La metonimia

La metonimia es una figura retórica. Hasta ahí estamos todos de acuerdo. Pero es mucho más. Se trata de una potente herramienta que amplía nuestras posibilidades expresivas tanto en la lengua literaria como en la cotidiana y que nos ayuda a entender el mundo.

Mediante la metonimia, una palabra o expresión adquiere un significado adicional que se basa en una relación de contigüidad entre la realidad que nombraba originariamente y la nueva. Contribuye, por tanto, a la polisemia. Por ejemplo: uno de los órganos que utilizamos para hablar es la lengua; esta siempre interviene en nuestra producción del habla. No es de extrañar, por tanto, que el nombre del órgano haya adquirido el significado adicional de ‘lenguaje’. Y no solo no es de extrañar, sino que se trata de una metonimia enormemente frecuente. Entre las lenguas de Europa la encontramos, por mencionar solo una de cada familia, en inglés (tongue), en checo (jazyk), en gaélico irlandés (teanga), en húngaro (nyelv) y en griego (tanto clásico como moderno: glossa). La relación que se da en este caso es de tipo instrumental, pero la tipología de las metonimias de la lengua cotidiana es de lo más variada. Así, cuando hablamos de la Casa Rosada para referirnos al gobierno argentino, la relación es de lugar. Cuando llamamos Rioja a un tipo de vino, la relación es de procedencia. O cuando al revisor del tren le llamábamos el pica, el vínculo venía por la actividad: él era la persona encargada de picar los billetes.

Hay que tener en cuenta dos puntos importantes para entender lo que es la metonimia. En primer lugar, se trata de relaciones en presencia, es decir, lo uno aparece con lo otro (por lo menos, originariamente): la lengua como órgano está presente en la producción del habla, el gobierno de Argentina está en la Casa Rosada, en la Rioja hay vino de Rioja y cuando llamamos a uno de nuestros amigos el melenas, la melena aparece con nuestro amigo. En segundo lugar (y esto se deriva de lo anterior), los dos significados se sitúan en el mismo ámbito de la realidad.

Metáfora y metonimia se diferencian en los dos puntos anteriores. Cuando hablamos de las perlas de tus dientes, las perlas no aparecen por ningún lado (si no, sería relativamente fácil hacerse rico). Lo que hay son dientes. Y lo uno y lo otro son realidades que pertenecen a ámbitos diferentes. Son relaciones en ausencia. Por otra parte, las relaciones que se dan en la metonimia son objetivas, reales: están ahí esperando a que alguien las descubra. En cambio, las que se establecen en la metáfora son relaciones subjetivas que creamos nosotros más o menos caprichosamente. No hay nada que vincule de por sí las perlas con los dientes.

La metonimia no solo añade significados nuevos a palabras que ya existen. También desempeña un importante papel en la creación de nuevas palabras. Muchos compuestos se basan en una relación metonímica, como, por ejemplo, pelirrojo, ciempiés o correveidile (y lo mismo ocurre con alguna palabra formada por parasíntesis, como pordiosero).

Jakobson dijo que la metonimia era la pariente pobre de la metáfora. Se refería a que tradicionalmente ha sido esta última la más estudiada, mientras que la otra se tenía que conformar con que la mentaran de pasada. Esto se explica en parte por su naturaleza. La metáfora y la metonimia son dos hermanas, pero a la una le gusta llamar la atención y a la segunda, pasar desapercibida. Si hablamos de los panteras grises, salta a la vista que la expresión no es literal. En cambio, cuando nos dicen que Finlandia y Kósovo han establecido relaciones diplomáticas, hay que pararse un momento a pensar para percatarse de que quienes han dado ese paso son los gobiernos.

Sin embargo, metáfora y metonimia son igual de importantes. Se trata de dos mecanismos complementarios de los que se sirve nuestro sistema cognitivo para aprehender el mundo. En el fondo, cuando nos encontramos ante una realidad nueva, hay dos estrategias básicas para enfrentarnos a ella. Una consiste en decir “esto es como esto otro”. Es lo que se conoce como metáfora. La otra consiste en fijarnos en algún aspecto de esa realidad o de lo que la rodea y utilizarlo para representarnos el todo. Eso es la metonimia.

Ni más ni menos.

[Blog de Lengua Española de Alberto Bustos, La metonimia]

 

6 pensamientos en “La metonimia

  1. Juanliberto

    No están los recurso estilísticos sólo presentes en el lenguaje literario, como bien has dicho, también lo están en el de la calle, incluso en el más soez….

