¿’Chichinabo’ o ‘chicha y nabo’?

De chicha y nabo es una expresión idiomática que significa ‘de poca importancia, insignificante’, como en este ejemplo del autor asturiano Rafael González Crespo:

Nos hicimos una foto de grupo, las fotos así unen mucho, en la plaza más emblemática del mundo soviético pero sin apenas luz y con una máquina de chicha y nabo. Lo único que se ve en ella es mi anorak amarillo chillón, regalo de un buen amigo que tenía y tiene una fábrica de material deportivo y que me dijo que con él no pasaría frío, lo cual fue cierto, pero a cambio yo debía hacerme alguna foto en Rusia que pudiera luego utilizar en su publicidad […]

Rafael González Crespo: Cambio hoz y martillo por 4×4 con lunas tintadas

Lo que nos está dando a entender el texto es que la cámara fotográfica en cuestión era más bien malilla, que no valía gran cosa.

Las expresiones idiomáticas son secuencias de palabras cuyo significado no se deriva del de sus componentes. Imagínate que una estudiante alemana conoce el significado de chicha (‘carne’) y de nabo (‘cierta hortaliza comestible’). Pues bien, esta estudiante (de nivel avanzado) todavía no estaría en condiciones de entender que la expresión de chicha y nabo, así, en conjunto, se interpreta como ‘insignificante, de poca importancia’. Esa secuencia significa en bloque y, además, su significado está muy alejado del que les corresponde a sus componentes individuales.

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Según el Diccionario panhispánico de dudas, la locución de chicha y nabo es propia del habla coloquial de España. No obstante, encuentro algún que otro ejemplo de su uso en América. Por tanto, deduzco que no debe de ser desconocida en aquel continente. El autor uruguayo Alberto Zum Felde (1887-1976) se expresa así en una de sus obras:

Yo los detesto por bajunos, trapaceros y bobos. Esos idealistas de chicha y nabo me apestan. La vida es realidad y acción, no mentirola y ensueño.

Alberto Zum Felde: Proceso intelectual del Uruguay

Además, esta expresión idiomática cuenta con una larga tradición literaria. Encuentro varios ejemplos en Quevedo (y ya con el significado actual, que es lo interesante). Copio aquí uno para que sirva de muestra:

Yo tengo, aunque no son muchos,
bienes raíces y ramos,
las viñas en las tabernas,
las vendimias en el trago,
pocas, mas buenas, alhajas,
horma para los zapatos,
bigotera de gamuza,
golilla de chicha y nabo.

Francisco de Quevedo: El Parnaso español

La golilla es ese típico alzacuellos de tela blanca que llevaban los hombres en el siglo XVII y que habrás visto en infinidad de retratos de aquella época. Por tanto, el verso quevedesco nos está hablando de un alzacuellos de poca calidad.

La obra de Quevedo que he citado se conoce normalmente como El Parnaso español, pero su título completo es El Parnaso español, monte en dos cumbres dividido, con las nueve musas castellanas, donde se contienen poesías de don Francisco de Quevedo y Villegas, caballero del Orden de Santiago, secretario de su majestad y señor de la Villa de la Torre de Juan Abad. ¡Que conste! Como ves, en el siglo XVII les gustaban los títulos un poquito más largos que los que se estilan hoy día.

La palabra chicha es una voz expresiva del lenguaje infantil. Surge por una onomatopeya. Como he mencionado antes, significa ‘carne’. No hay que confundirla con chicha en el sentido americano de ‘cierta bebida’. Esta otra procede probablemente de la lengua cuna o guna, que hablaban y hablan los miembros de una de las primeras naciones de lo que hoy es Panamá y Colombia. Según los países, esta bebida va variando: con alcohol, sin alcohol, de maíz, uva, manzana…

Existe además una tercera chicha, que aparece únicamente en la expresión calma chicha. Esta era la que se encontraban los marinos de los tiempos de la navegación a vela cuando estaban en medio del mar y dejaba de soplar el viento. El origen podría estar en el francés chiche (‘escaso’).

La expresión de chicha y nabo cuenta con una variante más reciente y más típicamente popular: de chichinabo. Esta surge por contracción del original (ni más ni menos). El habla popular tiende a la comodidad y, por lo tanto, no es de extrañar que surjan formas abreviadas como esta. Nuestras queridas Academias de la Lengua no tienen nada que objetar a esta alternativa. Es más, el Diccionario de la lengua española recoge chichinabo. Encuentro un ejemplo de uso en el autor vallisoletano César Pérez Gellida:

Le conocí personalmente durante una visita que hizo en 1966 a una granja avícola de la Alemania Oriental, ya que tuve que organizar el protocolo de seguridad de aquel secretario del PCUS de una provincia de chichinabo.

César Pérez Gellida: Dies Irae

La provincia de chichinabo del ejemplo es, evidentemente, un territorio de poco más o menos, sin importancia.

El antropólogo cubano Fernando Ortiz dedica un artículo a chichinabo en su Catauro de cubanismos. Esto nos muestra que la variante contraída tampoco es ajena a las variedades americanas de nuestro idioma.

En fin, el tema me parecía modesto cuando me puse a escribir este artículo. Sin embargo, como has podido comprobar, no es precisamente de chicha y nabo (o de chichinabo).

Esta es mi contestación a una pregunta de Rosaura, alumna de los cursos del Blog de Lengua.