Dónde se sitúan los pronombres personales átonos

Hoy vas a aprender dónde se sitúan los pronombres átonos cuando aparecen en una perífrasis verbal. Esta es una cuestión que pone en apuros a más de uno, pero necesitas dominarla si te quieres expresar correctamente.

En primer lugar, vamos a enterarnos debidamente de qué son los pronombres átonos. Después nos vamos a fijar en la posición que ocupan estos pronombres normalmente con los verbos en forma personal y con los infinitivos. A continuación, descubrirás cómo dan saltos de alegría estos pronombres cuando se integran en una perífrasis verbal.

Además, te ofrezco una propina: vamos a hablar del gerundio.

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Qué son los pronombres átonos

Todos los pronombres personales del español se pueden clasificar en dos grupos atendiendo al golpe de voz:

  • Los pronombres personales tónicos se pronuncian con golpe de voz propio.
  • Los pronombres personales átonos carecen de él.

He aquí un ejemplo que incluye un pronombre tónico:

(1) Nosotros estudiamos gramática.

El pronombre nosotros recibe su propio golpe de voz:

(2) [nosótros estudiámos gramática]

Todos los pronombres que funcionan como sujeto son tónicos:

(3) yo, tú, él, ella…

También son tónicos los que se combinan con preposición:

(4) para mí, sin ti…

No me voy a extender con los pronombres tónicos: ahora me interesan los átonos. Estos funcionan siempre como complemento de un verbo. El siguiente ejemplo incluye uno:

(5) Me gusta el chocolate.

Esta es la pronunciación correspondiente:

(6) [megústa elchokoláte]

Como ves, el pronombre me se apoya en el verbo gusta para su pronunciación. Son una pareja que se complementa: el sustantivo posee el golpe de voz de que carece el pronombre.

Te presento aquí todos los pronombres átonos bien ordenaditos en forma de tabla:

SingularPlural
1.ªmenos
2.ªte, lo, le, la, seos, los, les, las, se
3.ªlo, le, la, selos, les, las, se

Algunas formas se repiten en las casillas de la segunda persona y de la tercera. La explicación la encontrarás en usted(es). La forma de respeto es una segunda persona por su significado, pero históricamente procede de una tercera (vuestra merced).

Normalmente, los pronombres átonos se sitúen delante del verbo. Es lo que ves en el ejemplo Me gusta el chocolate. Se mantienen entonces como palabras independientes en la escritura.

Cuando el pronombre se une a un infinitivo

Lo normal es que los pronombres átonos aparezcan delante del verbo y que se escriban separados. Sin embargo, saltan a la posición posterior cuando se combinan con un pequeño grupo de formas verbales. Ahí entran dos de las formas no personales:

  • el infinitivo
  • el gerundio

Los pronombres átonos también se sitúan detrás del imperativo, pero eso ahora nos alejaría de nuestro tema. Centrémonos en el infinitivo:

(7) Lamento molestarte.

El pronombre átono se sitúa detrás del infinitivo y se escribe unido a este. Eso forma una sola palabra en la escritura y se pronuncia también como una unidad acentual que gira alrededor del golpe de voz del infinitivo:

(8) [laménto molestárte]

Se pueden unir dos pronombres. En ese caso, los fusionamos igualmente con el infinitivo:

(9) Lamento comunicártelo.

Fíjate en que el infinitivo comunicar ha ganado una tilde en esta operación. Me ocuparé de ello en un apartado posterior. El conjunto resultante sigue pronunciándose como una unidad:

(10) [laménto komunikártelo]

Todo esto lo podemos trasladar al gerundio. Ya que nos ponemos, vamos a dejar esta cuestión despachada. Puedo añadir un pronombre átono detrás de un gerundio:

(11) comiéndolos

Y también le puedo añadir dos:

(12) comiéndomelos

Lo que te he explicado en este apartado es la posición normal de los pronombres átonos. La cosa cambia cuando el infinitivo se integra en una perífrasis.

