La metáfora

La metáfora es una vieja conocida de la retórica, que la situaba entre las figuras de dicción. Desde un punto de vista retórico, la metáfora se suele considerar una comparación abreviada que se basa en una semejanza entre dos entidades o conceptos. Así, al menos, es como nos la presenta Lausberg en su Manual de retórica literaria. Se dice que es una comparación abreviada porque carece del vínculo comparativo que encontramos en un símil como Tus dientes son como perlas. Si a partir este ejemplo nos arriesgamos a un pequeño salto y decimos Tus dientes son perlas, ya hemos entrado en el terreno de la metáfora. La semejanza habremos de buscarla en las propiedades de uno y otro elemento, que tendrán algunas en común; en el caso que nos ocupa, por ejemplo, la blancura, el brillo, la dureza y, quizás, el valor.

Yo me conformaré con esta presentación esquemática de la idea tradicional, literaria, de metáfora. Personas hay que pueden abordar el asunto con mayor fundamento. A mí me interesa más aportar aquí la perspectiva del lingüista.

Fijémonos, para empezar, en la etimología. El sustantivo metáfora se deriva del verbo griego metaphéro, que significa ‘llevar algo a otro sitio, trasladarlo’. Esto es importante porque nos da una idea del mecanismo básico que subyace a la metáfora (¿no hemos dicho siempre que da lugar a significados traslaticios?).

En el corazón de todas sus definiciones encontramos la noción de que se entabla una relación entre realidades pertenecientes a dos ámbitos diferentes, de manera que se usa el primero para aprehender el segundo. Al hacerlo se proyecta sobre este último una parte de las propiedades del primero. Y si es cierto que se da una relación de semejanza entre una y otra realidad, también lo es que dicha semejanza no es inherente a ellas, sino que se trata de una semejanza inducida que no existe con independencia de la metáfora. O sea, que antes que buscarla en las cosas en sí, haríamos bien en volver la mirada hacia nuestro interior, más concretamente, al funcionamiento de nuestro sistema cognitivo.

La relación de semejanza la establecemos nosotros. En el célebre ejemplo de las perlas y los dientes, una realidad perteneciente al ámbito animal, concretamente, de la ostra, nos sirve para hablar de una parte del cuerpo de una persona. De todas las propiedades que tiene la perla, enlazamos algunas con las del diente. Ya hemos mencionado arriba la blancura, el brillo y la dureza. Y decíamos que quizás también el valor. Pero ¿esto es algo intrínseco al diente o algo que le estamos añadiendo gracias a la metáfora y que nos permite contemplarlo a una luz diferente, que es la que se desprende del mundo de las joyas, el lujo, lo precioso? Y, en cambio, hay otras propiedades de la perla que no intervienen, como la redondez o la composición química. Esto ha de ser forzosamente así, pues de lo contrario no se trataría de una comparación o asimilación, sino de que lo uno sería estrictamente lo otro.

Y si hacemos el ejercicio mental de asimilar los dientes con terrones de azúcar, bolitas de pan de Viena o trocitos de tiza, iremos viendo cómo nuestra percepción de ese diente va transformándose según la luz que arrojemos sobre él. Mucho de esto lo vamos entendiendo cada vez mejor gracias al trabajo de científicos cognitivos como George Lakoff y Mark Johnson.

La metáfora es un instrumento de gran utilidad en la ardua tarea de explicarnos qué es y cómo es el lenguaje. Nos sirve así para desentrañar un gran número de procesos de cambio lingüístico, tanto del léxico como de la gramática.

La metáfora permite aumentar el repertorio de significados de una palabra o expresión al irle añadiendo a su significado básico otros nuevos que se derivan de este. Contribuye así al aumento de la polisemia. Por ejemplo, las partes de nuestro propio cuerpo se convierten en fuente de abundantes metáforas que nos permiten nombrar cada vez más objetos. Pocas cosas habrá que sean más importantes para un ser humano que sus manos. Y por eso vemos manos por todas partes. Así, decimos que los relojes tienen manos o manecillas (pues al fin y al cabo son pequeñas) o que tiene mano un mortero; en una partida de cartas, a quien primero juega le llamamos mano; alguien que es influyente tiene mucha mano (en el ministerio, el ayuntamiento o donde sea); una medicina que me va bien diré que es mano de santo…

Pero no hemos acabado. La acción prototípica que realizamos con las manos es la de coger cosas (aunque también podamos utilizarlas para espantarnos las moscas, aplaudir o quitarnos el sol de los ojos). Nos pasamos el día cogiendo paraguas, libros y teléfonos móviles. Eso ha dado pie a que podamos coger chistes, resfriados o enfados. Y no contentos con coger nosotros lo que de por sí es inasible, nos empeñamos en reconocer esta acción hasta en objetos y acontecimientos, de modo que aseguramos con pleno convencimiento que la tierra no coge el agua, que nos ha cogido una tormenta en medio del bosque o que nuestro nuevo coche coge muy bien las curvas. Cada uno de estos usos está basado en una metáfora diferente, pero en todos ellos reconocemos el significado básico de coger sobre el que se han formado.

