Archivo de Julio de 2008
Origen del nombre ‘Andrés’
31 de Julio de 2008
Andrés es un nombre de origen griego. Viene del adjetivo andreios, que significaba en griego antiguo ‘masculino, viril, valiente, fuerte’. Este adjetivo, a su vez, está formado sobre el nombre aner, andros ‘hombre’.
Añadir el Diccionario panhispánico de dudas a Firefox
26 de Julio de 2008
Para añadir el Diccionario panhispánico de dudas (DPD) a Firefox sólo tienes que acceder a esta página y allí pinchar en el enlace que encontrarás (”RAE- DUDAS”). Ya está, ya puedes empezar a buscar en el diccionario desde la cajita de la esquina superior derecha de Firefox.
Pues hale, a consultar antes de escribir al buen tuntún.
Nota: este motor de búsqueda sólo funciona con Firefox y parientes como SeaMonkey. No es válido para otros navegadores y no me consta que exista a día de hoy el equivalente para ellos.
Origen de la a
25 de Julio de 2008
Las letras del alfabeto hoy no significan nada para nosotros. Simplemente son signos que remiten a unos sonidos y que, combinados, forman palabras. Sin embargo, esto no siempre fue así. Nuestras letras originariamente fueron dibujos que representaban realidades concretas. La a empezó su carrera en el mundo como cabeza de buey en el sistema de escritura egipcio. El recorrido hasta el alfabeto latino es largo, así que vayamos por partes.
Esta misma cabeza de buey la encontramos, ya más estilizada, pero todavía perfectamente reconocible, en la escritura protosemítica. De aquí pasa a la escritura fenicia, que es el origen de todos los alfabetos, aunque ella todavía no era alfabética.
Los fenicios escribían con un silabario, es decir, cada signo de su escritura representaba una sílaba completa de su lengua (a diferencia de un alfabeto, que representa sonidos individuales). El nombre de la primera letra era ‘alef ‘buey’. Podemos observar en la imagen cómo el signo ha avanzado en el camino de su estilización y simplificación. Ya solo son tres trazos que se cruzan. Sabiendo su origen, se puede evocar la cabeza de buey. Pero hay que saberlo.
Los griegos aprenden a escribir de los fenicios, pero adaptando el sistema a la estructura de su lengua. En griego resultaba más práctico representar sonidos individuales que sílabas completas, así que se quedan con el primer sonido de cada sílaba. Pero se encuentran con un problema: los fenicios no escribían las vocales. No les hacía falta porque en su lengua la sílaba queda suficientemente caracterizada con las consonantes. Para solucionarlo, toman signos fenicios que representaban sonidos que a ellos no les servían porque no existían en griego y los reciclan para las vocales.
El primer signo del silabario fenicio representaba un sonido que no existía en griego: un cierre glotal. Para que nos hagamos una idea, un cierre glotal consiste en cerrar el paso del aire en la garganta. Los griegos, ni cortos ni perezosos, lo convierten en la vocal a y lo llaman alfa. No es difícil darse cuenta de que alfa viene de alef; pero al convertirlo en una letra de un alfabeto se ha dado un paso más en comparación con el silabario fenicio: se ha producido la desmotivación del nombre. En fenicio, el nombre de la sílaba remitía a una realidad concreta (el buey); en cambio, en griego, alfa ya no tiene que ver con ningún animalito: es solamente el nombre de la letra. Además, el signo se ha puesto de pie, apoyado sobre sus dos patitas.
Ya casi hemos llegado a puerto. Los etruscos aprenden a escribir de los griegos y los romanos de los etruscos. La letra latina ya se llama simplemente a, que es el nombre que hemos heredado. El acortamiento es un paso más en el proceso de desmotivación y convencionalización que nos aleja del dibujo originario. Como el nombre ya solo se refiere a la letra, es un lujo mantener uno tan largo. Dejando solamente el principio, además, ya se corresponde exactamente con el sonido que representa. En griego, el elemento -lf- solo se entiende por la relación histórica con ‘alef. Los romanos ya no sienten esa herencia, que es de tercera mano.
Ya estamos donde teníamos que estar. Si te ha interesado la historia, puedes aprender más en las excelentes páginas de proel sobre sistemas de escritura del mundo.
Nota: la imagen de la cabeza de buey protosinaítica ha sido publicada por Pmx bajo la licencia GNU de documentación libre.
Covarrubias: Tesoro de la lengua castellana o española
16 de Julio de 2008
Un diccionario apasionante que se puede consultar en línea gracias a la Biblioteca Virtual Cervantes es el Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias. Quienes siguen el blog ya lo conocerán porque lo cito para muchas etimologías. Este es el primer diccionario monolingüe del castellano. Se cree que Covarrubias empezó a trabajar en él en 1605, bien entrado ya en los sesenta, lo que prueba que cualquier edad es buena para alumbrar una genialidad.
