Paréntesis, corchetes y rayas

Hola, hablante, comparto aquí contigo el inicio del curso Paréntesis, Corchetes y Rayas, que impartí para un grupo de estudiantes de los Cursos del Blog de Lengua.

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Paréntesis, corchetes y rayas: aprende por fin a usarlos

En este curso vamos a estudiar tú y yo el uso de los paréntesis, los corchetes y las rayas. Lo vamos a hacer de forma detallada y sistemática. El objetivo es que salgas de aquí sabiendo cómo manejarlos para que los utilices con conocimiento de causa cuando redactes correos electrónicos, trabajos académicos, novelas, informes o cualquier otro tipo de texto.

Empezaremos por los nombres de estos signos para que sepamos exactamente a qué nos referimos en cada caso y para que quede claro cómo conviene llamarlos. Vamos por partes.

Paréntesis es una palabra de origen griego que nos llega a través del latín medieval. Literalmente, significa ‘intercalación’. En un primer momento, designaba los incisos que se introducen en una oración. A partir de ahí empezó a aplicarse a los signos que servían para delimitar esos incisos. Esta fue la evolución:

añadido > signos que delimitan el añadido

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En la ortografía de nuestros días, los signos en cuestión son específicamente estos:

( )

La palabra paréntesis tiene la misma forma para el singular y el plural:

el paréntesis > los paréntesis

Se comporta en esto igual que otras palabras llanas (o graves) que terminan en -s:

el lunes > los lunes

el virus > los virus

Hay quien se deja confundir por esa -s final e intenta crear un singular paréntesi por una especie de ingeniería inversa lingüística. El razonamiento que subyace a estas formaciones es el siguiente: si el plural es los paréntesis, el singular tendrá que ser el paréntesi. Como te puedes imaginar, esto es un error. Este tipo de formaciones tienen un nombre técnico en lingüística: son lo que se denomina formaciones regresivas (intentamos volver desde una forma compleja a otra más básica, pero nos perdemos por el camino).

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Los corchetes son los parientes rectangulares de los paréntesis. En la ortografía actual son así exactamente:

[ ]

La forma ya te está dando a entender que están relacionados con los paréntesis. Más adelante comprobarás que sus usos se hallan muy cercanos.

La palabra corchete es un préstamo del francés crochet, palabra que significa ‘gancho’ en esa lengua. En la España del siglo XVII, se llamaba corchetes a los precursores de nuestros actuales agentes de policía. Tiene su lógica, puesto que su función consistía en enganchar a ladrones y maleantes (o prenderlos, como se decía en aquel entonces).

Y vamos ahora con las rayas. El sustantivo raya es familia de rayo. Uno y otro tienen su origen en el latín radius, que significaba ‘varita’ y también era el nombre que recibían los radios (o rayos) de las ruedas de carro. Las rayas que trazamos sobre una hoja se denominan así por su semejanza con los radios de las ruedas.

Esto es una rueda de carro con sus radios o rayos
Figura 1: aquí encontrarás el origen de la raya

Por lo que respecta al signo ortográfico, hacen falta algunas precisiones. Existen tres signos muy parecidos, pero que conviene diferenciar desde el punto de vista de la tipografía y de la ortografía. En primer lugar está el guion, que es el más corto de los tres:

(1) Curso teórico-práctico

Este es el signo que aparece normalmente en los teclados de ordenador. Los usos del guion se salen de los objetivos de este curso, pero sí te digo que unas veces une (como en el ejemplo de arriba) y otras veces separa (por ejemplo, cuando divide una palabra al final de una línea).

Después está el signo de menos, que es un poquito más largo y se emplea en operaciones matemáticas:

(2) 9 – 1 = 8

Y por último tenemos las rayas, que son las más largas:

(3) Aquella cuestión —insisto— era peliaguda.

Te pongo aquí los tres juntos para que puedas comparar:

Guion:
Menos:
Raya:

El guion te resultará fácil escribirlo. Como decíamos, suele encontrarse en el teclado de los ordenadores: pulsas la teclita y despachado. Como ya estoy oyendo la pregunta, voy a explicar cómo se introducen los otros dos con un procesador de textos. Si la aplicación es lo suficientemente inteligente, basta con pulsar la tecla de guion repetidamente y ella solita lo convertirá en el signo adecuado: dos veces (–) para conseguir el signo de menos y tres veces (—) para una raya con todas las de la ley.

Si la aplicación no es tan espabilada como eso, te tocará ir al menú Insertar y, a continuación, seleccionar la opción para introducir un carácter especial. Ahí te aparecerá un cuadro con signos de todos los alfabetos habidos y por haber. Puedes probar a buscar en dash (menos) o em dash (raya). Los ingleses, que son gente práctica, los llaman así para acordarse de que el signo de menos es igual de ancho que una ene, mientras que la raya ocupa lo mismo que una eme. Desde que me lo aprendí, ya no se me olvida. Espero que te sirva también a ti.

Y ahora te voy a contar cómo soluciono yo esto en la vida moderna. Supongamos que quiero escribir una raya. En lugar de hacer tantas operaciones, me voy a Internet y busco em dash. En los resultados de búsqueda me va a aparecer el signo en cuestión (—). Lo selecciono con el ratoncito, lo copio (control + c), me voy a mi documento y lo pego (control + v). Para más seguridad, suelo seleccionar pegar sin formato. En mi sistema es control + mayúsculas + v, pero en el tuyo puede variar.

