Ene 102017
 

Los verbos ingerir e injerir tienen una escritura muy parecida y se pronuncian igual, pero tienen significados diferentes.

Ingerir es meter en la boca comida, bebida o alguna otra sustancia para que llegue al estómago. Aquí tenemos un ejemplo de uso tomado de una novela:

(1) Sintió un conato de mareo, no había ingerido nada sólido desde las tres de la tarde y era casi la una del nuevo día [José Luis Martínez Ibáñez: Siempre juntos].

Este verbo se escribe con ge en todas las formas de su conjugación (sin excepción alguna). El siguiente truco te puede ayudar a recordarlo. Ingerir es tragar. Tragar se escribe con ge e ingerir también.

Injerir, por su parte, es un verbo propio de registros de lengua elevados. Tiene muy poco uso en el idioma actual. Cuando aparece, normalmente lo hace en su forma reflexiva: injerirse, que significa ‘entrometerse’ o ‘inmiscuirse’. Se utiliza sobre todo en el ámbito de la política, las instituciones y las relaciones internacionales, como en este ejemplo, tomado de un texto periodístico:

(2) El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, negó hoy de manera categórica que Moscú se injiera en los asuntos internos de Ucrania, ya que ello va contra sus propios intereses [La Vanguardia (España), 14-4-2014].

Este verbo se escribe con jota en todas las formas de su conjugación.

A partir de injerir se deriva el sustantivo injerencia, que es lo mismo que intromisión.

(3) El Alto Tribunal carecía de independencia y, según jueces y abogados, sufría injerencias políticas [Amnistía Internacional: Informe 2011: el estado de los derechos humanos en el mundo].

El ejemplo (3) nos explica que cierto tribunal sufre intromisiones por parte de las fuerzas políticas.

Los dos verbos (ingeririnjerir) siguen el modelo de conjugación de sentir. Si te asaltan las dudas con alguna de sus formas, lo único que tienes que hacer es buscar la equivalente de sentir:

Sentir > sintió

Por tanto:

Ingerir > ingirió

Lo que me interesa de todo esto es que el verbo que se utiliza normalmente es ingerir, que siempre lleva ge. A no ser que escribas sobre política o relaciones internacionales, te puedes pasar toda una vida sin encontrar una oportunidad de usar correctamente injerir (con jota).

 10 de enero de 2017  léxico, ortografía, verbo
Dic 202016
 

Cruasán es la castellanización de la palabra francesa croissant. El nombre francés significa ‘media luna’, por la forma que tiene este bollo de hojaldre.

Lo más recomendable cuando se escribe en español es utilizar la forma castellanizada, tal como se hace en este ejemplo:

(1) No recordaba lo bueno que era algo tan simple como un cruasán ni lo bueno que estaba un café con leche [Julio Espinosa Guerra: La fría piel de agosto].

La única pronunciación correcta es la que refleja esa palabra, o sea, [kruasán]. Debemos evitar las variantes populares curasán, croasán, crusán, curasao, etc.

Si alguien tiene mucho empeño, puede mantener el galicismo crudo, como en este ejemplo de Eduardo Galeano:

(2) Otro símbolo de Francia, el croissant, nació en Viena [Eduardo Galeano: Espejos: una historia casi universal].

Si nos inclinamos por la grafía francesa, hay que tener la precaución de destacar la palabra en cursiva (o entrecomillarla si estamos escribiendo a mano). No obstante, hay que advertir que esta opción tiene como mínimo tres inconvenientes:

a) No permite reflejar en la escritura el plural cruasanes.

b) Puede dar pie a faltas de ortografía si no andamos muy duchos en francés.

c) Muchas personas no acertarán con la pronunciación correcta porque ni saben francés ni tienen obligación de ello. Acabarán diciendo [kroisán] o algo por el estilo.

En algunos países hispanohablantes a este bollo se le conoce como medialuna (escrito en una sola palabra). Es una magnífica opción.

En resumen: esta palabra se pronuncia siempre [kruasán]; su plural es cruasanes; lo mejor es escribirla tal como suena (cruasán); y si alguien quiere, puede mantener la grafía francesa, pero bajo su propia responsabilidad.

