Dic 012016
 

Un signo diacrítico es cualquier marca que se utiliza para modificar algún otro signo de la escritura.

En español tenemos varios. El más frecuente con diferencia es el acento o tilde  (´), que se puede situar sobre las cinco vocales, tanto en sus versiones minúsculas (1) como en las mayúsculas (2):

(1) á, é, í, ó, ú

(2) Á, É, Í, Ó, Ú

Además utilizamos la diéresis (¨), también conocida como crema (nombre muy sabroso y que por eso mismo no se olvida fácilmente). Esta se le añade a veces a la u, tanto minúscula (ü) como mayúscula (Ü). Su función es advertirnos de que hay que pronunciar la u que aparece emparedada entre una ge y otra vocal, como en vergüenza. Sin el auxilio de la diéresis esa u sería muda.

El tercero y último de los signos de que nos servimos en la ortografía del español actual es la tilde o virgulilla (˜). Designamos con este nombre al trazo ondulado que se le añade a la ene para convertirla en eñe, como en la palabra España.

Ya te habrás percatado de que la denominación tilde se aplica a dos signos diferentes. Por eso existe también el término técnico acento ortográfico que permite evitar ambigüedades. Por otra parte, el problema es menor de lo que parece porque casi nunca tenemos necesidad de nombrar el trazo curvo que modifica a la ene.

Además de estos signos diacríticos, en español hemos usado algunos más en épocas pasadas. Por ejemplo, la primera ortografía de la Real Academia Española (1741) introdujo el uso del acento circunflejo (ˆ) en palabras como châos (caos en nuestra ortografía actual). Esa marca indicaba que el dígrafo ch había que leerlo como [k], frente a la pronunciación [ch] que tenía entonces y ahora en chorizo o choque.

La cedilla también la hemos utilizado históricamente. Seguramente la habrás visto en el teclado de tu ordenador, arrumbada en el extremo derecho (si escribes con un teclado español, claro). La denominación cedilla se aplica lo mismo al signo diacrítico (¸) que a la letra (ç). La historia de la cedilla es curiosa. Es un invento de los visigodos. Parece una ce modificada, pero su verdadero origen está en la zeta.

El alfabeto latino estaba hecho a la medida del latín, como su propio nombre indica. Cuando se extiende su uso a otras lenguas, hay que empezar a introducir pequeños arreglos para que siga funcionando. Una de las formas de hacerlo es modificar las letras existentes con la introducción de signos diacríticos.

Por ejemplo, en latín no había necesidad de marcar la sílaba que se pronunciaba con mayor intensidad. En español, en cambio, es fundamental. Por eso hemos complementado la escritura latina con nuestros acentos. Entre otras funciones, estos nos permiten diferenciar formas como las siguientes, que están relacionadas pero tienen significados distintos:

(3) término – termino – terminó

El sonido eñe no existía en latín. Por eso hubo que alterar la ene para reflejar en la escritura la pronunciación de palabras como España y para no confundir pares como año y uñauna.

El español no es ni mucho menos la única lengua que recurre a los signos diacríticos. Los tenemos en francés (è, ç, ô), en checo (č, ť, ů), en húngaro (ő, ö), en rumano (ş, â, ă) y en muchísimos otros idiomas que han adaptado la escritura del latín en mayor o menor medida para reflejar las particularidades de su pronunciación. En cambio, el inglés tiene una pronunciación muy alejada de la del latín, pero no hace uso de signos diacríticos (quitando algunas palabras de origen extranjero).

Los signos diacríticos tampoco son exclusivos del alfabeto latino, pero eso ya nos llevaría demasiado lejos. Conformémonos con lo que hemos aprendido por hoy.

Nov 292016
 

In pectore es una expresión latina que significa literalmente ‘en el pecho’ o ‘dentro del pecho’.

La Iglesia católica la utiliza para referirse a alguien que es cardenal, pero lo es en secreto. Ya ha sido nombrado, pero no se anuncia su nombre por el motivo que sea. Lo lleva el papa guardado en su pecho, que es donde se mantienen los secretos. Esto se hace a veces para proteger a ese cardenal en países donde puede sufrir persecución. El siguiente fragmento ilustra este uso de in pectore, que es el originario:

(1) Juan Pablo II no desveló, antes de morir, el nombre del cardenal in pectore. Y tampoco lo dejó escrito en su testamento [El Mundo (España), 6-4-2005].

