Nov 062013
 

El Manual de acentuación te va a servir para dominar el uso de la tilde. Te va guiando paso a paso en la adquisición de las reglas y cimienta las explicaciones teóricas con abundantes ejercicios.

Una correcta acentuación es imprescindible para que tus textos sean comprensibles, pero, sobre todo, para que te tomen en serio. La ortografía es una tarjeta de visita y supongo que no quieres entregarla manchada y arrugada.

Esta obra está adaptada a la última versión de las reglas, fijada por la RAE en 2010. Contiene todas las novedades que introdujo la Academia, como la eliminación de la tilde de guion y similares, el tratamiento de los nombres propios de persona, la supresión de la tilde diacrítica en solo, o, este, etc. En definitiva, aquí encontrarás todo lo que necesitas para acentuar correctamente.

Lo puedes descargar aquí:

Manual de acentuación

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También puedes comprarlo como libro impreso o electrónico. Al hacerlo, contribuirás a mantener el Blog de Lengua en funcionamiento:

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En cualquiera de los dos casos, espero que te sea útil.

 6 de noviembre de 2013  , , ,
May 272016
 

La desaparición de palabras es un fenómeno que se da constantemente en las lenguas. Cuando los hablantes dejan de sentir la necesidad de emplear un determinado vocablo, este termina por caer en el olvido.

A veces, una palabra se pierde por la sencilla razón de que el mundo cambia: la realidad nombrada desaparece de nuestro alrededor y por eso ya no hay motivo para hablar de ella. Por ejemplo, pocos serán los hablantes de español que todavía conozcan nombres como tálero o borceguí, que designan objetos de épocas pasadas.

Palabras como las mencionadas arriba caen en desuso sin dejar sustituto porque ya no hay necesidad de ellas. Sin embargo, lo más frecuente es que una palabra desplace a otra. La realidad nombrada sigue existiendo, pero por algún motivo cambia de nombre. Los diccionarios son auténticos cementerios de palabras de este tipo. Si hojeamos uno cualquiera, nos toparemos con formas como albéitar, rafezlusco. Es posible que alguna de ellas perviva en usos regionales, pero lo cierto es que han quedado barridas de la lengua general. Sin embargo, su lugar no ha desaparecido, sino que ha sido ocupado por otras con más vitalidad. El viejo albéitar es ahora un veterinario; no faltan seres rafeces en el mundo, pero nos referimos a ellos como viles o despreciables; y, por lo que respecta a los luscos, hoy los llamaremos más bien tuertos, bizcos o cegatos, aunque esto último no sea lo políticamente correcto.

El ejemplo de lusco nos viene bien para mostrar que las sustituciones no son siempre de uno a uno. A veces, el ámbito abarcado por una determinada palabra se reestructura. Lusco se refería en general a quien sufría alguna deficiencia en la vista. En la lengua actual no tenemos un equivalente exacto, sino que diferenciamos varias categorías.

Los motivos para la sustitución de una expresión por otra no siempre están claros, aunque sí que hay uno que destaca y es bien conocido: el tabú. Te invito a que sigas el enlace y aprendas algo sobre él.

 27 de mayo de 2016  
May 242016
 

Procrastinar significa ‘dejar las cosas para más adelante’ o incluso ‘perder el tiempo’. Esto tiene todo el sentido del mundo si tenemos en cuenta que este verbo está formado sobre las raíces latinas pro ‘para’ y cras ‘mañana’. O sea, etimológicamente, procrastinar es lo mismo que ‘dejar para mañana’. Veamos un ejemplo de uso:

(1) Es imprescindible eliminar cualquier fuente de distracción (móvil, tele…). […] Distraen, desconcentran y son perfectos para procrastinar [El País (España), 23-5-2016].

En el español de nuestros días, el verbo en cuestión es un préstamo del inglés, pero tampoco son los ingleses los inventores del término. Ellos, a su vez, lo tomaron del francés y, en última instancia, procede del latín procrastinare.

