Abr 292016
 

La preposición so es un fósil lingüístico que nos ha quedado en castellano. Los que tenemos una cierta edad la hemos estudiado en el colegio. Nos teníamos que aprender de memoria la lista de preposiciones, que recitábamos así, cogiendo carrerilla para llegar al final:

… sin, so, sobre, ¡tras!

En castellano antiguo, so significaba ‘bajo’ o ‘debajo de’, como en este ejemplo del siglo XIX, que emplea un lenguaje arcaizante para traducir a un clásico latino:

(1) Muchas veces en hoyos so la tierra/Cavaron las abejas sus hogares [Miguel Antonio Caro: Traducción de las Geórgicas de Virgilio, 1873, tomado de CORDE].

Esta preposición ha quedado barrida de la lengua actual. Ya solo la encontramos refugiada en algunos rincones, por ejemplo, en cuatro expresiones fijas: so pena de (2), so pretexto de (3), so capa de (4) y so color de (5).

(2)  Las nuevas normas […] obligan a los pilotos a asistir a los eventos promocionales y a las conferencias de prensa que dependan del promotor del evento, so pena de sanción económica [El País (España), 31-3-2016].

(3) So pretexto de informarnos por nuestro bien, o porque se consideran amigos nuestros, nos cuentan o hacen saber las cosas más desagradables que sobre nosotros se hayan dicho [Javier Marías: Harán de mí un criminal].

(4) Había elementos que so capa de mesura y concordia aconsejaban una política de negociación pacífica [Diario de las Américas (Estados Unidos), 4-2-1997].

(5) […] le fueron a llamar a media noche, so color de encomendarle una misión importante, y luego que le tuvieron entre las traidoras bayonetas, lleváronle al puente, donde le acribillaron [Benito Pérez Galdós: Zaragoza].

So pena de es lo mismo que bajo pena de. Se refiere, por tanto, a un castigo. So pretexto, so capaso color son variantes que significan bajo el pretexto.

Hay otro recoveco donde resiste agazapada la vieja preposición so. Se trata de algunas palabras que empiezan con ella, como, por ejemplo, solomillo. Este es el diminutivo de solomo, o sea, la pieza de carne que está debajo del lomo. También aparece nuestra amiga en soportal, socavar, sotechado, sochantre, somanta, sopapo y soterrar (por mencionar algunas).

Fuera de ahí, no hay muchos más lugares donde buscar. Si hoy utilizáramos esta preposición en algún texto, sería quizás para darle un aire antiguo. Su tiempo pasó y ya prácticamente solo nos queda su recuerdo.

Por cierto, no hay que confundir la preposición so con el so de ¡So golfo!

 29 de abril de 2016  
Abr 262016
 

Los hablantes seseantes suelen tener dificultades para diferenciar en la escritura las palabras terminadas en -xión, como conexión, y las que terminan en -cción, como destrucción. Por eso, no es raro ver escrito el nombre conexión como conección o anexión como anección.

El motivo es que para ellos ambas terminaciones suenan igual. Compara la pronunciación seseante de estas dos palabras:

(1) conexión [koneksión]

(2) destrucción [destruksión]

La buena noticia es que no hay necesidad de caer en faltas de ortografía como las indicadas, ya que podemos aplicar un sencillo truco. Las palabras que terminan en -xión siempre tienen alguna en su familia que acaba en -xo o en -jo, por ejemplo:

(3) conexión – conexo

(4) anexión – anexo

(5) crucifixión – crucifijo

(6) reflexión – reflejo

En cambio, las que terminan en -cción no tienen esas terminaciones en su familia: por más que busquemos, no las encontraremos.

El truco de arriba nos soluciona el problema de las palabras terminadas en -xión. Otro que te puede interesar es el que permite saber cuándo hay que escribir -cción-ción.

 26 de abril de 2016  ,
Abr 212016
 

El mayor peligro para un escritor no es que le copien. No es que unos piratas desalmados se adueñen de sus escritos sin pagar. No es que se aprovechen de sus ideas sin citarle. No es que el oficio no dé dinero. El mayor peligro para un escritor es que no le lean.

