Jul 232015
 

Escribir un blog y que te leanEscribir un blog es una guía con la que te voy a acompañar en la aventura de poner en marcha tu blog, darlo a conocer, crear una comunidad…

He reunido aquí todo lo que he aprendido durante los años que llevo publicando el Blog de Lengua. He escrito desde la experiencia y, sobre todo, sacando lecciones de mis propios errores para que tú no tengas que tropezar donde lo hice yo.

Su subtítulo es Y que te lean porque de poco sirve sacar nuestros pensamientos y creaciones a plaza pública si no hay nadie para enterarse. El trabajo de un bloguero no se acaba cuando lanza un nuevo artículo al mundo. Hay que aprender a hacerse un sitio en un entorno digital que encierra muchos peligros, pero que también nos puede traer innumerables satisfacciones.

Es un libro que está pensado para hablar de formas diferentes a quienes se hallan en puntos diferentes de su trayectoria como blogueros. Al principiante le va a ir aclarando las cuestiones más urgentes, las dudas más acucientes. A quien ya va estando más curtido en estas lides, le señalará caminos y posibilidades que quizás no había contemplado hasta el momento. Y para el bloguero experimentado será un diálogo de tú a tú: lo que tú sabes frente a lo que yo he aprendido.

Te recomiendo que leas algunos de los apartados. Te serán útiles:

¿Quién se puede llamar escritor?

Sé claro

Ve al grano

El primer párrafo

 23 de julio de 2015  , ,
Jun 282016
 

Rebelarrevelar son dos verbos que se confunden con facilidad en la escritura. Para evitarlo te voy a proponer un truco que podrás aplicar fácilmente.

Rebelar es familia de rebelde y por eso se escribe con be. Este verbo siempre admite que lo sustituyamos por sublevar, como vamos a hacer a continuación:

(1) El pueblo se rebeló contra la tiranía.

(2) El pueblo se sublevó contra la tiranía.

A veces, la sustitución es un poco figurada, pero aun así funciona. Compara (3) y (4):

(3) A los jóvenes les gusta rebelarse contra sus padres.

(4) A los jóvenes les gusta sublevarse contra sus padres.

Por tanto, solo se puede escribir rebelar con be cuando admite la sustitución por sublevar.

En todos los demás casos lo que tenemos es el verbo revelar, que viene de velo y por eso se escribe con uve. Vamos a intentar aplicar la prueba de arriba a un ejemplo con este otro verbo:

(5) Han acusado a un agente secreto de revelar importantes secretos de Estado.

(6) Han acusado a un agente secreto de sublevar importantes secretos de Estado.

Revelar un secreto es quitarle el velo que lo cubría, de forma que quede a la vista de todo el mundo. Esto no tiene nada que ver con rebeliones ni con sublevaciones. Por eso el truco anterior no funciona. Cada vez que intentemos aplicarlo sin éxito estaremos ante un ejemplo de revelar con uve.

Así que ya sabes: si se subleva, se escribe con be y si no se puede sublevar, hay que ponerle una uve.

 28 de junio de 2016  , , , , , ,
Jun 212016
 

Los seres humanos intentamos desesperadamente entender el mundo que tenemos a nuestro alrededor. Para ello, una de nuestras estrategias favoritas consiste en representarnos las realidades nuevas a partir de las que ya conocemos. Por eso, un procedimiento con mucho rendimiento en la creación de vocabulario consiste en utilizar metáforas, o sea, en vincular una realidad con otra que nos resulta familiar.

Uno de los ámbitos mas prolíficos en la creación de metáforas es el del mundo animal. Esto no es de extrañar si tenemos en cuenta que nos hemos relacionado con nuestros congéneres irracionales desde que existimos como especie y que nosotros mismos formamos parte del reino animal. Por eso, nuestro conocimiento sobre estos seres vivos lo extendemos a los objetos que descubrimos a nuestro alrededor y que, en principio, nada tienen que ver con ellos más allá de una semejanza que ha querido reconocer nuestro ojo, pero que no está en las cosas en sí, sino que viene impuesta por nuestra mente.

