Comidas con nombres de persona

Existen infinidad de recetas con nombres de persona. Algunas incluso te las has comido y no sabías que te estabas comiendo a una persona… bueno… su nombre… Hoy te traigo una selección con diez de mis platos favoritos. Te voy a presentar las versiones de estas recetas que son comunes en España porque son las que yo conozco y las que forman parte de mi vida, pero sé que muchas de ellas tienen variantes deliciosas en otros países. Esta variación forma parte de la riqueza de nuestra lengua y de nuestras culturas, que van reinterpretando y renovando las tradiciones para llegar a resultados propios con los ingredientes de cada país y de cada región.

Las magdalenas

¿A quién no le gustan las magdalenas? Este nombre es un préstamo del francés madeleine. Posiblemente, estos pequeños bizcochos toman su nombre de Madeleine Paulmier, una repostera francesa que vivió en el siglo XVIII.

En español, esta palabra tiene dos variantes aceptadas y aceptables:

  1. madalena, y
  2. magdalena.

La primera es la forma etimológica, la que se corresponde más de cerca con el original francés. Por tanto, si nos pusiéramos puristas, es la que deberíamos utilizar todos. Aun así, es más frecuente la segunda.

Magdalena es también un nombre propio de persona, por supuesto. Tiene su origen en María Magdalena, un personaje bíblico. A esta mujer se la llamaba así porque era de Magdala, un pueblo de Galilea que está situado a orillas del lago Tiberíades.

María Magdalena y Jesús
María Magdalena y Jesús

La galleta María

La típica galleta María
La típica galleta María

¡Cuántas galletas María habré tragado yo de niño en el desayuno! Es la galleta más normal en mi país. Los españoles, cuando pensamos en una galleta, nos imaginamos la galleta María. Es humilde; pero tiene antecedentes señoriales. En realidad se trata de una invención inglesa del siglo XIX. Las primeras galletas María salieron del horno de unos reposteros de Londres: los señores Peek y Frean. Las lanzaron al mercado en 1874 para conmemorar la boda de la gran duquesa María Alexandrovna de Rusia, que se casaba con el duque de Edimburgo. A los ingleses les encantaron estas galletas porque iban estupendas para mojar en el té (ya se sabe que los ingleses no son nadie sin el té de las cinco). En España nos aficionamos enseguida a ellas y se las copiamos. Pero no fue solo en España. Hoy estas galletas son todo un clásico y gozan de fama mundial.

La boda de María Alexandrovana de Rusia con el duque de Edimburgo
La boda de María Alexandrovna de Rusia con el duque de Edimburgo

El baño maría

Y si hablamos de galletas María, no puede faltar aquí el baño maría. En realidad es una forma de cocinar, pero también voy a hablar de ella porque me gusta la historia que tiene detrás. Consiste en calentar un alimento metiéndolo en un recipiente e introduciendo este, a su vez, en otro más grande que contiene agua hirviendo. El invento se le atribuye nada más y nada menos que a María, la hermana del Moisés del Antiguo Testamento. La tal María tenía fama de alquimista. Según la tradición, escribió varios tratados en los que explicaba los procedimientos y los utensilios de los saberes alquímicos. Según esto, el baño maría proviene de una tradición que se mueve entre lo mágico y lo científico.

En cambio, el lexicógrafo catalán Joan Corominas nos ofrece una versión más católica. Corominas explica en el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana que, según la Biblia, el faraón había mandado matar a todos los bebés hebreos varones que nacieran en Egipto. Ahí tendría que haber muerto el pobre Moisés; pero su madre, para salvarlo, lo colocó en un cestillo que soltó en las aguas del Nilo. María se ocupó de cuidar al bebé mientras flotaba en el río. Pero a todo esto apareció por allí la hija del mismísimo faraón. Cuando esta descubrió al niño abandonado, ni corta ni perezosa, lo rescató y se lo llevó a casa. En esta segunda versión, la denominación baño maría sería más bien una imagen que recordaría a Moisés flotando sobre las aguas.

Los canelones Rossini

El italiano Gioacchino Rossini ha pasado a la historia por ser el compositor de óperas como El barbero de Sevilla y Guillermo Tell. Pero Rossini tenía una gran pasión además de la música: la cocina. Fue un amante de la buena mesa y un excelente cocinero, aunque solo guisaba para sus amigos. Parece ser que Rossini perfeccionó los canelones y por eso se le ha dado su nombre a una de las muchas formas de prepararlos.

Se nota que a Rossini le gustaba comer
Se nota que a Rossini le gustaba comer

Hay numerosos platos que llevan el nombre de este insigne compositor: el solomillo Rossini, los macarrones Rossini, el cóctel Rossini, el pavo relleno Rossini, la ensalada Rossini… Muchos contienen fuagrás porque nuestro querido compositor se pirraba por este alimento. Algunos son invenciones del propio Rossini y otros se los dedicaron cocineros que fueron sus amigos o admiradores.

