Etimología de ‘pincel’
3 de Julio de 2009
Pincel viene del catalán pinzell, procedente, a su vez, del latín penicillus, diminutivo de penis ‘cola’, pero no por lo que piensas, ¡malpensado! Lee con atención lo que escribió Covarrubias allá por el siglo XVII y lo entenderás todo:
PINCEL, la plumilla con que el pintor assienta las colores, del nombre Latino pennicilus, diminutivo de pennis.is. la cola del animal de do tomó el nombre: porque los pinceles se hazen de los pelos estremos de las colillas de las hardas, fuinas, y martas, y de otros animales. Los pinceles gruessos que llaman brochones por ser grosseros, y redondos se hazen de cerdas de javali [Covarrubias: pincel, acceso: 2-7-2009]
Harda es un nombre antiguo para ardilla (nótese el diminutivo) y fuina es garduña. Según Covarrubias, por tanto, el origen está en una metonimia: el pincel se hace de la cola de algunos animales y de ahí toma el nombre.
Numerales ordinales
26 de Junio de 2009
Los numerales ordinales sirven para expresar orden, como su propio nombre indica, por ejemplo, segundo o decimotercero.
En 1968 publica Coro de ánimas, su segundo libro, por el que le conceden el Premio Nacional de Poesía [Unas Palabras Dichas, acceso: 25-6-2009]
Osasuna es el decimotercero en la clasificación desde que ha comenzado 2009 con 5 puntos en su casillero [Navarra Sport, acceso: 25-6-2009]
Los ordinales en español son muy complicados o muy sencillos, según se mire. Son difíciles si pensamos en formas como quincuagésimo tercero (53.º) o nonagésimo quinto (95.º). Hoy son pocos ya los que las entienden y menos aún los que las utilizan. Son fáciles, en cambio, si tenemos en cuenta que solo son de uso corriente hasta décimo. También mantienen cierta vitalidad los que van de undécimo a decimonoveno. Y a partir de ahí se prefiere claramente el cardinal, como en estos ejemplos:
José María Herrero se clasificó en el puesto dieciocho y Miguel Ángel Abarca en el puesto veintidós [Noticias TeleCable Jumilla, acceso: 25-6-2009]
En 1961, la Asociación Internacional Psicoanalítica decide abrir su veintiséis Congreso Internacional con un tema anzuelo de gran actualidad: “Protesta y revolución” [Portal de Salud y Medicina Natural, acceso: 25-6-2009]
Los ordinales más elevados se han desmotivado, es decir, ya no se percibe su relación con el cardinal correspondiente, por ejemplo, no hay vínculo evidente entre cuadragésimo y cuarenta. Por eso han ido cayendo en desuso. La desmotivación es también lo que explica que formas oscuras como undécimo y duodécimo vayan siendo desplazadas por otras analógicas, más claras, como decimoprimero y decimosegundo, construidas sobre el modelo de decimotercero, decimocuarto, etc.
Mucha gente se pregunta si es mejor decir la planta treinta y dos o la planta trigésima segunda. Si nos fijamos solamente en la norma, las dos variantes son igual de aceptables, pero la primera es más clara con diferencia y eso la hará preferible en casi todas las situaciones.
Incluso hay un caso en el que puede ser incorrecto el ordinal. Cuando hablamos de reyes, emperadores, papas, etc. (digamos cabezas coronadas), la norma es utilizar el ordinal solamente hasta décimo y a partir de ahí, obligatoriamente, el cardinal. O sea, se dice Isabel segunda y Alfonso décimo, pero Alfonso doce y Luis catorce. Me acuerdo todavía de que cuando se creó Papa al cardenal Ratzinger muchos locutores no sabían si llamarle Benedicto dieciséis o Benedicto decimosexto. La confusión venía probablemente porque su antecesor era Juan Pablo segundo. Bastaría con que se hubieran acordado de Juan veintitrés y hubieran seguido el modelo.
Probablemente esta dificultad de los ordinales es lo que lleva a sustituirlos por las formas en -avo: dieciseisavo, treintaidosavo. Sin embargo, estos son numerales fraccionarios y no deben utilizarse nunca como ordinales, o sea, no debemos decir el treintaidosavo puesto.
