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El verbo concuerda en singular con los nombres colectivos

Cuando el sujeto de una oración está formado por un nombre colectivo, el verbo debe concordar con él en singular:

(1) A eso de las nueve, el grupo entraba en Jerusalén [Juan José Benítez: Caballo de Troya I].

(2) […] una muchedumbre invadió la capilla de la Reina en el palacio de Somerset y destruyó el altar [Otero Lisandro: Temporada de ángeles].

Debemos huir en estos casos de la concordancia en plural: el grupo entrabanuna muchedumbre invadieron.

La confusión se produce porque hay una discordancia entre el significado y el número gramatical. Es cierto que sustantivos como grupo, muchedumbre, gente, pareja, etc., encierran una idea de pluralidad, pero si nos fijamos en el artículo que los acompaña, veremos inmediatamente que lo que tenemos delante es un singular con todas las de la ley:

(3) el grupo

(4) una muchedumbre

Pues bien, eso es lo único que le importa al verbo y a eso es a lo que nos debemos atener para hacer la concordancia.

No obstante, el tema de la concordancia del verbo con el sujeto es muy complejo. La concordancia de infinidad, cantidad y multitud es especial a veces. Habrá que ocuparse también en su debido momento de sujetos como un grupo de personas, la mayoría de los ciudadanos, etc., que siguen una regla especial porque combinan un sustantivo en singular y otro en plural.

Nota: Los ejemplos (1) y (2) están tomados del CREA (Real Academia Española: Corpus de referencia del español actual, acceso: 14 de febrero de 2014).

Cuándo se utiliza ‘el cual’

El cual es un pronombre relativo que alterna en su uso con que. Sin embargo, uno y otro no son intercambiables. El cual tiene unos contextos de uso más restringidos en comparación con que. En lo que sigue, me referiré al pronombre en cuestión como el cual para abreviar, pero en realidad las formas que puede adoptar son cinco: el cual, la cual, lo cual, los cualeslas cuales.

Este pronombre aparece siempre encabezando una oración subordinada de relativo. Sus posibilidades de uso varían dependiendo de la naturaleza de esa oración. Como sabemos, hay dos tipos de oraciones de relativo:

a) oraciones de relativo especificativas

b) oraciones de relativo explicativas

Con las primeras, solamente podemos utilizar el cual si lleva delante una preposición. Es decir, la siguiente oración es correcta:

(1) Este es el libro sobre el cual hemos hablado en clase.

El pronombre el cual se puede sustituir aquí perfectamente por el que:

(2) Este es el libro sobre el que hemos hablado en clase.

En cambio, esta otra oración es incorrecta porque no hay preposición:

(3) Valle-Inclán es un escritor el cual se caracteriza por su prosa rica y refinada.

La única posibilidad es que:

(4) Valle-Inclán es un escritor que se caracteriza por su prosa rica y refinada.

Usos incorrectos como los de (3) son típicos en textos redactados por personas que se sienten inseguras en el uso de la lengua escrita. Como el cual es más largo que su alternativa que, les parece más importante y, por tanto, más propio de la lengua escrita. Para ellos, el tamaño importa.

La segunda posibilidad es la de su uso en oraciones de relativo explicativas. Aquí no hay restricciones. Podemos utilizar el cual tranquilamente. Los dos ejemplos siguientes son correctos:

(5) Me estuvo explicando todas sus aventuras, las cuales me eran perfectamente indiferentes.

(6) Tus gustos, sobre los cuales prefiero no discutir, resultan bastante sorprendentes.

Destaco las comas en las oraciones de relativo de arriba para que se aprecie claramente que son explicativas. También podemos utilizar que en contextos como los de (5) y (6). Puedes comprobarlo tú mismo si haces la sustitución.

Una pequeña nota ortográfica antes de terminar: el relativo el cual se escribe sin tilde. No hay que confundirlo con el interrogativo o exclamativo cuál, que se escribe con tilde diacrítica.

Haz un ejercicio. Será lo mejor.

Oraciones de relativo explicativas

Las oraciones de relativo explicativas funcionan como un inciso respecto de la oración principal. Vamos a ver primero un ejemplo y a continuación aclararemos a qué nos referimos exactamente. La secuencia destacada en negrita en (1) es una oración de relativo explicativa:

(1) Don Sisebuto, que estaba secretamente enamorado, era un caballero a la antigua.