El ejemplo (1) está tomado de un texto en el que se explica que Juan Pablo II dejó nombrado un cardenal, pero que su nombre se mantuvo oculto incluso después de la muerte del papa.

Por extensión, también se utiliza la expresión in pectore para referirse a una persona a la que ya se ha designado para un cargo, pero cuyo nombramiento todavía no se ha hecho público. Por ejemplo, se puede ser ministro in pectore si el presidente ha seleccionado a alguien, pero todavía no lo ha anunciado. Este uso es impecable. Constituye simplemente una ampliación del concepto más allá del ámbito del catolicismo.

Existe otro uso figurado que va un paso más allá, pero que sigue siendo correcto. In pectore puede aplicarse a decisiones que se mantienen en secreto. Por ejemplo, una persona puede ser candidata in pectore si tiene intención de presentarse a una elección, pero todavía no ha desvelado su propósito. No la ha nombrado nadie. Es una decisión que ha tomado por sí misma y que mantiene en su pecho a la espera de que llegue el momento de actuar:

(2) Dos candidatos in pectore empiezan a mostrar su ambición por liderar el partido, pero sin aclarar al 100% si se presentarán a la secretaría general.

En (2) se está especulando con la posibilidad de que ciertas personas presenten su candidatura, aunque estas todavía no se han manifestado abiertamente.

Lo que no se debe hacer es emplear in pectore cuando estamos hablando de la persona que ha ganado unas elecciones, pero que todavía no ha tomado posesión de su cargo. El siguiente ejemplo es incorrecto:

(3) El presidente in pectore Donald Trump se ha reunido con Obama para preparar el traspaso de poderes.

Si alguien ha sido elegido por los votantes para presidir una nación, no hay secreto posible. El adjetivo correcto en este caso es electo:

(4) El presidente electo Donald Trump se ha reunido con Obama para preparar el traspaso de poderes.

Un par de notas ortográficas para terminar. Esta expresión hay que resaltarla en cursiva. Si estamos escribiendo a mano, lo que haremos será encerrarla entre comillas. No se le pone tilde porque las expresiones latinas formadas por dos o más palabras no se acentúan.

 29 de noviembre de 2016  , , ,
Nov 242016
 

En español tenemos tres adverbios de lugar que los hablantes nativos usan con la mayor tranquilidad del mundo, pero cuya diferencia no es evidente, sobre todo para los hablantes de otros idiomas. Me refiero a aquí, ahí y allí.

Esto es una peculiaridad en comparación con lenguas como el inglés que solo tienen dos grados: here y there.

Lo primero que se nos ocurre es que aquí, ahí y allí representan tres grados de separación: cerca, lejos y más lejos todavía, pero esto es poco operativo. Si alguien no sabe cómo tiene que utilizar estos tres adverbios, no le vamos a solucionar las dudas con una explicación como esta porque ¿qué quiere decir cerca? ¿Cómo de lejos es lejos? ¿Y más lejos?

¿Cuál es entonces la diferencia? La clave está en las tres personas del verbo: yo, tú y él.

Aquí es lo que está en la órbita del yo, por ejemplo:

(1) Tengo un balón aquí conmigo.

Aquí es lo que está en el espacio que yo controlo, lo que se encuentra a mi alcance.

En cambio, ahí es lo que se sitúa en la órbita del tú, de la segunda persona:

(2) Tú también tienes un balón ahí contigo.

Es lo que tienes tú a tu alrededor, los lugares que alcanzas desde el punto en que te encuentras.

Por último, allí es todo lo que queda fuera de la órbita del yo y del tú, lo que se sitúa en el ámbito de una tercera persona que no es ni el hablante ni el oyente. Yo puedo decir:

(3) Veo una casa allí a lo lejos.

Pero atención: Cuando el hablante y el oyente están juntos en el mismo sitio, podemos utilizar ahí en lugar de allí. Por eso, si los dos estamos aquí juntitos, te puedo decir esto:

(4) Mira, hay una casa ahí.

Esta diferencia entre aquí, ahí y allí es paralela a la que se da entre este, ese y aquel, así que también te sirve para entender el funcionamiento de estos demostrativos.

Además de aquí, ahí y allí, en español tenemos acá y allá, pero eso ya es un problema diferente, así que lo dejaremos para otro día.

 24 de noviembre de 2016  , , , , ,
Nov 222016
 

Cuartos, así, en plural, es un sinónimo popular de dinero en España. Alguien que tiene cuartos es una persona adinerada.

