Etimología de ‘lotería’

La palabra lotería lleva en su interior la misma raíz que lote. Esta última es una palabra de origen germánico que significa ‘las diferentes partes de algo que se reparten entre varias personas’ o ‘lo que a cada cual le toca en suerte’. Es esta segunda acepción la que da lugar en italiano al sustantivo lotteria para designar un juego de azar. Los franceses tomarán prestado este nombre del italiano y después nos lo pasarán a nosotros.

Así que ya lo sabes: si te toca la lotería, en realidad, lo que te ha correspondido es un lote.

Podcast: los días de la semana

Los días de la semana tienen un origen. Nosotros los nombramos con palabras heredadas del latín. Estas tuvieron inicialmente un significado que se fue oscureciendo con el paso del tiempo hasta perderse. Escucha este podcast con David Callejo y Alberto Bustos para descubrir todo lo que hay detrás de un nombre.

 

 

La semana próxima también habrá podcast, pero no voy a anunciar el tema todavía. Todo se sabrá en su momento.

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Etimología de ‘monstruo’

La palabra monstruo viene del latín monstrum a través de una forma vulgar monstruum. Esta, a su vez, se deriva del verbo monere, que significa ‘advertir’. Un monstruo era un aviso, una advertencia que enviaban al mundo las fuerzas sobrenaturales.

Originariamente, la palabra se utilizaba para referirse a un portento de la naturaleza, pero muy especialmente a un ser deforme. En la Antigüedad, cuando nacía un niño o un animal con algún tipo de malformación, se creía que eso era un aviso: los dioses nos enviaban estas criaturas como señal de que iba a suceder algo terrible. Esta creencia se mantuvo bien viva durante la Edad Media y todavía en el inicio de la Edad Moderna. De ello da testimonio Covarrubias en su Tesoro cuando habla de la palabra monstruo:

MONSTRO, es cualquier parto contra la regla y orden natural, como nacer el hombre con dos cabeças, quatro brazos, y quatro piernas; como aconteció en el condado de Urgel, en un lugar dicho Cerbera, el año 1343, que nació un niño con dos cabeças, y quatro pies. Los padres y los demás que estavan presentes a su nacimiento, pensando supersticiosamente pronosticar algún gran mal, y que con su muerte se evitaría le enterraron vivo. Sus padres fueron castigados como parricidas, y los demás con ellos.

Como es habitual en el Tesoro, se mezcla en este artículo lo lexicográfico con lo enciclopédico. A nosotros nos interesa sobre todo porque nos muestra el significado etimológico de monstruo. A partir de esta acepción se fueron desarrollando otras como ‘criatura prodigiosa o sobrenatural’ (no necesariamente deforme, pensemos en demonios, genios, etc.), animal de tamaño descomunal, hombre o mujer cruel, etc.

Así que ya sabes: cuando te encuentras con un monstruo en una película o en un libro, lo que tienes ante ti es una advertencia de los dioses, al menos etimológicamente.

Plural de palabras terminadas en -ó

Los sustantivos y adjetivos terminados en forman su plural añadiendo la terminación -s:

(1) el plató > los platós

(2) el yoyó > los yoyós

Apenas hay unas decenas de sustantivos y adjetivos que presenten esta terminación en español y casi todos proceden de otras lenguas.

Hay que mencionar aquí un par de excepciones que forman el plural con la terminación -es:

(3) el no > los noes

(4) el paletó > los paletoes

La primera y principal de estas excepciones es la negación no (3), que cuando se sustantiva puede utilizarse en plural (los noes). La segunda afecta a una palabra, paletó, que ha caído en desuso por la sencilla razón de que se refiere a un abrigo que estuvo de moda en el siglo XIX y después desapareció de la circulación. Esta palabra anticuada referida a una prenda de vestir anticuada conserva una forma también anticuada de formar el plural. La terminación -es se empleaba antiguamente en el plural de las palabras terminadas en vocal tónica. Hoy se conserva con cierto vigor en palabras terminadas en o en . El sustantivo paletó (en las escasas ocasiones en que se usa) presenta también un plural regular paletós que resulta igualmente correcto.

