Alma máter

11 de Febrero de 2008

Alma máter es una expresión latina que significa literalmente ‘madre nutricia, madre que alimenta’. En sentido figurado se utiliza para referirse a la universidad porque esta alimenta nuestro espíritu. Alma es en esta expresión un adjetivo que significa precisamente eso: ‘que alimenta’.

He aquí un ejemplo en que se hace un uso jocoso (pero correcto) de la expresión:

No tengo hambre porque en la Universidad me embuché una chapata. En la renovada cafetería de mi alma máter me quede platicando con [...] Alina Poulain [...] [Talking to Max, acceso: 10-2-2008]

Nótese que máter se escribe con tilde porque las palabras latinas se acentúan siguiendo las reglas generales siempre que estén asentadas en castellano.

Teniendo en cuenta que alma es un adjetivo, no debemos cambiar el artículo por la forma masculina, sino que debemos decir la alma máter, igual que decimos la alta costura. Esto es así porque la regla que exige que cambiemos el artículo femenino por masculino ante a tónica solo afecta a los sustantivos.

Por confusión con el sustantivo alma ‘ánima’, se le suele atribuir a esta expresión el significado de ‘persona que anima un grupo, una institución, etc.’:

Jesús Pérez, Raquel Cabrillo, Pablo Pérez y Estrella Pérez son el alma máter de Aldekoa [El Norte de Castilla, 10-2-2008]

Este uso es, con diferencia, el más extendido, pero es rechazado por la norma, que prefiere el significado etimológico.

Dicho todo esto, la forma correcta de utilizar esta expresión normalmente consiste en evitarla. A no ser que estés hablando específicamente de la universidad, no tiene mucho sentido recurrir a ella. Y si estás hablando de la universidad, mejor di eso: la universidad.

Todos conocemos la expresión idiomática a troche y moche, que significa ‘en gran cantidad, en abundancia’ (con una connotación de desorden), como en este ejemplo, tomado de un blog de Argentina:

La “mano dura” no significa represión indiscriminada y multas a troche y moche sino la aplicación y ejecución de sanciones a los infractores [Punto Cero hacia el Futuro, acceso 19-1-2008]

Pero ¿te has parado alguna vez a pensar qué significa troche? Probablemente, no; y tampoco hace falta que lo hagas porque no significa nada. Esa palabra solo se usa dentro de la expresión a troche y moche y, precisamente, las expresiones idiomáticas se caracterizan por significar en bloque y no compositivamente a partir de los significados de sus componentes individuales.

En cuanto a moche, en algunos diccionarios podrás leer que es un adjetivo referido a ciertos pobladores nativos de Perú. Para tranquilizarte te diré que, en primer lugar, los moches peruanos poco o nada tienen que ver con esta expresión y, para continuar, si eres de Madrid como yo o quizás de la ciudad de México, probablemente nunca habrás oído hablar de ellos. Es decir, para nosotros ese significado no existe por más que virtualmente esté disponible en el sistema del léxico del castellano: nunca diríamos moche si no es poniéndole delante troche.

Esta es una más de las peculiaridades de las expresiones idiomáticas: ciertas palabras solo existen en ellas, por lo que no las encontraremos en otros contextos.

No son muchas, pero las hay. ¿Se te ocurre alguna?

Veíamos en otra entrada (‘No hay tu tía’: etimología popular) que la etimología popular es un fenómeno que se produce por afán de motivación: los hablantes deforman palabras o expresiones que les resultan oscuras por no reconocer en ellas una estructura y las asimilan a modelos conocidos. Así es como surge nuestra entrañable mondarina (forma popular que no se recoge en el diccionario).

La mandarina toma su nombre del color anaranjado del traje de los mandarines de la China. La imagen es sugerente, pero los hablantes de Úbeda o Lozoyuela no debían de tenerlo tan claro, así que buscándole una explicación a la palabreja se acordaron enseguida de mondar: si se monda con facilidad, será una mondarina. Ahora ya se entendía.

Encontramos otro caso de etimología popular en la expresión idiomática en pelotas (‘desnudo’). La expresión originaria era en pelota (de pelo, con el sufijo aumentativo -ota). La idea era que estar desnudo era andar por ahí con los pelillos al aire. La expresión equivalente existe también en otras lenguas románicas. Por ejemplo, en francés ‘estar desnudo’ es être à poil (literalmente ‘estar en pelo’).

Como la gente es muy mal pensada y eso del pelo y la pelota no quedaba muy claro, se interpretó que la pelota era eso: una pelota, una bola… Y como por motivos anatómicos (¡ejem!) no podía ser una, sino que tenían que ser dos, por ahí vino el plural pelotas.

Todavía encontramos un rastro de la forma original en la expresión en pelota picada, que no admite el plural: en pelotas picadas.

Las expresiones idiomáticas son secuencias de palabras cuyo significado no es compositivo, es decir, el significado de la expresión no se deriva del de sus componentes. Por ejemplo, cuando decimos “Manolo, que estás metiendo la pata…”, aunque conozcamos el significado de meter y de pata, seguimos sin entender lo que quiere decir meter la pata (‘cometer un error’).