Eso es lo que explica, por ejemplo, que desde antiguo hayamos visto patas en las mesas, a semejanza de las que sostienen a un caballo, un perro o un jabalí. Los ajos se dividen en dientes que no tienen nada que envidiar a los que adornan la boca de un león. Los edificios tienen alas, aunque estas no les sirvan para volar. Leche es propiamente el líquido que segregan cabras, vacas y ovejas, pero no vacilamos en llamar también leche a cierto jugo blanco elaborado a base de coco. La boca es la abertura por donde los animales recibimos el alimento, pero también es el hueco por el que nos adentramos en una cueva o, en época más reciente, en el metro. Los denominados animales superiores estamos construidos sobre un esqueleto rígido que es el que nos da soporte. Sus piezas sirvieron de inspiración a nuestros ancestros para llamar hueso al núcleo de madera de melocotones y ciruelas. Y, por último, ¿qué puede haber más importante para los animales que la reproducción? Nuestro conocimiento sobre ella es el que aplicamos al ámbito de la técnica cuando nos referimos a enchufes y clavijas como machos y hembras.

Un grupo especial dentro de las metáforas zoológicas es el de las metáforas humanas. La distinción no siempre es clara y tajante. Varias de las metáforas de arriba podríamos interpretarlas como animales en general o como específicamente humanas. Lo mismo podríamos decir sobre las lenguas de tierra o los cuellos de las botellas. Pero sin duda se inspiró en el cuerpo humano la primera persona que habló de una mano de plátanos, de las manecillas del reloj, del pie de la colina o de las barbas del mejillón.

Son muchas más las metáforas animales que encontramos en el vocabulario. Podríamos dedicar horas a repasarlas: desde el cuello de cisne de ciertos jerséis hasta el ojo de buey de los barcos pasando por los deliciosos burritos de la cocina mexicana. Pero basten los ejemplos anteriores para dar una somera idea.

Por cierto, la metáfora no solo desempeña un papel fundamental en la creación del vocabulario de las lenguas, sino que es la base misma de una parte muy importante de la gramática. Ya hemos hablado de eso en otro lugar. Si te interesa el tema, te sugiero que leas el artículo sobre metáforas en la gramática.

 21 de junio de 2016  ,
Jun 162016
 

Eunuco es etimológicamente ‘el guardián de la cama’. El castellano ha tomado esta palabra del latín eunuchus, que, a su vez, es un préstamo del griego eunoûkhos. En esta última palabra podemos distinguir dos componentes: en primer lugar, eun-, que viene de euné (‘cama’), y a continuación -ókhos, que se forma a partir del verbo ékhein, que significa ‘tener’.

El motivo de esta denominación está claro. En diferentes épocas y culturas, los eunucos han sido los únicos hombres de los que se fiaba el dueño de un harén para atender a sus mujeres, ya que no veía en ellos una amenaza para sus intereses.

 16 de junio de 2016  , ,
Jun 142016
 

La expresión en base a se considera incorrecta y, por tanto, debemos evitarla. Empecemos con un ejemplo de lo que no debemos decir ni escribir:

(1) Rusia renovará sus tanques en base a la experiencia adquirida en Siria.

Hay diferentes alternativas para evitar la incorrección de (1). La que primero acude a la cabeza es basándose en:

(2) Rusia renovará sus tanques basándose en la experiencia adquirida en Siria.

También nos puede servir sobre la base de (3) o a partir de (4):

(3) Rusia renovará sus tanques sobre la base de la experiencia adquirida en Siria.

(4) Rusia renovará sus tanques a partir de la experiencia adquirida en Siria.

No se agotan aquí las posibilidades. Veamos un nuevo ejemplo de lo que no conviene:

(5) La facturación en base a lecturas reales es la que utilizan casi todas las compañías eléctricas.

