El tuteo y los tratamientos
1 de Septiembre de 2007
En España el tuteo es la forma normal de dirigirse a una señora de ochenta años en un hospital:
-María, ¿qué tal has comido?
En nuestro país hay una marcada tendencia a lo informal que tiene su reflejo en la lengua. El usted está completamente out. Ahora lo que se lleva es el tú.
Muchos achacan la tendencia al tuteo a la influencia del inglés. Como es sabido, en esta lengua no existe el equivalente de nuestros pronombres de confianza (tú) y respeto (usted), sino que con you se despacha a todo el mundo y además en singular y en plural (eso sí que es un pronombre bien aprovechado).
Sin embargo, esto no quiere decir que un hablante de inglés no pueda marcar estas diferencias. La cercanía o distancia entre los interlocutores se muestran por diferentes medios, entre otros, el uso del nombre (”Peter”) o del apellido (”Mr. Smith”). Esto se nota, por ejemplo, en los malos doblajes de películas que repiten hasta la náusea el nombre de pila (aunque hay que decir en su descargo que esto también está relacionado con las necesidades de la sincronización):
-¿Disfrutaste de la cena, Mary?
-¡Oh, Peter, fue una cena maravillosa!
-Para mí también lo fue, Mary.
-Era una atmósfera tan especial, Peter…
-Nunca me había sentido así antes, Mary.
Y así sucesivamente. En inglés esto puede mostrar cercanía. En español, en cambio, es la forma más segura de que te manden al cuerno por pesao.
Probablemente, esta tendencia hacia lo informal, que va arrinconando el usted, más que una influencia lingüística del inglés sea una influencia cultural del estilo de vida estadounidense.
En las diferencias en los tratamientos se cruza lo lingüístico y lo cultural. Una parte está anclada en la gramática, por ejemplo, la existencia (o inexistencia) de pronombres de respeto y de confianza. Otra parte tiene que ver con convenciones sociales y culturales que varían, incluso para una misma lengua, en el tiempo, en el espacio y entre los diferentes grupos sociales.
Cuando viajamos por el mundo, esas diferencias enseguida nos llaman la atención. Cualquiera que haya estado en Alemania o en Francia se habrá dado cuenta de que en estos países se utiliza mucho más el usted. Y no solo eso. En Alemania grados académicos como el de doctor gozan de un prestigio que lleva a que, por ejemplo, Lufthansa o Deutsche Bahn den la opción de incluir la abreviatura Dr. delante del nombre en los billetes que expiden (imagínense adónde nos mandarían en Iberia o Renfe si les fuéramos con esas).
Pero dentro de los países de habla alemana también hay diferencias. En Austria hay tendencia a una mayor formalidad que se refleja, por ejemplo, en el uso más frecuente de los títulos académicos en la vida diaria. No es raro que la gente ponga en el buzón o en la puerta de casa que es ingeniero o licenciado:
Ing. Baumann
Mgr. Böhmer
Esto es algo que comparten austriacos y checos, que hablan lenguas diferentes, pero formaron parte conjuntamente del Imperio Austriaco.
Nunca se me olvidará la boda de mis amigos Martina (austriaca) y Boris (alemán). Martina y Boris se habían conocido en la República Checa y se casaron al poco tiempo en Austria, en un pueblecito de los Alpes. A la boda acudieron alemanes, austriacos, checos y este español que escribe. Pues bien, la primera vez que el alcalde se dirigió a los novios durante la ceremonia lo hizo así:
-Estimada Licenciada en Artes Müller, estimado Licenciado en Filosofía Schmidt…
A mí aquello me pareció un poco ceremonioso, pero bueno, ya se sabe cómo son estos centroeuropeos… Si la cosa hubiera quedado ahí, tampoco hubiera pasado nada. Lo que ocurre es que cada vez que el alcalde nombraba a uno de los contrayentes (y fueron unas cuantas) lo hacía con el título completo. A la tercera o cuarta vez la situación era la siguiente: yo procuraba disimular, a los alemanes se les empezaba a escapar la risita, y los austriacos y checos seguían como si tal cosa. Ya hacia el final de la ceremonia los alemanes se tronchaban de risa (alguno por poco se cae de la silla), los austriacos y checos los miraban con cara de enfado y yo pensaba: “Esto lo tengo que contar cuando llegue a casa”.
Y eso es lo que estoy haciendo porque esta anécdota ilustra perfectamente cómo las diferencias en los tratamientos solo en parte son lingüísticas. El resto (un gran resto) es social y cultural, y, por tanto, transversal a diferentes lenguas.
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