La mayoría de los escritores del mundo sucumbe a este peligro. Para siempre. No por falta de talento. No por falta de ideas. No por falta de voz.

En la era de la imprenta había en esto algo de necesario. El papel pesaba, costaba, ocupaba espacio. Sin el altavoz de una imprenta, de una editorial, de un medio de comunicación, tu voz solo se dejaba oír en el círculo inmediato de tus amigos, de tus conocidos, de tus familiares. No era por falta de ideas, insisto. No era por no saber expresarlas. Era así y todos entendíamos que tenía que ser así.

En la era digital las cosas han cambiado. Las ideas viajan a la velocidad de la luz apoyadas en impulsos eléctricos que se parecen a ellas por la ligereza, por la rapidez, por su condición inmaterial. Si tienes ideas, si tienes algo que decir, dilo y publícalo cuanto antes. Es la única forma de escapar al peligro.

Este artículo forma parte del libro Escribir un blog y que te lean.

 21 de abril de 2016  , , ,
Abr 192016
 

Soraya es un nombre de mujer que viene de la palabra árabe thuráyya, que significa ‘Pléyades’. Thuráyya, a su vez, procede de thariya, que quiere decir ‘abundar’. Esto es así porque las Pléyades son un cúmulo de estrellas que se concentra en un reducido espacio del cielo nocturno.

El nombre se hizo popular en Europa en la segunda mitad del siglo XX por la princesa Soraya de Persia, segunda esposa del sah.

 19 de abril de 2016  ,
Abr 142016
 

En español tenemos un puñado de superlativos en -érrimo. Son fósiles lingüísticos que hemos heredado del latín y que apenas tienen uso en la lengua actual, por ejemplo:

(1) áspero > aspérrimo

(2) célebre > celebérrimo

(3) íntegro > integérrimo

(4) pobre > paupérrimo

(5) negro > nigérrimo

A veces, la forma en -érrimo coexiste con un superlativo normal y corriente en -ísimo que podemos usar en su lugar:

(6) aspérrimo/asperísimo

(7) paupérrimo/pobrísimo

(8) nigérrimo/negrísimo

(9) pulquérrimo/pulcrísimo

En estos casos es aconsejable emplear las formas en -ísimo porque son más sencillas y se entienden mejor. Si digo que este señor es pulquérrimo, es posible que me miren con cara rara; en cambio, si explico que es pulcrísimo, habrá más posibilidades de que se entienda que le considero extraordinariamente limpio y esmerado.

De todas formas, siempre nos quedan como alternativa los superlativos con muy. Por poner un ejemplo, puedo decir lisa y llanamente que alguien es muy pobre y así me ahorro dilemas con paupérrimopobrísimo. Es más, a veces la construcción con muy será la única alternativa disponible porque no todos los superlativos en -érrimo tienen una forma correspondiente en -ísimo:

(10) celebérrimo/celebrísimo/muy célebre

(11) libérrimo/librísimo/muy libre

(12) misérrimo/miserísimo/muy mísero

(13) salubérrimo/salubrísimo/muy salubre

Hay uno de estos superlativos que ya prácticamente ha perdido la relación con la forma básica. Hoy día pocos hablantes sabrían conectar el superlativo irregular acérrimo con el adjetivo sobre el que está formado: acre. En la lengua actual, acérrimo se usa casi exclusivamente en colocaciones como enemigo acérrimo, en las que se ha vaciado de significado y tan solo funciona como intensificador.

Pero el colmo es el caso de ubérrimo (‘muy fértil’), que carece de adjetivo simple correspondiente. Este superlativo surgió hace miles de años del adjetivo latino uber. El padre no sobrevivió en el paso al castellano y el hijo se ha conservado mal que bien en la lengua literaria, como en este verso de Rubén Darío:

(14) Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda [Rubén Darío: “Salutación del optimista”]

Todas las peculiaridades que hemos descubierto al repasar los superlativos en -érrimo confirman su condición de fósiles procedentes de un estadio de lengua anterior que han ido cediendo su lugar a formas más modernas y con más vitalidad. Hoy están todavía ahí, pero no pasan de ser una más de las muchas rarezas de nuestra lengua.