En este caso podemos proponer basada en como solución:

(6) La facturación basada en lecturas reales es la que utilizan casi todas las compañías eléctricas.

Tampoco nos vendría nada mal según:

(7) La facturación según lecturas reales es la que utilizan casi todas las compañías eléctricas.

E incluso podríamos optar por sobre la base dea partir de, que ya hemos ejemplificado arriba en (3) y (4), respectivamente.

Es correcta también la expresión con base en, pero fuera del lenguaje jurídico no es la más recomendable. Por eso prefiero no utilizarla en los ejemplos de este artículo, que está pensado para la lengua general.

Lo importante es que quede claro que no hay necesidad de emplear en base a. Cualquiera de las alternativas de arriba es preferible. A poco que nos paremos a pensar daremos con muchas más que serán también acertadas. Un consejo: cuanto más sencillas, mejor.

 14 de junio de 2016  
Jun 092016
 

En español tenemos dos palabras para referirnos al centro del iris, por donde penetra la luz en el ojo. Podemos llamarlo niña del ojo o pupila. La primera expresión es simplemente la traducción de la segunda. Como vamos a ver (nunca mejor dicho), esta parte de la anatomía humana da bastante de sí en en nuestro idioma y en el de otros pueblos.

La denominación pupila la hemos heredado del latín. Inicialmente, para los romanos, el nombre pupilla podía significar ‘muñeca’ o ‘niñita’ dependiendo del contexto. Se empezó a utilizar para hablar de una parte del ojo porque quien mira con atención la pupila de otra persona descubre en la superficie del ojo una especie de muñeco que no es sino su propio reflejo. Los griegos lo llamaban kórē por este mismo motivo: kórē es ‘chica’. El nombre se ha mantenido en griego moderno. En otras culturas se ha llegado a denominaciones semejantes de manera independiente. Una lengua tan alejada del griego o el latín como es el indonesio se apoya en la misma imagen: la expresión anak mata (‘pupila’) está formada de anak (‘niño’) y mata (‘ojo’), o sea, para los hablantes de esta lengua del Pacífico la pupila es el niño del ojo.

En francés encontramos la palabra pupille, pero además existe como expresión anticuada prunelle, que es, nada más y nada menos que ¡endrina! El fruto que a unos les sirve para hacer pacharán los otros lo utilizan para representarse el órgano de la vista.

No han sido los franceses los únicos que han creído ver huertos en los ojos. Los germanos a este orificio lo denominaron manzana del ojo. En neerlandés todavía se utiliza el compuesto oogappel (< oog ‘ojo’ + appel ‘manzana’). En inglés este nombre fue desplazado por el latinismo pupil. Aun así, su recuerdo se mantiene en la expresión the apple of my eyes, que se emplea para referirse a una persona muy querida (es lo mismo que hacemos nosotros cuando decimos: “Te quiero como a las niñas de mis ojos”). Por cierto, los enamorados ingleses también se percataron de que en los ojos había muñequitos. Allá por el siglo XVII se usaba la expresión to look babies in the eyes, o sea, quedarse embobado contemplando la figurita en cuestión en los ojos de la amada o el amado. En alemán se utiliza el término latino Pupille, pero este convive con un sinónimo germano: Sehloch. Traducido literalmente es ‘el agujero de ver’. No se puede negar que la denominación es descriptiva, aunque quizás resulte un tanto prosaica en comparación con las que acabamos de repasar.

En fin, cada pueblo ha descubierto algo diferente en el órgano de la vista: muñecas, niñas, endrinas, manzanas… Lo que es seguro es que los seres humanos le han prestado una atención muy especial a la mirada y a la vista desde el inicio de los tiempos. Eso es lo que explica que se le den tantas denominaciones figuradas y afectuosas a esa parte de nuestro cuerpo.

Jun 072016
 

La discordia es un desacuerdo, una oposición entre personas que tienen sentimientos o deseos enfrentados. Esta palabra viene directamente del latín discordia y contiene dos elementos. El primero es el prefijo dis-, que indica separación. El segundo es nada menos que cor, cordis, o sea, ‘corazón’. La discordia es, por tanto, la situación que se da cuanto los corazones de las personas están separados, cuando sus sentimientos y voluntades se alejan.