Entre las muchas peculiaridades de estos numerales está el que primero y tercero tienen formas apocopadas primer y tercer, que se usan cuando aparecen antepuestos al sustantivo: el primer día, el tercer milenio. No se deben usar las formas apocopadas en femenino: la primer oportunidad.
Para terminar, porque esta entrada ya va siendo bastante larga, solo me quedan unas notas ortográficas. Desde decimoprimero hasta vigesimonoveno (11.º-29.º) se pueden escribir juntos o separados, aunque, como sucede en estos casos, se prefiere la variante en una sola palabra. Ten cuidado con el acento: si escribes el numeral junto, el primer elemento del compuesto nunca lleva tilde: décimocuarto. De trigésimo primero en adelante, en teoría se escriben siempre en dos palabras. En la práctica, rara será la ocasión en que tengas que escribirlo.
Para representarlos en cifras a veces se utilizan los números romanos: XXIV Cumbre de Jefes de Estado. Más frecuentes son las letras voladas: 1.º (primero), 2.ª (segunda), etc. El punto es obligatorio entonces. Y cuando lo que abreviamos son las formas apocopadas primer o tercer esto se tiene que reflejar con la correspondiente terminación: 1.er, 3.er.
Podríamos descender a una casuística más elaborada aún, pero no merece la pena. Con esto nos podemos manejar en el noventa y nueve por ciento de los casos. Y si quieres, podemos discutir en los comentarios sobre ese uno por ciento que se nos queda en el tintero.
Brotes verdes
19 de Junio de 2009
Últimamente hablan mucho en las noticias de los brotes verdes refiriéndose a esta economía nuestra que parece que quiere salir del coma. Esto es una metáfora que no se ha escogido por casualidad. Vamos a ver por qué.
Yo lo único que entiendo de economía es que cada vez me cuesta más llegar a fin de mes. El común de los mortales no nos enteramos demasiado de si los grandes indicadores macroeconómicos están mejorando, si la gente está comprando más casas en Florida o si Obama, Lula y Merkel han decidido crear un nuevo orden financiero internacional.
Pero sucede que la economía es confianza y si no tenemos confianza y empezamos a gastar, no vamos a salir nunca de la dichosa crisis. Y por eso se intenta decirle a la gente que aunque no se note mucho de momento pronto vamos a empezar a levantar cabeza.
La metáfora de los brotes verdes asimila la situación económica a la vida de las plantas. Un brote, por definición, es pequeño, pero tiene el potencial de crecer y convertirse en una gran planta. El verde no solo es el color de la vida, del resurgir, sino que además inspira confianza; por eso los médicos llevan batas verdes. Las plantas, cuando crecen, son fuente de alimento y de todo tipo de bienes. Después del invierno de la recesión viene la primavera del despegue económico. Al principio apenas se nota; los primeros días de sol todavía conviven con el frío, pero conforme vayamos avanzando, todo irá floreciendo, hasta que lleguemos al verano, en que todo fructifica y después al otoño cuando madura. Para entonces ya se estará fraguando el próximo invierno, pero eso queda lejos y más vale no pensarlo.
Un brote es delicado y tierno. Se malogra fácilmente. Así, si la recuperación no llega, no se podrá echar la culpa a quienes la han vaticinado. Es como cuando vuelve el frío y la helada quema las yemas de los árboles. Pero un brote también se puede cuidar y abrigar y eso probablemente es lo que quieren nuestros mandamases que pensemos que están haciendo ellos.
Y más vale que sea así por la cuenta que nos trae.
Palabras españolas en inglés
12 de Junio de 2009
Hay quien se queja de que nuestra lengua contiene cada vez más palabras del inglés. El intercambio de vocabulario es un proceso normal entre lenguas que están en contacto, y el español y el inglés lo han estado siempre; primero en Europa y después en América. Por eso también el inglés ha tomado y toma palabras del castellano.