Soluciones: queísmo y dequeísmo

Aquí tienes las soluciones al ejercicio sobre queísmo y dequeísmo. Cada respuesta correcta vale un punto.

a) Estoy seguro de que…

b) seguro que te sale bien

c) Me alegra que me haga esa pregunta.

d) Me alegro de que…

e) Mi intención es que…

f) Date cuenta de que…

g) más vale que…

h) a no ser que..

i) Tengo ganas de que…

j) hasta el punto de que…

Ejercicios: queísmo y dequeísmo

Vamos a ver qué tal andas en cuestión de dequeísmo y queísmo. Vas a encontrar a continuación diez oraciones con sendos huecos. Tienes que decidir si en esos huecos hace falta una preposición y, en su caso, qué preposición es necesaria. Cuando termines, consulta las soluciones.

a) Estoy seguro ____ que me va a salir bien este ejercicio.

b) Claro, hombre, seguro ____ que te sale bien.

c) Me alegra ____ que me haga esa pregunta.

d) Me alegro ____ que me haga esa pregunta.

e) Mi intención es ____ que aprendas a usar las preposiciones.

f) Date cuenta ____ que al verbo no se le puede quitar nunca su preposición.

g) Pero más vale ____ que tengas presente que tampoco se le puede añadir una que no tiene de por sí.

h) Me quedaré hasta el jueves a no ser ____ que ocurra algo inesperado.

i) Tengo ganas ____ que lleguen las vacaciones.

j) Había engordado hasta el punto ____ que no le reconocíamos.

Podcast: cómo se pronuncia la equis

La equis es una letra que tiene sus complicaciones. Su pronunciación varía según el grado de formalidad y según los países, hay palabras con grafías arcaicas que se apartan de los esquemas generales… Por eso conviene darle un repaso.

 

 

Puedes oír semanalmente a Alberto Bustos y David Callejo hablando de cuestiones lingüísticas en el programa Hoy por Hoy de la Cadena SER de Madrid Norte y Madrid Sur o en el podcast del Blog de Lengua.

Para descargar el archivo de audio haz clic con el botón derecho del ratón en el enlace.

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Pronombres relativos: quien

El pronombre relativo quien se utiliza propiamente refiriéndose a personas:

(1) No tardé en encontrar a Pablo, quien me recibió sorprendido y con agrado [Adelaida García Morales: La lógica del vampiro].

En (1) el relativo quien se refiere a Pablo. Si arrancamos de su contexto la oración introducida por quien, comprobaremos que en la posición que ocupaba este pronombre podemos poner tranquilamente el nombre Pablo:

(2) Pablo me recibió sorprendido y con agrado.

Pablo es en (1) el antecedente de quien.

Una vez que hemos entendido esto esto, hay que saber que cuando el antecedente está en plural, el pronombre tiene que adoptar obligatoriamente la forma quienes:

(3) Esto lo sabemos todos los traductores e intérpretes, quienes no obstante debemos estar siempre presentes en estos encuentros privados por tres razones principales [Javier Marías: Corazón tan blanco].

El antecedente de quienes en (3) es todos los traductores e intérpretes. Como está en plural, fuerza al pronombre a adoptar la forma de plural. Por tanto, sería incorrecto utilizar el singular quien en (3).

Hoy se admite también el uso de este pronombre con antecedentes referidos a entidades personificadas, a las que se les atribuye la capacidad de tomar decisiones, obrar, etc. (típicamente entidades formadas por agregaciones de personas, como gobiernos, partidos, sindicatos, empresas…):

(4) Este, ejem, ejem, individuo me fue remitido por el poder judicial, quien sabiamente dictaminó podía mejor ser tratado entre los muros de una casa de salud que entre los de una institución penitenciaria [Eduardo Mendoza: El misterio de la cripta embrujada].

Aunque se haya levantado el viejo tabú gramatical sobre este uso, desde el punto de vista del estilo no deja de chirriar. Mi consejo: mantente alejado de él en cualquier texto mínimamente serio. Ten en cuenta, por cierto, que en el ejemplo (4) el pronombre se utiliza para caracterizar el habla engolada de uno de los personajes de la novela.

Es siempre un error utilizar quien o quienes para referirse a cosas.

Las restricciones de arriba son semánticas, es decir, tienen que ver con el significado. Además, nuestro pronombre presenta restricciones sintácticas, que son las que dependen de meros factores formales y estructurales. La clave aquí es la presencia o ausencia de una preposición. Cuando quien va acompañado de preposición, puede introducir lo mismo oraciones de relativo especificativas (5) que oraciones de relativo explicativas (6):

(5) […] usted tendrá amigos con quienes comentar todo tipo de asuntos, ¿no? [Luis Landero: Juegos de la edad tardía].