El Diccionario de la lengua española ya recoge procrastinar y el sustantivo correspondiente procrastinación. Por tanto, contamos con la bendición de las Academias de la Lengua en caso de que queramos emplear uno y otro. Por otro lado, su uso tampoco es una novedad total. Es verdad que resulta muy escaso hasta finales del siglo XX, pero los lexicógrafos Terreros y Pando ya incluyen procrastinar en su Dicionario castellano ¡en 1788! Lo que ha ocurrido ha sido, simplemente, que un verbo que llevaba siglos arrastrándose por los diccionarios sin pena ni gloria, de pronto, se ha revitalizado por influencia de la lengua inglesa y del enorme prestigio de esta.

Rufino José Cuervo se refería a esta palabra en la edición de 1907 de sus Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano y lo hacía para advertirnos que no nos comiéramos ninguna erre: hay que decir procrastinar y no pocrastinar. Ese tipo de secuencias son difíciles de pronunciar para los hablantes de castellano y por eso la advertencia de don Rufino sigue siendo válida hoy día.

En fin, procrastinarprocrastinación son términos que están asentados en la lengua actual. Aunque los usamos por imitación del inglés, no dejan de proceder del fondo común de la lengua latina y ya hasta las Academias los aceptan. Si algún día te apetece dejarlos caer en la conversación, no hay por qué dejarlo para mañana.

 24 de mayo de 2016  ,
May 192016
 

En la baraja española, la sota es una carta que representa un paje. El nombre viene del adverbio latino subtus, que significa ‘debajo’. El naipe se denomina así porque es la figura humana que está por debajo del rey y del caballo.

El elemento sota aparece en otras palabras de nuestra lengua, como sotabanco, sotavento, sotacoro o sotabarba. También lo encontramos en sotana, aunque esta última palabra es un préstamo del italiano.

 19 de mayo de 2016  , ,
May 172016
 

El condicional (cantaría) se emplea a veces para expresar suposiciones referentes al pasado, por ejemplo:

(1) Paco era un tipo simpático. Tendría poco más de veinte años.

En (1), el condicional tendría sirve para dar a entender que no estamos seguros de si la edad de Paco es la indicada. Estamos haciendo una conjetura. Compara con (2), donde se utiliza el imperfecto de indicativo:

(2) Paco era un tipo simpático. Tenía poco más de veinte años.

Aquí no hay duda ni conjetura que valga: estamos dando por cierta la edad de Paco.

El condicional de conjetura se relaciona muy estrechamente con el denominado futuro de conjetura. Si nos traemos el ejemplo (1) al presente, comprobaremos que lo que era un condicional (tendría) se desplaza automáticamente a una forma de futuro (tendrá):

(3) Paco es un tipo simpático. Tendrá poco más de veinte años.

El futuro de conjetura cumple la misma función que el condicional, pero en contextos en los que estamos hablando del presente.

El condicional de conjetura da muestra de la enorme riqueza expresiva que encierran las formas verbales del español.

May 132016
 

La palabra champú es un préstamo del inglés. Según Corominas, se documenta por primera vez en español a principios del siglo XX.

El inglés shampoo procede a su vez del hindi champo, que es un imperativo y viene a significar algo así como ‘masajea, aprieta’. Esto tiene su lógica si pensamos en la forma en que se aplica este jabón líquido cuando lavamos el pelo y el cuero cabelludo.

Por cierto, también te puede interesar saber cuál es el plural de champú.

 13 de mayo de 2016  , ,
May 102016
 

Ad calendas graecas es una expresión latina que significa ‘para cuando lleguen las calendas de los griegos’. Como veremos a continuación, los griegos no tenían calendas y por eso esta expresión se utiliza para referirse a un tiempo que nunca va a llegar. Algunos equivalentes castizos pueden ser para el día del juicio final, para la semana de los tres jueves o cuando las ranas hablen inglés. Veamos un ejemplo de uso:

(1) Que su candidatura se postergue ad calendas graecas, eso es lo que teme Alberto Ruiz-Gallardón [El País (España), 20-7-2003].

