Feb 022016
 

Un hilván es un cosido provisional que se hace con puntadas largas y más bien sueltas para que sirva de guía a la costura definitiva.

Este nombre procede de la fusión de dos palabras: hilovano. Se le decía vano porque es flojo y no va a ninguna parte: una vez que ha cumplido su función se desecha.

En francés tenemos la palabra faufil que es también un hilván.  La idea es análoga a la del español: es un hilo falso. Reconocemos aquí el adjetivo faux (‘falso’) y el sustantivo fil (‘hilo’). Es falso porque está ahí hasta que ocupe su lugar otra hebra más firme y con mejor acabado.

Así que si te gusta la costura, ya sabes lo que estás diciendo cada vez que hablas de un hilván.

 2 de febrero de 2016  , , ,
Ene 262016
 

La portada es una de las páginas preliminares de un libro. En ella constan obligatoriamente los siguientes datos:

Nombre del autor

Título del libro

Editorial

Si el libro tiene un subtítulo, este también constará en la portada. Además pueden aparecer otros datos como la ciudad y el año, aunque no es obligatorio. De hecho, lo más frecuente es que estos aparezcan después, en la página de derechos.

Por ejemplo, en la siguiente portada aparecen título, subtítulo, nombre del autor y editorial:

Portada de un libro

Portada de un libro

La portada es página impar y, por tanto, va siempre a la derecha. Se tiene en cuenta en el cómputo de páginas del libro, pero no va numerada. Es un error de principiante poner número en la portada de un libro.

No hay que confundir la portada con la cubierta. Esta última no es una página, sino la envoltura que cubre las páginas del libro. Coloquialmente se llama portada a la cubierta anterior del libro. No pasa nada porque hablemos así con la familia o con los amigos, pero siempre que estemos tratando de ser mínimamente precisos, tendremos que escoger bien las palabras. Por supuesto, un escritor debe ser capaz de diferenciar portada y cubierta.

 26 de enero de 2016
Ene 212016
 

La be y la uve se pronuncian igual. Exactamente igual. No hay ninguna diferencia. Creo que más claro no lo puedo decir.

Estas dos consonantes se pronuncian de la misma forma como mínimo desde el siglo XVI. Ya durante la Edad Media, las confusiones eran constantes y se conservan incluso inscripciones latinas que indican que la vacilación era común en el latín hispánico. Por ejemplo, hay testimonios de grafías como boluntatem en lugar de de voluntatem (‘voluntad’) o beteranus por veteranus. O sea, que ya los hispanos que escribían latín cometían unas faltas de ortografía que no tenían nada que envidiarles a las que me encuentro en los exámenes de mis alumnos en el siglo XXI.

No obstante, algunos hablantes sí que diferencian la pronunciación de be y uve, aunque esto se aleje de la lengua estándar. Los motivos son dos principalmente:

a) Por influencia de otras lenguas: Por ejemplo, los hablantes de catalán que distinguen entre be y uve tienden a extender esta diferencia a la pronunciación del castellano.

b) Por ultracorrección: Hay quien se pasa de correcto y cree que como tenemos dos letras diferentes también debemos pronunciar dos sonidos diferentes. Craso error.

En definitiva, la be y la uve representan un único fonema: /b/.

Lo que ya no sabe tanta gente es que este fonema se realiza de formas diferentes dependiendo de su posición.

Un fonema es una abstracción. En el habla no hay fonemas sino sonidos, y a veces ocurre que dos articulaciones diferentes nos remiten a un único fonema. Pues bien, el fonema /b/ del español puede presentarse de dos maneras en el habla. En notación fonética, estas se representan así:

(1) [b]

(2) [β]

El sonido (1) se pronuncia cerrando completamente los labios e impidiendo el paso del aire. El sonido (2), en cambio, es más suave: los labios se aproximan, pero no se llegan a cerrar (un poco como si quisiéramos soplar una vela). En los dos casos, las cuerdas vocales vibran mientras se articula el sonido correspondiente.