 20 de diciembre de 2016  léxico
Dic 132016
 

Anteayer es un adverbio que significa ‘el día anterior a ayer’ o, lo que es lo mismo, ‘dos días antes de hoy’.

Esta forma que acabamos de mencionar es la más extendida y la más recomendable en casi todas las ocasiones. Podemos ilustrar su uso con este ejemplo:

(1) Anteayer fui víctima de una expoliación, de un robo, en pleno Madrid, a las cuatro de la tarde [Alejandro Sawa: Iluminaciones en la sombra].

El elemento ante- está relacionado con el adverbio antes. Por tanto, no debemos decir ni escribir antiayer. Esta variante incorrecta surge por un cruce con el prefijo anti-, que significa ‘contrario’. Tampoco es válida la forma antiyer.

La expresión antes de ayer también es correcta, aunque hay que reconocer que se hace un poco larga. Aquí tienes un ejemplo sacado de un texto periodístico:

(2) La duquesa de Alba cumplió antes de ayer 83 años [Abc (España), 30-3-2009].

Si lo que queremos es brevedad, habrá que optar por anteayer. No obstante, podemos mantener antes de ayer en reserva por si necesitamos variar un poco nuestro discurso o para introducir énfasis. Lo que no hay que hacer es escribirlo junto: antesdeayer.

Por último tenemos antier. En la lengua culta, solo es admisible en algunos países de América. El siguiente ejemplo está tomado de una novela del mexicano Eloy Urroz:

(3) Llegamos antier por la noche a Aix [Eloy Urroz: La mujer del novelista].

En el resto del mundo hispánico, esta forma se asocia con el habla rural o popular.

En resumen, la forma anteayer es la que nos va a servir casi siempre. Antes de ayer podemos guardarla en la recámara por si nos hace falta echarle mano de vez en cuando. Antier solamente es aceptable en ciertas variedades del español. La generalidad de los hablantes hará bien en olvidarse de ella.

 13 de diciembre de 2016  adverbio, léxico
Dic 062016
 

El nombre cachalote es un préstamo del portugués. Está formado sobre cachola, que en esta lengua es un sinónimo popular y humorístico de cabeza. 

Por tanto, cachalote significa originariamente ‘cabezón’. No hay que ser Séneca ni Aristóteles para entender el porqué: en este mamífero destaca por encima de todo la descomunal cabeza, que además es casi cuadrada.

El término pasó del portugués al español; de allí, al francés; y desde esta última lengua se propagó a otros idiomas europeos, entre otros, el inglés (cachalot), el sueco (kaskelot) y el polaco (kaszalot).

En otras lenguas europeas encontramos también denominaciones basadas en la llamativa cabeza de este mamífero marino. En italiano se llama capodoglio, que es un compuesto de capo d’olio, o sea, cabeza de aceite, por la gran cantidad de grasa que contiene (el famoso esperma de ballena). En neerlandés se le conoce como Potvis (y de ahí sale también el nombre alemán Pottwahl). Estas dos últimas lenguas lo que hacen es comparar la testa del cachalote con una cacerola.

Así que ya ves todo lo que da de sí la cabeza de este cetáceo (por lo menos lingüísticamente).

 6 de diciembre de 2016  etimología, léxico
Nov 292016
 

In pectore es una expresión latina que significa literalmente ‘en el pecho’ o ‘dentro del pecho’.

La Iglesia católica la utiliza para referirse a alguien que es cardenal, pero lo es en secreto. Ya ha sido nombrado, pero no se anuncia su nombre por el motivo que sea. Lo lleva el papa guardado en su pecho, que es donde se mantienen los secretos. Esto se hace a veces para proteger a ese cardenal en países donde puede sufrir persecución. El siguiente fragmento ilustra este uso de in pectore, que es el originario:

(1) Juan Pablo II no desveló, antes de morir, el nombre del cardenal in pectore. Y tampoco lo dejó escrito en su testamento [El Mundo (España), 6-4-2005].

