Abr 032018
 

Las entradas de blog se enriquecen con etiquetas y categorías que tienen como finalidad ayudar a ordenar y encontrar la información.

Las etiquetas tienen una función descriptiva. Son palabras clave que encierran la esencia del texto. Vienen a ser una descripción abreviada de los puntos principales de un artículo. Si, por ejemplo, estás escribiendo un texto sobre la cría del gusano de seda en la Capadocia, serán candidatos a convertirse en etiquetas términos como Capadocia, seda y gusano de seda (quizás incluso sericultura). Las etiquetas se seleccionan ad hoc para cada artículo. Puedes utilizar tantas como consideres convenientes, aunque es preferible no abusar de ellas. Más vale quedarse con dos o tres que realmente estén justificadas a insertar quince o veinte, aunque no vengan a cuento. Cuando proliferan, dejan de cumplir su función. De manera secundaria, también presentan una función clasificatoria. Al cabo de varios años escribiendo sobre un tema, encontraremos un puñado de etiquetas que se repiten y permiten así agrupar artículos que tratan ciertos temas centrales. Fuera de ese núcleo hallaremos una gran dispersión de etiquetas que tratan de dar cuenta de cuestiones particulares de las que nos hemos ocupado en algún momento.

Las categorías, por su parte, tienen una función fundamentalmente clasificatoria. Se seleccionan de una lista preestablecida que abarca un número reducido de términos. Esta nómina la va creando el propio autor. Son términos generales y lo ideal es que la lista no sea excesivamente amplia. Por ejemplo, en un blog dedicado a cuestiones lingüísticas podemos encontrar categorías como sustantivo, verbo, determinante, adverbio, preposición, sintaxis, morfología, semántica, etc. Debes ser exigente con tus categorías. Esto quiere decir que el catálogo debe ser lo más restringido posible. Debe abarcar el mínimo imprescindible de términos que permita cubrir la totalidad de los contenidos que publicas. Lo normal es que se vaya construyendo paulatinamente a medida que va tomando forma tu publicación; pero una vez que se ha estabilizado, solo debes ampliarla con cuentagotas y en caso de suma necesidad. Si tu lista de categorías crece sin parar, es que algo falla. O bien tu blog sigue una trayectoria errática, o bien no eres capaz de sintetizar su contenido. Las categorías también presentan un aspecto descriptivo, aunque este resulta secundario.

Un aspecto importante de etiquetas y categorías es que dan lugar a archivos de contenido que facilitan el acceso a la información. Todos los artículos que se han agrupado bajo una de estas rúbricas se listan conjuntamente y se puede acceder a ellos mediante búsquedas o elementos de navegación como hipervínculos.

Etiquetas y categorías son importantes para el autor, para los lectores y para los buscadores. Al autor le permiten estructurar sus contenidos y localizarlos con facilidad al cabo del tiempo. Al lector le ayudan a llegar desde un artículo concreto a otros que están relacionados y que le pueden resultar interesantes. Para los buscadores… bien, no te hagas ilusiones en cuanto a que vas a conseguir llevar adonde tú quieres a los buscadores con una lista de categorías y etiquetas. Hoy día son más refinados que en los inicios de Internet y no se dejan impresionar por estos sistemas de clasificación; pero también sería un error pensar que hacen caso omiso de ellos.

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 3 de abril de 2018  redacción