El que pronunciemos uno u otro depende exclusivamente de la posición. El sonido (1) aparece después de una pausa (3) o del sonido [m] (4):

(3) Dijo: “Bien, continuemos” – [díjo | bién | kontinuémos].

(4) ¡Imbécil! – [imbézil].

Arriba he ejemplificado con palabras que se escriben con be, pero lo mismo nos da que sean uves:

(5) Dijo: “¡Vino para todos!” – [díjo | bíno paratóδos].

(6) Invasor – [imbasór].

El sonido (2) aparece en todos los demás casos. Por tanto, es el más frecuente con diferencia. Veamos un ejemplo:

(7) El bebé bebió su biberón – [elβeβé βeβió suβiβerón].

Y para que todo esté completo, también propondremos uno con uve:

(8) ¡Que viva la novia! – [keβíβa lanóβia].

Si eres hablante nativo, no te tienes que preocupar por nada: ya estás aplicando esta diferencia de manera totalmente automática y sin ser consciente de ello. Esta es una de las sorpresas que se lleva uno cuando empieza a estudiar la fonética de su lengua. Para los hablantes de español como lengua extranjera puede ser interesante el conocer la existencia de estos dos sonidos y de sus contextos de aparición. Los ayudará a entender mejor el habla de los nativos y, con un poco de práctica, a mejorar su propia pronunciación.

En definitiva, la be y la uve se pronuncian igual. Lo que ocurre es que tanto una como otra varían su pronunciación dependiendo del contexto sonoro en el que aparezcan.

 21 de enero de 2016  , , , ,
Ene 192016
 

Hay una vieja regla ortográfica que dice que las palabras que empiezan por hue- y por hui- se escriben con hache, por ejemplo: huevo, huelo, huida, etc.

Esto hace que a veces palabras de una misma familia se escriban con hache o sin hache dependiendo de si empiezan por una vocal sencilla o por un diptongo, por ejemplo:

(1) huelo/oler

(2) huevo/óvalo

(3) huérfano/orfandad

Esta alternancia es una complicación que presenta la escritura del español. Lo normal y deseable es que una misma raíz se escriba siempre de la misma manera. Cualquier alteración nos puede hacer dudar a la hora de escribir y, por tanto, se presta a algún que otro patinazo ortográfico.

Sin embargo, la presencia de esa consonante muda no es un capricho. O, por lo menos, no lo era cuando se estaba empezando a fijar la ortografía castellana. Antiguamente, la u y la v eran una misma letra. Se trataba simplemente de dos variantes que no habían diferenciado sus usos. El que sonaran como vocal o como consonante dependía de la posición. Vamos a ver cómo se escribían algunas palabras con este sistema antiguo:

(4) vida: uida

(5) vivir: uiuir

(6) vuestro: uuestro

(7) velo: uelo

El sistema era lioso de por sí. En palabras como (6), una misma letra se pronunciaba primero como consonante e inmediatamente después como vocal. Además, se podían producir confusiones. Imaginemos que alguien quisiera escribir algo así como huelo vuestro velo (¿por qué no?). Teniendo en cuenta que el verbo olere en latín no tenía hache, lo lógico sería que utilizáramos la siguiente grafía:

(8) uelo uuestro uelo.

Para evitar este problema, se empezó a escribir una hache delante de los diptongos que empezaban con u. Esa letra funcionaba como una marca que quería decir: cuidado, aquí hay que pronunciar una vocal y no una consonante. Si añadimos la hache al ejemplo anterior, todo se aclara:

(9) huelo uuestro uelo.

Hoy, en rigor, esa hache no nos haría falta porque la u se ha especializado para la vocal y la v para la consonante. Sin embargo, la ortografía es conservadora. Por eso, la hache de palabras como huelo, huevo y demás se ha mantenido firme en su posición. Y ahí seguirá hasta el día en que una hipotética reforma ortográfica llegue a desterrarla.