(6) O no tan casualmente —añadió Brunswick, a quien los años no habían enseñado a desprenderse de sus recelos [Manuel de Lope: Madrid Continental].

En cambio, si no hay preposición, solamente puede encabezar oraciones explicativas:

(7) […] solo estuvo presente su hermano Roger, quien al parecer salió con prisas en un deportivo (quizá un Aston Martin) nada más terminar la ceremonia [Javier Marías: Todas las almas].

(8) Ha venido a buscarte el chico quien que te llamó el otro día.

En este artículo he explicado el uso de quien en oraciones de relativo con antecedente expreso. También puedes encontrar este pronombre en oraciones sin antecedente expreso y las denominadas perífrasis de relativo. De unas y otras habrá que tratar en otro momento.

Una última advertencia antes de terminar: no hay que confundir quien con quién. Pulsa en el enlace y descubrirás la forma de evitarlo.

Etimología de pantalón

La palabra pantalón nos remite en última instancia a san Pantaleón. Desde este mártir griego hasta la prenda de vestir de nuestros días hay un largo recorrido que vamos a hacer juntos.

No se sabe en realidad si san Pantaleón existió, pero la tradición dice que fue un médico bizantino que fue condenado a muerte por el emperador cuando este descubrió que era cristiano. El buen médico no solo se negó a abjurar del cristianismo, sino que perdonó a sus verdugos. Este último acto de bondad le valió el apelativo por el que le conocemos: Pantaleón significa ‘el que se compadece de todos’ (podemos reconocer en él las raíces griegas pánta ‘todo’ y eleémon ‘compasivo’).

San Pantaleón se convirtió en el patrón de Venecia. La devoción que le tenían en aquella república llevaba a muchos padres a bautizar a los hijos varones con el nombre del santo patrón. Esta costumbre sin duda acabó provocando una cierta inflación de Pantaleones en la Serenísima. El caso es que sus vecinos acabaron llamando a los venecianos los pantaleones (‘pantaloni’).

En estas andábamos cuando llegó el género teatral conocido como comedia del arte, poblado de personajes estereotípicos como Arlequín, Polichinela y Colombina. Uno de los principales era un viejo verde bastante avaro que se llamaba Pantaleón o Pantalón y personificaba a los venecianos. Se le reconocía, entre otras cosas, porque vestía una especie de mallas típicamente venecianas, igual que hoy podemos caracterizar a los ingleses con bombín o a los escoceses con falda (perdón, kilt). Gracias al personaje de la comedia del arte, la prenda de vestir se empezó a conocer como pantalón.

El asunto probablemente no hubiera pasado a mayores si no llega a ser porque los franceses se encapricharon de la prenda y, como siempre han sabido hacer, la pusieron de moda en todo el mundo. A través de ellos fue como llegó a Castilla aquel antepasado del pantalón actual y, con él, la palabra para nombrarlo. La prenda se ha ido actualizando, pero la palabra se quedó ahí en recuerdo de un médico compasivo y un veneciano avaro.

Masculinos en -e

Algunos sustantivos con moción de género forman el masculino con la terminación -e:

(1) el jefe

(2) el conde

Para los masculinos en -e encontramos femeninos con -a o con otras terminaciones:

(3) la jefa

(4) la condesa

No obstante, también hay muchos que son comunes en cuanto al género:

(5) el intérprete – la intérprete

(6) el contable – la contable

También tenemos adjetivos terminados en -e. Estos mantienen la misma terminación para el femenino:

(7) un jefe insoportable – una jefa insoportable

(8) un contable exigente – una contable exigente

Por tanto, la situación a este respecto es análoga a lo que observamos para los sustantivos comunes en cuanto al género en ejemplos como (5) y (6).

Si no hay moción de género, no podemos hablar propiamente de terminaciones de masculino. Es cierto que dentro de los sustantivos de género inherente tenemos bastantes que terminan en -e y son masculinos (por ejemplo, el coche). Sin embargo, el género no reside en esa terminación, sino en la palabra entera, pues no hay posibilidad de modificarlo alterando el segmento en cuestión.