Los nachos

Los nachos son una gran aportación mexicana al mundo. Se inventaron en Piedras Negras, que es una ciudad del Estado de Cohauila. Le debemos esta deliciosa receta a Ignacio Anaya, más conocido como Nacho. Piedras Negras está tocando con la frontera de Texas (Estados Unidos). Por eso, un buen día, allá por el año 1943, entraron en el restaurante del señor Ayala las mujeres de unos soldados estadounidenses de la base de Fort Duncan. Aunque la cocina estaba cerrada, preguntaron qué les podían ofrecer. El dueño, siempre servicial, improvisó un plato con unas tortillas de maíz, queso y un puñado de jalapeños que les echó por encima. Así, tal cual, se lo sirvió. Aquello estaba para chuparse los dedos. Las señoras lo contaron en casa y desde entonces no ha parado de extenderse la fama de los nachos por todo el mundo entero. Tengo que reconocer que son una de mis comidas favoritas.

El sándwich

El sándwich es un alimento modesto, pero de origen noble. Se le denominó así por John Montagu, cuarto conde de Sandwich. Este aristócrata inglés del siglo XVIII estaba perdidito con el juego. Hasta tal punto era así que prefería comerse un buen filete entre dos rebanadas de pan antes que abandonar una partida de cartas.

Por otra parte, Sandwich es una ciudad inglesa que está situada al sureste de Londres, en el condado de Kent. Este topónimo significa poco más o menos ‘ciudad con mercado edificada sobre un suelo arenoso’.

Resulta que el sándwich venía bien relleno de significado.

John Montagu, tan satisfecho
John Montagu, tan satisfecho él

Por cierto, en español cuando estamos hablando de un sándwich, de un bocadillo, tenemos que escribirlo con minúscula y con tilde porque eso ya se ha convertido en un nombre común que está completamente integrado en el vocabulario de nuestro idioma. Existen también las variantes sánduche, sanduche, sánguche y sanguche, que están debidamente recogidas en el Diccionario de la lengua española porque son las de uso corriente en diferentes países.

El pepito

Hablando de filetes metidos entre pan, se me viene a la memoria el pepito, que es el nombre que le damos en España a un bocadillo hecho con un buen filete de ternera. Según el cocinero Teodoro Bardají Mas, el nombre viene de uno de los hijos del dueño del histórico café de Fornos, que estuvo situado en la calle Alcalá de Madrid. Don Teodoro nos cuenta en un artículo de 1933 que Pepito Fornos (el hijo) merendaba todas las tardes en el café de su padre. Siempre le ponían bocadillos, hasta que una tarde, harto ya de que le tuvieran a base de fiambre, le pidió al camarero algo caliente. En la cocina le frieron un filete y se lo colocaron en el pan. El chaval se aficionó a aquel invento, los amigos se lo copiaron y enseguida la gente empezó a pedir el bocadillo de Pepito… el pepito… ¡un pepito! Y así es como José Fornos pasó a la historia metido entre pan.

Antes de que se me olvide: pepito, en este sentido de ‘bocadillo’, se escribe con minúscula porque ya no es un nombre propio sino un nombre común.

El histórico café Fornos de Madrid
El histórico café Fornos de Madrid

El pionono

Un pionono es un pastelito. Viene a ser una especie brazo de gitano, pero en pequeño y puesto de pie. Va cubierto de crema tostada y empapado en almíbar, o sea, es lo que se denomina un bizcocho borracho.

Unos piononos dignos de un papa
Unos piononos dignos de un papa

Le pusieron pionono en honor del cardenal Giovanni Maria Mastai Ferretti, que fue papa entre 1846 y 1878 con el nombre de Pío noveno o Pío nono, como se decía en aquella época. Nono es una variante antigua de noveno. Este Pío fue el último papa que reinó como monarca terrenal de los Estados Pontificios. Él fue quien proclamó el dogma católico de la Inmaculada Concepción. En su época se convirtió también en doctrina la infalibilidad del papa. El pastelito, que es lo que me interesa, imita la figura rechoncha de aquel pontífice.

El papa, propiamente dicho
El papa, propiamente dicho

Cuando se utiliza como nombre de un alimento, pionono se escribe todo junto, en minúscula y sin tilde por lo mismo que decíamos antes: ya no es un nombre propio, sino un sustantivo común y corriente.

El praliné

El praliné es una crema a base de chocolate y frutos secos. Normalmente lleva almendra o avellana. Se utiliza a menudo para rellenar bombones. A los bombones que contienen esta crema se les llama también pralinés por metonimia. En una caja de bombones variados, siempre encontrarás unos cuantos. Praliné es un préstamo del francés, como tantos términos de la repostería y de la cocina en general. Procede del apellido de un mariscal francés del siglo XVII: César du Plessis-Praslin. Ten en cuenta que la s de Praslin es muda en francés. Por eso decimos praliné y no prasliné. El mérito de la receta se lo llevó el mariscal, pero el inventor fue su cocinero (las cosas como son).

La bechamel

Sin bechamel no habría croquetas. Imagínate lo triste que sería la vida sin este invento. Bechamel es otro préstamo del francés. A esta salsa de harina, leche y mantequilla se la llama así por Louis de Béchamel, que vivió entre 1630 y 1703. Este señor fue marqués de Nointel y mayordomo de Luis XIV de Francia, el rey Sol. Louis Béchamel fue uno de los grandes gourmets de su tiempo. Fue él quien perfeccionó esta salsa.

En español se puede decir bechamel o besamel. Las Academias de la Lengua aceptan las dos formas. Nos dejan incluso que digamos bechamela o besamela si nos gusta más.

Tengo que confesar que encanta la bechamel. De pequeño, mi madre no podía dejarla abandonada en la cocina porque si no, iba yo allí como una flecha a meter los dedos.