 19 de enero de 2016  , , ,
Ene 122016
 

En español la hache no se pronuncia. Palabras como hola, búho y deshonroso suenan así, respectivamente:

(1) [óla]

(2) [búo]

(3) [desonrróso]

Esta letra permite diferenciar en la escritura homófonos como los siguientes:

(4) a (preposición)/ha (verbo)/ah (interjección): [a]

(5) ola (sustantivo)/hola (interjección): [óla]

(6) izo (del verbo izar)/hizo (del verbo hacer): [ízo]

En préstamos de lenguas como el inglés (7) o el alemán (8), la hache sí que suena. En estos casos su pronunciación se asimila a la de la jota:

(7) hándicap: [jándicap]

(8) hámster: [jámster]

Quienes pronuncian la jota rascando en la garganta (por ejemplo, en Castilla), adoptarán esta articulación para la hache de los préstamos. Quienes normalmente leen la jota como una aspiración, aspirarán también estas haches prestadas.

La hache, además, se combina con la ce para formar el dígrafo ch:

(9) chato [cháto]

(10) echar [echár]

Funciona en estos casos como un signo diacrítico que nos indica que hemos de sustituir la pronunciación normal de la ce por un sonido diferente que se articula apoyando la lengua contra el paladar.

A la hora de aplicar las reglas de acentuación, es importante tener en cuenta que la hache no deshace los diptongos. Fíjate en cómo se dividen en sílabas palabras como buhardillaahuyentar:

(11) buhar·di·lla

(12) ahu·yen·tar

Esto es así porque la hache en español es muda y, por tanto, a efectos de acentuación ortográfica es como si no estuviera.

Por esto mismo, la hache intercalada tampoco exime de poner tilde en palabras en las que se rompe un diptongo, por ejemplo:

(13) búho

(14) vehículo

Esta consonante tampoco afecta a la regla que exige artículo masculino ante nombres femeninos que empiezan por a tónica. Por eso decimos lo siguiente:

(15) el hacha robada

(16) un hambre canina

La terminación de los adjetivos nos muestra que hacha y hambre son nombres femeninos por más que aparezcan acompañados de artículos que tienen forma masculina. La regla en cuestión se rige por la pronunciación. Por eso se aplica aunque haya una hache por medio.

En resumen, la hache en español no suena, salvo en algunos préstamos. Cuando se asocia con una ce, sirve para indicar la presencia de un sonido especial. Esta consonante nunca afecta a la aplicación de reglas que dependen de la pronunciación de las palabras.

 12 de enero de 2016  , ,
Dic 302015
 

El nombre alcohol viene del árabe hispánico al-kuhúl. Como es habitual con los arabismos castellanos, el artículo de la lengua de origen va incorporado: es la forma al- que aparece al principio de la palabra.

El significado de la palabra alcohol en la Edad Media era muy diferente del de hoy. En realidad es el antepasado del rímel. Se trataba de un polvo finísimo de antimonio que utilizaban las mujeres para pintarse los ojos. Este cosmético, por cierto, fue muy criticado en toda la literatura misógina de la Edad Media y de los Siglos de Oro (el caso era criticar a las mujeres).

La palabra se extendió desde la península ibérica a las otras lenguas de Europa. En este paso, empezaron a utilizarlo los alquimistas: primero con su significado original y después con el de ‘elemento muy fino y puro’. A partir de ahí se empieza a emplear para referirse a los productos de la destilación en general, que son, efectivamente, elementos finos y puros.

Es en el siglo XVI cuando se aplica esta denominación al espíritu de vino, o sea, el etanol, que se extrae del vino por destilación. Esto es ya lo que entendemos en nuestros días por alcohol. Se atribuye este último significado nada más y nada menos que al médico y alquimista suizo Paracelso.