    Como cuando se llama a un hombre genéricamente con “picha” o “cojones”, o para una fémina empleamos el apelativo “chocho”…

  2. José L Ramírez

    Al comentar el tema de la metáfora en otro apartado de esta página, me extendí a conectarla con la metonimia, sin advertir que este tema tiene su apartado propio, que es éste. Mencionar la metáfora es usual para cualquiera, pero la metonimia es algo que sólo unos pocos, ni siquiera todos los que se dedican al estudio del lenguaje mencionan ni (a menudo) saben en qué consiste la metonimia. “Metonimia” significa “traslado de nombre”. Hay metonimias y metáforas construidas sobre nuestro propio lenguaje usual, que son más fáciles de descubrir, mientras que otras se han creado etimológicamente. Pues la etimología no es otra cosa que el estudio atento de un sistema de derivación terminológica y de construcción de vocablos en el pasado de la lengua.
    Si la metáfora se establece por comparación o por analogía, la metonimia hace uso de una relación de contigüidad o asociación. Tradicionalmente se considera la metáfora como una conexión creada por la mente, mientras que la metonimia se basa en una conexión advertida en la realidad. Cuando decimos que vamos a “beber un vaso de agua”, lo que bebemos no es el vaso, sino el agua. Y si leemos a Cervantes, lo que leemos son sus libros. Cuando la Telefónica (es dcir los quetranajan en esa Compañia) impuso la necesidad de marcar el prefijo regional antes del número de cada línea, apareció un cartel que decía: “Tú teléfono tiene desde ahora 9 cifras”. Pero lo cierto es que mi teléfono seguía teniendo 10 cifras. Confundir el teléfono con el número de abonado es un uso metonímico. La palabra “polis” designó en un principio la residencia amurallada del basileus, erigida en lo alto de una montaña (como los castillos que conocemos en España). La cual en lo sucesivo de llamó “acrópolis”: “la polis de arriba”. Al desplazarse el poder a los ciudadanos se dice que del castillo descendió (metáfora) a la plaza (ágora). La “polis” originó una “política” de “igualdad en el ágora” (ise-goría). La isegoría vino a denominarse “democracia”.
    En las Etimologías de San Isidoro de Sevilla se pone de manifiesto que la “ciudad” es una palabra que ha desplazado (metonímicamente) su sentido de manera que puede llamarse “metonímica”. Si un maestro (y tengo experiencia de ello) pregunta a sus alumnos “qué es una ciudad”, la respuesta normal es: “las calles, los edificios”. Sin embargo, si decimos “toda la ciudad acudió a la manifestación”, no son las casas y las calles las que acuden. Y es que la palabra “ciudad”, que designaba a los habitantes (cives) de la “civitas” los ciudadanos se ha desplazado para designar a la “urbe” o estructura física.
    El lenguaje está lleno de desvíos metonímicos que crean a veces confusión y problemas. En infinidad de situaciones entendemos directamente lo que quiere decirse, aunque no se diga exactamente. Si alguien me pregunta: “¿Sabes qué hora es?” la respuesta directa sería “Si, claro que lo sé”. Pero lo que me pide el que pregunta es que se lo diga, no que diga si lo séo no lo sé. Es poco educado el dar órdenes y usamos la pregunta, como desvío de cortesía. Y si alguien quiere impedirme el paso diciendo “No se puede entrar”, puedo mostrar que si se puede, entrando. Es más manipulativo decir que “no se puede” que decir que “no está permitido” o “está prohibido”. A la salida de una escuela aparecía un cartel de tráfico que decía “Peligro! Escolares” (como si el peligro fueran los niños de la escuela y no el automóvil que puede atropellarlos.
    Pongo estos ejemplos sencillos, pero el lenguaje ususal, incluso el científico (y no digamos el lenguaje político), está lleno de desvíos que yo suelo comparar (metafóricamente) con el ratero que atrae mi atención hacia algo, para robarme impunemente la cartera.
    La conexión del recurso metafórico y el metonímico es grande. Yo diría que la metáfora no es más que una especie de metonimia. Pues si la metonimia supone una asociacion entre dos elementos reales, mientras que la metáfora nos hace tamben asociar dos elementos pero la asociación es puramente una comparación creada por la mente. Algunos lingüistas (Jacobson por ejemplo) advirtieron que la metáfora se usa más en la poesía, mientras que la metonimia aparece más en narraciones de lo real. La publicidad, la política y el lenguaje cotidiano están llenos de equívocos metonímicos. Es muy sencillo construir abstracciones coo si fueran dioses olímpicos. Se acusa al Mercado o a la Crisis de ser los culpables de una situación social. Y se dice que el Precio sube, como si el Sr. Precio usara una escalera. Y hay un personaje al que todos critican pero aman en secreto que se llama don Enrique-Cimiento. Ya decía Aristóteles que lo que cura un médico no es “la enfermedad” sino “al enfermo”. Y ni siquiera eso, pues “el enfermo” es Fulano o Mengano: una persona concreta. La mayor parte de los sustantivos en forma singular determinada, ni son singulares ni determinados. Son metonimias generalizadoras (a veces llamadas sinécdoques).
    La terminología del conocimiento y la ciencia adolece de una confusión metonímica. Llamamos “conocimiento” tanto a lo pensado como al pensar. Llamamos “ciencia” a la tarea científica y a su resultado. Cuando abro un libro no “veo” lo que “dice”, pues lo único que veo son manchas negras que llamamos “letras”, pero “entiendo” (en el mejor de los casos) lo que se pretende significar. La teoría es una “práctica” mental que produce un sistema expresivo externo y comunicable.
    Muchas etimologías revelan derivaciones metonímicas; Decía que “idea” se relaciona con “uideo”, como si viéramos con el cerebro. “Crédito” tiene que ver con la creencia, pero etimológicamente la palabra “credo” está relacionada con el coraón (cordis – cardio). De esa manera se distingue la creencia del saber, separando el cerebro del corazón. El cerebro nos lleva a pensar y el corazón (según una inveterada asociación) a sentir.