Cuando el infinitivo forma parte de una perífrasis

En las perífrasis, el asunto se complica. Normalmente, vas a disponer de dos opciones. La primera es la prolongación lógica de lo que has observado en el apartado anterior. En ese caso, el pronombre se sitúa detrás del infinitivo y se arrima a él amorosamente:

(13) Voy a comerlo.

Lo mismo ocurre si añado dos pronombres:

(14) Voy a comérmelo.

Sin embargo, existe una segunda posibilidad. Los pronombres se pueden situar antes del verbo auxiliar. En ese caso, se escriben separados:

(15) Lo voy a comer.

(16) Me lo voy a comer.

Esto funciona exactamente igual con el gerundio. Te muestro los ejemplos correspondientes. Así no tenemos que volver sobre esta cuestión más adelante:

(17) Estoy escuchándote.

(18) Te estoy escuchando.

¿Qué ocurre si intento desplazar los pronombres en una construcción que no es una perífrasis? Que fracaso. Antes nos salió este ejemplo:

(19) Lamento molestarte.

El pronombre ocupa ahí su posición normal. Si intento situarlo delante del verbo lamentar, naufrago:

(20) Te lamento molestar.

Ese ejemplo no está bien formado en español. ¿Por qué se pueden desplazar los pronombres cuando el infinitivo forma parte de una perífrasis? Porque la perífrasis es algo más que una mera combinación de un verbo en forma personal y otro en forma no personal. Constituye una unidad que, conjuntamente, asume las funciones de un verbo. Por eso, tiene lógica que los pronombres consigan desplazarse a la posición que les corresponde cuando se combinan con un verbo simple. Eso es un indicio más de que la perífrasis funciona como si fuera un verbo simple.

Como te puedes imaginar, hay excepciones a esta flexibilidad en la colocación de los pronombres átonos en las perífrasis. Cuando el verbo auxiliar es pronominal, el pronombre solamente admite una posición: detrás del infinitivo. El siguiente ejemplo es correcto:

(21) Me puse a hacerlo.

Sin embargo, este otro está mal formado:

(22) Me lo puse a hacer.

El verbo auxiliar de esa perífrasis es ponerse. En español tenemos, por un lado, poner y, por otro lado, ponerse. Este último es un verbo pronominal porque incluye el pronombre. Ese pronombre no es un añadido que está ahí para representar un complemento. No, señor, ese elemento forma parte integral del verbo y eso condiciona la estructura de la oración en su conjunto. El verbo pronominal bloquea la posibilidad de que el pronombre del infinitivo dé un salto mortal por encima de la perífrasis y aterrice delante del auxiliar.

Esta es la principal excepción. Existen otras, pero es una casuística amplia que tendría mejor acomodo en un curso específico sobre los pronombres personales o sobre las perífrasis verbales. Lo que nos interesa aquí es el infinitivo y ha llegado el momento de ir cerrando este capítulo.

Propina: el gerundio

El gerundio es una forma verbal delicada: se presta a numerosos errores. Por eso, da pie a dudas e inseguridades de todo tipo. Eso provoca reacciones enfrentadas:

  • Hay quien abusa de ella porque le suena importante.
  • Hay quien la evita cual campo de minas.

Ya te aviso que casi todas las formas de expresarse que suenan importantes son pedantes, inadecuadas o incorrectas (o, incluso, las tres cosas a la vez). El motivo de que impresionen es que no suelen aparecer en el habla espontánea (y normalmente hay buenas razones para esa ausencia). El abuso de gerundios casi siempre apunta a pobreza de recursos gramaticales y a una redacción descuidada y apresurada, en la que el escritor pone su comodidad por delante de las necesidades del lector.

Aun así, en cuestión de gerundios, tan malo es pasarse como no llegar. Si renuncias al gerundio porque te da pánico, empobrecerás innecesariamente tu expresión. A menudo, eso te obligará a dar rodeos innecesarios y a introducir giros poco idiomáticos. No hay venenos: hay dosis. Vamos a explorar tú y yo dónde se sitúa el justo medio en el uso del gerundio.

Vídeo: dónde se sitúan los pronombres personales átonos

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