Las calendas constituían una fecha destacada para los romanos: se trataba del primer día del mes. Hasta tal punto era importante que dio nombre a todo el sistema de organización del tiempo, que todavía hoy conocemos como calendario. Pues bien, esta fecha era un invento romano que carecía de equivalente en Grecia. Por eso, dejar algo para las calendas de los griegos era lo mismo que decir que no iba a llegar nunca.

No nos vendrán mal un par de notas de uso sobre esta expresión. La pronunciación preferible es [ad kaléndas grékas], aunque también se puede decir [ad kaléndas graékas]. Ortográficamente, esta secuencia de palabras se trata como un extranjerismo crudo. Por tanto, debemos resaltarla en cursiva o, si estamos escribiendo a mano, entrecomillarla.

De todas formas, el consejo que te doy aquí es el mismo de siempre: los latinismos hay que utilizarlos con mesura. Casi siempre será más acertado recurrir a una alternativa castellana.

 10 de mayo de 2016  , ,
May 062016
 

Inferior es un adjetivo un poco especial. Equivale a más bajo y, por tanto, es un comparativo que está formado por una sola palabra o, lo que es lo mismo, un comparativo sintético. En este ejemplo se utiliza correctamente:

(1) Los resultados de nuestra empresa han sido inferiores a los del año pasado.

Lo normal es que los comparativos estén formados por dos o más palabras: más gordo, menos importante, igual de alto, etc. Como inferior se aparta de este esquema, hay quien se confunde e intenta añadirle el adverbio más. No es extraño encontrar construcciones como esta:

(2) Nuestro equipo se encuentra en los puestos más inferiores de la clasificación.

Esto es incorrecto porque inferior ya encierra la idea de ‘más’. Por tanto, para solucionar el problema de (2) tenemos que tomar una decisión. La primera posibilidad es eliminar el adverbio:

(3) Nuestro equipo se encuentra en los puestos inferiores de la clasificación.

La segunda consiste en utilizar la secuencia más bajo en lugar de inferior:

(4) Nuestro equipo se encuentra en los puestos más bajos de la clasificación.

Lo que sí se puede decir es muy inferior:

(5) La calidad de la bollería industrial es muy inferior a la de los productos artesanales.

Esto también es una peculiaridad. Los comparativos normalmente no aceptan muy como intensificador. No podemos decir muy más importantemuy mejor. El adverbio con el que se combinan es mucho: mucho más importante, mucho mejor. En cambio, inferior lo rechaza: mucho inferior.

También es especial la preposición con la que se combina. Si vuelves a leer los ejemplos (1) y (5), comprobarás que se dice inferior a. En cambio, otros comparativos nos piden la conjunción que: más importante que, mejor que. Es un error combinar inferior con esta conjunción:

(6) La calidad de la bollería industrial es muy inferior que la de los productos artesanos.

La única posibilidad correcta en (6) es inferior a.

En definitiva, inferior es un adjetivo que encierra más complicaciones de lo que pueda parecer a primera vista y, por tanto, nos puede hacer tropezar con cierta facilidad.

 

 6 de mayo de 2016  ,
May 032016
 

Esto no constituye propiamente una regla de ortografía, pero sí que es una advertencia recurrente en los tratados ortográficos y libros de estilo. Cuando se divide una palabra al llegar al final de un renglón, conviene tener cuidado porque a veces se nos puede escapar una expresión malsonante, por ejemplo:

(1) espectá-

-culo

(2) com-

-putadas

(3) sa-

-cerdote

Estos traspiés no solo ocurren en posición final de palabra. En las dos siguientes, el problema nos lo plantea el principio:

(4) caca-

-túa

(5) pis-

-tacho

Por lo general, hoy ya no nos ocupamos personalmente de hacer este tipo de divisiones. Lo normal es que deleguemos esta tarea mecánica en los procesadores de textos. Aun así, no está de más que controlemos el resultado porque de vez en cuando pueden dar algún disgusto.