El ejemplo (1) está tomado de un texto en el que se explica que Juan Pablo II dejó nombrado un cardenal, pero que su nombre se mantuvo oculto incluso después de la muerte del papa.

Por extensión, también se utiliza la expresión in pectore para referirse a una persona a la que ya se ha designado para un cargo, pero cuyo nombramiento todavía no se ha hecho público. Por ejemplo, se puede ser ministro in pectore si el presidente ha seleccionado a alguien, pero todavía no lo ha anunciado. Este uso es impecable. Constituye simplemente una ampliación del concepto más allá del ámbito del catolicismo.

Existe otro uso figurado que va un paso más allá, pero que sigue siendo correcto. In pectore puede aplicarse a decisiones que se mantienen en secreto. Por ejemplo, una persona puede ser candidata in pectore si tiene intención de presentarse a una elección, pero todavía no ha desvelado su propósito. No la ha nombrado nadie. Es una decisión que ha tomado por sí misma y que mantiene en su pecho a la espera de que llegue el momento de actuar:

(2) Dos candidatos in pectore empiezan a mostrar su ambición por liderar el partido, pero sin aclarar al 100% si se presentarán a la secretaría general.

En (2) se está especulando con la posibilidad de que ciertas personas presenten su candidatura, aunque estas todavía no se han manifestado abiertamente.

Lo que no se debe hacer es emplear in pectore cuando estamos hablando de la persona que ha ganado unas elecciones, pero que todavía no ha tomado posesión de su cargo. El siguiente ejemplo es incorrecto:

(3) El presidente in pectore Donald Trump se ha reunido con Obama para preparar el traspaso de poderes.

Si alguien ha sido elegido por los votantes para presidir una nación, no hay secreto posible. El adjetivo correcto en este caso es electo:

(4) El presidente electo Donald Trump se ha reunido con Obama para preparar el traspaso de poderes.

Un par de notas ortográficas para terminar. Esta expresión hay que resaltarla en cursiva. Si estamos escribiendo a mano, lo que haremos será encerrarla entre comillas. No se le pone tilde porque las expresiones latinas formadas por dos o más palabras no se acentúan.

 29 de noviembre de 2016  léxico
Nov 222016
 

Cuartos, así, en plural, es un sinónimo popular de dinero en España. Alguien que tiene cuartos es una persona adinerada.

El nombre cuartos viene de una antigua moneda de cobre castellana que equivalía a cuatro maravedíes. El caso es que se trataba de una moneda de poco valor y, por eso mismo, era una de las que más circulaban. Tanto se usaba que acabó convirtiéndose en una forma más de referirse al dinero.

Todo el que ha viajado a Estados Unidos sabe que la moneda de 25 centavos es conocida como quarter. El parecido con la palabra castellana no es casualidad. Los famosos reales de a ocho españoles circularon en Estados Unidos hasta mediados del siglo XIX. Un quarter se llama popularmente two bits (‘dos trocitos’). Los reales de a ocho tenían ese nombre porque se podían partir en ocho y utilizar los trozos como moneda fraccionaria. Dos pedazos de un real de a ocho son.. ¡un cuarto!

 22 de noviembre de 2016  etimología, léxico
Nov 152016
 

La diferencia entre ir e irse es una cuestión de perspectiva. Cuando utilizamos irse, ponemos el énfasis en el hecho de que abandonamos el lugar en que nos encontramos. En cambio, esta noción está ausente en las oraciones formadas con ir. Vamos a ver todo esto paso a paso.

El verbo ir expresa desplazamiento hacia algún punto:

(1) Voy a Berlín.

En (1) hay que interpretar que alguien se desplaza desde el lugar en el que está hasta la ciudad de Berlín.

El punto al que nos desplazamos puede quedar sobrentendido, como en (2), pero su idea estará presente de todos modos. Fíjate en este pequeño diálogo, que podría suceder en cualquier hogar:

(2) —Necesitamos aceite para la cena. —Voy yo.