Casi todas tienen que ver con realidades hispánicas que se han exportado a otras culturas. Dentro de estas tiene un papel muy importante la comida. Ahora que estoy en California me encuentro a diario en inglés con nombres de comidas como burrito, fajita, chile, quesadilla o tortilla. Esta última no se refiere a nuestra tortilla española a base de patatas y huevo sino a la mexicana de maíz; pero también la gastronomía española ha deslizado en la lengua inglesa el nombre de algunas de sus especialidades. Sangría es ya todo un internacionalismo, como lo es paella y, sobre todo, las tapas.
Una institución hispánica que ha triunfado en el mundo entero es la siesta y con el hábito de echar una cabezadita hemos exportado la palabra. Otra institución hispánica que se tiene muy presente en otras culturas, ya sea con admiración, ya sea con espanto, son los toros. En inglés encontramos las palabras torero, toreador, matador y, por supuesto, olé. Por cierto, alguna vez me he encontrado con algún español indignado por esa forma toreador, que les parece una deformación de torero. Lo cierto es que esa palabra existe en español, aunque es una forma que ha caído en desuso. Ya que estamos hablando de la relación del hombre con los animales, hay que mencionar también el rodeo.
Dentro del vocabulario más popular y expresivo no podemos olvidar cojones. Quizás hubiéramos podido darle al mundo anglosajón algún concepto relacionado con las ciencias, las artes o la espiritualidad, pero por el motivo que sea parece que este tuvo más éxito. Quizás por eso mismo triunfaran también dos ideas asociadas a la más rancia tradición hispánica como macho y machismo. Esperemos que todo esto se pueda compensar, al menos en parte, con uno de mis préstamos favoritos: amigo. Y si no, seguro que podrán con ello nombres tan delicados como muchacha y señorita.
En relación con la exploración y conquista del continente americano tenemos palabras como conquistador y eldorado. En esta época el castellano actuó como mediador para la difusión de vocabulario de las lenguas nativas de América a otras lenguas del mundo. Así, tomate, patata, chocolate o tabaco se convirtieron en corrientes bajo las formas anglicadas tomato, potato, chocolate, tobacco. También han quedado topónimos como California, San Francisco, Los Ángeles, Colorado, Nevada o Florida, por mencionar solo unos pocos.
La historia y la política, generalmente convulsas, de los territorios de habla española también han dado nombres como guerilla, que se popularizó a partir de las guerras napoleónicas, junta, en el sentido de grupo de militares que detenta el poder por la fuerza, o incluso barbudos por los de la revolución cubana.
La literatura ha aportado amantes legendarios como Don Juan o visionarios como Don Quijote (Don Quixote).
Estos son solo un puñado de ejemplos. Muchos de ellos se los debo a mis amigas Iris, Sharon y Gabrielle, a las que les dedico esta entrada.
Pero probablemente tú conoces más palabras españolas que se utilizan en inglés o en otras lenguas. ¿Por qué no las compartes con los demás dejando tu comentario?
Etimología de ‘capicúa’
4 de Junio de 2009
Capicúa es un número que se lee igual de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, como 323, 6776 ó 384483. Es un catalanismo y viene de la expresión cap-i-cua, que se utiliza con este mismo significado en catalán. Literalmente significa ‘cabeza y cola’.
Cómo hacer la introducción en una exposición oral
29 de Mayo de 2009
Uno de los fallos más frecuentes en una exposición oral consiste en saltarse la introducción. Esto es como si al hacer un bocadillo te olvidas de poner la tapa. El resultado puede que sea apetitoso, pero desde luego no será un bocadillo.
¿Y cómo se hace una introducción? Para empezar, tenemos que adelantarle a nuestro público el tema del discurso que va a escuchar y presentarle brevemente el contenido y sus partes. De esta forma estará preparado para irlo asimilando.
Este es también el momento de ganarnos su favor (lo que se llamaba en la retórica clásica captatio benevolentiae). Esto se puede hacer de muchas maneras: con un pequeño chascarrillo que rompa la tensión, demostrando modestia, haciendo referencia a algo que sea importante para las personas que nos están escuchando… Por ejemplo, si estás hablando para un grupo de profesores alemanes de español puedes empezar saludando y diciendo algunas palabras en su lengua. No se trata de que lo digas perfectamente sino de que demuestres interés por ellos para que así puedas enlazar con ellos como personas.