La lexicografía del siglo XVII no es como la de hoy. Todavía no se ha inventado la objetividad. El autor asoma por todas partes en los artículos: incluye anécdotas, citas, historietas, chistes y comentarios personales. Leyendo el Tesoro nos hacemos una idea de quién era Covarrubias y cómo era el mundo en que vivía. Si bien esto no es lo que esperaríamos en principio de una obra lexicográfica, este es desde el punto de vista humano, humanístico y literario uno de los valores del Tesoro. Vamos a ver, por ejemplo, el artículo dedicado al camaleón, que no tiene desperdicio (cuando habla de los aduladores, hasta se enfada):
CAMALEON, este animalejo vi en Valencia en el huerto del señor Patriarca Juan de Ribera, de la misma figura que le pintan. Es cosa muy recebida de la su particular naturaleza mantenerse del ayre y mudarse de la color que se le ofrece en su presencia, excepto la roxa y la blanca, que estas no las imita […] Es nombre griego: chamæleon […] Vale tanto como humilis, seu parvulus leo [’león humilde o pequeño’, A. B.] […] Plinio […] descrive al vivo este animalejo como yo le vi. Pero quanto al grandor devía ser poco más de un palmo y le tenían dentro de una jaula de calandria. Y de este tamaño era el que Pierio Valeriano refiere haver visto en Roma en tiempo de León Décimo en Palacio, lib. 27 de chamalleonte. En el lib. 28 cap. 3 alegado arriba trae Plinio parte de lo dicho y añade calidades del animal y uso dél, y de sus partes, pero no carece de superstición y por esso no lo refiero aquí, por tratarse de la moralidad que sacan los autores de la naturaleza suya. Es el camaleón símbolo del hombre astuto, disimulado y sagaz, que fácilmente se acomoda al gusto y parecer de la persona con quien trata, para engañarla. Significa también el lisonjero y adulador, que si lloráis, llora; y si reís, ríe; y si, a medio día claro, decís vos que es de noche, os dirá que es assí, porque él ve las estrellas. Este tal merecía que se las hicieran ver realmente, con meterle en un poço muy hondo, de donde dizen poderse ver a medio día; y de allí nació el proverbio de amenaza “Yo os haré ver las estrellas a medio día” […]
Es animal de complexión muy frío. Deve de ser la causa que no se halla sangre en su cuerpo, sino muy poca en el corazón. Y assí está escondido en el Invierno y sale de Verano. Su mayor enemigo es el cuervo. Deve de ser la causa el verle por la apariencia mudado en cuervo. El autor de la Sexta parte de Varia lición dize que herido y muerto el camaleón muere también el cuervo si come dél por poco que sea porque es todo veneno, si bien la naturaleza le proveyó de remedio y medicina y es que si assí como se siente atormentado toma una hoja de laurel mata la ponçoña y cobra salud entera [Covarrubias: camaleón, acceso: 16-7-2008]
Como se puede ver por este artículo, tampoco se ha inventado en nuestro Siglo de Oro la diferencia entre diccionario general, enciclopedia y diccionario etimológico. Covarrubias está escribiendo un nuevo tipo de obra: un diccionario monolingüe de una lengua vulgar. Está inventando un género y lo está inventando a su modo.
El tesoro proporciona amplias explicaciones etimológicas porque en esta época se cree todavía que rastreando la etimología se puede encontrar el sentido primero y verdadero de la palabra. Esta idea se conoce como falacia etimológica. Ha sido superada ya en lingüística, pero suele ser un punto de vista muy extendido entre los legos en la materia.
La etimología no es ni mucho menos una ciencia exacta. No lo es hoy y no lo era, desde luego, en tiempos de Covarrubias. Muchas de las etimologías son fantasiosas. Otras quizás sigan siendo válidas en lo fundamental, pero ya están superadas. Sin embargo, tanto unas como otras conservan un valor cultural como testimonio de la reflexión incipiente sobre el léxico de nuestra lengua.
Según avanza la obra, Covarrubias va abreviando los artículos. La razón es muy sencilla y muy humana: le queda poca vida y mucho diccionario. En paralelo con el Tesoro fue redactando un suplemento manuscrito en el que recoge notas y materiales que amplían la edición impresa. Ya en los últimos años el autor estaba tan enfermo que no podía ni escribir, pero aun así siguió ampliando el suplemento al dictado. A menudo se queja con amargura de la incompetencia de los dos amanuenses que emplea.