Después de recorrer todo este camino, la palabra se reintroduce en el español con el significado que hoy le atribuimos. Este es, por tanto, un curioso ejemplo de préstamo de ida y vuelta: nosotros se lo enviamos a Europa y desde allí nos lo devolvieron remozado y revitalizado.

Aunque me aparte un poco de lo estrictamente etimológico, me voy a permitir recordar que alcohol se escribe con dos oes y con hache intercalada, pero se pronuncia [alkól], con una sola o. Es la pronunciación tradicional y debemos mantenerla.

Y esta es la curiosa historia de una palabra que empezó nombrando a un cosmético y acabó siendo la responsable de nuestras noches de borrachera y, cómo no, de las mañanas de resaca que vienen después.

 30 de diciembre de 2015  
Dic 232015
 

El mazapán es uno de los dulces tradicionales navideños. La Navidad no se concibe en España si no hay en la mesa unas figuritas de esta masa fabricada a base de azúcar y almendra. Pero ¿de dónde viene el nombre mazapán?

Como ocurre con tantas etimologías, tenemos que empezar advirtiendo que no lo sabemos con seguridad. Lo que sí podemos es darles un repaso a las principales hipótesis que se han puesto en circulación.

Una primera interpretación es que significa ‘masa de pan’. A favor de esta posibilidad está el nombre que recibe en francés y en catalán: massepain y massapà, respectivamente. Pero no echemos las campanas al vuelo. Todo parece indicar que nos estamos moviendo en el terreno de la etimología popular: estas denominaciones son probablemente reinterpretaciones espontáneas de los hablantes en su afán por encontrarle sentido a una palabra oscura.

También se ha intentado derivar la denominación actual a partir de la expresión latina Marci panem, o sea, ‘pan de Marcos’ o ‘de san Marcos’. Estamos probablemente ante un caso parecido al anterior, solo que ahora no son los hablantes de a pie los que intentan explicarse el misterio de este vocablo, sino los que tienen suficiente cultura como para buscar una respuesta en el latín.

Se ha relacionado, asimismo, con el árabe mautaban, que significa ‘rey sentado’. Llegados a este punto, te sugiero que te sientes tú también antes de seguir leyendo porque esto ya es casi como una novela histórica. La palabra en cuestión se utilizó para referirse a una moneda bizantina que representaba a Cristo sentado en su trono. Los venecianos copiaron la moneda, pero, no contentos con eso, aplicaron ese mismo nombre a una medida de cereales: un mautaban era, o bien la moneda, o bien la cantidad de trigo que se podía comprar con esa moneda. El trigo se medía echándolo en una caja y resulta que las cajas de ese tamaño se empezaron a utilizar para embalar dulces (ya nos vamos acercando). Como en Europa el mazapán se importaba de Venecia en esas cajitas, acabó llamándosele así en las distintas lenguas: en español tenemos la palabra mazapán; en portugués, marzipã; en inglés y alemán, marzipan; en checo y en húngaro, marcipán; en rumano, marţipan; y en finés, marsipaani. Si vamos repasando una a una las lenguas del continente, comprobaremos que en casi todas ellas tiene una denominación muy parecida.

En fin, como te decía, la verdad es que nadie conoce a ciencia cierta el origen exacto de este nombre. De lo que no hay duda es de que un buen mazapán es una verdadera delicia. Y, aunque antiguamente se importara de Venecia, hoy ya no tiene nada que envidiarle el de Toledo.

Con esto te deseo feliz Navidad. Espero que disfrutes del mazapán, el turrón y los polvorones en compañía de los tuyos.

 23 de diciembre de 2015  , , , , ,
Dic 152015
 

En español, las letras uve y be compiten para representar el sonido [b]. Sin embargo, dicha competición es desigual porque los contextos en que puede aparecer la uve son mucho más reducidos que los de su rival. Vamos a ver algunas de las restricciones que afectan a dicha letra.