Alguien que simpatiza contigo estará más predispuesto a escucharte. Con un grupo de gente nos comunicamos en dos niveles diferentes: el intelectual y el emocional. Nos van a juzgar por el contenido de nuestro discurso, pero también por la relación humana que sepamos establecer. Es más, si hay discordancia entre lo uno y lo otro, al final pesará más lo humano.
Todo esto no es ninguna moda que se hayan inventado en un curso de comunicación efectiva de estos que se estilan ahora. Venimos haciéndolo así desde los tiempos de la Grecia clásica, cuando los ciudadanos tenían que hablar ante la asamblea para defender sus intereses. Para esto era imprescindible convencer. Y para convencer se vio enseguida que había que empezar preparando bien al público. Fue entonces cuando se estableció la costumbre de, antes de nada, hablar de lo que se va a hablar; y también la de buscar el favor de los oyentes desde el momento en que abrimos la boca.
Si se ha seguido haciendo es porque resulta efectivo. Por eso es uno de esos clásicos que nunca se pasan de moda.
¿Cuántas lenguas se hablan en España?
22 de Mayo de 2009
¿Cuántas lenguas se hablan en España? La respuesta —evidente— es: depende de cómo las contemos.
Si nos atenemos a lo que dicen los textos legales, nos salen cinco en un primer recuento: castellano, catalán, valenciano, gallego y euskera. A estas habría que añadirles el aranés, que está reconocido en el Estatuto de Cataluña.
Si hacemos caso al informe de Ethnologue para España (en inglés), son trece. Para llegar a este número, hay que empezar a contar otros dialectos románicos como el aragonés, el asturiano e incluso el extremeño, que carecen de cobertura legal, pero no por ello dejan de ser reales, sobre todo para quienes piensan y se comunican en ellos. Si aumentamos un poco más la resolución de la imagen, nos encontraremos todavía con la fala, que hablan unas 5 000 personas en Extremadura, lindando con Portugal.
¿Y dónde están las que faltan hasta llegar a trece? Ahí están también el caló, muy mezclado con otras lenguas locales como el castellano, el catalán e incluso el euskera; también el quinqui, un gran desconocido. Todos sabemos que existen, pero no las percibimos porque pertenecen a minorías que son invisibles hasta para eso.
Nos faltan dos lenguas vivas y bien vivas, pero que no se hablan; y esto no es ninguna contradicción. Me refiero a la lengua de signos española y la lengua de signos catalana. No nos confundamos. No se trata de una traducción a gestos de las respectivas lenguas orales. Se trata de sistemas lingüísticos completos e independientes sobre los que todavía necesitamos muchos más estudios para conocerlos y comprenderlos mejor.
Ya tenemos las trece lenguas del informe de Ethnologue. Esto nos da un panorama lingüístico completamente diferente del de partida, que ya de por sí resulta bastante polémico.
Pero no hemos acabado. Esas son las lenguas que podemos considerar autóctonas, pero eso no quiere decir que sean las únicas que se hablan (o signan). Si queremos tener una medida de la diversidad lingüística del país, tenemos que tener en cuenta no solo a los que estaban sino también a los que van viniendo. En la España de principios del siglo XXI hay que poner en la foto lenguas como el árabe, el rumano, el inglés, el chino, el alemán, el quechua, el búlgaro y muchas otras, que han traído consigo las personas que han venido a vivir y a trabajar con nosotros, y que hacen su aportación a la riqueza lingüística y cultural del país.
Hay quien ve la diversidad lingüística del mundo como un castigo divino y hay quien la ve como parte del patrimonio de la humanidad. Lo que nadie podrá negar es que se trata de una realidad que está ahí para quedarse.
¿O no? ¿A ti qué te parece?
