Los nombres de países se escriben con mayúscula: Perú, Canadá, Irlanda, Francia, Marruecos, Filipinas, España. Ya está, no hay más problema.

Lo único que puede dar lugar a duda es el caso en que se antepone al nombre del país una denominación como república, reino, etc., ya sea por tratarse de uno de sus nombres corrientes (República Checa, República Dominicana, Reino Unido), ya sea porque se desee utilizar el nombre oficial por el motivo que sea: República Argentina, Reino de España, República Federal de Alemania, Estados Unidos Mexicanos, Confederación Suiza, Gran Ducado de Luxemburgo, Principado de Andorra.

Como los ejemplos anteriores y la lógica nos indican, en este caso se escriben también todas las palabras significativas con mayúscula inicial.

Se escriben con minúscula los nombres de disciplinas científicas y campos del saber (entendidos en un sentido amplio):

(1) Los informáticos tendrán que aprender de medicina, biología y química [La Nación (Costa Rica), acceso: 17-5-2012]

(2) Este año se incorpora el área de salud a las tradicionales sociales, educación, ciencia, tecnología y lingüística [Diario Vasco (España), acceso: 17-5-2012]

Únicamente adoptan la mayúscula en denominaciones de asignaturas, cursos, titulaciones, instituciones, etc. de las que puedan formar parte, pero eso es otro problema.

El verbo proveer tiene dos participios: uno regular (proveído) y otro irregular (provisto). No deberían darnos mayor problema porque uno y otro se pueden emplear indistintamente, a diferencia de lo que ocurre con los pares imprimido/impreso y freído/frito, que presentan alguna restricción.

Así, podemos encontrar cualquiera de las dos formas en los tiempos compuestos de la conjugación (1 y 2), en la pasiva perifrástica (3 y 4) y como adjetivos (5 y 6):

(1) Nos ha provisto de unos estándares de vida inimaginables para las generaciones anteriores a la era industrial [DiarioVasco.com (España), acceso: 15-5-2012]

(2) Rusia ha proveído a Siria de misiles antiaéreos, vehículos armados y aviones en el marco de un contrato comercial [Europapress.es, acceso: 15-5-2012]

(3) El financiamiento de la infraestructura necesaria para la red [...] fue provisto por diversos organismos multilaterales [LaPrensa.hn, acceso: 15-5-2012]

(4) Los refugiados fueron proveídos de frazadas, colchones, agua potable y víveres [Abc Color (Paraguay), acceso: 15-5-2012]

(5) La nueva generación del monovolumen Zafira ofrece un interior provisto de grandes posibilidades de flexibilidad [La Vanguardia (España), acceso: 15-5-2012]

(6) Khalid Sheikh Mohammed y un abogado, en un dibujo proveído por la corte [ElUniversal.mx, acceso: 15-5-2012]

Aunque ambas formas se consideran correctas, hay que aclarar que hoy día se da una marcada preferencia por la forma irregular provisto, aunque en esto hay diferencias personales y regionales.

No está de más aclarar que no se debe confundir la conjugación de prever y proveer. Siguiendo el enlace, encontrarás la explicación correspondiente.

Los nombres de colores se escriben con minúscula, por ejemplo, blanco, amarillo, lila, morado, azul, bermellón, gris, etc.

Esto afecta también a aquellas denominaciones que están formadas sobre un nombre propio:

(1) Me he comprado un vestido burdeos

No obstante, cuando se trata de una denominación pluriverbal que contiene como segundo elemento un nombre propio, este mantiene su mayúscula:

(2) Si vas a la droguería, tráete azul de Prusia y rojo de Venecia

Esto no deja de tener su lógica: en el ejemplo (1), lo que originariamente era un nombre propio se ha convertido en un nombre común que sirve para denominar a una realidad del mundo; en cambio, en el ejemplo (2) el nombre propio es, por decirlo de alguna manera, un apellido que se le pone a la denominación del color propiamente dicha.

Se escriben con minúscula los nombres de monedas, como, por ejemplo, euro, peso, real, quetzal, guaraní, sol, dólar, florín, libra esterlina, corona, etc.

Esto incluye aquellas denominaciones que están basadas en nombres propios, como el colón o el bolívar.