A veces, los nuevos significados se van sumando a los que ya existían. En otras ocasiones, un nuevo significado puede llegar a desplazar al antiguo y quedar como único superviviente. Por ejemplo, nuestras piernas fueron en otros tiempos jamones. La palabra perna significaba en latín ‘jamón’, pero alguien tuvo un buen día la ocurrencia de utilizarla humorísticamente para nombrar las extremidades inferiores de las personas. El chiste gustó, se institucionalizó y se incorporó con ello a los significados de esa palabra, hasta que acabó perdiéndose el sentido originario y solo quedó el que conocemos hoy.

La metáfora entra a menudo en juego en la ampliación del repertorio léxico de las lenguas mediante la neología. No es difícil identificarla detrás de muchos compuestos. Pensemos, por ejemplo, en chupatintas, sacabocados o rompecorazones. ¿Y cuál, si no, fue el procedimiento por el que se formaron expresiones idiomáticas como arrimar el ascua a su sardina o dar sopas con honda?

Las metáforas también son omnipresentes en la gramática. De hecho, uno de los medios favoritos de innovación gramatical es la metáfora. Una de las principales metáforas que dan lugar a estructuras gramaticales en las lenguas del mundo es la del tiempo como espacio. Los conceptos espaciales se cuentan entre los primeros que adquiere un niño y en ellos se asienta la comprensión de nociones más abstractas, como la temporalidad y la causalidad. Una gran parte del vocabulario que se refiere a fenómenos temporales procede del ámbito espacial. Decimos que el tiempo pasa, corre o vuela, que tenemos una vida por delante, etc. Es muy frecuente en las lenguas del mundo que los tiempos de futuro se formen sobre verbos de movimiento. Un ejemplo típico es nuestra perífrasis voy a cantar, que tiene su paralelo en el inglés I’m going to sing.

En fin, terminaré esta entrada, más que nada, porque ya va excediendo los límites de lo razonable y, probablemente, de la paciencia de los lectores; pero el tema es prácticamente inagotable y prometo volver al ataque tratando en detalle algunos de sus aspectos más específicos. O, para decirlo con una metáfora, esto era solamente para abrir boca.

[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, La metáfora]

Comenta este artículo en las redes socialesShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

 

12 pensamientos en “La metáfora

  1. Josu Larrañaga

    Muchas gracias por el artículo. Preciso y bien expuesto.
    El hecho de analizar las metáforas propias de una lengua nos lleva a conocer su cultura, su sabiduría popular y sus creencias.
    A modo de ejemplo, y centrándonos en los animales y las características que destacamos de cada uno de ellos, empleamos:
    -Patas de gallo
    -Vista de lince
    -Ojos de besugo
    -Cara de caballo…
    Las metáforas nos muestran las características que una cultura determinada asigna a un objeto, un animal, etc. También nos da cuenta de los referentes culturales de la sociedad donde se emplean. Es verdad que muchas veces nos encontramos con “metáforas desmotivadas”, de las cuales los hablantes desconocen su acepción primaria.

    Como se explica en el artículo, muchas metáforas han pasado por ser inicialmente un símil (no mentalmente, sino en la propia lengua):
    -Es astuto como un zorro > es un zorro
    -Es ágil como un mono > es un mono
    -Sucio como un cerdo > es un cerdo

    A modo de anécdota, en euskera llamamos “arto(a)” al maíz. Siendo ésta una especie introducida en torno al siglo XVI… en lugar de adoptar un préstamo se substituyó la acepción que la palabra “arto(a)” tenía hasta entonces. Esta voz pasó a designar el maíz abandonando su antigua acepción: ‘mijo’ (cereal con el que se hacía pan). Entonces al mijo pasó a llamarse “artatxiki(a)” o “artaxehe(a)”, es decir, ‘maíz pequeño’. En este cambio de significación (mijo > maíz) subyace una metáfora (anteriormente símil, ‘el maíz es como el mijo, pero en grande’). Fueron tanto el mijo como el maíz alimentos básicos (para hacer pan, tortas…), hasta el siglo XVI-XVII lo fue el mijo (junto con el trigo) y a partir de entonces, el maíz.

  2. Blanca

    Fantástico artículo. Jamás había pensado que una metáfora podía contener tanta información sobre la cultura que la crea.

    Y muchas gracias por utilizar el verbo coger. No sé si os habréis dado cuenta, pero desde hace un tiempo está “vetado” en radios, cadenas de televisión, libros, etc. debido a su significado malsonante en Hispanoamérica. Yo lo reivindico. A menudo nos rebelamos contra los eufemismos por considerarlos muestras del poder represor, pero hoy en día se está haciendo lo mismo con este pobre verbo. ¿Por qué no hacemos que sea al revés, que adquiera en todo el mundo hispanoparlante la dignidad que tiene en España?

    También me ha gustado mucho el comentario de Josu Larrañaga sobre el maíz. Muy interesante.

    Enhorabuena y muchísimas gracias por tu trabajo.