La palabra desacuerdo, a la que nos hemos referido arriba, también contiene la raíz latina para ‘corazón’, pero en una versión más popular, que es la misma que encontramos en recuerdo. Échale un vistazo a esta otra etimología. Verás qué curiosa.

 7 de junio de 2016  , , ,
Jun 022016
 

El primer párrafo de una entrada de blog es fundamental para las personas y para los motores de búsqueda como Google. Ahí es donde cazas al lector o lo pierdes. Ahí es donde le dices al buscador de qué trata el artículo.

En estas pocas líneas debes anunciar a las claras el tema que se desarrollará en el resto del artículo. Si se te ocurre alguna manera de picar la curiosidad del lector, aquí es donde tienes que hacer uso de ella. Durante uno o dos segundos vas a disponer de toda la atención de una persona. Si la convences, se quedará; si no, saltará a otra página donde encontrará lo que quiere.

Anunciar el contenido correctamente es fundamental también para que los robots añadan tu escrito a su índice y, sobre todo, para que descubran de qué va. Eso es lo que le interesa al motor de búsqueda que los ha enviado porque así podrá ofrecer el contenido adecuado cuando un usuario le pregunte por el tema. Un fragmento del primer párrafo es lo que suele aparecer en los resultados de búsqueda justo debajo del enlace. Por tanto, es lo que van a encontrarse unos ojos humanos que están potencialmente interesados en tu contenido.

Este párrafo es de oro. Es moneda contante y sonante. Piensa bien en qué la gastas. Te doy unos ejemplos de lo que yo no haría: divagar, bromear, explayarme en consideraciones sobre entradas anteriores… Si no ofreces algo sustancial, los ojos humanos que se detuvieron en estas letras por un instante se apartarán y ya nunca recorrerán las líneas que faltan para llegar al segundo párrafo, que es donde decidiste empezar a contar algo que resultaba pertinente.

No te conformes con leer este artículo. Tienes todo un libro dedicado a explicar cómo escribir un blog y que te lean (que es la parte más complicada).

 2 de junio de 2016  , , , ,
May 312016
 

Velis nolis es una expresión latina que significa ‘si quieres como si no quieres’. Se compone de dos formas verbales: velis, o sea, ‘quieras’ y nolis, que es su negación: ‘no quieras’. La expresión se aplica a cosas que se harán (o que tendrás que hacer) tanto si quieres como si no quieres. Nada mejor que un ejemplo para entender su uso:

(1) El magistral es comerciante, es el dueño, el verdadero dueño de La Cruz Roja, el bazar de artículos de iglesia al que […] todos los curas de todas las parroquias del obispado han de venir velis nolis a comprar lo que necesitan y lo que no necesitan [Leopoldo Alas Clarín: La Regenta].

Lo que nos dice el ejemplo (1) es que los curas tienen que comprar en la tienda del magistral quieran o no: no les queda más remedio.

Como suele ocurrir, hay alternativas castellanas para esta expresión latina. Casi siempre será preferible sustituirla por fórmulas como quieras que no, de grado o por fuerza, por las buenas o por las malas, etc.

No obstante, si nos decidimos a usar el latinismo velis nolis, habrá que hacerlo bien. Eso incluye el resaltarlo en la escritura para indicar que no es una expresión castellana. Si estamos escribiendo a mano, lo encerraremos entre comillas. En textos mecanografiados recurriremos a la cursiva.

Ya ves: en este blog se aprende latín velis nolis.

 31 de mayo de 2016  ,
May 272016
 

La desaparición de palabras es un fenómeno que se da constantemente en las lenguas. Cuando los hablantes dejan de sentir la necesidad de emplear un determinado vocablo, este termina por caer en el olvido.