El nombre cuartos viene de una antigua moneda de cobre castellana que equivalía a cuatro maravedíes. El caso es que se trataba de una moneda de poco valor y, por eso mismo, era una de las que más circulaban. Tanto se usaba que acabó convirtiéndose en una forma más de referirse al dinero.

Todo el que ha viajado a Estados Unidos sabe que la moneda de 25 centavos es conocida como quarter. El parecido con la palabra castellana no es casualidad. Los famosos reales de a ocho españoles circularon en Estados Unidos hasta mediados del siglo XIX. Un quarter se llama popularmente two bits (‘dos trocitos’). Los reales de a ocho tenían ese nombre porque se podían partir en ocho y utilizar los trozos como moneda fraccionaria. Dos pedazos de un real de a ocho son.. ¡un cuarto!

 22 de noviembre de 2016  , , , ,
Nov 152016
 

La diferencia entre ir e irse es una cuestión de perspectiva. Cuando utilizamos irse, ponemos el énfasis en el hecho de que abandonamos el lugar en que nos encontramos. En cambio, esta noción está ausente en las oraciones formadas con ir. Vamos a ver todo esto paso a paso.

El verbo ir expresa desplazamiento hacia algún punto:

(1) Voy a Berlín.

En (1) hay que interpretar que alguien se desplaza desde el lugar en el que está hasta la ciudad de Berlín.

El punto al que nos desplazamos puede quedar sobrentendido, como en (2), pero su idea estará presente de todos modos. Fíjate en este pequeño diálogo, que podría suceder en cualquier hogar:

(2) —Necesitamos aceite para la cena. —Voy yo.

En (2) no se especifica el destino del desplazamiento, pero para los presentes es fácil interpretar que se trata del supermercado o de cualquier otro sitio en el que tengan costumbre de abastecerse de aceite. Si no hay un lugar al que nos dirigimos, la oración con ir carece de sentido.

En cambio, con irse la idea principal es la de abandonar el sitio en el que uno está. Por eso, un hijo adolescente puede decir esto tranquilamente a sus padres:

(3) Me voy. No me esperéis a cenar.

El hablante que emite un enunciado como (3) está poniendo el foco de atención en el hecho de que abandona el lugar en que se encuentra, no en el sitio al que se dirige. Puede ser una forma cómoda para el hijo de anunciar su marcha sin tener que explicar adónde encamina sus pasos.

Aun así, irse admite que expresemos el lugar al que nos dirigimos, por ejemplo:

(4) Me voy a clase.

El ejemplo (4) hay que interpretarlo así: me marcho (del lugar donde estoy) para acudir a clase.

Naturalmente, irse también nos permite especificar el lugar que abandonamos. Si un hijo adolescente te dice esto, más vale que te preocupes:

(5) Me voy de casa.

En cambio, el verbo ir no admite este complemento:

(6) Voy de casa.

El ejemplo (6) no es aceptable porque, como decíamos antes, las oraciones con ir solamente tienen sentido si hay un punto de destino. Si lo añadimos, se restaura el orden:

(7) Voy de casa al trabajo.

Sin embargo, el significado de (7) es muy diferente al de (5). Voy de casa al trabajo simplemente indica un desplazamiento. Estoy en casa y me traslado al trabajo. En cambio, irse de casa es abandonar el hogar.

Como irse expresa la idea de dejar un lugar, podemos contraponerlo a verbos que tienen el significado de permanecer en el mismo sitio:

(8) ¿Te vas o te quedas?

Esa misma pregunta sería absurda con ir:

(9) ¿Vas o te quedas?

Esto es así porque el verbo ir no se opone a quedarse, sino a venir:

(10) ¿Vas o vienes?

En resumen, la diferencia entre irirse reside en la perspectiva. Irse destaca la idea de abandonar un lugar, mientras que en ir está ausente esa noción.

 15 de noviembre de 2016  , ,
Nov 102016
 

Entender la diferencia entre ir y venir es importante sobre todo para hablantes de otros idiomas como el inglés o el alemán que utilizan estos verbos de manera diferente; pero tampoco les vendrá mal a los nativos que quieren comprender cómo funciona su propia lengua. Además puede ser una buena preparación para enfrentarse a los verbos equivalentes en inglés o en algún otro idioma.

Ir y venir describen dos tipos de movimiento diferentes. En los dos casos tomamos al hablante como referencia.

El verbo ir se refiere a un movimiento que se aleja del punto en el que está el hablante, por ejemplo:

(1) Voy a ir al cine esta tarde.