Cuando digo que funcionan como un inciso, a lo que me refiero es a que introducen una información que es accesoria. Nos dan una explicación adicional (de ahí su nombre), pero que no pasa de ser un añadido prescindible.

Para que veas que, efectivamente, se comportan como un inciso, prueba a quitar en (1) la oración de relativo y a colocar entre las comas las siguientes secuencias, que tienen una naturaleza muy variada y no son, ni mucho menos, oraciones de relativo:

(2) el muy cursi

(3) ¡ay!

(4) persona honrada de la cabeza a los pies

(5) para qué nos vamos a engañar

Lo que tienen en común todas esas secuencias es que se trata de añadidos que se incrustan en la oración principal, pero que no alteran su sentido. Esta nos sigue hablando en todos los casos de lo antiguo que era Sisebuto.

Por aquí podemos enlazar fácilmente con la otra característica de estas oraciones: la información que introducen es prescindible. Como son un mero añadido, podemos eliminar cualquier oración de relativo explicativa sin que se altere el sentido de la oración principal. Si hacemos eso con el ejemplo (1), lo que nos queda es lo siguiente:

(6) Don Sisebuto era un caballero a la antigua.

El ejemplo (6) es una oración completa y su sentido no ha cambiado en comparación con (1). Lo único que hemos hecho ha sido quitarle los añadidos.

En la lengua oral, las oraciones de relativo explicativas se reconocen por dos cosas: a) se marca una pausa al principio y al final; y b) la entonación desciende respecto del nivel de la oración principal y después recupera ese nivel; o sea, bajamos un escalón y después volvemos a subirlo para indicar que retomamos el hilo de lo que estábamos diciendo. En la lengua escrita es obligatorio situarlas entre comas. Todo esto permite diferenciarlas de las oraciones de relativo especificativas, que son el otro tipo que existe.

De sus compañeras especificativas nos ocuparemos en otro artículo porque para aprender bien las cosas es mejor no mezclarlas, sino aprender primero una y, cuando esa ya se domina, lanzarse a por otra. También nos ocuparemos en otro momento de la noción de oración de relativo. De momento, la daremos por sabida.

Leísmo y verbos de afección psíquica

Con los denominados verbos de afección psíquica se da una alternancia en el uso de los pronombres personales que está muy relacionada con el leísmo y que se considera perfectamente correcta. Comparemos estos dos ejemplos:

(1) A la marquesa la molesta Sisebuto.

(2) A la marquesa le molesta Sisebuto.

Para la mayoría de los hablantes, se produce un contraste de significado entre una y otra oración. En (1) interpretamos que Sisebuto está haciendo algo intencionadamente (‘aposta, adrede’) y que como consecuencia la marquesa se molesta. Hay una actividad voluntaria por parte de alguien que induce una alteración del estado de ánimo de otra persona.

En cambio, en (2) el pobre Sisebuto no hace nada y es la marquesa la que no le puede ver. Porque sí. Porque ella es así. Aquí nadie hace nada para molestar a nadie, sino que la causa de la molestia hay que buscarla en el carácter o la psicología de quien se siente molesto.

Para concretar un poco, podemos decir que los verbos de afección psíquica son los que expresan alteraciones en el estado de ánimo de las personas. Entre otros, tenemos molestar, fastidiar, divertir, entretener, animar, asustar, aterrorizar, exaltar, etc.

Como decía arriba, este fenómeno está muy relacionado con el leísmo, aunque no es propiamente leísmo. Lo que tenemos aquí es más bien un cambio de régimen del verbo, que dependiendo de ciertas características del sujeto se construye con un complemento directo, como en (1) o con uno indirecto, como en (2). El contraste se aprecia más claramente aún cuando contraponemos un sujeto dotado de voluntad con uno que carece de ella, como aquí:

(3) A la marquesa la divierte Sisebuto.

(4) A la marquesa le divierte ir a París.

En (3) tenemos que interpretar que el sujeto está haciendo cosas activamente con la intención de divertir a la marquesa. En (4) es simplemente el hecho de viajar a una ciudad determinada lo que excita el ánimo del sujeto, pero está claro que el acto de viajar no tiene intención ni nada que se le parezca.