A veces, una palabra se pierde por la sencilla razón de que el mundo cambia: la realidad nombrada desaparece de nuestro alrededor y por eso ya no hay motivo para hablar de ella. Por ejemplo, pocos serán los hablantes de español que todavía conozcan nombres como tálero o borceguí, que designan objetos de épocas pasadas.

Palabras como las mencionadas arriba caen en desuso sin dejar sustituto porque ya no hay necesidad de ellas. Sin embargo, lo más frecuente es que una palabra desplace a otra. La realidad nombrada sigue existiendo, pero por algún motivo cambia de nombre. Los diccionarios son auténticos cementerios de palabras de este tipo. Si hojeamos uno cualquiera, nos toparemos con formas como albéitar, rafezlusco. Es posible que alguna de ellas perviva en usos regionales, pero lo cierto es que han quedado barridas de la lengua general. Sin embargo, su lugar no ha desaparecido, sino que ha sido ocupado por otras con más vitalidad. El viejo albéitar es ahora un veterinario; no faltan seres rafeces en el mundo, pero nos referimos a ellos como viles o despreciables; y, por lo que respecta a los luscos, hoy los llamaremos más bien tuertos, bizcos o cegatos, aunque esto último no sea lo políticamente correcto.

El ejemplo de lusco nos viene bien para mostrar que las sustituciones no son siempre de uno a uno. A veces, el ámbito abarcado por una determinada palabra se reestructura. Lusco se refería en general a quien sufría alguna deficiencia en la vista. En la lengua actual no tenemos un equivalente exacto, sino que diferenciamos varias categorías.

Los motivos para la sustitución de una expresión por otra no siempre están claros, aunque sí que hay uno que destaca y es bien conocido: el tabú. Te invito a que sigas el enlace y aprendas algo sobre él.

 27 de mayo de 2016  
May 242016
 

Procrastinar significa ‘dejar las cosas para más adelante’ o incluso ‘perder el tiempo’. Esto tiene todo el sentido del mundo si tenemos en cuenta que este verbo está formado sobre las raíces latinas pro ‘para’ y cras ‘mañana’. O sea, etimológicamente, procrastinar es lo mismo que ‘dejar para mañana’. Veamos un ejemplo de uso:

(1) Es imprescindible eliminar cualquier fuente de distracción (móvil, tele…). […] Distraen, desconcentran y son perfectos para procrastinar [El País (España), 23-5-2016].

En el español de nuestros días, el verbo en cuestión es un préstamo del inglés, pero tampoco son los ingleses los inventores del término. Ellos, a su vez, lo tomaron del francés y, en última instancia, procede del latín procrastinare.

El Diccionario de la lengua española ya recoge procrastinar y el sustantivo correspondiente procrastinación. Por tanto, contamos con la bendición de las Academias de la Lengua en caso de que queramos emplear uno y otro. Por otro lado, su uso tampoco es una novedad total. Es verdad que resulta muy escaso hasta finales del siglo XX, pero los lexicógrafos Terreros y Pando ya incluyen procrastinar en su Dicionario castellano ¡en 1788! Lo que ha ocurrido ha sido, simplemente, que un verbo que llevaba siglos arrastrándose por los diccionarios sin pena ni gloria, de pronto, se ha revitalizado por influencia de la lengua inglesa y del enorme prestigio de esta.

Rufino José Cuervo se refería a esta palabra en la edición de 1907 de sus Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano y lo hacía para advertirnos que no nos comiéramos ninguna erre: hay que decir procrastinar y no pocrastinar. Ese tipo de secuencias son difíciles de pronunciar para los hablantes de castellano y por eso la advertencia de don Rufino sigue siendo válida hoy día.

En fin, procrastinarprocrastinación son términos que están asentados en la lengua actual. Aunque los usamos por imitación del inglés, no dejan de proceder del fondo común de la lengua latina y ya hasta las Academias los aceptan. Si algún día te apetece dejarlos caer en la conversación, no hay por qué dejarlo para mañana.

 24 de mayo de 2016  ,