Supongamos que estoy en casa y me desplazo hasta el cine. Como me alejo del sitio en que estaba, utilizo el verbo ir.

El verbo venir, en cambio, sirve para hablar de un movimiento que termina en el punto en el que se encuentra el hablante, como aquí:

(2) Ven a mi casa esta tarde

Yo estoy en mi casa y te estoy pidiendo a ti que te desplaces adonde me encuentro. La referencia soy yo. Como te acercas al lugar donde estoy, utilizo el verbo venir.

Esto es todo lo que necesitas para entender la diferencia básica entre irvenir.

 10 de noviembre de 2016  , ,
Nov 082016
 

La palabra gratis la hemos tomado directamente del latín gratis. Viene del sustantivo gratia, que significaba ‘gracia, favor, benevolencia’.

La forma gratis surgió por desgaste de gratiis, que era el ablativo plural de gratia. El ablativo era el caso que servía en latín para expresar los complementos circunstanciales. Por eso, las formas latinas gratiisgratis se pueden traducir al castellano como ‘haciendo un favor, por benevolencia, por agradar’.

Existe también la expresión gratis et amore, que hoy día es una variante más elaborada de gratis. Es propia, sobre todo, de la lengua coloquial. Para entender el significado original hay que sobrentender la palabra Dei. La expresión completa era gratis et amore Dei, que es lo mismo que decir por la gracia y por el amor de Dios. 

Gratis es un internacionalismo que está presente en un gran número de lenguas, por ejemplo, en francés, en italiano, alemán, danés, neerlandés, afrikáans, polaco y hasta en indonesio.

 8 de noviembre de 2016  , , ,
Nov 042016
 

En nuestro Blog de Lengua radiofónico de hoy Alberto Bustos y Javier Capitán rebuscan en el vocabulario del español hasta dar con la palabra sinistrórsum. Además te previenen frente a expresiones redundantes como subir arriba, falso pretexto, erario público, divisas extranjeras o multa económica.

Les quedarán fuerzas todavía para fijarse en el uso tradicional del artículo con nombres de países como la India, la Argentinael Brasil y finalmente nos revelarán cuál es la falta de ortografía más cometida en todas las oficinas de España (y parte del extranjero).

El programa original se emitió como sección de Las mañanas de RNE el 24 de agosto de 2016.

Nov 022016
 

Cabe es una preposición antigua que significaba ‘junto a’ o ‘cerca de’. Viene de cabo en el sentido de ‘orilla, extremo de algo’.

La aprendimos en el colegio porque estaba en la lista de preposiciones que nos hacían recitar: a, ante, bajo, cabe, con, contra… Sin embargo, nunca llegamos a saber muy bien qué pintaba aquel cabe compartiendo lista con pordesde.

Ya hemos dicho arriba cuál es su significado. Nos ayudará ahora a entender su uso el siguiente ejemplo, tomado de un texto de 1555:

(1) Apenas acabé de decirlo, cuando siento pasar cabe las orejas un guijarro pelado [Anónimo: Segunda parte del Lazarillo de Tormes].

Lo que quiere decir el fragmento en cuestión es que el narrador sintió pasar una piedra junto a las orejas o cerca de las orejas.

Esta preposición carece de uso en la lengua actual (por eso es necesaria toda esta explicación). Solo podríamos encontrarla en algún texto contemporáneo que intentara imitar el español antiguo.

Tampoco vendrá mal aclarar que no tiene nada que ver con el verbo caber, que es el que aparece en expresiones como cabe destacar, etc.

Una vetusta hermana de cabe es la preposición so. Sigue el enlace para averiguar su significado, su origen y el uso limitado que conserva hoy día.

 2 de noviembre de 2016  , ,
Oct 272016
 

En este podcast vamos a descubrir lo que significa sesquipedálico y por qué debemos huir del sesquipedalismo como si fuera el demonio. Además repasaremos falsos préstamos del inglés como recordman, recordwoman, eslip y autoestop. Y por si todo eso fuera poco, nos encontraremos cara a cara con la semana de los tres jueves de la lingüística o, lo que es lo mismo, con la única palabra del español que admite tres plurales. ¿Cuál será, cuál será…?

Los impresentables a los que oyes al micrófono son Alberto Bustos y Javier Capitán. La emisión original se hizo en Las mañanas de RNE el 17 de agosto de 2016.

Que lo disfrutes.