El uso de los pronombres le, lalo presenta una enorme complejidad en nuestra lengua. Se entrelazan aquí cuestiones de norma, de régimen verbal, de variación, etc., que pueden hacer dudar incluso a las personas más avezadas.

Ejercicios: dequeísmo

Vamos a ver qué tal andamos en cuestión de dequeísmo. Tienes que decidir si la preposición de está utilizada correctamente en las siguientes oraciones o si hay que quitarla.

a) Me alegro de que me haga esa pregunta.

b) Es una pena de que ande así (con lo joven que es).

c) Ella misma se convenció de que por ese camino no iba a ninguna parte.

d) Me fastidia de que seas tan egoísta.

e) No estoy seguro de que esta sea la solución.

f) Él me aseguró de que esa era la solución.

g) Y yo opino de que sería mejor no opinar nada.

h) La noción de que la gramática no es importante es nefasta.

i) No cabe duda de que estamos haciendo progresos.

j) Se le metió en la cabeza de que teníamos que emigrar a Pernambuco.

Consulta ahora las soluciones.

Soluciones: queísmo

Aquí tienes las soluciones al ejercicio sobre el queísmo. Cada oración vale un punto.

1. ¿No te das cuenta de que…? [un sustantivo nunca puede introducir una oración subordinada sin ayudarse de una preposición].

2. Es correcta.

3. Es correcta, pero es un caso complicado. Dudar es un verbo con doble régimen. Se puede decir Dudo mucho que lo terminemos Dudo mucho de que lo terminemos. Las dos variantes son correctas, pero es más frecuente la primera, que además es más simple, por lo que resulta más recomendable.

4. Se empeñó en que…

5. Está convencido de que… [un adjetivo necesita una preposición para introducir una oración subordinada].

6. Esta oración es correcta. La semejanza con la oración 5. solo es aparente, pues la estructura es muy diferente: aquí la oración subordinada no depende de necesario, sino que es el sujeto de la oración: Que entiendas el concepto de queísmo es necesario > Esto es necesario.

7. Me alegro de que… [yo me alegro de algo].

8. Esta otra oración es correcta. La estructura que tenemos aquí es Algo me alegra.

9. Tengo unas ganas de que… [al igual que en el caso 1., nos encontramos con una oración subordinada que depende de un sustantivo y estos no pueden introducir oraciones subordinadas si no hay una preposición de por medio].

10. ¿Qué duda cabe de que…?

Para solucionar posibles dudas, lee el artículo sobre el queísmo.

Ejercicios: queísmo

Tienes que decidir si las siguientes oraciones son correctas o si falta alguna preposición antes de la conjunción que. En el segundo caso, no te limites a decidirlo, claro: añade la preposición.

1. ¿No te das cuenta que estás haciendo el ridículo?

2. Todos pensábamos que era necesario estudiar gramática.

3. Dudo mucho que podamos terminar el proyecto de aquí al viernes.

4. Se empeñó que teníamos que ir todos a la fiesta.

5. Está convencido que va a ganar.

6. Es necesario que entiendas el concepto de queísmo.

7. Me alegro que me haga esa pregunta.

8. Me alegra que me haga esa pregunta.

9. ¡Tengo unas ganas que lleguen ya las vacaciones…!

10. ¿Qué duda cabe que unos ejercicios son lo mejor para practicar?

Te están esperando las soluciones.

Concordancia: ninguno

Cuando ninguno funciona como sujeto de la oración, se nos plantea el problema de cuál es la concordancia correcta para el verbo, que tendrá que tomar el número y la persona que le marque el sujeto. La concordancia en español presenta algunas complicaciones y el caso de ninguno requiere que examinemos varias posibilidades.

En el caso más sencillo, ninguno funciona como un pronombre de tercera persona singular. Se comporta, simplemente, como el contrario de alguno. Esto es lo que encontramos en el ejemplo (1), donde el verbo (bate) toma la tercera persona y el número singular que le marca el sujeto (ninguno):

(1) El tiempo no les sienta bien a los planes de pensiones: ninguno bate la inflación a largo plazo [Cotizalia (España), 17-4-2013].

Este primer caso de concordancia no presenta ninguna dificultad. Tampoco debería presentarla el siguiente. Aquí el pronombre ninguno va expandido por un complemento que se introduce con la preposición de y que tiene en su núcleo un sustantivo en plural:

(2) Ninguno de los dos equipos jugó bien [El Observador (Uruguay), 22-3-2013].