 14 de abril de 2016  ,
Abr 122016
 

La conjunción que en ocasiones se suprime con verbos de ruego, voluntad o deseo. El verbo con el que más frecuentemente sucede esto es rogar, como en este ejemplo:

(1) Rogamos desconecten los teléfonos móviles al entrar en la sala.

Este es un uso correcto que encontramos a veces en la lengua escrita. Normalmente, lo que pretende quien suprime la conjunción es darle un aire oficial al texto, ya que esta forma de expresarse es típica del lenguaje administrativo.

Por supuesto que el ejemplo (1) se podría formular también de esta manera:

(2) Rogamos que desconecten los teléfonos móviles al entrar en la sala.

Los ejemplos (1) y (2) dicen lo mismo, pero el segundo resulta más directo y más claro. Por eso, es preferible que escribamos así.

Ya hemos dicho que la supresión es típica del lenguaje administrativo. Esto tiene más importancia de lo que parece. Parte del asunto es si la Administración debe presentarse ante los ciudadanos como una entidad cercana que está ahí para resolver sus problemas o si debe envolverse en unos ropajes envarados que marquen la mayor distancia posible con los administrados.

 12 de abril de 2016  ,
Abr 072016
 

Barajar significa en primer lugar ‘mezclar los naipes’. Con ese significado es con el que se utiliza en el siguiente ejemplo:

(1) Tras barajar las cartas se reparten cuatro a cada jugador boca abajo [Javier Alberto Bernal Ruiz: Juegos para disfrutar en la playa].

La lógica nos dice que para que podamos barajar tiene que haber por fuerza más de una carta. El ejemplo (1) nos lo confirma. Esto me interesa porque este verbo tiene además un uso figurado en el que significa ‘considerar varias posibilidades’. La imagen es bastante gráfica: quien va a tomar una decisión revuelve en su cabeza posibilidades, ideas, nombres de personas, etc., y lo hace de la misma manera que un jugador que les da vueltas a las cartas en sus manos. En (2) te propongo un ejemplo correcto de esta versión figurada:

(2) Las hipótesis que barajaba el periodista como posibles causas del deceso eran variadas [Carmen Gurruchaga: La prueba].

Igual que no podemos barajar una sola carta, no debemos usar la variante figurada cuando manejamos una sola opción. Por eso, el ejemplo siguiente es incorrecto:

(3) El director llegó a barajar la posibilidad de cerrar la empresa.

En (3) estamos destruyendo la imagen tomada del juego de los naipes. Lo que deberíamos decir es, más bien, considerar:

(4) El director llegó a considerar la posibilidad de cerrar la empresa.

Por cierto, la variante barajear no se considera incorrecta; pero, al menos en España, se prefiere la forma barajar.

 7 de abril de 2016
Abr 052016
 

El guion (-) se puede utilizar para indicar que un prefijo que queda suelto hay que combinarlo con una palabra que aparece más adelante. Lo vas a entender perfectamente en cuanto veas este ejemplo:

(1) En la manifestación del jueves se produjeron enfrentamientos entre grupos pro- y antiabortistas.

En (1) tenemos un prefijo pro que aparece aislado en la oración. Al marcarlo con el guion estamos dando a entender que hay que combinarlo con el nombre abortistas, que aparece después fundido con anti. De esta forma se consigue una expresión más económica que si dijéramos grupos proabortistas y antiabortistas (aunque esta otra opción también es válida y puede resultar preferible en algunos casos; por ejemplo, para lograr mayor claridad).

Me he tomado la libertad de llamar prefijos colgantes a estos prefijos que quedan a la espera de unirse con una base que va a aparecer más adelante. Puede que no sea una denominación muy científica, pero estoy seguro de que se recordará con facilidad.