Abr 292016
 

La preposición so es un fósil lingüístico que nos ha quedado en castellano. Los que tenemos una cierta edad la hemos estudiado en el colegio. Nos teníamos que aprender de memoria la lista de preposiciones, que recitábamos así, cogiendo carrerilla para llegar al final:

… sin, so, sobre, ¡tras!

En castellano antiguo, so significaba ‘bajo’ o ‘debajo de’, como en este ejemplo del siglo XIX, que emplea un lenguaje arcaizante para traducir a un clásico latino:

(1) Muchas veces en hoyos so la tierra/Cavaron las abejas sus hogares [Miguel Antonio Caro: Traducción de las Geórgicas de Virgilio, 1873, tomado de CORDE].

Esta preposición ha quedado barrida de la lengua actual. Ya solo la encontramos refugiada en algunos rincones, por ejemplo, en cuatro expresiones fijas: so pena de (2), so pretexto de (3), so capa de (4) y so color de (5).

(2)  Las nuevas normas […] obligan a los pilotos a asistir a los eventos promocionales y a las conferencias de prensa que dependan del promotor del evento, so pena de sanción económica [El País (España), 31-3-2016].

(3) So pretexto de informarnos por nuestro bien, o porque se consideran amigos nuestros, nos cuentan o hacen saber las cosas más desagradables que sobre nosotros se hayan dicho [Javier Marías: Harán de mí un criminal].

(4) Había elementos que so capa de mesura y concordia aconsejaban una política de negociación pacífica [Diario de las Américas (Estados Unidos), 4-2-1997].

(5) […] le fueron a llamar a media noche, so color de encomendarle una misión importante, y luego que le tuvieron entre las traidoras bayonetas, lleváronle al puente, donde le acribillaron [Benito Pérez Galdós: Zaragoza].

So pena de es lo mismo que bajo pena de. Se refiere, por tanto, a un castigo. So pretexto, so capaso color son variantes que significan bajo el pretexto.

Hay otro recoveco donde resiste agazapada la vieja preposición so. Se trata de algunas palabras que empiezan con ella, como, por ejemplo, solomillo. Este es el diminutivo de solomo, o sea, la pieza de carne que está debajo del lomo. También aparece nuestra amiga en soportal, socavar, sotechado, sochantre, somanta, sopapo y soterrar (por mencionar algunas).

Fuera de ahí, no hay muchos más lugares donde buscar. Si hoy utilizáramos esta preposición en algún texto, sería quizás para darle un aire antiguo. Su tiempo pasó y ya prácticamente solo nos queda su recuerdo.

Por cierto, no hay que confundir la preposición so con el so de ¡So golfo!

 29 de abril de 2016  
Abr 262016
 

Los hablantes seseantes suelen tener dificultades para diferenciar en la escritura las palabras terminadas en -xión, como conexión, y las que terminan en -cción, como destrucción. Por eso, no es raro ver escrito el nombre conexión como conección o anexión como anección.

El motivo es que para ellos ambas terminaciones suenan igual. Compara la pronunciación seseante de estas dos palabras:

(1) conexión [koneksión]

(2) destrucción [destruksión]

La buena noticia es que no hay necesidad de caer en faltas de ortografía como las indicadas, ya que podemos aplicar un sencillo truco. Las palabras que terminan en -xión siempre tienen alguna en su familia que acaba en -xo o en -jo, por ejemplo:

(3) conexión – conexo

(4) anexión – anexo

(5) crucifixión – crucifijo

(6) reflexión – reflejo

En cambio, las que terminan en -cción no tienen esas terminaciones en su familia: por más que busquemos, no las encontraremos.

El truco de arriba nos soluciona el problema de las palabras terminadas en -xión. Otro que te puede interesar es el que permite saber cuándo hay que escribir -cción-ción.

 26 de abril de 2016  ,