En (2) no se especifica el destino del desplazamiento, pero para los presentes es fácil interpretar que se trata del supermercado o de cualquier otro sitio en el que tengan costumbre de abastecerse de aceite. Si no hay un lugar al que nos dirigimos, la oración con ir carece de sentido.

En cambio, con irse la idea principal es la de abandonar el sitio en el que uno está. Por eso, un hijo adolescente puede decir esto tranquilamente a sus padres:

(3) Me voy. No me esperéis a cenar.

El hablante que emite un enunciado como (3) está poniendo el foco de atención en el hecho de que abandona el lugar en que se encuentra, no en el sitio al que se dirige. Puede ser una forma cómoda para el hijo de anunciar su marcha sin tener que explicar adónde encamina sus pasos.

Aun así, irse admite que expresemos el lugar al que nos dirigimos, por ejemplo:

(4) Me voy a clase.

El ejemplo (4) hay que interpretarlo así: me marcho (del lugar donde estoy) para acudir a clase.

Naturalmente, irse también nos permite especificar el lugar que abandonamos. Si un hijo adolescente te dice esto, más vale que te preocupes:

(5) Me voy de casa.

En cambio, el verbo ir no admite este complemento:

(6) Voy de casa.

El ejemplo (6) no es aceptable porque, como decíamos antes, las oraciones con ir solamente tienen sentido si hay un punto de destino. Si lo añadimos, se restaura el orden:

(7) Voy de casa al trabajo.

Sin embargo, el significado de (7) es muy diferente al de (5). Voy de casa al trabajo simplemente indica un desplazamiento. Estoy en casa y me traslado al trabajo. En cambio, irse de casa es abandonar el hogar.

Como irse expresa la idea de dejar un lugar, podemos contraponerlo a verbos que tienen el significado de permanecer en el mismo sitio:

(8) ¿Te vas o te quedas?

Esa misma pregunta sería absurda con ir:

(9) ¿Vas o te quedas?

Esto es así porque el verbo ir no se opone a quedarse, sino a venir:

(10) ¿Vas o vienes?

En resumen, la diferencia entre irirse reside en la perspectiva. Irse destaca la idea de abandonar un lugar, mientras que en ir está ausente esa noción.

 15 de noviembre de 2016  léxico, verbo
Nov 082016
 

La palabra gratis la hemos tomado directamente del latín gratis. Viene del sustantivo gratia, que significaba ‘gracia, favor, benevolencia’.

La forma gratis surgió por desgaste de gratiis, que era el ablativo plural de gratia. El ablativo era el caso que servía en latín para expresar los complementos circunstanciales. Por eso, las formas latinas gratiisgratis se pueden traducir al castellano como ‘haciendo un favor, por benevolencia, por agradar’.

Existe también la expresión gratis et amore, que hoy día es una variante más elaborada de gratis. Es propia, sobre todo, de la lengua coloquial. Para entender el significado original hay que sobrentender la palabra Dei. La expresión completa era gratis et amore Dei, que es lo mismo que decir por la gracia y por el amor de Dios. 

Gratis es un internacionalismo que está presente en un gran número de lenguas, por ejemplo, en francés, en italiano, alemán, danés, neerlandés, afrikáans, polaco y hasta en indonesio.

 8 de noviembre de 2016  etimología, léxico
Nov 022016
 

Cabe es una preposición antigua que significaba ‘junto a’ o ‘cerca de’. Viene de cabo en el sentido de ‘orilla, extremo de algo’.

La aprendimos en el colegio porque estaba en la lista de preposiciones que nos hacían recitar: a, ante, bajo, cabe, con, contra… Sin embargo, nunca llegamos a saber muy bien qué pintaba aquel cabe compartiendo lista con pordesde.

Ya hemos dicho arriba cuál es su significado. Nos ayudará ahora a entender su uso el siguiente ejemplo, tomado de un texto de 1555:

(1) Apenas acabé de decirlo, cuando siento pasar cabe las orejas un guijarro pelado [Anónimo: Segunda parte del Lazarillo de Tormes].

Lo que quiere decir el fragmento en cuestión es que el narrador sintió pasar una piedra junto a las orejas o cerca de las orejas.

