que parecía.

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 5 de febrero de 2019  varios