Nada impide que tengamos más de un prefijo colgante:

(2) Está haciendo la tesis sobre un problema relacionado con los mono-, di- y triglicéridos (o, por lo menos, eso es lo que me ha contado).

En la lengua oral utilizamos una entonación ascendente para indicar que el prefijo se tiene que unir con una palabra que todavía no ha aparecido: [móno➚ dí➚ y triglicéridos]. El guion nos permite imitar en la escritura esta señal de suspensión.

 5 de abril de 2016  , ,
Mar 312016
 

El bidé, tal como hoy lo conocemos, lo crearon los franceses (¿quiénes si no?). Como suele ocurrir en estos casos, quien inventa el objeto inventa el nombre. A nuestros vecinos del norte, la posición (poco airosa) que adopta uno sobre este artilugio les recordaba el cabalgar. Por eso lo llamaron bidet, que en francés significa ‘caballito’.

El bidé es, por tanto, un caballito, un poni sobre el que trotamos en pos de la higiene (¡tan difícil!) de las partes más íntimas de nuestra persona.

Una nota de ortografía para terminar con un poco de seriedad: esta palabra se escribe en español bidé, sin la te final del francés. De esta forma se refleja fielmente su pronunciación.

 31 de marzo de 2016  , ,
Mar 292016
 

Ya hemos dicho que un bloguero es un escritor. Los escritores, por lo general, buscan el éxito; pero este ¿en qué consiste?

El éxito de un escritor no se mide por el número de lectores. De hecho, el éxito resulta, cuando menos, difícil de cuantificar.

La cuestión no es si te leen cincuenta, mil o doscientas mil personas. Lo importante es congregar una comunidad, un núcleo que se interese por lo que escribes, un grupo de personas con las que puedas entablar un diálogo. Si consigues que se acerquen a ti doscientos, cien o cincuenta seres humanos con quienes puedas hablar de manera sincera y personal, ya habrás logrado tu objetivo como escritor y te sentirás satisfecho. Y más importante todavía: si consigues que el diálogo se mantenga en tu ausencia, que esas personas establezcan una conversación las unas con las otras y que salgan a buscar más seres humanos con los que prolongar el intercambio, habrás conseguido que tus ideas sean mayores de edad.

Internet es un gigantesco ingenio creado para conectar. En apariencia conecta ordenadores, pero en realidad lo que vincula son mentes. Conecta a tus lectores contigo y los conecta a ellos unos con otros. De esta forma, nos devuelve a los tiempos anteriores a la imprenta, a las conversaciones que mantenía Platón con Aristóteles en la Academia, a las que este sostuvo después con sus propios discípulos en el Liceo.

El éxito no va a consistir en que alguien te señale con el dedo y diga que eres muy bueno. Eso nunca fue verdadero éxito. En el mundo de comunidades distribuidas por todo el planeta que se va configurando gracias a Internet cada vez va a costar más trabajo mantener esa ficción. Los señaladores van perdiendo la credibilidad y los señalados, si no tienen otra cosa que ponerse, se quedan vestidos con el traje nuevo del emperador.

Cuidado, me refiero a un señalar interesado, el que tiene por objetivo engrasar las maquinarias de la industria, mantener en marcha las cadenas logísticas, el que sirve para impulsar las ventas de un producto. No estoy hablando de quien señala desinteresadamente, sobre todo si se hace con conocimiento, con causa y por convicción. Ese va a ser más necesario que nunca, pero habría que estudiar más despacio dónde se tocan y dónde se separan éxito y reconocimiento.

Por supuesto, el éxito tampoco se mide en dinero. Eso, si llega y para quien llega, es una recompensa, pero no es el éxito.

Al final, Internet hace posible un éxito más cercano que el de la imprenta y lo pone al alcance de más personas, aunque quizás sea al precio de alejar las recompensas.

Este artículo forma parte del libro Escribir un blog y que te lean.

 29 de marzo de 2016  , , , ,