Álgido es un adjetivo curioso porque forma parte del puñado de palabras con significados contrarios que posee el español. Originariamente es un cultismo que significa ‘muy frío’. Su uso con este sentido es muy escaso, pero podemos encontrar algún ejemplo, como este de Rafael Alberti, en el que el contexto no deja lugar a dudas sobre la interpretación:

(1) [...] el frío de sus huesos, el álgido vapor de su sangre canalizada, la humedad y golpes de aire que saltan de sus bocas nos van petrificando los trajes lentamente, helándose las venas hasta marcar de súbito el peligro [Rafael Alberti: Prosas encontradas, tomado de CREA]

Se utiliza también para referirse al punto de ciertos procesos febriles o infecciosos en que el enfermo experimenta un frío intenso:

(2) Las ropas, pegadas al cuerpo, eran como fiebres en período álgido sobre mi pecho, mi vientre, mis muslos. Tiritaba continuamente, sacudido por violentos tirones musculares [Ricardo Güiraldes: Don Segundo Sombra, tomado de CREA]

Ese es el momento decisivo de la enfermedad. A partir de ahí o nos curamos o nos vamos al otro barrio, que es lo que les pasaba antiguamente a los enfermos de cólera:

(3) Al acercarse la muerte durante el periodo álgido, comúnmente cesaban los vómitos y las deposiciones, y los enfermos aseguraban que se sentían mejor cuando solo les quedaban algunos instantes de vida [Manuel Codorniu: Cólera-morbo de París]

No es de extrañar que de ahí pasara a significar, por una metáfora, ‘culminante, máximo’, que es hoy el sentido más corriente:

(4) El partido [...] tuvo en el abrazo de Leo Messi con Pep Guardiola su momento álgido [Mundodeportivo.com, acceso: 10-5-2012]

Es muy frecuente la colocación punto álgido:

(5) Pero el punto álgido de la escena lo constituyó el ataque de ira del duque Max, que irrumpió en el salón en estado de profunda embriaguez [Ana María Moix: Vals negro]

Pero no quedó ahí la cosa. Para algunos hablantes ha llegado a significar ‘caliente, acalorado’, quizás porque la idea de fiebre álgida se malinterpretó como ‘fiebre muy alta’ (olvidándose de los escalofríos y tiritones que justifican el apellido de álgida). Ese es el sentido que tiene en los ejemplos (5) y (6), que son una adaptación de oraciones reales que se encuentran en Internet:

(5) La denuncia causó una álgida discusión entre los representantes de los partidos

(6) Tenemos el antecedente de una álgida reunión entre patronal y sindicatos

Ya tenemos así a este adjetivo convertido en lo contrario de lo que en un principio significó. Todos estos significados coexisten en la lengua actual, aunque con diferente estatus. La Academia acepta el significado primitivo (‘muy frío’) y lo coloca en primera posición en su diccionario, aunque en el uso es prácticamente irrelevante. No opone reparos a las fiebres ni demás enfermedades álgidas. Y hasta ha terminado por aceptar el sentido figurado de ‘culminante, máximo’. Sin embargo, quienes utilizan esta palabra con el significado de ‘caliente, acalorado’ deben saber que quedan fuera de la protección y amparo de los diccionarios normativos.

Conviene aclarar, por último, que debemos evitar expresiones como el punto más álgido porque el adjetivo álgido tiene valor ponderativo, es decir, ya lleva dentro la idea de ‘más, máximo’, con lo que añadírselo solo sirve para crear una redundancia.

La expresión latina manu militari significa literalmente ‘con mano militar’, es decir, por la fuerza de las armas:

(1) Después de proclamar el derecho de las naciones a la independencia, las sometieron manu militari [Jean Meyer: Rusia y sus imperios]

Normalmente se emplea con el significado de ‘por la fuerza’ (2) o incluso ‘con mano dura, sin andarse con contemplaciones’ (3). Se trata entonces de un uso figurado que reposa sobre una metáfora.

(2) En La Revue de Paris la novela aparece [...] con numerosas mutilaciones, algunas de las cuales había aceptado Flaubert a regañadientes, otras impuestas manu militari por los directores [Mario Vargas Llosa: La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary]

(3) [...] el jefe del Ejecutivo cerró los últimos flecos de unas cuentas que se han diseñado manu militari [Abc.es, acceso: 4-5-2012]

Ortotipográficamente, esta expresión se trata como un extranjerismo crudo, es decir, se debe escribir en cursiva o, si se trata de un texto manuscrito, entre comillas.

No es correcto añadirle una preposición. Son semicultas formas como con manu militari o por manu militari:

(4) Las cosas no se pueden hacer en cuatro días y con manu militari

(5) No se puede someter a la población por manu militari

Las formas anteriores no son correctas porque la locución latina ya incorpora en su significado la idea que expresa en español la preposición.