  3. Eduardo Zepeda Elizondo

    Me parece una excelente revisión cultural para
    bien entender una palabra para mi desconocida
    hasta ahora. Por eso estoy muy agradecido con
    los autores.

  4. José Luis Ramírez

    Disculpad que me permita hablar con ciertaseguridad acerca de la metonimia, yaque es un tema del que me he ocupado desde hace más de 20 años y sobre el que, si las circunstancias me lo permiten, tratare de desarrolla con cierta amplitud. Mi primer trabajo sobre estos temas fue un librito escrito en lengua nórdica cuyo título, traducido al español sería: “El parto del sentido”. No lo he traducido, aun cuando me los han solicitado hace tiempo.
    Jakobson, sus investigaciones sobre la afasia y otras, tuvo gran importancia para mi en lo que se refiera a la metonimia. Michel Le Guern escribió un librito sobre la semántica de la matáfora y la metonimia que abría el tema clarificándolo. Sobre metáfora se ha escrito mucho, sobre metonimia menos y no muy clarificados.
    Yo no diría que metáfora y metonimia o la sinécdoque son “figuras”. Yo las califico de tropos. Las figuras suponen un uso de los tropos para la poesía y la narración. El explicar y definir la metáfora a partir del terreno poético es poner el carro delante del buey. Como bien insinúa Alfredo Bistos, los tropos son recursos semánticos. En la creación de una familia de palabras se halla ya el recurso metafórico, que en absoluto debe reducirse a los visual, pues el elemento onomatopéyico es también, de suyo, un recurso metafórico. La metáfora o creación semántica por analogía se halla presente en la construcción de la mayoría de las palabras. La metonimia o desplazamiento también, aunque es más desconocida en su verdadera función por muchos expertos. No podría estar escribiendo este texto sin hacer uso inconscientemente de los recursos metafóricos o metonímicos. Estos están a la base del lenguaje en cada momento, como intuía Giambattista Vico.
    La metonimia es más desconcida y más difícil de advertir, si no se tiene cierto hábito. Pues la metonimia es el recurso a que se acogen las palabras y las expresiones usuales para “vendernos gato por liebre” o “hacernos mirar a otro lado para robarnos la cartera”. Una palabra como “economía” está metonímicamente pervertida, ya que de designar una administración de recursos materiales y personales (valor de uso) ha venido a designar un recurso simplemente simbólico: el dinero (valor de cambio). Cuando algunos personajes se denominan “los políticos”, han usurpado sinecdóquicamente algo que designaba a los ciudadanos (es decir los que poseían el derecho de ciiudadanía) en general.
    Mi aportación al tema reside en la atención a los tropos como fundamento semántico (creación de palabras y fundamento etimológico). Si advertimos la palabra “inspector” (alguien que está “mirando” ciertas tareas o lugares) y separamos el prefijo IN y el sufijo –OR, advertimos que la raíz SPC (que puede convertirse en SCP o SJP) transmite metafóricamente el significado de “visión” en la base de una serie de términos: “aspecto”, “respeto”, “prospección”, “escepticismo”, “”horóscopo”, “perspicacia”, “espejo” y muchas más. En sentido más amplio, de frases, el lenguaje está plagado de metonimias. A veces divertidas y a veces sumamente problemáticas, angañosas y manipulativas.