Esta preposición carece de uso en la lengua actual (por eso es necesaria toda esta explicación). Solo podríamos encontrarla en algún texto contemporáneo que intentara imitar el español antiguo.

Tampoco vendrá mal aclarar que no tiene nada que ver con el verbo caber, que es el que aparece en expresiones como cabe destacar, etc.

Una vetusta hermana de cabe es la preposición so. Sigue el enlace para averiguar su significado, su origen y el uso limitado que conserva hoy día.

 2 de noviembre de 2016  preposición
Oct 252016
 

El desarrollo de la publicación en línea ha traído consigo una fragmentación del público. Ha surgido una infinidad de publicaciones especializadas que han ocupado nichos muy específicos y han logrado aglutinar a su alrededor a comunidades o microcomunidades de lectores. Hoy se puede escribir y leer sobre la historia del cálculo infinitesimal, sobre las tradiciones de un pueblo de cien habitantes o sobre las actividades que se van desarrollando día a día en un aula determinada de una escuela infantil.

La fragmentación, no obstante, va acompañada de otro fenómeno sobre el que quizás no se ha insistido tanto. También se está produciendo una agrupación de los lectores. Públicos minoritarios y geográficamente dispersos se reúnen alrededor de ciertas publicaciones dirigidas específicamente a ellos. Aquí está la diferencia fundamental con micropublicaciones tradicionales como la hoja parroquial distribuida en fotocopias o el boletín escolar ciclostilado, que tenían un alcance geográfico muy limitado.

Los lectores descubren esas publicaciones de maneras muy variadas. Pueden hacer una búsqueda en Internet sobre un tema que los inquieta o atrae y, de resultas, aterrizar en un blog que capta su atención. Al cabo de una o dos visitas acaban quizás suscribiéndose y pasan a interactuar con el autor y los otros lectores mediante comentarios, por correo electrónico, etc.

Otra vía son las recomendaciones de amigos. Estas pueden producirse en la interacción cara a cara o a través de redes sociales como Twitter, Facebook, Google+, Goodreads*, etc.

Tampoco hay que perder de vista las recomendaciones de sistemas automáticos. Van ganando importancia y pueden llegar a crecer mucho más con el tiempo. Amazon, por ejemplo, dispone de algoritmos cada vez más refinados. En cuanto empezamos a comprar libros en su tienda, nos empieza a recomendar otros que nos pueden interesar. Cuanto más compramos, más va acertando por la sencilla razón de que nos va conociendo mejor y puede cruzar nuestros gustos con los de millones de clientes que han adquirido los mismos productos u otros parecidos. Esto nos facilita, por ejemplo, el descubrir a autores autopublicados a los que no hubiéramos soñado nunca con leer. Esos autores están solamente a un correo electrónico de distancia, con lo que la posibilidad de entablar un contacto y de llegar a formar comunidad es evidente.

El resultado es que quienes antes estaban condenados a la soledad intelectual, artística, política, etc., ya no lo están: el mundo los cría e Internet los junta.

Este cambio tiene repercusiones trascendentales para los escritores. Antes el ser muy raro, el centrarse en un tema que solo podía llegar a un público muy minoritario, podía convertirse en un obstáculo insuperable para que te publicaran. En el momento en que te publicas tú a ti mismo sin más coste que el de tu tiempo, eso deja de ser un factor. Esa rareza puede ser tu salvación, se puede convertir en la clave de tu éxito.

¿Vives en una aldea perdida en las montañas? ¿Padeces una enfermedad rara? ¿Coleccionas tapas de yogures? Quizá eres el representante de una comunidad que hasta ahora no ha tenido voz. Tú puedes ser esa voz.

Moraleja: Tienes que encontrar a los que son igual de friquis que tú y hacer piña con ellos.

*Goodreads es una red social especializada en lectura. Está orientada fundamentalmente a las publicaciones en inglés, pero también incluye comunidades que se interesan por la literatura escrita en español.

Consigue el libro Escribir un blog y que te lean.

 25 de octubre de 2016  escritura