El leísmo

El leísmo es un fenómeno complejo. Trae de cabeza a gran parte de los hablantes de España. Su origen está en la Castilla medieval. Se asocia típicamente con esta región histórica. Sin embargo, no es exclusivo de ella. También encontramos leísmo en América. En este continente se deriva, sobre todo, de situaciones de contacto de lenguas.

Cuando pensamos en leísmo, inmediatamente acude a la mente la idea de incorrección. Sin embargo, te conviene saber que las academias de la lengua aceptan ciertos tipos. Es más, algunos de ellos están presentes incluso en territorios y hablantes que en principio no son leístas. A veces nos sirven para expresar ciertos matices en la comunicación o para mostrar deferencia hacia nuestro interlocutor.

Nos vamos a ocupar de los detalles y sutilezas del leísmo, pero antes necesitamos sentar unas bases: vamos a ver cómo funcionan los pronombres personales en el sistema no leísta. Este siempre se considera correcto.

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El sistema etimológico

En el capítulo anterior ya estudiaste que hay cuatro formas disponibles para el complemento directo en la tercera persona. Te las muestro aquí de manera aislada:

MasculinoFemenino
Singularlola
Pluralloslas

Este es el sistema etimológico de los pronombres de tercera persona. Como ves, los pronombres forman un cuadrado. Se denomina etimológico porque es el que hemos heredado directamente del latín: es el sistema originario.

Este uso de los pronombres es el que predomina en América, Canarias y Andalucía. Siempre se considera correcto. Te muestro ejemplos de uso para que te hagas una idea cabal. El primero es de Ramón J. Sender (Álbum de radiografías secretas):

(1) Yo lo conocí el mismo día que a Bertolt Brecht.

En el ejemplo, el pronombre lo se refiere a un hombre. Es el complemento directo del verbo conocer. Este uso es impecable. La forma lo siempre es correcta como complemento directo. Si el ejemplo anterior te suena raro, es porque eres leísta.

También utilizaríamos lo para referirnos a un animal o cosa de género gramatical masculino (piensa, por ejemplo, en un león, un árbol o un teléfono).

En el femenino, el complemento directo es la. El ejemplo siguiente es de Carlos Ruiz Zafón (El juego del ángel):

(2) Se volvió lentamente y me miró. Sonreía. Pese a los años la reconocí al instante.

Ese pronombre la se refiere a una mujer y funciona como complemento directo del verbo reconocer. Emplearíamos la misma forma para un animal o cosa de género gramatical femenino (por ejemplo, una yegua o una nube).

También te vendrá bien un ejemplo en plural. Es de Jorge Lanata (La guerra de las piedras):

(3) Al pasar los saludamos y los tres nos responden a coro.

El pronombre del ejemplo se refiere a tres soldados. Es el complemento directo del verbo saludar. También utilizaríamos los para animales o cosas de género masculino. En cambio, para mujeres el pronombre sería las. Este mismo pronombre es el que empleamos con animales o cosas de género femenino,

Las formas lo, la, los, las son las más corrientes para el complemento directo en América, Canarias y Andalucía. Insisto en que siempre son correctas.

Este sistema se extiende también a la forma de respeto de la segunda persona usted(es). Ya sabes que su origen histórico está en la expresión vuestra merced, que era una tercera persona. Por tanto, cuando nos tratamos a alguien de usted, también entran en acción las formas lo(s), la(s). Es lo que puedes observar en el siguiente ejemplo (Gabriel García Márquez: Noticia de un secuestro):

(4) Ahora las vamos a separar, pero a usted la vamos a dejar libre.

El ejemplo contiene dos formas de femenino (en plural y en singular). La una y la otra se refieren a mujeres a las que se está tratando de usted.

Una vez que tenemos claro cómo funciona el sistema etimológico, estamos en condiciones de enfrentarnos con el leísmo. Este se aparta de lo anterior en diferentes aspectos.

Qué es el leísmo

Frente al sistema etimológico, tenemos el sistema leísta para el complemento directo de tercera persona. El leísmo se asocia típicamente con las variedades septentrionales de la península ibérica, pero no es exclusivo de ellas. También se encuentran casos en territorios que no se suelen considerar como tales. Más adelante, entraré en detalles.

El leísmo consiste en utilizar el pronombre le para el complemento directo (con su correspondiente plural les). Te doy un ejemplo:

(5) Las autoridades les recogieron en la playa.