También es incorrecto utilizar esta expresión sin que lleve dentro la idea de ‘con’ o ‘por’:

(6) Su estilo de mando es una mezcla de manu militari y exquisitez en las formas

El problema de la oración (6) está en que manu militari no significa simplemente ‘mano militar’ o ‘mano dura’ sino ‘con mano militar’, ‘con mano dura’.

Como ocurre por lo general con los giros latinos, lo más prudente y lo más adecuado estilísticamente suele ser quedarse con la versión castellana (arriba hemos propuesto algunas posibilidades). Y es que, con estas expresiones, si lo hacemos bien, difícilmente nos alabarán por buenos latinistas; y si lo hacemos mal… ¡ay!, si lo hacemos mal…

Los nombres de los vientos se escriben siempre con minúscula. Mencionaremos aquí solamente unos pocos: cierzo, tramontana, alisios, siroco, levante, mistral, nortenado, pampero.

La minúscula se mantiene incluso en denominaciones que están formadas sobre nombres propios. Por ejemplo, hay un viento que se llama céfiro. Este nombre está tomado de la mitología griega, en la que existía un dios, Céfiro, que personificaba el viento del oeste. En este caso, cuando escribamos la palabra con minúscula, sabremos que nos estamos refiriendo al viento, mientras que cuando lo hagamos con mayúscula estaremos nombrando al dios en cuestión.

El numeral uno mantiene su forma plena delante de la expresión por ciento. Por eso, se debe decir veintiuno por ciento, cincuenta y uno por ciento y no veintiún por ciento, cincuenta y un por ciento.

Quienes dicen esto último están incurriendo en ultracorrección. Saben que en ocasiones uno se convierte en un. Así, por ejemplo, tenemos Cómprame un helado frente a Cómprame uno. Quien tiene la noción de que se produce este tipo de cambios puede generalizar incorrectamente la regla convirtiéndola en algo así como “Uno se convierte en un cuando lleva algo detrás”. Sin embargo, la regla que rige la pérdida de la terminación (o apócope) es más estricta, a saber:

Regla: Uno se convierte en un cuando va seguido por un sustantivo

Si aplicamos la regla anterior se entiende que digamos Cómprame un helado, puesto que aquí uno va seguido por el sustantivo helado. Entre uno y el sustantivo se puede interponer algún otro elemento, como un adjetivo: Un delicioso helado. Nótese, en cambio, que cuando no hay sustantivo de por medio volvemos a la forma uno: Me he comido uno delicioso.

Lo mismo nos da que uno aparezca formando parte de una expresión numeral más amplia. La regla se sigue aplicando igual y, por tanto, las formas correctas siguen siendo Cincuenta y un helados, Cincuenta y un deliciosos helados, Cincuenta y uno deliciosos.

Ciento no es un sustantivo sino un numeral, por lo que no podemos quitarle su terminación a uno. En cualquier caso, si lo anterior no te termina de convencer, hay una forma rápida de entender por qué lo correcto es Cincuenta y uno por ciento. Decimos Uno por cada tres, ¿no? Bueno, pues la expresión Cincuenta y uno por ciento es lo mismo que Cincuenta y uno por cada cien. O sea, que si no vamos diciendo por ahí Cincuenta y un por cada cien, tampoco está justificado el famoso Cincuenta y un por ciento.

Estas explicaciones se refieren a la forma masculina. La femenina no pierde la -a final salvo en ciertos casos especiales en que los determinantes femeninos adoptan la forma masculina.

Así que recuerda: se dice cincuenta y uno por ciento, se dice cincuenta y uno por ciento…

Se escriben con mayúscula los signos del Zodiaco por ser nombres propios:

(1) Nací bajo el signo de Acuario

(2) Rosita es Aries, pero con ascendente de Géminis

Sin embargo, cuando la denominación de uno de estos signos se utiliza para designar a una persona, pasa a escribirse con minúscula:

(3) No te fíes de los piscis

(4) Los capricornios van a ser afortunados en amores esta semana

(5) En casa tengo un sagitario, un leo y un tauro

El artículo que antecede en (3)-(5) a las denominaciones de los signos del Zodiaco nos da una pista para percibir que se han convertido en nombres comunes.

Nótese que la palabra Zodiaco, ella misma, también se escribe con mayúscula.