Efectivamente, en el ejemplo (2), a ninguno se le une un complemento (de los dos equipos). El núcleo de ese añadido es equipos, pero es el pronombre ninguno el que le impone el número y la persona al verbo (jugó). Es un error hacer concordar aquí el verbo con equipos: Ninguno de los dos equipos jugaron bien. En ejemplos como este, ninguno sigue comportándose como el contrario de alguno. Decimos Alguno de los dos equipos jugó bien y nunca se nos ocurriría algo así como Alguno de los dos equipos jugaron bien.

Hasta aquí todo resulta bastante lógico. La cosa se nos complica cuando aparece de por medio la idea de ‘nosotros’, ‘vosotros’ o ‘ustedes’. Esta puede presentarse de forma explícita, como en los ejemplos siguientes:

(3) Ninguno de nosotros es tan bueno como todos juntos [Río Negro (Argentina), 30-3-2013].

(4) Habéis sido mimados y consentidos: ninguno de vosotros es alguien especial [El Confidencial (España), 15-6-2012].

En (3) y (4) la concordancia del verbo se hace con ninguno; por eso aparece en ambos casos la forma es. Esto es lo más lógico y es lo propio de la lengua culta. Sin embargo, la norma del español también acepta en estos casos otro tipo de concordancia:

(5) […] ninguno de nosotros permitiríamos que nuestros hijos aprendieran a manejar vehículos automotores para que se lanzaran desde un precipicio [ElSalvador.com (El Salvador), 16-4-2013].

(6) Ninguno de vosotros sois héroes [Torre de Babel, acceso: 18-7-2011].

En (5) y (6) la concordancia se hace, respectivamente, con nosotrosvosotros. Este tipo de concordancia es correcto, aunque resulta más presentable en el habla coloquial. Pues bien, de aquí sale un tipo de concordancia que resulta muy interesante. A veces la idea de ‘nosotros’, ‘vosotros’ o ‘ustedes’ no aparece de forma explícita, sino que va embebida dentro del pronombre ninguno. La concordancia se hace entonces obligatoriamente como si fueran esos pronombres los que estuvieran ahí. Fíjate en lo que ocurre con los ejemplos (5) y (6) cuando, por decirlo de alguna forma, embutimos la idea de ‘nosotros’ o ‘vosotros’ en ninguno:

(7) Ninguno permitiríamos que nuestros hijos aprendieran a manejar vehículos para que se lanzaran desde un precipicio.

(8) Ninguno sois héroes.

En estos casos, ninguno se está comportando como el contrario de algunos (Algunos permitiríamos…, Algunos sois héroes). Esta es, además, la construcción que hay que emplear en lugar de la incorrecta Nadie queremos.

Esto ha sido solo una pequeña incursión en el fascinante mundo de la concordancia en español. Habrá más. Recuerda, eso sí, que la concordancia es uno de los puntos donde más rápidamente se retrata lingüísticamente un hablante.

Te va a venir muy bien un ejercicio.

Concordancia: nadie

Nadie es el contrario de alguien y por eso se comporta exactamente igual que él cuando impone su género, número o persona a otros elementos de la oración, o sea: es un pronombre de tercera persona, masculino y singular. Para que esto quede claro, lo mejor es ver un par de ejemplos en los que la concordancia es correcta:

(1) Nadie supo explicarlo [Jorge Volpi: En busca de Klingsor]

(2) Pues sí, nadie es perfecto [Almudena Grandes: El corazón helado]

En la oración (1) nadie funciona como sujeto. Hemos dicho que es un pronombre de tercera persona y singular. Por eso el verbo adopta la forma supo en lugar de supimos, supisteissupieron. En (2) podemos ver además que es masculino porque no solo el verbo concuerda en tercera persona singular (es), sino que el adjetivo perfecto tiene terminación masculina. No sería posible aquí Nadie somos perfectos, Nadie es perfecta ni nada por el estilo. Basta con hacer una pequeña modificación en los ejemplos para comprobar que la concordancia replica la de alguien:

(3) Alguien supo explicarlo

(4) Pues sí, alguien es perfecto

Nunca se nos ocurriría decir alguien supimos explicarloalguien somos perfectosEn definitiva, nadie es pariente de alguien, también a efectos de concordancia.