  5. José Luis Ramírez

    Lamento sobremanera la cantidad de erratas que cometo cada vez que relleno el cuadrito de “Dime que te parece” en esta página.
    Si las faltas de ortografía son molestas, las erratas agobian. En los tiempos de la máquina de escribir no sucedía esto. Descubro todas esas “meteduras de dedo”, al releer mi texto al día siguiente. Os ruego disculpas. Sé que tendré que tomarme más tiempo, escribiendo el comentario en página independiente, copiándola después y pegándola aquí. El ordenador es estresante. Queremos a menudo responder lo más rápidamente posible y hay que pagarlo con el rubor y la vergüenza. Tendré que repetir mi largo comentario “deserratado”, pero entonces agradecería que borraran el anterior.

  6. José Luis Ramírez

    Disculpad que me permita hablar con cierta seguridad acerca de la metonimia, ya que es un tema del que me he ocupado desde hace más de 20 años y sobre el que, si las circunstancias me lo permiten, tratare de escribir con cierta amplitud. Mi primer trabajo sobre estos temas fue un librito escrito en lengua nórdica cuyo título, traducido al español sería: “El parto del sentido”. No lo he traducido, aun cuando me lo han solicitado hace tiempo.
    Jakobson, sus investigaciones sobre la afasia y otras, tuvo gran importancia para mi en lo que se refiere a la metonimia. Michel Le Guern escribió un librito sobre la semántica de la matáfora y la metonimia que abría el tema clarificándolo. Sobre metáfora se ha escrito mucho, sobre metonimia menos y no muy clarificador.
    Yo no diría que metáfora y metonimia o sinécdoque son “figuras”. Yo las califico de tropos. Las figuras suponen un uso de los tropos para la poesía y la narración. El explicar y definir la metáfora a partir del terreno poético es poner el carro delante del buey. Como bien insinúa Alfredo Bustos, los tropos son recursos semánticos. En la creación de una familia de palabras se halla ya el recurso metafórico, que en absoluto debe reducirse a lo visual, pues el elemento onomatopéyico es también, de suyo, un recurso metafórico. La metáfora o creación semántica por analogía se halla presente en la construcción de la mayoría de las palabras. La metonimia o desplazamiento también, aunque es más desconocida en su verdadera función por muchos expertos. No podría estar escribiendo este texto sin hacer uso inconscientemente de los recursos metafóricos o metonímicos. Estos están a la base del lenguaje en cada momento, como intuía Giambattista Vico.
    La metonimia es más desconcida y más difícil de advertir, si no se tiene cierto hábito. Pues la metonimia es el recurso a que se acogen las palabras y las expresiones usuales para (metafóricamente hablando) “vendernos gato por liebre” o “hacernos mirar a otro lado para robarnos la cartera”. Una palabra como “economía” está metonímicamente pervertida, ya que de designar originariamente (oikos nomos) una administración de recursos materiales y personales (valor de uso) ha venido a designar un recurso simplemente simbólico: el dinero (valor de cambio). Cuando algunos personajes se denominan “los políticos”, han usurpado sinecdóquicamente algo que designaba a los ciudadanos (es decir los que poseían el derecho de ciiudadanía) en general.
    Mi aportación al tema reside en la atención a los tropos como fundamento semántico (creación de palabras y fundamento etimológico). Si advertimos la palabra “inspector” (alguien que está “mirando” ciertas tareas o lugares) y separamos el prefijo IN y el sufijo –OR, advertimos que la raíz SPC (que puede convertirse en SCP o SJP) transmite metafóricamente el significado de “visión” en la base de una serie de términos: aspecto, respeto, prospección, escepticismo, espejo etc. En sentido más amplio, de frases, el lenguaje está plagado de metonimias. A veces divertidas y a veces sumamente problemáticas, engañosas y manipulativas.

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