Cultura de la propiedad
16 de Mayo de 2009
Me entero por la prensa de que en España se van a eliminar las subvenciones a la compra de pisos y veo resurgir de sus cenizas una de las expresiones preferidas de los años de la especulación: la cultura de la propiedad. Durante las pasadas fiebres inmobiliarias se entendía esta cultura como una necesidad compulsiva de comprar casa, consustancial con el genio hispánico. Veamos un ejemplo que refleja bastante bien el uso de la expresión de marras:
La cultura de la propiedad está tan arraigada que el 92% de los cabezas de familia de entre 65 y 75 años son propietarios de una vivienda, valorada de media en unos 180.300 euros [Demayores.com, acceso: 13-5-2009]
La palabra cultura se utiliza para ennoblecer sin necesidad de entrar en discusiones racionales. Su simple presencia basta para realzar lo que se le pone al lado; lo mismo da que sea un bloque de viviendas o una berenjena.
Lo que tenemos detrás es una metáfora que asimila la compra de una casa con la composición de los Conciertos de Brandeburgo o la lectura del Quijote. Se explota el prestigio de las manifestaciones más genuinas del espíritu humano, las que nos hacen verdaderamente personas y nos diferencian de otras especies del planeta. Se asocia así una operación mercantil con valores de urbanidad, desarrollo y civilización, y se la presenta como algo valorado en nuestra sociedad, con una tradición y un arraigo, consustancial con nuestra forma de ver el mundo y entender la vida.
Lo que tiene este tipo de lenguaje es que es como un calcetín al que fácilmente se le da la vuelta. Así, la cultura de la propiedad fácilmente se transforma mediante otra metáfora en la mentalidad del pisito. Es la misma realidad contemplada bajo otra luz, ahora francamente negativa, por ejemplo:
Hay que pensar que la mentalidad del pisito se ha terminado, y creo que es bueno para todos. A partir de ahora a alquilar a precios razonables [comentario de un lector en El Economista, acceso: 13-5-2009]
Metáforas como estas se prestan fácilmente a la manipulación. Es conveniente pararse a pensar lo que hay detrás de ellas si no nos queremos dejar llevar a terrenos que quizá no sean los que más nos convienen.
‘Sino’ (junto) y ’si no’ (separado)
8 de Mayo de 2009
Dentro de las dudas ortográficas hay una serie completa que podemos llamar junto o separado. La diferencia entre sino y si no ocupa aquí un puesto de (dudoso) honor.
La diferencia gramatical es bastante clara. Sino es una conjunción adversativa y constituye una unidad que se escribe en una sola palabra (1). En cambio, si no es la agregación de una conjunción condicional (si) y una negación (no), como vemos en (2):
(1) ITER debería demostrar no solo que la fusión existe, sino que la tecnología está preparada [Instituto de la Ingeniería de España, acceso: 7-5-2009]
(2) Si no fuera por los sindicatos, aún estaríamos trabajando jornadas de entre 10 y 16 horas, como en el siglo XIX [La Barbarie, acceso: 7-5-2009]
La única pega es que si tuvieras tan claros estos conceptos gramaticales, probablemente no estarías leyendo esta entrada.
Si no andamos muy fuertes en gramática, nuestra tabla de salvación puede ser el oído. Prueba a leer en voz alta lo que vas a escribir. Sino es átono, por lo que se apoya en la palabra siguiente para su pronunciación:
Mariano no es bombero sino trapecista
“mariáno nó és bombéro sino_trapecísta”
En cambio, en la secuencia si no la primera palabra es átona y la segunda es tónica:
Si no lo veo, no lo creo
“si_nó lo_véo, nó lo_créo”
Acentuación de los monosílabos
4 de Mayo de 2009
Como regla general, los monosílabos no se acentúan. La excepción son los casos de tilde diacrítica como, por ejemplo, dé (del verbo dar), mí (pronombre personal), etc.
Hay que tener cuidado para no caer en ultracorrección ortográfica. Quien se siente inseguro con los acentos tiende a ponerlos donde no hacen falta. El caso más famoso es probablemente ti, que como todo el mundo sabe se escribe sin tilde. Un lector y amigo me decía también hace poco en un comentario que le duelen los ojos de ver escrito fe acentuado.
Y es que a muchos les pasa como en las siete y media, que se pasan por miedo a no llegar.