Como tantas veces ocurre en España, esta obra monumental pasó sin pena ni gloria entre sus contemporáneos. Hubo que esperar un siglo para que se le hiciera justicia. La recién fundada Real Academia Española tiene muy presente el Tesoro cuando acomete entre 1726 y 1739 la redacción del siguiente gran diccionario de nuestra lengua: el Diccionario de autoridades.
Además de la edición en línea, que es accesible gratuitamente, existe una en papel realizada por Ignacio Arellano y Rafael Zafra para la editorial Iberoamericana/ Vervuert. No obstante, por su precio (120 euros), es probablemente más una obra para la biblioteca de una institución que para la de un particular. De los mismos editores se puede conseguir un facsímil en DVD publicado por la editorial Studiolum.
Sería de agradecer que la Biblioteca Virtual Cervantes modernizara la interfaz para facilitar la consulta y que permitiera, por ejemplo, descargar el documento íntegro. En cualquier caso, es de agradecer que el dinero público permita acceder, aunque sea con limitaciones, a un monumento cultural de este calibre.
Palabras de origen griego
9 de Julio de 2008
El griego es una lengua que goza de un enorme prestigio desde la Antigüedad. En la antigua Roma no se podía ser una persona culta sin saber griego. Por eso ya el latín tomó prestados muchos helenismos. Estos pasaron después al léxico del castellano y de las otras lenguas románicas. Se trata de palabras tan arraigadas que lo último que pensaríamos es que se trata de grecismos. Es un léxico que abarca todas las parcelas de la vida diaria, por ejemplo:
Partes del cuerpo: cadera, esqueleto, arteria
Animales: camaleón, sepia, medusa, dromedario
Plantas: geranio, plátano, mirto, narciso
Formas literarias: teatro, tragedia, comedia
Vocabulario del cristianismo: monje, obispo, iglesia, Cristo
Otros: bodega, botica, cátedra, sandalia, tisana
La lengua griega comunica su prestigio a todo lo que toca. Por eso muchos términos cultos, técnicos y científicos se forman sobre raíces griegas, por ejemplo, filología, geografía, cosmonauta, licántropo, pterodáctilo, leucocito, psicosis, alopecia, etc.
Para comprobar cómo ennoblece el griego, no hay más que comparar algunas palabras formadas sobre raíces helenas y sus equivalentes más castizos. Ir a misa no está mal si uno es católico, pero no tiene ni punto de comparación con asistir a la eucaristía. El oculista seguramente preferirá que le llamemos oftalmólogo; y no digamos cómo se puede poner el callista si no le tratan de podólogo. Pero, puestos a elegir, siempre será más fino padecer hemorroides que tener almorranas. Las realidades son las mismas; lo que cambia son los nombres. Claramente, el griego suena más importante.
Esta importancia que posee y que comunica explica que sea un filón de marcas comerciales, por ejemplo, Nike y Kappa (ropa deportiva), Kouros (perfume), Olympia (máquinas de escribir), Naxos (discográfica), Clio (automóvil), Ajax (limpiador), Amazon (librería por Internet), etc.
Por último, muchos nombres de persona tienen esta procedencia. Algunos de ellos son de uso corriente en el ámbito hispánico, como Andrés, Alejandro, Ángeles, Catalina, Esteban, Felipe, Irene, Jorge o Sofía. Otros no lo son tanto, por ejemplo, Anastasia, Aniceto, Cosme, Demetrio, Dorotea y Teófilo. Y unos cuantos suenan hoy francamente raros (que me perdonen los lectores que puedan llamarse así, pero ellos lo saben mejor que nadie): Agapito, Eufrasia, Eulalia, Eulogio, Eustaquio, Macario, Pacomio, Pancracio, etc.
En definitiva, los helenismos, tan frecuentes en castellano y en todas las lenguas de Europa, forman una parte viva del legado de la Grecia clásica, que sigue irradiando cultura a través de los siglos. Estas palabras conforman nuestra manera de hablar de una parte sustancial de nuestra realidad actual, desde la vida cotidiana hasta los ámbitos más cultos o más técnicos.
Etimología de ‘julio’
3 de Julio de 2008
Julio se llama así en honor de Julio César, que nació en ese mes. Anteriormente, el mes se llamó quintilis por ser el quinto del primitivo calendario romano.
Julio César fue el iniciador de la reforma de este antiguo calendario, que había ido acumulando un importante desfase con el año solar y resultaba nefasto para la agricultura. El calendario mejorado se denomina por ello calendario juliano. Estuvo en vigor hasta la reforma gregoriana, de la que surgió nuestra actual distribución del año.