¡Bien! A partir de ahora ya no hay excusa para confundir el guion (-), el signo de menos (–) y la raya (—). En este curso nos vamos a centrar en esta última.

Y ahora que hemos puesto los puntos sobre las íes (ortotipográficamente hablando), podemos ir entrando en cuestiones de uso. Los paréntesis, los corchetes y las rayas son signos que se encuentran estrechamente relacionados. En algunos de sus usos son intercambiables, pero cada uno de ellos presenta matices y empleos que le resultan específicos. A lo largo de estas páginas vas a estudiar detenidamente los unos y los otros. En esta introducción me interesa que te quede claro que estos tres signos se sitúan en un nivel más bien avanzado dentro del aprendizaje de los signos de puntuación. ¿Por qué digo esto?

En el centro del sistema se encuentran el punto (.) y la coma (,). En el momento en que una persona aprende a manejar esos dos signos, ya puede ponerse a redactar. De hecho, los escritores inexpertos tienden a limitarse al punto y a la coma. Es imposible construir cualquier texto mínimamente extenso sin utilizar ni el uno ni la otra. En cambio, puedes pasar meses escribiendo sin echar mano de los paréntesis (y no digamos de los corchetes y las rayas). Esto ya te está indicando que estos tres ocupan una posición más periférica dentro del sistema. A su vez, de entre los tres, resultan más básicos los paréntesis, mientras que los corchetes y las rayas corresponden a usos más especializados. Ese es el motivo de que estos dos últimos se presenten con menos frecuencia aún en la escritura diaria.

¿Y entonces para qué los queremos? Para lo mismo que quieres la carne, la cebolla y el pimentón cuando te dispones a guisar unas patatas (que me perdonen los veganos). Unas patatas cocidas sin más pueden tener su gracia, pero tú imagínate cómo sería tu vida si todos los días te obligaran a comer patatas cocidas con sal. Ni más ni menos. Pues eso mismo es lo que le haces a tu lector si la puntuación de tus textos se limita a los dos signos básicos. El punto y la coma son las patatas, que no pueden faltar porque son la base de la receta. El resto de signos son los ingredientes que le aportan sabor al guiso: sus tajaditas de carne, sus cebollas bien picadas, sus ajitos, la pimienta, el pimentón… La gracia está en agregarlos en su debida proporción. Si te quedas corto, el guiso va a resultar insulso. Y si se te va la mano, se puede convertir en un revoltijo intragable. Lo que vamos a intentar en esta lección y en las siguientes es que aprendas a utilizar a la perfección tres de los ingredientes: los paréntesis, los corchetes y las rayas.

Y mucho cuidado, porque las famosas pausas no te van a ayudar. Muchas personas creen (equivocadamente) que las pausas de la lengua oral determinan la aparición en la escritura de signos como el punto, la coma o el punto y coma. En la práctica, esto sirve para cometer faltas de puntuación como la copa de un pino; pero es que en el caso de los paréntesis, los corchetes y las rayas no te vas a poder agarrar ni siquiera a eso. Permíteme que te termine de desengañar. El uso de los signos de puntuación depende de reglas. Hay que estudiar. No queda otro remedio.

Los signos de puntuación son señales que le lanzas a tu lector. Son una forma de tomarle de la mano e irle guiando para que sepa cómo debe interpretar tu texto. Si los seleccionas bien, le vas a ayudar a captar la estructura del texto, de las oraciones y de las diferentes partes de que se componen las oraciones. A mí me gusta compararlo con esas carreteras donde las señales de tráfico te van guiando de manera certera hasta que llegas a tu destino. Mal utilizados, los signos de puntuación entorpecen la lectura y desorientan al lector. En ese caso son como esas señales que te prometen una gasolinera, pero después te dejan tirado en medio de ninguna parte sin gasolina y sin pistas para continuar el viaje.

¿Y cuál es la función de paréntesis, corchetes y rayas? Tienen varias, pero la principal consiste en marcar un fragmento de texto como un añadido. Sirven para darle a entender al lector que lo que aparece encerrado entre ellos es una información accesoria. Ese es el uso que comparten (aunque con matices). Después, cada uno de ellos presenta otras funciones que le son específicas. Los corchetes van a tener su papel en poesía o en transcripciones fonéticas. La raya te va a permitir dirigir la atención del lector para indicarle el inicio de las intervenciones en los diálogos o de los elementos de una lista. Es como un dedo con el que apuntas y le dices a tu lector: mira aquí, ahora aquí… (por algo decían los romanos que la raya era una varita). En novelas y otros textos literarios, también va a señalar la aparición de una voz que interrumpe la narración: la voz del propio narrador, que ya no está contando los hechos, sino que se está manifestando sobre ellos.

Como te decía, vamos a ir estudiando los usos compartidos y los usos específicos a lo largo de las siguientes lecciones, pero antes quiero que nos fijemos tú y yo en algunas cuestiones formales, en cuestiones que te van a permitir combinar nuestros tres signos de puntuación con algunos otros.