En el ejemplo anterior, el pronombre les funciona como complemento directo del verbo recoger. Por tanto, nos estamos apartando de lo que estudiamos en el apartado anterior. La norma exige esto otro:

(6) Las autoridades los recogieron en la playa.

El leísmo no es un invento reciente. Las vacilaciones entre le y lo son constantes desde la Edad Media.

¿Por qué en unos territorios sí y en otros no?

El leísmo no afecta por igual a todos los territorios. La explicación la tienes en el proceso histórico conocido como Reconquista. A lo largo de casi ocho siglos, los reinos cristianos del norte de la península ibérica se fueron expandiendo hacia el sur. Eso les permitió ensanchar sus fronteras a costa de los reinos musulmanes. Al expandirse, los conquistadores del norte llevaron sus idiomas hacia el sur. Eso marcó la evolución lingüística de la península. Por ejemplo, eso te da la clave para entender por qué existen tres grandes franjas lingüísticas que recorren la península de norte a sur:

  • gallego-portugués en la zona occidental
  • castellano en la zona central
  • catalán-valenciano-balear en la zona oriental

El leísmo surge en Castilla durante la Edad Media. Este fenómeno va progresando durante el siglo XIII, justo cuando los castellanos están conquistando la Andalucía musulmana. Entonces, ¿por qué no llega el leísmo a los territorios recién anexionados? Es verdad que en esta época el leísmo está creciendo, pero todavía es un fenómeno lingüístico marginal. La versión de castellano que llega a Andalucía mantiene el uso etimológico en lo fundamental. Este es el que se asienta allí. Después llegará la verdadera expansión del leísmo en las variedades del norte, pero la gramática de la Andalucía reconquistada ya se ha asentado para entonces. Por eso, Andalucía se sustrajo a la influencia del leísmo.

Castilla termina la reconquista peninsular a finales del siglo XV con la toma del reino de Granada. Para entonces, es una sociedad completamente volcada en la expansión. Dispone de una maquinaria militar, política, religiosa, económica y social que ha funcionado durante siglos a base de ir ganando constantemente nuevos territorios. Esa máquina no se puede parar de la noche a la mañana. Cuando alcanza la última frontera peninsular, Castilla está lista para acometer su expansión atlántica.

El salto hacia las islas y hacia el Nuevo Mundo se produce desde los puertos andaluces. Por eso, el español de Andalucía es la base de las variedades canarias y americanas. A su vez, eso explica por qué la lengua castellana que llega a los nuevos territorios se mantiene libre de leísmo. Este triunfa en las variedades septentrionales de la península durante los Siglos de Oro, pero nunca consiguió calar en las variedades meridionales.

La influencia de otras lenguas

El castellano, en su expansión, entró en contacto con lenguas no indoeuropeas. Estas lenguas presentan estructuras muy alejadas de las nuestras. Cuando esos hablantes aprenden castellano, las estructuras de sus idiomas maternos condicionan el aprendizaje y dan lugar a versiones particulares del castellano. Esto ocurrió en la península ibérica y en el continente americano y dio pie a ciertos tipos de leísmo que venían determinados por la gramática de las lenguas de origen.

En la península, el contacto con el euskera generó ciertas manifestaciones del leísmo. La más destacable es el leísmo femenino de persona, que estudiaremos a continuación. Estas formas de leísmo afectan a los territorios actualmente bilingües y también a las zonas en las que históricamente se habló euskera.

En América, las manifestaciones del leísmo coinciden en su mayoría con áreas geográficas donde el castellano entró en contacto con el quechua, el aimara y el guaraní. Es cierto que el sistema etimológico de pronombres predomina en las variedades americanas, pero también vamos a encontrar leísmo inducido por estas situaciones de contacto. Esto afecta más claramente al español que se habla en ciertas zonas de Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay e, incluso, del norte de Argentina.

Además, en América se dan también ciertos tipos especiales de leísmo que sí están aceptados en la norma y que se detectan en mayor o menor medida en hablantes y territorios que, por lo demás, no son leístas.

Al principio del capítulo ya avisé de que el leísmo es un fenómeno complejo. De aquí en adelante vamos a ir viéndolo desplegarse ante nuestros ojos en sus diferentes manifestaciones. Ha llegado el momento de ocuparnos de los tipos de leísmo.

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