  3. Cecilio

    Alberto:
    ¡Dichoso el manantial del que brota tanta ciencia! Y en cuanto a las manos y sus metáforas, quien no se acuerda de Bécquer y su esencial mano de nieve, que le diera a Bergamín para titular un hermoso poemario Esperando la mano de nieve (1978-19081). También, ¡cómo no!, aquella de Federico García Lorca: Tu voz regó la duna de mi pecho / en la duce cabina de madera. Por el sur de mis pies fue primavera / y al norte de mi frente flor de helecho.
    ¡Gracias, maestro!
    Cecilio

  4. Cecilio

    (anula la anterior)
    Alberto
    ¡Dichoso el manantial del que brota tanta ciencia! Y en cuanto a las manos y sus metáforas, quien no se acuerda de Bécquer y su esencial “mano de nieve”, que le diera a Bergamín para titular un hermoso poemario “Esperando la mano de nieve (1978-19081)”. También, ¡cómo no!, aquella de Federico García Lorca: “Tu voz regó la duna de mi pecho / en la dulce cabina de madera. Por el sur de mis pies fue primavera / y al norte de mi frente flor de helecho.”
    ¡Gracias, maestro!
    Cecilio

  5. emot leinad

    Disculpame Blanca, No es necesario que los hipanoparlantes (yo soy uno de ellos)utilicemos el español igual que ustedes , ni que los espoñoles modifiquen su forma de hablar por nosotros. Soy argentino y no conozco a nadie que se haga problema por escuchar la palabra coger usada por un español. Todos tenemos claro que significa otra cosa. Para ir más lejos la palabra concha , en Argentina produce un desagrado mayor, mucho mayor que coger y sin embargo yo nunca supe de ningún, locutor, conductor de tv. o profe le lengua, que censure su uso cuando proviene de españa. Lo que vos comentás acerca de la supresión de coger en los medios españoles me parece un exceso de cuidado, destacable como un gesto de respeto, como no fumar al lado de alguien que no fuma aunque al otro le importe un pito si fuma o no.Destacable, repito, pero de todas formas, innecesario. Los hispanoamericanos , no somos idiotas y entendemos muy bien que otros hablantes del español, lo utilicen de otra forma. Y fijate bien lo que digo: Otros hablantes del español, en un mismo nivel.A menos que pienses que por ser española y vivir en españa tenés más derecho a decir quién se tiene que adaptar a hablar como “corresponde”.

  6. María

    Como siempre, muy ilustrativo el artículo.
    Y muy interesante lo que anota Josu.
    En cuanto a lo que dice Blanca, creo que las diferencias dialectales son un hecho que no va a cambiar (ni tiene por qué cambiar, como dice Emot). ¡A mí me encantan estas diferencias!
    Saludos desde Quito.

  7. IsmaelF

    Igual que Blanca, el ejemplo con el verbo coger me llevó de inmediato a pensar en la proscripción a que es sometido en una parte de Sudamérica. Puede ser que a quienes hablen con acento español no se les censure su uso, pero a los habitantes de otros países de la región siempre se les señala que es “incorrecto” usar ese verbo porque es “una mala palabra”; así ocurre incluso en los ambientes escolares. En otros países de Sudamérica, ese triste destino lo está sufriendo el verbo poner; de forma similar, parece que en algunos lugares de España ahora es ofensivo utilizar la palabra rabo. Lo interesante es que se trata de fenómenos recientes y aún así es muy difícil atribuirlos a la evolución de una metáfora o un símil. Creo que todo el asunto de la asignación arbitraria de contenido sexual a palabras o expresiones no se puede explicar con esta noción de metáfora sino que hace parte de un fenómeno sociolingüístico más complejo.

  8. Liliana

    Soy profesora de Lengua y Literatura. Cuando enseño el tema metáfora, empiezo la explicación igual que usted. Uno de los poemas que me gusta muchísimo, por sus metáforas,es “Romancillo de Mayo” de Miguel Hernández. Algunos versos son:

    Por fin trajo el verde Mayo
    correhuelas y albahacas
    a la entrada de la aldea
    y al umbral de las ventanas.

    Al verlo venir se han puesto
    cintas de amor las guitarras,
    celos de amor las clavijas,
    las cuerdas lazos de rabia,
    y relinchan impacientes
    por salir de serenata.
    ………………….
    Con luna y aves, las noches
    son vidrio de puro claras;
    las tardes, de puro verdes,
    de puro azul, esmeraldas;
    plata pura, las auroras
    parecen de puro blancas
    y las mañanas son miel
    de puro y puro doradas.
    ………………………………

    ¡Cantado por Joan Manuel Serrat, suena bellísimo!

  9. iban

    Muchas gracias por traerme a la memoria ese magnífico libro de Lakoff y Johson. Una de las metáforas conceptuales que más me gusta es la de “una conversación es una guerra” así que, como bien apuntabas, espero que “vuelvas a la carga” con nuevas entradas sobre este tema…

    Saludos,

    Iban.

  10. Pedro A.

    Ismael: el verbo coger no solo se usa en Sudamérica (Argentina y Venezuela) sino también en México.

Los comentarios están cerrados.