Por lo que acabamos de explicar, ya podemos ver que uno de los usos incorrectos de nadie consiste en tratarlo como si llevara dentro un nosotros y hacer concordar el verbo entonces en primera persona del plural, por ejemplo:

(5) Si nadie queremos a Fulgencio, ¿por qué tiene que ser él presidente de la comunidad de vecinos?

Para el error de (5) tenemos dos soluciones. Si queremos mantener el nadie, tenemos que dejarlo así:

(6) Si nadie quiere a Fulgencio, ¿por qué tiene que ser él presidente?

Si lo que intentamos es resaltar la implicación de quien habla y de quienes tiene a su alrededor, tenemos que echar mano de ninguno, que sí aguanta esto:

(7) Si ninguno queremos a Fulgencio, ¿por qué tiene que ser él presidente?

Cuidado, porque es igualmente erróneo convertir el nadie en nadie de nosotros:

(8) Lo que está claro es que nadie de nosotros quiere que Fulgencio sea presidente de la escalera

También es un error tratar a nadie como si llevara dentro un vosotros o un ellos, que es lo que se hace en estos ejemplos:

(9) Nadie decíais nada

(10) Nadie sabían que estábamos allí

Para estos dos ejemplos es correcta la concordancia en tercera persona singular:

(11) Nadie decía nada

(12) Nadie sabía que estábamos allí

En resumen, la concordancia de nadie sigue el modelo de alguien. Si no podemos decir alguien queremos, tampoco diremos nadie queremos. Es alguien quierenadie quiere.

Haz un ejercicio. Te vendrá bien.

Concordancia del adjetivo con dos o más sustantivos

Para hacer concordar correctamente a un adjetivo con dos (o más) sustantivos, tenemos que diferenciar dos casos principales (1. y 2.):

1. Cuando el adjetivo aparece después de los sustantivos: En este primer caso el adjetivo concuerda con lo que podríamos considerar la suma de los dos sustantivos. Por lo que respecta al número, una acumulación de dos o más sustantivos va a ser siempre plural aunque cada uno de ellos individualmente aparezca en singular. En cuanto al género, tendremos que fijarnos en el de cada sustantivo, lo que da lugar a la siguiente casuística:

1.1. Los dos sustantivos son masculinos. No hay problema: el adjetivo concuerda en masculino y en plural con los sustantivos:

(1) Aquí es donde vamos guardando el oro y los diamantes robados

1.2. Los dos sustantivos son femeninos. La lógica nos dice que en este caso el adjetivo adoptará el número plural y el género femenino:

(2) Me voy a comer unas enchiladas y unas carnitas mexicanas

1.3. Hay mezcla de sustantivos masculinos y femeninos. En este caso predomina el género masculino y se mantiene, por supuesto, el número plural:

(3) No me vendrían mal una impresora y un teclado inalámbricos

2. Cuando el adjetivo aparece antes de los sustantivos: Esta no es la posición normal del adjetivo en español, por lo que no deja de tener cierta lógica que su concordancia se salga también de lo normal. Por lo general, en estos casos el adjetivo concuerda en género y número con el sustantivo más próximo, como vemos en los siguientes ejemplos:

(4) Nos explicaron la concordancia con extraordinario detalle y precisión

(5) Vivía rodeado de sus queridas hijas y nietos

 En (4) el adjetivo extraordinario adopta el género (masculino) y el número (singular) del sustantivo detalle, pero, sin embargo, se refiere tanto a este como al femenino precisión. En (5), en cambio, el género y número que predominan son el femenino plural de hijas, pero hemos de entender que también los nietos son queridos.

Por último, hay que añadir que se pueden producir excepciones a lo expuesto en el caso 1. Cuando los dos sustantivos se conciben como estrechamente relacionados y comparten el mismo género, el adjetivo puede aparecer en singular:

(6) La compra y venta especulativa de acciones no está hecha para corazones débiles

(7) Ya no soportaba el ajetreo y el traqueteo constante de aquel viaje en tren

Estas reglas son las que se aplican en la lengua escrita. En la lengua oral la improvisación y la rapidez del discurso pueden dar lugar a concordancias de lo más variadas.

Haz un ejercicio.