Las expresiones idiomáticas significan en bloque. Esto se ve enseguida cuando en broma (o en serio, que de todo hay) las traducimos literalmente. Un clásico es:

From lost to the river < De perdidos al río (‘cuando una situación es desesperada, ya podemos permitirnos cualquier cosa’)

Estas expresiones admiten normalmente una interpretación literal y otra figurada, aunque la preferente suele ser la figurada. Cuando alguien dice que el abuelito estiró la pata, por lo general no interpretamos que está haciendo ejercicios para la artrosis, sino que ha muerto (vale, el ejemplo es un poco crudo, pero se entiende la idea).

Las expresiones idiomáticas son vocabulario. Expresiones como tomar el pelo (‘burlarse de alguien’), traer por la calle de la amargura (‘hacer sufrir’) o dar gato por liebre (‘engañar’) son unidades que hay que aprender igual que lo hacemos con subrogar, arremeter o persuadir.

Esta parte del vocabulario es de lo último que se aprende en una lengua extranjera, pero resulta fundamental para expresarse no ya con corrección sino con naturalidad.

Así que ya sabes: si quieres darle sopas con honda en inglés al vecino, ya puedes echar el resto con las expresiones idiomáticas.

La expresión coloquial actual no hay tu tía (‘no hay remedio’, ‘es imposible cambiar las cosas’) es un hermoso ejemplo de lo que los lingüistas denominan etimología popular.

Para que nos entendamos, la etimología popular consiste en intentar encontrarle una explicación a una expresión que no se entiende. Cuando el hablante no reconoce una estructura en una secuencia lingüística, reajusta esta para amoldarla a modelos conocidos. De esta forma se convierte en transparente lo que antes era opaco.

La expresión originaria era no hay tutía. El hablante actual normalmente no ha oído en su vida esa palabra. El DRAE nos dice que tutía es atutía, con lo que nos deja como estábamos. Si perseveramos y buscamos atutía, nos enteraremos de que es óxido de zinc y de que se fabricaba un ungüento con él.

Ahora todo encaja:

tutía = ungüento = remedio
o sea
no hay tutía = no hay remedio

El problema es que solo encaja ahora y el hablante necesita que todo encaje desde el principio y, si no, lo hace encajar él. Cuando se encuentra una expresión opaca, trata de hacerla transparente apoyándose en lo que conoce ( y tía). La etimología popular surge por afán de motivación y altera la forma de las palabras.

Se me podría objetar que en realidad la expresión se oscurece, pues se pierde la metáfora del ungüento; pero es que esa metáfora ya estaba perdida de todos modos y ahora por lo menos reconocemos las palabras. Tenemos una expresión idiomática que no es ni más rara ni más normal que otras como tomar el pelo o estirar la pata.

Alguien se preguntará: “Ya, pero entonces, ¿qué es lo correcto?”.

Evidentemente, la expresión vigente hoy día es no hay tu tía. Si vamos a buscar el sostén y guía de la Academia, no encontraremos tampoco una solución definitiva. El DRAE recoge la forma separada (por lo que hay que entender que se considera correcta), aunque remite a no hay tutía (junto), es decir, prefiere esta última. En cambio, en el DPD se señala como incorrecta la forma tu tía (separado).

Lo preferible es guiarse por el sentido común. Si la inmensa mayoría de los hablantes se ha decantado por una variante, la otra no es necesariamente más correcta por mucho que se empeñe el diccionario.

Al final, el diccionario tiene que hacer caso a los hablantes: ¡no hay tu tía!

Los más afortunados estarán a estas alturas apurando las vacaciones y seguro que se habrán encontrado durante sus viajes con que en Ámsterdam, Nueva York o Shanghai no se entiende uno con la misma facilidad que en Las Navas del Marqués, Tembleque o Alcorcón. Es lo que tiene esto del turismo.

Esta experiencia de la incomprensión está ahora al alcance de casi todo el mundo gracias al turismo, pero no es nueva y está anclada en la lengua y en la cultura en forma de expresiones idiomáticas. En español cuando no entendemos algo decimos:

Esto me suena a chino

A los alemanes, en cambio, lo raro les suena a español:

Das kommt mir Spanisch vor

No son los únicos que tienen esta idea de nuestro país como un lugar exótico, incomprensible. Para los checos, algo que no se entiende es un pueblo español:

To je pro mě španělská vesnice

Pero las relaciones cruzadas de incomprensión entre los pueblos no se acaban ahí, porque para los alemanes eso mismo son pueblos de Bohemia:

Das sind mir böhmische Dörfer

Y los polacos dicen que es como tragarse un sermón en turco:

Być na tureckim kazaniu

Son muchas las expresiones de este tipo. La lengua incomprensible va cambiando según países y culturas. Para los franceses es el griego (“C’est du grec pour moi”) y para los ingleses también (“It’s greek to me!”); para los italianos, el árabe (“Per me è arabo”); para los finlandenses, el hebreo (“Se on minulle hepreaa”). Estos son solo algunos ejemplos; se pueden encontrar diversas variantes en estas lenguas y metáforas parecidas en otras.

Volviendo a la imagen de los españoles, para los franceses hablar francés como una vaca española es hablarlo muy mal:

Parler français comme une vache espagnole

Vamos, que no hay quien nos entienda (se ve que enseguida se corrió la voz por Europa de que no se nos daban muy bien los idiomas).

Eso sí, el temperamento español se ha ganado a pulso su fama en el extranjero y por eso en alemán (en inglés también) se dice de quien tiene mucho amor propio que es orgulloso como un español:

Stolz wie ein Spanier!

En fin, no es lo peor que se puede ser. Esperemos que haya quedado en eso la imagen que hemos ido dando por el mundo durante estos meses de verano.