En primer lugar, detrás de una uve solo puede aparecer una vocal, como en estas palabras:

vacío

tuve

vida

cautivo

bravucón

La excepción es ovni, pero esto se explica fácilmente. En realidad, esta palabra es una sigla: objeto volante no identificado.

La be, en cambio, no tiene esta restricción. Basta una ojeada al diccionario para comprobar que detrás de ella se puede escribir una diversidad de consonantes, por ejemplo: brillo, objeto, subterráneo, obnubilado…

En segundo lugar, la uve no aparece en final de palabra. Las pocas excepciones son claramente de origen extranjero: (cóctel) molotov. Tampoco es que tengamos muchas palabras que terminen en be, pero alguna hay, como baobab, club, esnob, web, etc. Aunque se trata también de préstamos, algunos de ellos tienen ya un grado de integración considerable en nuestra lengua.

En realidad, estas dos restricciones se pueden resumir en una: después de una uve tiene que aparecer una vocal. Si aparece una consonante, la grafía es incorrecta y si no aparece nada (final de palabra), también lo es.

En tercer lugar, cuando se puede escoger entre be y uve, se prefiere la be. Solo hay un puñado de palabras que admitan esta alternancia:

endibia/endivia

cebiche/ceviche

boceras/voceras (en el sentido de ‘bocazas’)

bargueño/vargueño

En cada par he destacado en negrita la forma con be porque es la más frecuente y la que se prefiere, aunque no se considere falta utilizar la otra grafía. Estos pares son pocos y cada vez van siendo menos. Por ejemplo, ya se ha desechado la antigua alternativa Serbia/Servia. Hoy solo se considera correcta la forma con be, lo mismo para el nombre del país que para sus derivados.

La uve es la eterna candidata a desaparecer en una hipotética reforma de la ortografía, pero de momento ahí sigue: enrocada y dando quebraderos de cabeza a generación tras generación de aprendices de español.

 15 de diciembre de 2015  , , ,
Dic 102015
 

En español tenemos unas pocas palabras que se pueden escribir con hie- o con ye-. Las más importantes son estas:

(1) hierba/yerba

(2) hiedra/yedra

He destacado en negrita las formas con hie- porque son las más comunes y las que se recomiendan. La otra posibilidad es también correcta. Si quieres usarla por algún motivo, lo puedes hacer (aunque normalmente necesitarás que haya un motivo).

En el caso de hierba, además hay que tener en cuenta todos sus derivados y compuestos, por ejemplo: hierbajo, hierbabuena, hierbaluisa, etc. La posibilidad de doble grafía también se les aplica a estos.

Hay que tener cuidado con un par de detalles:

a) Esta alternancia es la excepción y no la norma. Otras palabras como hienahielo no la admiten y, por tanto, es una falta escribirlas con ye-.

b) No es lo mismo hierro que yerro. El primero es un metal. En cambio, el segundo es un sinónimo de error. Viene del verbo errar (‘equivocarse’, piensa en Errar es de humanos).

Para evitar confusiones, lo mejor es que te acostumbres a usar siempre una sola grafía aunque haya dos que sean correctas.

 10 de diciembre de 2015  , , , , ,
Dic 082015
 

Un pichón es un polluelo. Concretamente, en España es la cría de la paloma.

Su nombre viene del italiano piccione, que a su vez procede del latín pipionem. La denominación latina se formó a partir del verbo pipio, que significaba ‘piar’. Es fácil reconocer en este verbo una onomatopeya. Hoy, sin ir más lejos, utilizamos la forma pío pío para representarnos el canto de los pájaros.

El piccione italiano y el pichón español tienen como hermano lingüístico el pigeon del francés y el inglés. Todos ellos derivan en última instancia de la vieja imitación latina del canto de los pájaros.

En definitiva, un pichón es un animalito que pía. Eso es lo que intenta decirnos su nombre, aunque lo haga ya de forma amortiguada por el paso de los siglos.

 8 de diciembre de 2015  , , ,
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